Fue un tanto anticipatorio el contenido de esta Carta la semana pasada. El evangelio de este domingo IV del Tiempo Ordinario cita el tema de la posesión diabólica. Por eso hemos considerado mantenerla, sin cambios, en este número. De todos modos, el domingo al que se alude es el 18 de enero.


LOS ESPÍRITUS

Por Ángel Gómez Escorial

El pasado domingo, por la noche, se recibía en el correo de Betania un mensaje muy dramático de una persona, de un hombre, probablemente extranjero por la forma de escribir, en el que nos decía que había intentado conectar con un exorcista, el Padre Fortea, pero que se encontraría de viaje la presente semana. Hablaba de que necesitaba “de alguien que le hiciera una liberación”. Mi respuesta inmediata fue decirle, por correo, que por qué sabia que necesitaba un exorcista y no un buen amigo, un médico o algo así. Se produjeron, después, a lo largo del lunes una serie de preguntas y respuestas, que lógicamente obvio aquí por respeto. Estas respuestas mías eran honradas porque, obviamente, yo no conozco a ningún exorcista, pero es obvio que no “desconté” el asunto y supe que ese hombre –árabe y musulmán-- estaba pasando un momento muy difícil. Sus respuestas también eran honradas, sin duda.

DISCRECCIÓN DE ESPÍRITUS

Resultaba curioso que yo hubiera estado antes, desde hacía un par de días, recordando la doctrina de la discreción de los espíritus que San Ignacio de Loyola incluye en sus Ejercicios Espirituales. Decir antes de nada que los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola son, sin duda, una obra maestra en muchas cuestiones. Lo son, desde luego, en los caminos de cambio y aceptación del camino óptimo para seguir a Jesús de Nazaret. Millones y millones de personas, a través de la historia, habrán podido cambiar su vida e iniciar una existencia más acorde de las realidades de la fe cristiana. Pero, además, la singularidad más apreciable está en el conocimiento psicológico humano que San Ignacio aplica en los Ejercicios. Y ello va dirigido en muchos campos. Uno de ellos es la “discreción de espíritus” que no es otra cosa que intentar descubrir que clase de espíritus –buenos o malos—producen mociones en nuestra alma.

Desde luego alude a los ángeles, buenos y malos. E, incluso, dice que el ángel malo puede tomar la apariencia –sub angelo lucis—de ángel bueno para engañar. San Ignacio deja abierta la realidad próxima de que junto a nosotros “operen” espíritus buenos o malos. La posibilidad pues de que los ángeles malos –los demonios, el demonio—se enseñoreen del alma, y del ánimo, de una persona es más que evidente. De todos modos la ciencia moderna ha estudiado en profundidad los efectos de las diversas perturbaciones psicológicas y, entre ellas, hay formas que se asemejan a una supuesta posesión diabólica. Un parte de la critica moderna, también, no acepta la existencia del demonio, pero todo eso está en la misma posición que cualquier otra creencia o increencia. La sospecha de que una influencia de un “gran mal” –del Maligno—existe, puede tenerse ante algunas actitudes y comportamientos humanos de tal negatividad y dureza que no pueden ser, solamente, producidos por la condición humana.

JESÚS, SANADOR Y EXORCISTA

El Evangelio está lleno de episodios en los que aparecen espíritus inmundos que se han posesionado de personas y que les hacen tener unas conductas terribles. Jesús actúa de sanador y de exorcista. Y, hoy, los exorcismos y los exorcistas están presentes en la pastoral de la Iglesia católica. A partir de esa cercanía activa de mociones de espíritus buenos o malos puede entenderse que hay una dimensión espiritual –fuera de nosotros—que tiende a influirnos, a ayudarnos o a perjudicarnos. Y, en fin, si no somos demasiado soberbios tendremos que reconocer que, a veces, hay momentos, o temporadas, en que los malos pensamientos, algunos muy siniestros, otros –digámoslo así—muy pecaminosos, nos llegan abundantemente, como sin de un pesimismo, o mala tendencia, permanente se tratase. Si pensamos que esos pensamientos vienen propiciados “desde un lugar determinado”, no tendremos otra cosa que buscar aquellos que se oponen radicalmente a los mismos. Y, sobre todo, aplicar un poco de objetividad al asunto y ver lo que nos conviene en ese momento. O, incluso, si ese deseo o fantasía que nos está ofreciendo la “parte mala” es, simplemente, posible, porque bien puede ser que sea un engaño manifiesto para tenernos enredados o intranquilos. Claro que no se trata que busquemos, solamente, lo posible y lo realizable, porque también en ello nos pueden llegar cosas malas. Pero un síntoma del mal espíritu es el engaño permanente, el fraude continuo, la mentira total.

REZAR Y REZAR

Otra cosa, naturalmente, el sufrimiento de nuestros hermanos. Y otra cosa es frivolizar o intelectualizar cualquiera de las circunstancias que rodean ese sufrimiento humano. La persona que nos pedía un exorcista sin duda sufría y la posibilidad también que tuviera un trastorno psicosomático, más o menos convencional, también resulta completamente posible. La oración sirve para todo. Y oré por él cada rato. Le pedí a él que no dejara de rezar insistentemente. Y por eso, aquí y ahora, pido oraciones por esa persona que se llama Ismael y que ponía en el asunto de todos sus E-mail: “amabilidad y sanidad”. ¡Qué Dios le ayude!