Belén monumental de Aguadulce (Almería, España)

Por David Llena

En la corta historia de la Parroquia de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo de Aguadulce (Almería), ya se ha hecho tradicional este recorrido por los misterios de la infancia de Nuestro Señor. El Belén va recorriendo las escenas más importantes desde la Virgen niña, donde se recoge una instantánea de la Madre de Dios en su infancia, hasta la escena que recoge a Jesús con doce años entre los doctores del Templo. Esta iniciativa surgió como respuesta a la llamada de Benedicto XVI a que en España y aquellos lugares donde eran tradicionales los belenes no se perdiese esa costumbre. Es bueno reflexionar ante los distintos misterios de la vida de Jesús y en estas fechas, más particularmente sobre su nacimiento e infancia.

El Belén esta construido en forma de U y va mostrando correlativamente todos los pasajes. Este año se ha incrementado su superficie en unos 10 metros cuadrados para redondear la cifra de 100 metros cuadrados. El montaje comenzó a finales de septiembre, y quedó concluido a primeros de diciembre, haciéndose la inauguración el día 7 de diciembre. El horario de visita es de 10:00 a 13:00 por la mañana y de 17:00 a 20:00 por las tardes y permanecerá abierto hasta el día 6 de Enero. La dirección exacta es: Casa de Espiritualidad “Reina y Señora”, C/ Eire s/n Aguadulce-Almería España.

El Belén cuenta además con unas catequesis sobre cada uno de los misterios, donde invitamos a los visitantes a que, además de contemplar todos los detalles, puedan pasar un rato de meditación junto a este maravilloso Belén.

Como hicimos el año pasado, Betania presenta a todos sus lectores estas meditaciones junto con algunas imágenes de los misterios para que todos acompañemos un rato a Jesús en su vida y así también Él nos acompañe en la nuestra en este Año que pronto comenzaremos.¡Feliz Navidad y que disfruten con el Belén de Aguadulce!

 

LA VIRGEN NIÑA

Es un reflejo de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios, una imagen de su bondad. (Sb 7, 16)

María.

La niña.

Juega sin doblez.

Expone su vida. Dios la guía.

Llena de Gracia.

Siempre feliz, siempre dichosa.

Aprende la historia de su pueblo:

La promesa de un Salvador.

Observa a su pueblo:

Abraham, Moisés, los patriarcas.

Tiene esa sensibilidad:

Comprende, acoge, ama,

Consuela, escucha, cree.

Comparte juegos, en las alegres calles.

María.

Aquella niña:

Dichosa entre todas,

Que honrarán las generaciones,

Que traerá la Salvación,

Que sufrirá con el Hijo,

Que sufrirá por el Hijo,

Que sufrirá por sus hijos.

Llena de Gracia,

La inmaculada,

La elegida,

Madre y virgen.

Todo para Dios, todo para los hombres.

Puerta de la salvación,

Perla del género humano,

Letanía del cielo.

Calor en el frío invierno,

Amor del necesitado,

María, esa niña.

Futuro eterno,

Hija del Padre,

Madre del Hijo.

Bienaventurada niña,

Bienaventurada madre,

Bienaventurada criatura.

Pureza intensa,

Brillo de la Luz,

Vaso del Agua,

Horno del Pan.

 

LA ANUNCIACIÓN DEL ÁNGEL GABRIEL

Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret… (Lc 1, 26)

¿Cuántas veces hemos meditado esta escena? ¿Cuántas oraciones giran en torno a este misterio? El ángel del Señor anunció a María… ¿Cuántas veces nuestra imaginación ha volado a esa casa y se ha sorprendido como María ante el saludo del ángel? Es el momento cero de una nueva creación, cuando Dios puso en marcha el cronómetro de una nueva historia. En aquel preciso instante con María comenzaba una nueva Luz que iba a iluminar nuestra humanidad. Lucas recoge aquellos momentos envueltos en bruma y misterio. Sin levantar la voz sin sobresaltos el Creador entra a formar parte de su creación, no como mero actor sino como el Salvador de esa criatura hecha a su imagen y semejanza. ¡Qué hondura tiene este misterio! Recreémonos en él. Dios te Salve María…, llena eres de gracia…, el Señor es contigo…

El pueblo entero te aclama: ¡Gracias Madre por haber dicho sí! Tu limpieza de corazón, tu donación total a Dios, son un regalo a todos los hombres. Ese sí nos ha devuelto a la Vida. Estábamos ausentes del Paraíso y tu “sí” nos ha devuelto mucho más que eso, nos ha abierto las puertas del la casa del Padre.

Antes de retirarnos de esta escena, llevémonos con nosotros la alegría de ese “sí” y tengamos la convicción de decir “sí” a Dios. Luego será el Espíritu, el que a través nuestro, lleve la salvación al mundo.

Será el Espíritu el que haga crecer ese “sí” que nosotros tenemos que dar a la proposición del Señor.

 

LA VISITACIÓN A SU PRIMA SANTA ISABEL

En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a una ciudad de Judá, entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.… (Lc 1, 39-40)

María e Isabel.

La Madre de mi Señor y la madre del precursor.

La ancianidad y la juventud.

La llena de Gracia y la que decían estéril.

¡Otro Misterio!

¡Otra oración! “Bendita tú eres…” Diálogo entre ellas,

Diálogo entre las criaturas.

Tres meses de confidencias. Tres meses plegarias,

Tres meses de vivencias. De consejos, de intimidad.

¡Cuánto aprendió María de Isabel!

¡Cuánto comprendió Isabel junto a María!

Dicha y felicidad ante algo grande.

Tensión y compromiso ante lo más Grande.

Certeza en la incertidumbre. Seguridad en el miedo.

Quehaceres cotidianos en momentos extraordinarios.

Santificación en el día a día. Trabajar al ritmo de Dios.

Vivir con Dios. Convivir con Dios. Todo con Dios.

Limpias mañanas. Calurosas tardes. Tranquilas noches.

Siempre con Dios.

Dios aprende nuestra naturaleza. Comienza la Salvación.

Desde el principio. Desde el vientre de María.

Comienza la re-creación.

De toda la historia. De toda la humanidad.

¡Qué paz se vivió en aquella casa!

¡Isabel y María en oración!

Junto al Salvador. Junto al Precursor.

Días extraordinarios. Días cotidianos.

Labores y plegarias.

Como todo el Pueblo,

Como nadie del pueblo.

Siguiendo la Ley,

Reescribiendo la Ley.

El mundo, sin saberlo, iba pasando del Antiguo Testamento al Nuevo.

En aquella ciudad iba desarrollando Dios su Salvación.

En aquella ciudad iba Dios habituándose a nuestro palpitar, a nuestro ritmo. Comenzaba a reconocer su Naturaleza en la nuestra. Dichosos los vientres fuentes de vida.

 

EL ÁNGEL HABLA EN SUEÑOS A SAN JOSÉ

El Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María… (Mt 1, 19-20)

-¡No temas!

-Pero…

-¡No temas! Ten fe.

Es el diálogo entre un corazón recto y el Amor. San José y Dios. Entre el corazón y el Amor solo es posible la fe. Cuando Dios habla al corazón, la fuerza que llega no es capaz de pararla ninguna razón. Y lo que sentía José iba más allá de cualquier razón. La duda de San José ilumina muchos corazones que sufren el mismo desasosiego.

No podemos entender los planes de Dios, pues no vemos más allá de nuestro propio presente. Nuestro futuro, nuestros planes, quizá no sigan el camino trazado por Dios.

Dios había puesto su llama de Amor en el corazón de José cuando sus ojos se cruzaron con los de María, Dios había elegido a aquel hombre como padre de aquella criatura que María iba a dar a luz. Era de la estirpe de David como habían anunciado los profetas.

Y tanta inmensidad no cabe en la razón, también María necesitó una explicación del ángel. Pero la respuesta fue la misma.

La respuesta de la juventud, que no se guarda nada para ellos mismos. La respuesta de una confianza que aún no ha sido acribillada por la desconfianza de los días de largo caminar. La respuesta de la juventud que se arriesga a cambiar sus planes por los planes de Dios.

Esos son los jóvenes que necesita Cristo, jóvenes con fe, sin temor, que sepan reconocerle en los sacramentos, en los evangelios, en los necesitados…

María y José son prototipo de esa juventud que debe vivir desde el Amor que viene de Dios y que el Espíritu Santo derrama en sus corazones.

Pidamos por la juventud para que estén prontos a seguir las indicaciones de Dios.

 

LOS DESPOSORIOS DE JOSÉ Y MARÍA

José hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.(Mt 1,24)

Hemos visto como María y luego José han dado, por separado, su "sí” al Señor. Hoy, en esta escena, dan ese “sí” conjunto al Señor. Un “sí” al otro, un “sí” a los planes de Dios. Según los ritos de entonces, José recibe en su casa a María.

Una celebración de bodas que era una gran fiesta para las familias y para la localidad en la que se celebraba. Jesús usará esta fiesta y esta alegría para compararla al Reino de los cielos.

Y esta boda sí se podrá comparar, con más precisión que ninguna, al Reino de Dios. A los ojos de los hombres no fue más destacada que otras que se celebraron en Israel. Pero el Reino de los cielos se parece a un grano de mostaza. En el seno de María estaba latiendo la fuerza de la Salvación que todo el pueblo estaba esperando. Una fuerza descomunal que permanecía oculta.

Así es el Reino de Dios. Llega de la mano de dos jóvenes que aceptan en su humildad la presencia de Dios.

Así son los sacramentos, llevan oculta una fuerza que se despliega conforme cada uno de nosotros es capaz de confiar en el Señor. Así es el sacramento del matrimonio.

Cuando lo recibimos, recibimos la fuerza de Dios para superar todos los contratiempos, a pesar de que creamos que son insalvables. ¡Qué Dios esté el centro de cada hogar!

 

EL EMPADRONAMIENTO

Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. (Lc 2,3)

Y ahí están, dos jóvenes extranjeros, cansados del viaje, él preocupado por su mujer. Ella preocupada por su hijo. Lleva semanas sintiéndolo en su vientre y sabe que el viaje ha podido trastornarle. Varios días desde Nazaret a Belén. Comparecen ante la autoridad. Podrían haber pospuesto el viaje, pero este era el plan de Dios. El Mesías que María llevaba en su vientre debía nacer el Belén como había dicho el profeta. Así pues, el empadronamiento no era más que el instrumento con que Dios hacía posible esa profecía.

¡Cómo actúa Dios! ¡Sin grandes despliegues! ¡Sin alterar el transcurso de la vida! Cuenta con el hombre. Necesita del hombre. Del sí de María, del sí de José, pero también de la decisión del César. Dios se implica ahora más que nunca en nuestra naturaleza caída, pero quiere contar con todos y cada uno de nosotros para esa Salvación.

María y José supieron entender en aquel mandato del César la voluntad de Dios.

También cuenta Dios con nosotros de forma decisiva para nuestra salvación y la de los demás. Tenemos que poner nuestras decisiones en sintonía con los planes de Dios. ¿Cómo podemos poner nuestro corazón en disposición de acoger a Dios?

Cumpliendo los mandamientos.

Acogiendo con humildad los acontecimientos de la vida, siendo capaces de discernir en ellos la voluntad de Dios. Para ello debemos entablar conversación con Dios a través de la oración. ¿Cómo es posible siendo yo como soy?, ¿con mi condición?

El Espíritu de Dios será el que nos acompañe. Dejémosle actuar.

 

SAN JOSÉ BUSCANDO POSADA

Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David… (Lc 2,4)

Ya cumplieron con los hombres. Ahora quieren cumplir con Dios. Buscarle una buena posada; la mejor se merece el Hijo de Dios. En esas noches frías, Dios se merecía, al menos, una cálida posada. No podía nacer en su casa de Nazaret, pero ¡Qué menos que el calor de una posada! Y allá se dirigen José y María.

Él sigue preocupado por ella y por el niño. Ella también suspira por encontrar un lugar para reposar. En esas calles de Belén caminan y rezan. La Sagrada Familia busca alguien que los acoja.

La primera posada está completa. También la segunda… y la tercera.

Una por una, visitan posadas, casas de amigos, conocidos, parientes lejanos, pero nadie tiene sitio.

En este trayecto se resume la propuesta de Cristo, viene mendigando un lugar para sembrar su Amor para regalar su Salvación.

Pero ahora como aquella noche, Cristo encuentra corazones llenos. En aquella ciudad que era la ciudad de sus raíces no encontrará un lugar. También nosotros tenemos hondas raíces pero nuestra vida está embotada. ¡Quizá mañana haya sitio! nos decimos, y dejamos pasar a Cristo.

“Mirad que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y me abre entraré en su casa y cenaré con él” (Ap 3,20). “Abrid las puertas de par en par a Cristo” invitaba nuestro querido Juan Pablo II a los jóvenes. Ello lleva consigo desalojar el corazón de trastos viejos, de apegos innecesarios, de costumbres y creencias que no nos ayudan en esta dirección, costumbres que lastran nuestro seguimiento, nuestra libertad, nuestra respuesta a Dios.

Mirémonos dentro y vayamos, poco a poco, preparando nuestro interior para acoger a ese Dios que hecho hombre nació y nace, que llamó y llama a las puertas de nuestros corazones.

¡Dios ya llega! ¡Limpia tu interior! ¡Endereza tu camino! ¡Prepárate!

 

NACIMIENTO DE JESÚS

…y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, (Lc 2,7)

Sublime, sublime y mil veces sublime. ¡Qué misterio más sublime!

¡Miradle! ¡Ese niño es Dios!

El Todopoderoso se ha revelado. Sin nada, sin ropa, sin techo, sin cuna.

¡Qué misterio se encierra en tanta humildad!

¡Contempladle! Grande tiene que ser tu fe para reconocerle.

La naturaleza caída ha vuelto a tomar la forma.

El hombre ha vuelto a ser recreado.

El hombre hecho a imagen y semejanza de Dios,

Ha sido recreado.

El mismo Dios se ha hecho a imagen y semejanza de ese hombre.

Y le ha devuelto su naturaleza.

Desde niño,

Dios recorrerá todos los estadios para renovar todos los momentos del hombre.

La Palabra que es Dios, vuelve a re-crear.

La nueva Creación. El nuevo pacto. La nueva alianza.

Dios se hace hombre para salir fiador de los hombres.

Pero… ¡Contempladle! ¡No os canséis de contemplarle! Id a Belén que hoy ha nacido el Señor. Nuestra dicha ha sido cumplida. Nuestro gozo ha sido colmado.

Alegraos, Dios está con nosotros.

Dios ha decidido restablecer su amistad, pero va a ir mucho más allá. No solo amigos sino hijos.

Va a devolvernos, no al paraíso, sino al Cielo. Su alianza eterna sellada con la sangre del Cordero. La Alianza eterna que ya ha sido cumplida. ¡Qué grande es el Amor! ¡Qué dicha la nuestra al sentirnos perdonados!. Ese niño es la simiente del Reino, la Palabra que nos hablará al corazón. El Amor buscando nuestro amor: ¡Qué Amor más sublime! “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13) El amor como donación total, como vaciamiento, como anonadamiento. Donación que viene colmada por mil, vacío que llenará Cristo, nada que Dios hará todo. Ese niño devuelve el sentido a nuestra existencia. El hombre que quiso ser como Dios en el paraíso (Gn 3,5) ha sido redimido por el Dios que ha querido ser hombre. ¿No es sublime?

 

EL ANUNCIO A LOS PASTORES

Había en la misma comarca unos pastores, se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz… (Lc 2,8-9)

“¡Pastores!, ¡Pastores!…, ¡el Pastor!, ¡el Buen Pastor ha nacido!”.

Todos ellos conocerían el Salmo: “El Señor es mi Pastor, nada me falta…” Ellos mejor que nadie entenderían el desasosiego de Dios por el hombre. Ellos sabían del continuo velar guardando los rebaños. Ellos comprenderían mejor que nadie la Buena Noticia y a ellos les envió Dios al Ángel.

Pastores fueron Abel, Abraham, Jacob, Moisés, David y esperaban que llegase el Pastor de Israel, el Salvador que sería más grande que todos ellos y todos los profetas. Así pues se llenaron de gran alegría al escuchar el nacimiento del Mesías por boca del Ángel.

Luego Cristo se comparará siempre al Pastor que vive preocupado por las ovejas…, que las atiende…, que las cura...

Aquel pueblo comprendía perfectamente las palabras de Cristo.

Pero esperaban también que ese Pastor les librase de los enemigos, con vara fuerte como hizo Moisés liberando a Israel de Egipto. Y Dios viene a liberarnos de nuestro egoísmo que es más poderoso que el Faraón. ¿Estamos dispuestos a despojarnos de nuestro “yo” para seguir a Cristo a través del desierto que lleva a la nueva “Tierra Prometida” que es la Casa del Padre?

 

LOS MAGOS DE ORIENTE

… unos magos que venían de Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?... (Mt 2, 1-2)

De lejanas tierras. Extranjeros, de fuera de Israel. También ellos están llamados a beber de la fuente de la Salvación, como no podía ser de otra manera. Todo el hombre y todos los hombres que reconozcan en Jesús a su Salvador ganan la Vida Eterna. A todos se les hace el anuncio. A cada cual en su lugar y su momento. Todos recibirán la luz de la Salvación: los pastores mientras cuidaban sus rebaños, los Magos mientras descifraban los misterios del cielo.

Luego, los apóstoles mientras faenaban con su barca o en la mesa de los impuestos. Y fijaos en la reacción de todos: Dejaron todo y fueron hacia Cristo. Todos estamos invitados a seguirle, pero ello supone como hemos visto en otro momento dejar todas aquellas comodidades y costumbres que nos atan y mostrar nuestra disposición a trabajar en el Reino de Dios, desde nuestra posición, en nuestro trabajo en nuestra familia.

Fijaos en el ejemplo de los Magos, buscaron a Jesús le rindieron los honores, se postraron a sus pies y luego se volvieron a su tierra por otro camino. Y es que cuando uno se encuentra con Jesús todo cambia, las cosas son las mismas pero se ven desde otro punto de vista. Cuando todo lo vemos desde la óptica del Amor, cuando hemos reconocido a Cristo como nuestro Dios, el egoísmo no tiene ya sentido.

¡Salgamos sin miedo a buscar a Cristo! ¡Él mismo ya nos está buscando! ¡El Buen Pastor siempre buscará a la oveja perdida!

Buscar a Cristo, no es sino renunciar a nuestro egoísmo, a nuestro odio, a nuestro orgullo. Ser sencillos como palomas y astutos como serpientes (Mt 10,16).

Como aquellos Magos, que preguntaron a Herodes y supieron ver el engaño en sus ojos. Un ángel les avisó de los planes del monarca. Esa es la sencillez y esa es la astucia del que quiere ser discípulo de Cristo. Él nos busca y nos llama con más intensidad que nosotros le buscamos a Él. Con un poco que pongamos de nuestra parte le encontraremos.

 

EL CASTILLO DE HERODES

Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes… (Mt 2, 1)

¡Qué grande castillo! ¡Qué ricos ropajes! ¡Qué cantidad de soldados! Y ¡que hombre tan despiadado! Piensa que el Rey de los Judíos que buscaban aquellos Magos venía para quitarle sus propiedades, sus tierras, sus títulos, su castillo… y lo único que Dios quiere quitarle a los hombres es su egoísmo, su falta de amor ¡Cuánto hubiese cambiado la vida de aquel hombre si al consultar a los sumos sacerdotes y escribas del pueblo hubiese entendido las escrituras. Pero para ello debía haber dejado el castillo e ir a postrarse a los pies de aquel niño. Él ante quien se postraba todo el pueblo de Israel, no estaba acostumbrado a adquirir semejante posición. Y eso nos pasa a todos, nuestro orgullo es nuestro castillo. Cada vez lo levantamos más, cada vez necesitamos que los demás nos reverencien a nuestro paso y ese no es el camino. Debemos desmontar ese castillo. El Señor será nuestro baluarte. Cambiemos el odio y la persecución por la comprensión y la acogida. Recordemos la invitación del Bautista: “Preparad el camino, que lo escabroso se iguale, que las colinas se abajen…” y es que en el Reino que trae Jesús todos estamos llamados a ser iguales, los que son primeros deben ser servidores y cuidar de los que son los últimos. ¡Y qué distinto el panorama que se encuentra Cristo en la tierra!

Los poderosos son servidos y los débiles son los que tienen que servir y estar pendientes de aquellos.

Pero es que todos nos comportamos igual, todos buscamos aplastar al que tenemos debajo y tener contento a los que tenemos por encima.

Y mirad a Cristo, Él si que merece el mejor de los castillos, pero sabe que en un castillo los pobres, los necesitados los que necesitan de su curación no se atreverán a ir.

El busca a aquellos que están dispuestos a dejar todo y Él es el primero que deja todo y se hace el más pequeño, el más necesitado, el más pobre. Pero esa es la perspectiva del Amor. El mundo no entiende este camino, pero este es el único camino que lleva a la felicidad.

Afanémonos en buscar el Reino de Dios y lo demás se dará por añadidura, nos dirá el Señor.

 

LA MATANZA DE LOS SANTOS INOCENTES

Entonces Herodes, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén… (Mt 2, 16)

Ya contemplamos antes al tirano en su castillo.

Se siente amenazado y no duda en enviar a sus sirvientes y soldados a acabar con esa amenaza.

No piensa más allá, él es el primero y el único, el que merece todo, incluso la vida de los pequeños inocentes.

Piensa que vale más su corona que la vida de esos pequeños. Sangre inocente y llantos se mezclan en aquel día aciago en que un rey creyó tener más poder que el Rey.

Y fijaos como los planes de Dios se cumplen a pesar de que el mismo rey quiera lo contrario.

El mismo monarca que guió a los Magos a la cueva de Belén, cumpliendo así la voluntad de Dios; decide ahora acabar con el pequeño Jesús y, como este no era el plan de Dios, no conseguirá su objetivo.

Hará mucho daño, pero no se saldrá con la suya.

Así, recuerda este episodio al pequeño Moisés, que también de sobrevivió a la matanza promovida por el faraón, escondido en una cestilla de cáñamo.

Y es que la mano de Dios va conduciendo la historia de la Salvación. Esta vez, el nuevo Moisés escapará en los brazos de su madre.

¡Qué sin vivir el de estos jóvenes, extranjeros, perseguidos…! Y cómo aceptaron estos contratiempos con tal de hacer la voluntad de Dios. Ojala su ejemplo nos sirva en nuestros problemas diarios.

 

LA PRESENTACIÓN EN EL TEMPLO

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la Ley de Moisés llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor,… (Lc 2, 22)

En dos ocasiones, según nos narra el evangelio, visita Jesús el Templo en su infancia. Y los dos son momentos escogidos para la meditación por la Iglesia. Jesús con pocos días, visita en brazos de sus padres, la casa del Padre.

Allí estaba lo más sagrado de Israel y a Dios debían consagrar el primer hijo, y ofrecer como sacrificio “un par de tórtolas o dos pichones”. Esta es la ley que Dios dio a Moisés, y así fue acatado por la Sagrada Familia.

Pero… Jesús ya estaba consagrado, Él era el Cristo, el Ungido. Y María también estaba libre de pecado.

Pues si ellos que estaban limpios cumplieron con exactitud la ley, cuánto más debemos nosotros respetar la ley aunque pensemos que incumplirla no tiene mayor importancia. Cumplir con rectitud en el trabajo, en los estudios, no escatimar el esfuerzo, cumplir con nuestro papel en el hogar, cumplir con nuestros encargos en la comunidad parroquial…

Así pues, vemos al niño en manos del sacerdote de turno y como San José presenta las dos tórtolas perceptivas. Sin más ruido, sin más realce, como una pobre familia más.

Vemos el actuar de Dios. Él dueño de todo, dueño del templo, más Sagrado que lo más sagrado del templo, con infinitamente más importancia que el templo, se pone a la cola como los demás, sin tratar de tener privilegios, sin buscar el mejor trato, sin influencias, ¡qué diferente el actuar de Dios!

El anciano Simeón, el sacerdote que tiene al niño en sus manos, percibe sin embargo la especial naturaleza de ese niño que toma en sus brazos. Reconoce en ese niño al Salvador, que desde hace mucho tiempo esperaba el pueblo de Israel.

Tomó contacto con Dios de forma palpable, no era un Dios lejano entre nubes, sino real presente y esto fue lo que habló su corazón: “Ahora, Señor, según tu promesa puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.” ¿Qué sentimos nosotros cuando lo acogemos tras la Eucaristía?

 

LA HUIDA A EGIPTO

… y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto, y estate allí hasta que yo te diga… (Mt 2,14)

Al ritmo de Dios, siguiendo los mandatos de Dios, siguiendo los plazos y caminos por Él trazados. Con lo que llevaban de equipaje para unos días deberán pasar años en un país extraño.

A veces nos sorprendemos con una situación entre manos que va más allá de lo que habíamos pensado. Pero mejor es estar unos años en Egipto que morir a manos de Herodes. A veces culpamos a Dios de una situación angustiosa y quizá eso nos libre de otro tormento mayor. Siguiendo los caminos del Señor, que son sus mandatos, no erraremos el destino.

Paciencia, humildad, coraje ante la adversidad y sobretodo esperanza en la Palabra de Dios son el equipaje que permitirá pasar unos días en Belén o unos años en Egipto. De estas cosas debemos llenar nuestra mochila.

“No temáis a los que matan el cuerpo, temed más bien a aquel que puede llevar a la perdición el alma” (Mt 10,28).

 

LA VIDA EN NAZARET

… volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. (Lc 2, 39)

Nos encontramos en Nazaret, donde Jesús pasó sus años de niñez y juventud. Al igual que vimos en los años de niñez de María, debieron ser días de felicidad y monotonía. Debía Dios “irse adaptando” al transcurrir de una vida, aprender a crecer. Ir descubriendo el entorno, las escrituras, las oraciones, las costumbres…. Al igual que crecía su cuerpo, su inteligencia, también irá adquiriendo conocimientos, experiencias, sensaciones, sentimientos.

También irá ahondando en su interior, descubriendo su relación con Dios Padre, descubriendo su camino, pensemos que su camino era hacer la voluntad del Padre, así pues aprenderá de San José un oficio para ganarse la vida, de su Padre aprenderá el camino para dar la Vida.

El Espíritu que lo puso en el seno de María, seguirá guiando y haciéndole ver en cada momento la voluntad del Padre.

Pero fijémonos en San José y María. Vivirán con los mismos problemas que vivieron los habitantes de Nazaret, seguirán las mismas costumbres que aprendieron en su juventud, no dejarán de ser una familia más de esa época en esa tierra.

Y sin embargo Dios estaba allí. Y es que a veces tratamos de encontrar a Dios en hechos portentosos y extraordinarios, como somos capaces de obtener muchas cosas por nosotros mismos, pensamos que Dios ya no está entre nosotros…, pero Dios es un Dios cercano, que “vive” en lo cotidiano, que sufre con nuestro sufrimiento y se alegra con nosotros. Fijaos, el propio San José no contempló en su vida ningún milagro de Jesús y sin embargo él sabía que su hijo Jesús era el Mesías que había de venir. Eso es la fe saber que Dios no deja de estar entre nosotros… “hasta el fin de los días”.

 

LA ESCUELA DE NAZARET

El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.,… (Lc 2, 40)

Como un niño más, hemos visto que Jesús no dejó de cumplir con la Ley, así que tampoco dejaría de cumplir con el resto de obligaciones y por tanto iría a la escuela y jugaría, sólo si nuestro espíritu se asoma a Jesús verá su grandeza.

Aprendería la historia de su pueblo, conocería la promesa del Salvador, tendría dudas, preguntaría, sería un alma ávida de conocimiento, con inquietudes, llena de curiosidad por las cosas, debería ir reconociendo todo aquello que al principio de los tiempos ya había conocido. Toda la Creación fue un acto de la Palabra, ahora estaba re-creando siguiendo de nuevo la voluntad del Padre, esa era su Misión. En la escuela Jesús aprendería todas las tradiciones del pueblo judío.

Los patriarcas, la fe de Abraham, la salida de Egipto, la Tierra Prometida, la vida del pueblo, su organización, sus caídas, el destierro de Babilonia…

También aprendería la Ley, los profetas y la espera de un Mesías que habría de venir.

Al unísono, el Padre, le irá revelando su voluntad, y con perfecta obediencia, Jesús irá cumpliendo punto por punto aquello que su Padre le va proponiendo. El mismo Jesús dirá “Dichosos aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la guardan”. Y es que a esto ha venido Jesús, con su obediencia, reparará la desobediencia del Paraíso y de paso nos enseñará el camino que conduce no al Paraíso perdido sino a la Casa del Padre. ¡Tomemos conciencia de ello!

 

JESÚS ENTRE LOS DOCTORES

...Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros,(Lc 2, 46)

Esta será la segunda vez que Jesús sube al templo de Jerusalén. Allí buscará entre los entendidos, respuestas a los interrogantes de su interior. Jesús sabe que en el Templo están los más entendidos en la Ley y los profetas.

Nos cuenta el Evangelio que todos estaban admirados de las preguntas que hacía.

¿Les preguntaría sobre la historia de Israel? ¿Les preguntaría sobre las tradiciones? ¿Les preguntaría sobre el Mesías?

Ya hemos comentado la importancia del Templo en la tradición Judía. Todos los judíos debían ir en Pascua al Templo. Pero ya en su conversación con la samaritana junto al pozo (Jn, 4), Jesús da a entender que para adorar a Dios no será necesario acudir al templo de Jerusalén.

Él mismo se definirá como “Templo” cuando ante la demanda de una prueba por parte del Sanedrín diga: “Destruid el templo y yo lo levantaré en tres días”, refiriéndose a su resurrección.

Y también es conocido el celo de Jesús por la casa de su Padre, cuando desaloja a los mercaderes y cambistas por haber convertido una casa de oración en cueva de ladrones. Ya que a la entrada del templo había todo tipo de mercadería aprovechando los sacrificios que los israelitas tenían que ofrecer.

¿Y cómo nos planteamos nosotros nuestra vida de oración? ¿Nos la planteamos también como un mercadeo? ¿Cómo un comercio?

¿Tú me das y yo te doy…, y si no me das me enfado?

Señor Jesús haznos dóciles a tu Espíritu que sea Él quien guíe nuestras oraciones, quien nos inspire en nuestras intenciones, y danos la fe y la esperanza necesaria para no desfallecer en el camino de la vida. Y que sepamos acudir a Ti que sólo Tú tienes palabras de vida Eterna. Y que como el pequeño Jesús nos dirijamos a la Iglesia con fervor, inquietud y sepamos defenderla de aquellos que quieren convertirla en moneda de cambio.