II Domingo de Adviento
7 de diciembre de 2008

LA CORONA DE ADVIENTO

Con el encendido de las velas de la "corona del Adviento" se quiere ir haciendo una secuencia que nos acerque convenientemente al misterio de la Navidad. Cada domingo se irá prendiendo una vela que permanecerá encendida, ya permanentemente, junto a las que esperan ser fuego. Y así en el altar habrá cuatro velas diferentes --el color puede diferenciarlas-- para realizar este signo. El Primer Domingo, el pasado, encendimos la primera de las cuatro, quedando las otras sin prender. En el caso del Segundo Domingo de Adviento --hoy-- la celebración se inicia con esa primera vela ya encendida, junto a los cirios normales del altar. En el momento de leer la monición de entrada se prende la segunda. Y a continuación el sacerdote bendecirá la segunda vela con la oración que aparece, más abajo en esta página.

La tercera y cuarta serán encendidas en los correspondientes domingos de este tiempo de Adviento. También es interesante que el cántico de entrada sea más largo y más vibrante. Cada comunidad elegirá los cánticos que sean más adecuados a los lugares en si. El resto del adorno del altar y del presbiterio tenderá a la austeridad. La gran explosión de luz y color hay que reservarla para el Tiempo de Navidad. Hemos creído, asimismo, que para el tiempo de Adviento, tras la comunión y en espera de la bendición final, interesa leer un texto que ayude a la necesaria reflexión sobre la Llegada del Señor. Vamos a incluir algunos himnos de la Liturgia de las Horas, que nos parecen adecuados, pero cada comunidad puede seleccionar cualquier texto que sirva para ese momento de reflexión. Tendría que efectuar la lectura uno de los lectores más experimentados y que impusiera una lentitud expresiva a dicha lectura. Se trata de que los asistentes a la Eucaristía puedan saborear los textos.

Se recuerda, por otro lado, que en la página de Reportajes, hay oraciones para la corona de Adviento, aplicables a todos los domingos de este tienmpo


MONICIÓN DE ENTRADA

Encendemos, Señor, esta luz como aquel que enciende una lamparilla para salir al encuentro del amigo que llega. En esta segunda semana de adviento, queremos encender el fuego de la esperanza para prepararnos a recibirte con gozo y entusiasmo. Tú sabes cuántas sombras nos envuelven, cuántas humillaciones nos oprimen. Pero nosotros queremos escuchar tu palabra que nos consuela y nos alienta. Porque Tú eres, la voz más dulce, la paz más profunda, la alegría más verdadera. Y mañana, dia 8, nos volveremos a vernos. Celebraremos todos juntos, y con gran emoción la fiesta de la Inmaculada Concepción de María.


MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- “¡Consolad a mi pueblo!” Dice el Señor, en el fragmento del Capítulo 40 del Profeta Isaías que vamos a escuchar Y es que tenemos que ser personas que consuelen. Porque la consolación nos libera de nuestro aislamiento, llena nuestro vacío, calma nuestro cansancio y nos ofrece la fuerza de Dios.

S.- El salmo 84 es otro más de los que, probablemente, fueron compuestos en el tiempo de la persecución de Antioco. El salmista nos quiere decir –a los judíos de la antigüedad y a nosotros mismos, hoy—que la justicia de Dios se ejerce con bondad y ternura por sus criaturas. Y por ello hay que cantar a la maravillosa misericordia divina.

2.- Pedro, en su Segunda Carta, que es, asimismo, nuestra segunda lectura de hoy, habla de la paciencia de Dios y de que los tiempos del Señor no son los nuestros. Nos prepara para la llegada del Señor y nos pide que estemos en paz con Él. Confiamos en la promesa del Señor: ¡Él va a venir!

3.- Escucharemos a continuación el Inicio del Evangelio de San Marcos que, como dijimos el domingo pasado, nos va a acompañar durante todo este ciclo B. Marcos hace referencia a la profecía de Isaías que ya hemos escuchado en la primera lectura y que no es otra: que el anuncio precursor por parte de Juan el Bautista de la llegada del Mesías.

BENDICIÓN DE LA SEGUNDA VELA DE ADVIENTO

(Preparada por Javier Leoz)

Los profetas mantenían encendida

la esperanza de Israel.

Nosotros, como un símbolo,

encendemos estas dos velas.

El viejo tronco está rebrotando,

florece el desierto...

 

La humanidad entera se estremece

porque Dios se ha sembrado en nuestra carne.

Que cada uno de nosotros, Señor,

te abra su vida para que brotes,

para que florezcas, para que nazcas,

y mantengas en nuestro corazón

encendida la esperanza.

¡Ven pronto, Señor! ¡Ven, Salvador!

(Canto: Vamos a preparar el camino)


Lectura de Postcomunión


MONICIÓN

Este bello himno se canta en la Liturgia de las Horas, en los sábados de Adviento. Merece la pena escucharle con atención y con él orar en silencio a Nuestra Madre, María, en estos momentos tan gozosos.

MARÍA, REINA DEL ADVIENTO

 

Ruega por nosotros,

Madre de la Iglesia.

Virgen del Adviento,

esperanza nuestra,

de Jesús la aurora,

del cielo la puerta.

 

Madre de los hombres,

de la mar estrella,

llévanos a Cristo,

danos sus promesas.

 

Eres, Virgen Madre,

la de gracia llena,

del Señor la esclava,

del mundo la reina.

 

Alza nuestros ojos

hacia tu belleza,

guía nuestros pasos

a la vida eterna.


Exhortación de despedida

Debemos allanar los caminos a todas las gentes y de todos nuestros lugares. Hemos de servir a nuestros hermanos siempre y aunque sea difícil. Ellos deben caminar hacia Cristo por caminos buenos y cómodos, aunque a nosotros nos haya costado mucho abajar los montes y enderezar las veredas. Hemos de tener esto muy en cuenta, hoy y siempre.