Acerca de la “Dignitas personae”

Por David Llena

“Dignitas personae” es una instrucción de carácter doctrinal que fue publicada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 12 de diciembre pasado. El tema de esta instrucción es presentado en la primera línea que dice: “A cada ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, se le debe reconocer la dignidad de persona” y aclara un poco más adelante: “esta instrucción de tipo doctrinal afronta algunos problemas recientes a la luz de los criterios enunciados en la Instrucción Donum vitæ (1987) y reexamina otros temas ya tratados que necesitan más aclaraciones”. Y también en la introducción deja claro que “La Iglesia, mira con esperanza la investigación científica, deseando que sean muchos los cristianos que contribuyan al progreso de la biomedicina y testimonien su fe en ese ámbito”.

LA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE:

Originalmente llamada Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición, fue fundada por Pablo III en 1542, para defender a la Iglesia de las herejías. Es la más antigua de las nueve Congregaciones de la Curia Romana. En 1908, el Papa San Pío X cambió su nombre por el de Sagrada Congregación del Santo Oficio. Finalmente, en 1965, recibió el nombre actual bajo el Pontificado de Pablo VI.

“La tarea propia de la Congregación para la Doctrina de la Fe es promover y tutelar la doctrina de la fe y la moral en todo el mundo católico. Por esta razón, todo aquello que, de alguna manera toca este tema, cae bajo su competencia” (Pastor bonus 48.)

La Congregación está formada actualmente por 23 Miembros —Cardenales, Arzobispos y Obispos— y está presidida por el Arzobispo emérito de San Francisco (EE UU) Cardenal William Joseph Levada. El anterior prefecto, desde 1981 hasta 2005, fue Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI. La Congregación tiene tres secciones distintas: la sección doctrinal, la disciplinar y la sacramental; en ellas presta servicio un equipo de 37 personas. a mayoría de los documentos son respuestas,notas o cartas a dudas muy puntuales que son presentadas a la Congregación para su estudio. Y en otras ocasiones, la Congregación da una instruccióno declaración que es un documento un poco más largo que pretende instruir o clarificar toda la enseñaza de la Iglesia sobre un tema en concreto.

LA INSTRUCCIÓN “DIGNITAS PERSONAE”

“Comprende tres partes: la primera recuerda algunos aspectos antropológicos, teológicos y éticos de importancia fundamental; la segunda afronta nuevos problemas relativos a la procreación; la tercera parte examina algunas nuevas propuestas terapéuticas que implican la manipulación del embrión o del patrimonio genético humano”.

Como cristianos tenemos que tener claro

- desde el punto de vista de la razón: que “el embrión humano no es un conjunto de células”, sino que debe ser considerado como individuo humano, su existencia tiene que ser defendida y respetada igual que cualquier otra persona, y que su desarrollo debe producirse en el seno del matrimonio y la familia ya que el embrión humano es fruto de la donación de los esposos entre sí.

- desde el punto de vista de la fe: que este amor mutuo es bendecido por el Amor y es hecho vida por la Vida a su imagen y semejanza. De esta manera los progenitores entran a formar parte en la misión precisa y preciosa, “Creced y multiplicaos”, ya recogida en el Génesis: “Dios, que es amor y vida, ha inscrito en el varón y en la mujer la llamada a una especial participación en su misterio de comunión personal y en su obra de Creador y de Padre”. Así, la fe nos hace ver que el hombre “posee una vocación eterna y está llamado a compartir el amor trinitario del Dios vivo”.

La visión de la Iglesia sobre el matrimonio se recoge en el párrafo que dice: “El Espíritu Santo infundido en la celebración sacramental ofrece a los esposos cristianos el don de una comunión nueva de amor, que es imagen viva y real de la singularísima unidad que hace de la Iglesia el indivisible Cuerpo místico del Señor Jesús”. Así los dos pilares fundamentales del documento son: el respeto incondicional debido a cada ser humano, en todos los momentos de su existencia, y la tutela de la especificidad de los actos personales que transmiten la vida.

SEGUNDA PARTE (LA FECUNDACIÓN)

En la segunda parte de la instrucción reafirma como positivas “las técnicas que se configuran como una ayuda al acto conyugal y a su fecundidad”. Y alienta a las instituciones a que apoyen medidas e investigaciones en esta dirección. Son lícitas las técnicas que “no reemplazan el acto conyugal, que es el único digno de una procreación realmente responsable”. Estas técnicas han de “respetar tres bienes fundamentales: a) el derecho a la vida y a la integridad física de cada ser humano desde la concepción hasta la muerte natural; b) la unidad del matrimonio, que implica el respeto recíproco del derecho de los cónyuges a convertirse en padre y madre solamente el uno a través del otro; c) los valores específicamente humanos de la sexualidad, que «exigen que la procreación de una persona humana sea querida como el fruto del acto conyugal específico del amor entre los esposos”.

Como buena Madre que es, “La Iglesia reconoce la legitimidad del deseo de un hijo, y comprende los sufrimientos de los cónyuges afligidos por el problema de la infertilidad. Sin embargo, ese deseo no puede ser antepuesto a la dignidad que posee cada vida humana hasta el punto de someterla a un dominio absoluto. El deseo de un hijo no puede justificar la "producción" del mismo, así como el deseo de no tener un hijo ya concebido no puede justificar su abandono o destrucción”.En esta línea, se objeta, sobre la fecundación “in vitro”, que “todas las técnicas de fecundación in vitro se desarrollan de hecho como si el embrión humano fuera un simple cúmulo de células que se usan, se seleccionan y se descartan”.“Además, considera que es éticamente inaceptable la disociación de la procreación del contexto integralmente personal del acto conyugal: la procreación humana es un acto personal de la pareja hombre-mujer, que no admite ningún tipo de delegación sustitutiva”.

La misma objeción, de ausencia de acto conyugal, aparece en la inyección intracitoplásmica de espermatozoides, ésta “es una técnica intrínsecamente ilícita, pues supone una completa disociación entre la procreación y el acto conyugal”. También se contempla el problema de la congelación de embriones técnica sobre la que habla con duras palabras: “es incompatible con el respeto debido a los embriones humanos: presupone su producción in vitro; los expone a graves riesgos de muerte o de daño a su integridad física, en cuanto un alto porcentaje no sobrevive al procedimiento de congelación y descongelación; los priva al menos temporalmente de la acogida y gestación materna; los pone en una situación susceptible de ulteriores ofensas y manipulaciones”, urgiendo a los científicos por una parte que frene la congelación de nuevos embriones y por otro la búsqueda de una solución a este gran problema ético. Estos embriones congelados no deben “ser “utilizados” como material biológico para investigación ni para usos terapéuticos”.

Sobre la congelación de óvulos argumenta que “la crioconservación de óvulos en orden al proceso de procreación artificial es moralmente inaceptable”.“Algunas técnicas usadas en la procreación artificial, sobre todo la transfe­rencia de varios embriones al seno materno, han dado lugar a un aumento significativo del porcentaje de embarazos múltiples. Debido a esto se ha ideado la llamada reducción embrionaria, que consiste en una intervención para reducir el número de embriones o fetos presentes en el seno materno mediante la directa supresión de algunos. La decisión de suprimir seres humanos que con anterioridad han sido intensamente deseados representa una paradoja, y a menudo comporta sufrimientos y sentimientos de culpa que pueden durar años”. “Desde el punto de vista ético, la reducción embrionaria es un aborto intencional selectivo.”

La técnica del “diagnóstico preimplantatorio […] prevé el diagnóstico genético de los embriones formados in vitro, antes de su traslado al seno materno. Se efectúa con objeto de tener la seguridad de trasladar a la madre sólo embriones sin defectos o con un sexo determinado o con algunas cualidades particulares”. Sobre esta técnica el documento dice claramente que “el diagnóstico preimplatatorio es expresión de aquella mentalidad eugenésica «que acepta el aborto selectivo para impedir el nacimiento de niños afectados por varios tipos de anomalías. Semejante mentalidad es ignominiosa y totalmente reprobable, porque pretende medir el valor de una vida humana siguiendo sólo parámetros de "normalidad" y de bienestar físico, abriendo así el camino a la legitimación incluso del infanticidio y de la eutanasia”.

TERCERA PARTE (MANIPULACIÓN GENÉTICA)

Terapia génica.-La tercera parte está dedicada a la genética y comienza definiendo lo que entiende como terapia génica. La “terapia génica es la aplicación al hombre de las técnicas de ingeniería genética con una finalidad terapéutica, es decir, con el objetivo de curar enfermedades de origen genético”. Aparecen dos niveles distintos: “La terapia génica somática se propone eliminar o reducir defectos genéticos presentes a nivel […] de células no reproductivas, que componen los tejidos y los órganos del cuerpo. Se trata de intervenciones […] con efectos limitados al solo individuo”. En otro nivel se encuentra la “terapia génica germinal apunta en cambio a corregir defectos genéticos presentes en células de la línea germinal, de modo que los efectos terapéuticos conseguidos sobre el sujeto se transmitan a su eventual descendencia”.

En cuanto a su valoración moral el documento expresa que “las intervenciones sobre células somáticas con finalidad estrictamente terapéutica son, en principio, moralmente lícitas”, aunque añade “es necesario asegurar previamente que el sujeto tratado no sea expuesto a riesgos para su salud o su integridad física, que sean excesivos o desproporcionados con respecto a la gravedad de la patología que se quiere curar”. Distinta es la valoración moral de la terapia génica germinal: “no es moralmente admisible actuar de modo tal que los daños potenciales consiguientes se puedan difundir en la descendencia.”

Otros tipos de manipulación genética.- En cuanto a otras posibilidades de la manipulación genética recalca el documento: “Una consideración específica merece la hipótesis según la cual la ingeniería genética podría tener finalidades aplicativas distintas del objetivo terapéutico. Algunos han imaginado que es posible utilizar las técnicas de ingeniería genética para realizar manipulaciones con el presunto fin de mejorar y potenciar la dotación genética”. La respuesta del documento en este sentido es clara: “tales manipulaciones favorecen una mentalidad eugenésica e introducen indirectamente un estigma social en los que no poseen dotes particulares”. Y en consecuencia “Todo esto lleva a concluir que la perspectiva de una manipulación genética con fines de mejoras individuales acabaría, tarde o temprano, por dañar el bien común, favoreciendo que la voluntad de algunos prevalezca sobre la libertad de otros. Finalmente hay que notar que en el intento de crear un nuevo tipo de hombre se advierte fácilmente una cuestión ideológica: el hombre pretende sustituir al Creador”. Y por último pone de relieve “la necesidad de volver a una perspectiva centrada en el cuidado de la persona y de educar para que la vida humana sea siempre acogida, en el cuadro de su concreta finitud histórica”.

Otro problema que afronta la instrucción es, la tan de moda, clonación humana, que en el documento se define como: “la reproducción asexual y agámica de la totalidad del organismo humano, con objeto de producir una o varias "copias" substancialmente idénticas, desde el punto de vista genético, al único progenitor”. En otras palabras, consiste en extraer el material genético de una célula (donante) e insertarlo en otra previamente vaciada (copia) que al desarrollarse (implantada en una madre de alquiler) se convertiría en una copia genéticamente (casi)-idéntica al progenitor.

La clonación humana.- Continua el documento diciendo que “La clonación se propone con dos objetivos fundamentales: (a)reproductivo, es decir para conseguir el nacimiento de un niño clonado, y (b)terapéutico o de investigación.”. Esta última está enfocada a la obtención de células troncales (o células madre) y la discutiremos más adelante. En cuanto a la clonación reproductiva son varios los apuntes que se hacen:

--“es intrínsecamente ilícita pues […] se propone dar origen a un nuevo ser humano sin conexión con el acto de recíproca donación entre dos cónyuges y […] sin ningún vínculo con la sexualidad. Tal circunstancia da lugar a abusos y a manipulaciones gravemente lesivas de la dignidad humana”.

--“El hecho de que una persona se arrogue el derecho de determinar arbitrariamente las características genéticas de otra persona, representa una grave ofensa a la dignidad de esta última y a la igualdad fundamental entre los hombres”.

--“Cada uno de nosotros encuentra en el otro a un ser humano que debe su existencia y sus características personales al amor de Dios, del cual sólo el amor entre los cónyuges constituye una mediación conforme al designio de nuestro Creador y Padre del Cielo”.

La clonación terapéutica lleva además el agravamiento de “sacrificar una vida humana para finalidades terapéuticas”.

Las células troncales o células madre.- Copiamos íntegramente el punto 31 de la instrucción pues resulta muy clarificador:

“Las células troncales o células madre son células indiferenciadas que poseen dos características fundamentales:

a) la prolongada capacidad de multiplicarse sin diferenciarse;

b) la capacidad de dar origen a células progenitoras de tránsito, de las que descienden células sumamente diferenciadas, por ejemplo, nerviosas, musculares o hemáticas.

Desde la verificación experimental de que las células troncales transplantadas a un tejido dañado tienden a favorecer la repoblación de células y la regeneración del tejido, se han abierto nuevas perspectivas para la medicina regenerativa, que han suscitado gran interés entre los investigadores de todo el mundo.

En el hombre, se han encontrado hasta ahora las siguientes fuentes de células troncales: el embrión en los primeros estadios de su desarrollo, el feto, la sangre del cordón umbilical, varios tejidos del adulto (médula ósea, cordón umbilical, cerebro, mesénquima de varios órganos, etc.) y el líquido amniótico.

Inicialmente, los estudios se concentraron en las células troncales embrionarias, ya que se creyó que sólo éstas poseían grandes potencialidades de multiplicación y diferenciación.

Numerosos estudios han demostrado, en cambio, que también las células troncales adultas presentan una propia versatilidad. Aunque éstas no parecen tener la misma capacidad de renovación y plasticidad que las células troncales de origen embrionario, estudios y experimentaciones de alto nivel científico tienden a poner las células troncales adultas por encima de las embrionarias, en base a los resultados obtenidos. De hecho, los protocolos terapéuticos que se practican actualmente prevén la utilización de células troncales adultas, y por ello se han iniciado distintas líneas de investigación que abren nuevos y prometedores horizontes.”

En cuanto a la valoración ética se centra en dos aspectos ¿de dónde se extraen las células? Y por otro lado los riesgos de su utilización. Respecto al primero el documento estima como lícitas aquellas extracciones que no perjudican al sujeto del que se extraen y dando como ejemplos:

a) “extracción de células de tejidos de un organismo adulto;

b) de la sangre del cordón umbilical en el momento del parto;

c) de los tejidos de fetos muertos de muerte natural.”

Sin embargo, “la extracción de células troncales del embrión humano viviente causa inevitablemente su destrucción, resultando por consiguiente gravemente ilícita”.

Mientras que “En relación a la utilización clínica de células troncales conseguidas a través de procedimientos lícitos no hay objeciones morales. Sin embargo, […] se debe proceder con gran rigor y prudencia, reduciendo al mínimo los riesgos potenciales para los pacientes, facilitando la confrontación mutua de los científicos y proporcionando información completa al público en general”.

Por último el documento apunta a los intentos de utilizar óvulos de animales para reprogramar núcleos de células humanas (clonación híbrida) para extraer células troncales humanas sin destruir embriones humanos. Ante esto, la postura es que “tales procedimientos constituyen una ofensa a la dignidad del ser humano, debido a la mezcla de elementos genéticos humanos y animales capaz de alterar la identidad específica del hombre”. Además de los problemas de salud a los que estos nuevos sujetos estarían expuestos.

En su último apartado el documento habla de la responsabilidad que tiene el personal sanitario a la hora de conocer la procedencia (licita o no) del material genético que utilizan en la investigación. En este ámbito recuerda que “la misma valoración moral del aborto «se debe aplicar también a las recientes formas de intervención sobre los embriones humanos que, aun buscando fines en sí mismos legítimos, comportan inevitablemente su destrucción” y también insiste en que “el deber de evitar la cooperación al mal y el escándalo es en realidad parte de la actividad profesional ordinaria del médico. Ésta debe ser planteada correctamente y, a través de ella, se ha de dar testimonio del valor de la vida, oponiéndose también a las leyes gravemente injustas”.

El documento concluye comparando el progreso de la informática, la genética y la biotecnología actuales, con el progreso industrial de finales del siglo XIX, y como ocurrió entonces con los obreros explotados en aras de dicho progreso, quienes tuvieron a la Iglesia como primera defensora, también hoy la Iglesia defiende a los que sufren en beneficio del “desarrollo”, el hombre en todos los momentos de su existencia.

“En virtud de la misión doctrinal y pastoral de la Iglesia, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha sentido el deber de reafirmar la dignidad y los derechos fundamentales e inalienables de todo ser humano, incluso en las primeras etapas de su existencia, y de explicitar los requisitos de protección y respeto que el reconocimiento de tal dignidad exige a todos.”

Y urge a los fieles a “promover una nueva cultura de la vida, recibiendo el contenido de la presente Instrucción con asentimiento religioso, conscientes de que Dios siempre da la gracia necesaria para observar sus mandamientos y que, en cada ser humano, especialmente en los más pequeños, se encuentra el mismo Cristo (cf. Mt 25,40). Todos los hombres de buena voluntad, especialmente los médicos y los investigadores dispuestos a confrontarse y llegar a la verdad, sabrán también comprender y compartir estos principios y valoraciones orientados a proteger la frágil condición del ser humano en las etapas iniciales de su vida y a promover una civilización más humana.”