II Domingo de Adviento
7 de diciembre de 2008

La homilía de Betania


1.- SER SEGUIDORES Y PRECURSORES DE CRISTO

Por Gabriel González del Estal

2.- AQUEL PROFETA INCÓMODO

Por Gustavo Vélez, mxy

3.- REVOLUCIONARIO JUAN, REVOLUCIONARIO JESÚS…

Por José María Maruri, SJ

4.- TAMBIÉN HOY ES NECESARIA UNA PROFUNDA CONVERSIÓN

Por Antonio García-Moreno

5.- PREPARAR EL CAMINO INTERIOR PARA QUE JESÚS HABITE EN NUESTRO CORAZÓN

Por José María Martín OSA

6.- ¡PREPARAD EL CAMINO AL SEÑOR!

Por Javier Leoz

7.- MÁS POBRES Y MÁS ALEGRES

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


JUAN, EL BAUTIZADOR

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- SER SEGUIDORES Y PRECURSORES DE CRISTO

Por Gabriel González del Estal

1.- Esta es la vocación de todo cristiano. Los cristianos queremos ser seguidores de Cristo, y para eso nos esforzamos en vivir según el estilo de vida que él vivió y defendemos los valores que él defendió. Pero, además, los cristianos debemos ser, para los no cristianos, precursores de Cristo, animando a los no cristianos a seguir a Cristo y ayudándoles a encontrarse con él. Debemos vivir el evangelio y predicar el evangelio, con nuestra palabra y con nuestra vida. Debemos preparar el camino del Señor, allanar sus senderos, para que los que no se han encontrado aún con Cristo se sientan animados a hacerlo. Las palabras del profeta Isaías, que el evangelista Marcos pone al principio de su evangelio, podemos aplicarlas a cada uno de nosotros: yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Cada uno de nosotros debe ser, en nuestro tiempo, un Juan Bautista precursor del Señor. Para esto, lo primero que tenemos que hacer es convertirnos nosotros mismos al Señor, vivir en una actitud continua de conversión. Por el bautismo renacimos a una vida nueva, por la renovación constante de nuestro bautismo debemos reafirmar y reforzar cada día nuestro compromiso cristiano. Después, debemos atrevernos a mirar al mundo, a los no cristianos, y animarles a que sigan nuestro camino, el camino de Jesús. Seguro que si nosotros, con nuestra vida, demostramos la verdad del evangelio, habrá más de uno que se sienta animado a seguirnos, a seguir a Cristo. Porque una vida auténticamente cristiana es una vida presidida por la justicia, por la bondad, por el amor, una vida que merece la pena ser vivida, una vida feliz. Cristo siempre ha tenido muchos admiradores, aún entre los no creyentes; si nosotros nos empeñamos en vivir al estilo de Cristo, seguro que muchos nos admirarán y algunos hasta se animarán a seguir nuestro camino, el camino de Cristo. Este es, para mí, el mensaje de este segundo domingo de Adviento.

2.- Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios. El cristianismo que predicamos nosotros, el cristianismo de Cristo, es una religión de consolación, la religión de las bienaventuranzas. Consuelo para los pobres, para los pecadores, para los enfermos, para los últimos. El profeta Isaías se dirigía a un pueblo que vivía en el destierro, que se sentía abandonado de Dios, que vivía desconsolado. A este pueblo les dice el profeta, en nombre de Dios: Mirad, el Señor llega con fuerza…, como un pastor apacienta el rebaño, su mano lo reúne. ¡Qué falta hace, también en nuestro tiempo, una religión del consuelo! ¡Cuántas personas pobres, cuántos enfermos, cuántos ancianos solos, cuántas personas descreídas y desesperanzadas, cuántas personas necesitadas de consuelo! El consuelo que les promete el Señor es la liberación de sus estrecheces, de sus pecados, de sus esclavitudes individuales, familiares o sociales. Para consolar a estas personas, los cristianos tendremos que levantar los valles en los que viven tantas personas marginadas, derribar los montes y colinas del orgullo de los poderosos y engreídos. A todas estas personas debemos decirles los cristianos, con palabras del profeta Isaías: no temáis, aquí está vuestro Dios. Un Dios de justicia, un Dios de paz, un Dios de amor, un Dios liberador. Todo cristiano debe ser una persona liberada y liberadora.

3.- Dios no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. Esta carta, atribuida al apóstol Pedro, es uno de los últimos escritos del Nuevo Testamento. Va dirigida a unos cristianos que empezaban a desanimarse porque veían que la prometida segunda venida del Señor no acababa de llegar. Pedro les dice que no se desanimen, que para el Señor mil años son como un día, que el Señor cumplirá su promesa. Y les anima a esperar, confiados en la promesa del Señor, un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia. Lo que tienen que hacer ellos es convertirse y seguir predicando un evangelio de conversión. Yo creo que esta es la tarea principal de todo cristiano, en el adviento y durante toda la vida: trabajar para conseguir, ya en esta vida, un mundo distinto, donde habite la justicia misericordiosa de nuestro Dios. Un mundo de convertidos, donde todos podamos vivir en armonía y con amor, un mundo de hermanos, un mundo de cristianos. En este comienzo del adviento vamos a pedírselo así a nuestro Salvador.


2.- AQUEL PROFETA INCÓMODO

Por Gustavo Vélez, mxy

“Juan bautizaba en el desierto, predicando que se convirtieran. Y acudían muchas gentes de Judea y de Jerusalén y él los bautizaba en el Jordán”. San Marcos, cap.1.

1.- Sin más presentaciones, san Marcos coloca de una vez al Bautista en el desierto. El hijo de Zacarías e Isabel, pariente cercano de Jesús, tendría entonces unos treinta años. Los evangelistas señalan que “se alimentaba de saltamontes y miel silvestre”. No era sin embargo su figura, vestida de piel de camello como los beduinos de hoy, la que impresionaba a sus oyentes, sino el estilo de su predicación, directa, tajante, sincera: Convertíos.

Tiempos difíciles aquellos en que aparece Juan. Tiempos de opresión y de angustia. Con toda razón habían surgido muchos que se proclamaban profetas, llamando a la rebeldía contra Roma. Pero Juan era distinto. No insinuaba violencia contra nadie. Invitaba a sus oyentes a transformarse desde lo interior, ante la proximidad del Mesías. Y a quienes se interesaban por su discurso, los sumergía en las aguas del vecino Jordán. Pero el Precursor era un profeta incómodo para las autoridades de Jerusalén. Sentían que minaba su aparato político y religioso, contaminado por la corrupción. También el Bautista incomoda hoy a muchos, al predicar la conversión en estas fechas de alegría navideña. Y no hemos comprendido de modo suficiente la relación entre convertirnos y ser más felices.

2.- Olvidamos que la enseñanza más alta de Jesús fue el discurso de las Bienaventuranzas. Allí nos invita a una vida equilibrada y sobria. Lo cual coincide con el reino de Dios entre nosotros. Y esto mismo es el programa del Adviento para los discípulos del Señor. Un proyecto de purificación. De realización personal y comunitaria. Muchos se quejan porque la transformación del mundo no es tan rápida y visible como su impaciencia lo desea. Pueden tener razón. Pero si evaluamos más despacio el transcurrir de la historia, vemos que muchos nos vamos convirtiendo paso a paso. La acción de Dios es silenciosa como el geminar de las semillas. Igual a la manera como las piedras preciosas cristalizan en la montaña. Bastaría entonces mirar de más arriba y contemplar innumerables maravillas.

3.- Hubo una vez un médico que decidió atender a sus pacientes de manera más cálida y paciente. Un padre de familia que en diciembre resolvió dejar el licor. Una joven que se propuso regresar a los sacramentos. Un empresario que puso un tope a sus ganancias, para compartir con los necesitados. Alguien que fue capaz de limpiar de rencores todo su corazón. Unos niños que entregaron sus mejores juguetes para los pobres. Hubo una familia que quiso celebrar la Navidad en un compartir, más de valores que de cosas. Y muchos enfermos, que al pensar en Jesús, sintieron su presencia amable y bienhechora. Todas estas formas de conversión aumentaron de forma notable de felicidad que esparce la tierra, en su rumbo por el espacio. Como lo quiso Dios desde el principio.

4.- Nos dice una leyenda que el Niño Dios encargó a uno de los pastores, recibir los regalos que llegaban al portal y presentar los oportunos agradecimientos. Para recompensar su oficio le obsequió largos años de vida. A él podríamos entregarle el valioso regalo de nuestra conversión para el “Dios-con-nosotros. Preguntar por Eliud, en las colinas de Belén.


3.- REVOLUCIONARIO JUAN, REVOLUCIONARIO JESÚS…

Por José María Maruri, SJ

1.- La conversión de que nos habla san Juan Bautista no es la confesión semanal o esporádica. Metanoia significa cambio de mentalidad, cambio de escala de valores, cambio de dirección. Que para ir a Sevilla no se puede ir por la A-1, aunque vayamos muy arrepentidos de las muchas infracciones de tráfico que otras veces hemos cometido, que el único medio es ir por la A-4. No es arrepentimiento, es cambio de manera de pensar que lleva al cambio de vida.

2.- Sabiendo leer el evangelio de hoy pinta ante nosotros un tremendo contraste, en la lejanía de los palacios de Herodes, de los sumos sacerdotes, de los romanos invasores… aquí en el desierto.

--Hombres vestidos de púrpura y oro, allí… y aquí Juan vestido de piel de camello.

--Allí grandes banquetes servidos por esclavos… Juan comiendo miel silvestre y saltamontes

Escenificación de la revolución de valores que significa Juan y que va a predicar Jesús.

**El mismo Antiguo Testamento habla de las riquezas como signo de la bendición de Dios… Jesús va a gritar: “¡Ay de vosotros los ricos…!”

**El poder, en grande o en pequeño (¿hay mayor tiranía que la de los subalternos?) es una de las aspiraciones de los hombrecillos… Jesús va a decir: “el que quiera ser el mayor que se haga esclavo vuestro”

**El placer comercializado, “democratizado”, disfrazado de amor, sacado de los burdeles y establecido como norma de vida de nuestra juventud, es junto a la droga una de nuestras falsas libertades… y Jesús nos dice: “el que desee a la mujer de su prójimo ya ha fornicado con ella”.

**El mismo Señor en Marcos y en Mateo pone la fornicación como distinta al adulterio y a la mis altura de los robos y asesinatos…”del corazón salen las malas intenciones: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios.

++El mismo contraste de palacios y desierto, de púrpura y piel de camello, de banqueteo y saltamontes.

++Revolucionario Juan, revolucionario Jesús… y demócratas acomodaticios todos nosotros

++El poeta indio Tagore llora por una revolución que comenzó Jesús y que han abortado los cristianos.

3.- Mientras que nuestra norma de vida sea el dinero más o menos emboscado en la necesidad de supervivencia, el placer revestido de la felicidad a la que tiene derecho todo hombre, y el poder o tráfico de influencias para subir en la vida, ya podemos prometer que cumpliremos todas las normas de Dios, ya podemos confesarnos arrepentidos de furtivas transgresiones, que por esa autopista no llegaremos nunca al Reino, donde lleva un estrecho camino.

Hasta que no consigamos poner en lo más alto de nuestra real escala de valores a Dios y a los demás (con los que Dios se identifica) y amemos de corazón una vida sin despilfarros, honrada y honesta, compartida, blindada a la corrupción, nuestra tren ira a una gran velocidad por una vía muerta que no llega a ninguna parte.

4.- Si nos encontramos entre las manos una sociedad sucia… en la televisión, en los espectáculos, en la promiscuidad de los sexos, corrupta en todos los estamentos del Estado, del trabajo, de los bancos, en tiempos más honorables, una sociedad donde el que tiene poder se jacta de usarlo en amiguismos y favoritismos no nos quejemos.

En medio de una corrupción semejante los primeros cristianos supieron ser sal y nosotros hemos perdido el sabor, fueron luz, y a nosotros se nos han fundido los plomos.


4.- TAMBIÉN HOY ES NECESARIA UNA PROFUNDA CONVERSIÓN

Por Antonio García-Moreno

1.- AL ENCUENTRO DE DIOS.- El pueblo elegido estaba desterrado y gemía a las orillas de los ríos de Babilonia, colgadas las cítaras en los sauces de la orilla, mudas las viejas y alegres canciones patrias. Años de exilio después de una terrible derrota e invasión que asoló la tierra, el venerado templo de la Ciudad Santa convertida en un montón de escombros y cenizas. El rey y los nobles fueron torturados y ejecutados en su mayoría, mientras que la gente sencilla era conducida, como animales en manadas, hacia nuevas tierras que labrar en provecho de los vencedores.

Pero Dios no se había olvidado de su pueblo, a pesar de aquel tremendo castigo infligido a sus maldades. En medio del doloroso destierro resonaría otra vez un canto de la consolación, cuya melodía y con el que se vislumbra y promete un nuevo éxodo hacia la tierra prometida, un retorno gozoso en el que el Señor, más directamente aún que antes, se pondría al frente de su pueblo para guiarlo lo mismo que el buen pastor guía a su rebaño, para conducirlo seguro y alegre a la tierra soñada de la leche v la miel.

"Súbete a lo alto de un monte -dice el poema sagrado-, levanta la voz, heraldo de Sión, grita sin miedo a las ciudades de Judá que Dios se acerca". Que preparen los caminos, que enderecen lo torcido, que allanen lo abrupto, que cada uno limpie su alma con un arrepentimiento sincero y una penitencia purificadora. Llega el gran Rey con ánimo de morar en nuestros corazones, de entablar nuevamente una amistad profunda con cada uno de nosotros. Por eso es preciso prepararse, despertar en el alma el dolor de amor herido por ofenderle, el ansia de reparar nuestras culpas y el deseo de hacer una buena confesión para recomenzar una vida limpia y alegre.

El Señor llega cargado de bienes, él mismo es ya el Bien supremo. Viene con el deseo de perdonar y de olvidar, de prodigar su generosidad divina para con nuestra pobreza humana. Viene con poder y gloria, con promesas y realidades que colmen la permanente insatisfacción de nuestra vida. Este pensamiento de la venida inminente de Jesús, niño inerme en brazos de Santa María, ha de llenarnos de ternura y gozo, ha de movernos a rectificar nuestros malos pasos y enderezarlos hacia Dios.

2.- CONVERTÍOS.- Cuando Juan Bautista comenzaba su predicación había en Israel un clima de gran tensión político-religiosa. El Pueblo elegido estaba bajo el yugo de Roma que ejercía su poder con la fuerza de sus legiones y la rapaz astucia de sus procuradores. Para colmo de males quienes gobernaban en la Galilea y en la región nordeste eran dos hijos de Herodes el Grande, Heredes Antipas y Herodes Filipo. Todos descendientes de los idumeos y pertenecientes, por tanto, a la gentilidad, a los malditos "goyím", considerados impuros por los judíos. Esa situación era para Israel un insulto permanente. Esto, unido a las profecías sobre la venida ya inminente del Mesías, provocaba en los ánimos el anhelo y la esperanza.

La voz de Juan resuena en el desierto, lo mismo que resonó la voz de Moisés. El nuevo éxodo que anunciara Isaías comenzaba a realizarse. Pero en este nuevo tránsito por el desierto no será otro hombre quien los guíe: será el mismo Yahvé, el mismo Dios que se hace hombre en el seno de una Virgen, Jesucristo. Ante esa realidad próxima a cumplirse, el mensajero del nuevo Rey clama a voz en grito que se allanen los caminos del alma, que se preparen los espíritus para salir al encuentro de Cristo.

Su mensaje sigue válido en nuestros días. La Iglesia, al llegar el Adviento, lo actualiza con el mismo vigor y energía, con la misma urgencia y claridad: "Convertíos porque está cerca el Reino de los Cielos... Preparad el camino del Señor, allanad su sendero". Sí, también hoy es preciso que cambiemos de conducta, también hoy es necesaria una profunda conversión: Arrepentirnos sinceramente de nuestras faltas y pecados, confesarnos humildemente ante el ministro del perdón de Dios, reparar el daño que hicimos y emprender una nueva vida de santidad y justicia.

El Bautista apoya con el testimonio de su vida el contenido de sus palabras. Su misma conducta austera y penitente es ya un clamor de urgencia que ha de resonar en nuestro interior de hombres aburguesados, medio derruidos por el confort y la molicie, acallados muchas veces por el respeto humano y por la cobardía de no querer complicarnos la vida: "Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a escapar de la ira inminente?... Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da fruto será talado y arrojado al fuego". Meditemos estas palabras, reflexionemos en la presencia de Dios, imploremos su ayuda para rectificar y prepararnos así a recibirle como é se merece.


5.- PREPARAR EL CAMINO INTERIOR PARA QUE JESÚS HABITE EN NUESTRO CORAZÓN

Por José María Martín OSA

1- Tres personajes significativos nos hablan en este tiempo de Adviento: el profeta Isaías, Juan el Bautista y María. El primero, Isaías, había profetizado la venida del Mesías. Alguien le ha llamado “el evangelista del Antiguo Testamento”, por su mensaje cargado de esperanza y liberación. Isaías había anticipado también la llegada de “la voz que grita en el desierto”. La misión de Juan el Bautista era proclamar el evangelio de la gracia de Dios, bautiza con agua con el fin de introducir a Jesús en su ministerio. Juan estuvo bautizando con agua en el río Jordán, bajo el requisito de confesar los pecados, o sea, “el bautismo de arrepentimiento”. Prepara así el camino del Señor…. María, la llena de gracia, era la persona adecuada para acoger al Salvador, estaba preparada desde el principio y esperó mejor que nadie su llegada, pues lo llevó en su seno.

2- Juan había sido enviado a bautizar con agua, lo cual era un símbolo del arrepentimiento y confesión de pecados. Esto era para preparar bien los corazones para que recibieran a Cristo, quien ya no haría para ellos ninguna obra simbólica, sino una transformación real y completa en sus vidas. Juan no era más que un escalón de transición entre el período de la ley con todos sus simbolismos y la gracia de Cristo, en la cual ya no hay necesidad de símbolos, porque Cristo nos da la sustancia misma de todas las cosas. Juan el Bautista, como precursor de Cristo, y con todo su sistema, se sentía indigno, incluso, de desatar la correa del calzado de Jesús, porque su sistema era nada más una forma de preparar los corazones incrédulos de los hombres, para que con más facilidad recibieran las realidades espirituales que Cristo les ofrecería. Era la tarea de los esclavos desatar y llevar las sandalias a sus amos, pero Juan, en este acto, se reconoció indigno aun de ser el esclavo de Jesús, porque Él era enormemente superior. Juan reconoció que incluso el bautismo con agua que estaba administrando era sólo de carácter transitorio, tendría que dar lugar al bautismo de Cristo, que es con el Espíritu Santo. “Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo”.

3- Significado simbólico del desierto: al encuentro de la vida. Juan el Bautista aparece en este camino siempre duro de la vida. Dice el texto que estaba en el desierto. El desierto, por mucho que creamos, no es un lugar de muerte sino de vida. Algunos predicadores enfatizan lo baldío del yermo olvidando que todo lo que hay en el desierto busca la vida. Lo hacen las montañas de arena que animadas por el viento buscan siempre un mejor acomodo. Los árboles, los animales, las plantas están acostumbradas a vivir en un ambiente más que incómodo, pero son capaces de subsistir con poco, con casi nada, con más ganas que realidades...En el Nuevo Testamento cuando se utiliza la palabra desierto como adjetivo (eremos) en referencia a las personas quiere decir "abandonado", desolado, privado de los amigos y familiares... No es el que se encuentra en soledad, es el que se encuentra alejado de la vida, de los amigos, de lo que te hace vivir... No es de extrañar pues que Juan bautizara en el desierto, en el lugar que por identidad menos agua tiene. El agua es el símbolo de la vida y la buena noticia es precisamente que la vida puede florecer incluso en los lugares y situaciones más contrarios a la misma. En los momentos de dificultades y problemas... recuerda el desierto de Juan el Bautista... ¿Qué situaciones de desierto existen en tu vida?

4- Una tarea: preparar nuestro corazón para que esté expectante ante la venida de Jesús a nuestra vida. Juan decía a la gente que "debían de convertirse a Dios". Convertirse significa cambiar nuestra manera de pensar, cambiar de actitud y convertirse a Dios. En el fondo la vida de todo ser humano transcurre en la aridez del desierto, de la vida que lucha y el agua generativa de Dios. La Palabra nos describe a Juan adornado con muy pocas cosas materiales. Simplemente nos habla de su vestido y de su pobre comida. Mientras las narraciones bíblicas nos describen el poder material de muchos, nuestro Juan es citado como el que apenas tiene lo imprescindible para poder subsistir. Buena enseñanza para nosotros que nos creamos tantas y tantas necesidades... Creo que para Juan lo que de verdad le importa es permanecer en Dios no tener las cosas que la vida nos ofrece. Es bueno y legítimo el aspirar a ser más. Es cristiano equilibrar la resignación con la lucha por la superación diaria. Estancarse es morir pero superarse para crear envidias y odios es peor. El Bautista se humilla en su poder mientras que otras personas lo que hacen es humillar a otros con su poder. Termina el Evangelio diciéndonos por palabras de Juan que el agua se convertirá en Espíritu Santo. Lo material se unirá a la realidad de Dios. Buen anuncio para la Navidad donde la carne se une a Dios para formar una sola realidad. Dios tomó nuestra carne para el desierto de nuestra vida se llene de vida cada día, en cada instante. No sé si nuestros corazones estarán tan abiertos para experimentar no los ecos vacíos del desierto, sino la presencia amorosa de Dios que se hace hombre para salvarnos... Lo que nos deja el adviento es la espera confiada en que nuestro corazón estará si no convertido, al menos expectante para que Jesús nazca en él. ¿Por qué crees que cuesta tanto el proceso de conversión interior? ¿Cuáles son tus actuales mayores obstáculos para que Cristo nazca en tu corazón? ¿Qué debes hacer para superarlo? ¿Qué lugar ocupa la esperanza en tu vida?


6.- ¡PREPARAD EL CAMINO AL SEÑOR!

Por Javier Leoz

Hoy, San Juan Bautista, y mañana la Virgen, en su Inmaculada Concepción, se convierten en dos mensajeros que nos anuncian la llegada del Señor. De lo siente el corazón, debe de hablar a rebosar nuestra boca. Y hoy, el corazón, nos dice que –toda una vida- es una oportunidad para preparar la venida del Señor.

1.- Como Juan; enamorado de la causa del Señor y volcado de lleno en su venida. Sabedor que, muchos le apuntaban como el GRAN PROFETA y, él, erre que erre, advirtiendo a diestra y siniestra que, no era él, que solamente era un mensajero, un pregonero pero que, el contenido estaba encarnado y llamado a llegar en el momento inminente.

No nos podemos distraer. Es difícil mantener la tensión de “llega el Señor” “viene el Señor”. Entre otras cosas porque corremos el peligro de caer en la rutina, en la repetición de gestos, en la abundancia de palabras pero sin sentimiento.

Este domingo nos invita a expresar nuestro deseo de salir bien dispuestos al encuentro del Señor que viene. Las Navidades se comienzan a preparar con bastante antelación y no solamente en el aspecto material; es más fácil decorar una mesa, que llenar de sentimientos cristianos el corazón; resulta menos comprometido brindar con una copa, que compartir toda una vida con los más necesitados; está tirado –como dicen los niños- iluminar las plazas y avenidas de las ciudades o pueblos, pero no lo es tanto poner la luz de la fe en lo que hacemos, somos y decimos.

2.- Preparar el camino al Señor implica algunos interrogantes ante la próxima Navidad.

• ¿Cómo está nuestra comunión con Dios? Una buena confesión puede significar el no resignarnos a cabalar con kilos y kilos de defectos, imperfecciones o mediocridades. Una palabra oportuna del sacerdote que nos escucha o nos atiende, nos puede poner en dirección a Belén. ¿Por qué nos cuesta tanto ponernos en paz con Dios a través del Sacramento de la Penitencia?

• ¿Cómo llevamos nuestra vida cristiana? No podemos cobijarnos bajo el famoso paraguas de “lo importante es ser bueno” Entre otras cosas porque, cuando uno lo es, no hace falta que lo diga: se nota. Y, muchas veces, esas expresiones, son un síntoma de que nuestras relaciones con Dios, con la Iglesia, con la comunidad, etc., no están del todo bien. Ojala que en nuestras familias seamos capaces de impregnar un ambiente con valores cristianos. Entre otras cosas porque, si nosotros no lo llevamos a cabo, nadie lo va hacer.

• ¿Caminamos al encuentro del Señor? ¿Estamos dispuestos a un cambio? Cuando en un hogar nace un niño, renace la alegría por los cuatro costados; se ponen punto habitaciones y, hasta las personas, se llenan de un gozo indescriptible. Que no nos cansemos de esperar a un Dios que, cuando es esperado, se convierte en un motivo de esperanza y de ilusión.

Que Cristo, que viene a nuestro encuentro, despierte en nosotros sensaciones de fe, de optimismo y de no desesperar frente a un mundo en el que, cada día que pasa, tenemos la impresión de que está al borde del precipicio. El Señor, que no nos deja solos, nos dará la fuerza necesaria para hacer frente a las dificultades. ¡Agarrémonos a El!

3.- ¡PREPAREMOS EL CAMINO!

Claro que sí….y, además, dedicado al Señor

Un camino, que es el corazón,

en el que Dios pueda nacer,

crecer, vivir y quedarse para siempre.

Un camino, por el que avanzando,

podamos encontrarnos con el Señor

que viene de frente y que, tan sólo espera,

actitudes de fe y de alegría

de conversión y de acogida

de oración y de entrega.

¿Seremos capaces de construir

ese camino para el Señor?

¿Por qué tantas sendas para los “señores” del mundo

y una, a veces estrecha y mal cuidada, para Dios?

 

¡PREPAREMOS EL CAMINO!

¡Dios se lo merece y, nuestra humanidad, lo necesita!

Viene el Señor y, porque se acerca,

es cuestión de mirar en la dirección adecuada.

Con Juan el Bautista, vivamos en el desierto

Perdámonos en la calma que ofrece la oración

Comprometámonos en un mundo mejor

Ofrezcamos, lo que somos y tenemos,

a un Dios que nos da y nos regala lo que tiene: JESUS

En el Adviento no hay lugar para el pesimismo,

la ansiedad o la angustia…¡tenemos mucho que hacer!

¡Viene el Señor!

¡Vienes Señor!

¡Soy y seré un camino por el que vengas al mundo!

Amén


7.- MÁS POBRES Y MÁS ALEGRES

Por Ángel Gómez Escorial

1.- La figura de Juan el Bautista es el centro de este Domingo Segundo del Adviento. El análisis de la escenografía que se nos presenta en el conocimiento del Bautista, su aspecto y sus costumbres, la fortaleza física e interior de su vida y de su mensaje, nos tiene que hacer reflexionar sobre si, ciertamente, hoy, estamos haciendo las cosas bien. Juan es un hombre pobre, austero, incontaminado por la riqueza, acostumbrado a la continúa presencia de Dios, esta que se da en soledad, en el desierto físico y el desierto interior. Más adelante, Jesús expondría su pobreza: “No tengo donde reclinar la cabeza…”. Y, también: “Más difícil es que entre un camello por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos”. Pero lo más importante, lo que se acerca a lo sublime, es como el Rey del Cielo y de la Tierra, pues nació en un establo y descansó en los primeros momentos de vida sobre un pesebre. No tuvo casa, ni habitación, ni cuna…

Además, la pobreza evangélica ha sido un descubrimiento de los grandes santos de la cristiandad: desde, por ejemplo, Francisco de Asís y Carlos de Foucauld. Bien, y entonces, ¿qué hacemos nosotros, la mayoría de nosotros, corriendo como posesos tras la riqueza, tras el dinero? La Iglesia, incluso, ha olvidado muchas veces su obligación de ser pobre y espejo de pobreza. Incluso existe una fuerte polémica contraria sobre la excesiva tendencia a la pobreza… Pero por mucho que se lea, se observe, se contemple, se medite, se razone, la cosa está clara: Juan Bautista y Jesús de Nazaret eran pobres y alejados de la complacencia y confort de los palacios. ¿Puede ser este segundo domingo de adviento un camino de meditación sobre nuestra necesidad de ser pobres? Y que conste que también sirve la definición de pobres de espíritu o pobres en el espíritu, porque aquel tiene espíritu de pobre terminará siendo pobre de verdad: la riqueza y el exceso le repelerán.

3.- Pero, en fin, cada uno en su libertad debe elegir su, también, camino de conversión para este adviento. Es más que probable que un pobre muy pobre tenga mucha soberbia y rencor, y será, entonces, por ahí donde que tendrá que soltar amarras. Y es muy posible que un rico, muy rico, contribuya a la postre a que algunos –muchos o pocos—sean más felices en estos días alegres en los que esperamos el nacimiento del Niño Jesús. Lo importante es que allanemos nuestros malos caminos y dispongamos que los terrenos de nuestra alma sean limpios y lisos para que el Señor, que va a llegar, pueda entrar con facilidad y agrado. Que cada uno elija lo que le conviene para ser mejor. Pero siempre sin engañarse, el autoengaño es uno de los principales problemas de la humanidad, tanto a nivel individual como colectivo.

4.- Seguimos leyendo al profeta Isaías en este Adviento. Nos anuncia un mundo mejor para cuando llegue el Mesías. La belleza de sus textos es verdaderamente llamativa. Y, además, nadie mejor que él se acercó tanto a lo que sería la vida de Jesús de Nazaret. Hoy hemos escuchado, precisamente, el grito que siglos después lanzara a los cuatro vientos, el Precursor, Juan el Bautista: "En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios”. San Pedro, el primer Papa de la Iglesia nos da en su Segunda Carta una lección magistral de las diferencias entre los anhelos y los pensamientos humanos y la sabiduría divina. Para Dios –dice—mil años son como un día y un día como mil años. Es cierto que nosotros hacemos nuestros ruegos y peticiones a Dios con deseos –y hasta exigencias-- de inmediatez y con la mayor brevedad posible en la llegada del don solicitado. Y a veces no entendemos los designios del Señor. Es, un poco, como la frase de Santa Teresa: “Dios escribe con renglones torcidos”. En nosotros debe haber la suficiente humildad como para intuir que, muchas veces, nuestras peticiones no tienen más sentido que el de la urgencia o de aquello que, aparentemente, más nos conviene.

Y el evangelio de Marcos, que acabamos de escuchar, nos muestra, con precisión y brevedad, la predicación de San Juan Bautista Pide la preparación de los caminos para que el Señor llegue. Es la voz que clama en el desierto tal como profetizó Isaías. Es, asimismo, un hombre excepcional entregado a su misión, sin titubeos, sin tregua. Y ese grito pronunciado en el impresionante silencio del desierto debe llegar a nosotros, a lo más íntimo de nuestro corazón. Nos quiere decir, sin duda, que no podemos perder la oportunidad una vez más, de no dejar pasar otro adviento sin convertirnos. Debemos romper las amarras que nos tienen atrapados en el puerto de nuestra comodidad y de nuestra vida muelle.

Por eso, quería yo referirme al principio a la pobreza. Esos bienes que tanto anhelamos, y que apenas disfrutamos porque ya nos hastían, nos separan de la venida del Señor. Embrutecen nuestra mente, como el mucho vino y la comida en exceso. El ejemplo de Juan nos debería servir, al menos, para llevar austeridad a nuestras vidas y que desde esa existencia menos adormecida surgiera el deseo de servir a Dios y a los hermanos. Pensemos pues en ser un poco más pobres sin dejar de estar alegres. Eso es el adviento.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


JUAN, EL BAUTIZADOR

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Hace pocos días he visitado los lugares a que hace referencia el evangelio de este y el próximo domingo. Para empezar quiero deciros que Juan, en su tiempo, se hizo más famoso que Jesús. Famoso con buena fama, que eso es lo extraño. Escogió para ejercer la tarea a la que se sentía llamado, pasar una larga temporada viviendo en el desierto. En este caso la palabra indica un paraje salvaje, carente de viviendas próximas, cercano a donde había nacido. (Hoy sabemos, con certeza arqueológica, que la casa de Zacarías e Isabel, sus padres, estaba en Ein-Karen, a cuatro kilómetros de Jerusalén). Tupido de espesa población de encinas y algarrobos, resulta un lugar bastante inhóspito. Por allí he sabido que la algarroba recibe el nombre popular de pan de San Juan.

2.- Pasado, pues este tiempo de juventud en reflexión y soledad, bajó a la rivera del Jordán y allí empezó a ejercer su ministerio. La semana próxima os contaré, mis queridos jóvenes lectores como es el paraje. Juan era un hombre de lenguaje exigente, de gestos duros. Un hombre para nada simpático. A un individuo así, paradojas de Dios, se le encomendó la tarea de abrir caminó que facilitasen la llegada del Redentor ¿a quién se le podía ocurrir una tal iniciativa? Vosotros sabéis que los encargados de relaciones públicas, los recepcionistas, los escogidos para introducir nuevos productos en el mercado, se les exige buen porte, amabilidad, don de gentes. Estos son los criterios de los hombre. Como ocurre tantas veces, los de Dios son diferentes.

3.- Vociferaba y recriminaba. Era atrevido y valiente. No respetaba a la autoridad corrupta ni a los notables altaneros. No era calculador. El lugar escogido para iniciar su empeño es el más bajo de la superficie de la tierra, a 400 metros del nivel del Mediterráneo. Os lo detallo porque en un tal sitio hace mucho calor, la humedad relativa es muy alta y la mayor presión atmosférica invita a quedarse dormido. Las circunstancias logísticas, pues, eran adversas. No obstante su predicación daba resultado. ¿cómo es posible?

4.- Hoy el Evangelio nos habla de la vida que llevaba. No vestía ropa de marca, ni tejidos suaves. Se cubría con piel de camello, que debe ser bastante dura, por lo que he observado estos días, que me he encontrado con bastantes ejemplares. Añádase que se desconocía, por aquel entonces, el curtido fino de las pieles de hoy. Su conservación era por simple deshidratación. Una delicia, sin duda, para cubrir la piel de un hombre. Su alimentación también era austera. Comía saltamontes, o langostas, como queráis llamar a estos insectos. En una ocasión y estando cerca del lugar, vi un ejemplar que mediría sus quince centímetros. Para los beduinos de aquel entonces era alimento habitual y sé que aun hoy en día, en diversos lugares, se consumen. De todos modos nadie negará que se trata de un alimento sencillo, con un cierto valor nutritivo y fácil de que cada uno se lo procure. Su otro alimento era miel. El evangelio advierte que era silvestre.

De hecho, era la única que se conocía en el Israel de aquel tiempo. Se le había dicho al pueblo escogido, durante su éxodo que en la Tierra Prometida, sus rocas manaban leche y miel. Una manera de afirmar que encontraría pastos para sus ganados y dulce para sus comidas (el azúcar, en aquel tiempo, no existía). (no hace mucho se han encontrado, por tierras del norte, restos de antiguas colmenas. Parece que se trata de un hecho aislado) La miel se cotiza bien en equilibrada dietética, se conserva con facilidad, se consigue gratuitamente y no necesita aderezos. Los saltamontes cuentan que los ponen a tostar en el rescoldo y los aderezan con sal, el resultado es apetecible. Nunca los he probado, ni lo pienso hacer.

4.- En el desierto es preciso preparar caminos y repararlos periódicamente, de otro modo la ruta se hace muy pesada. Observaba días pasados, como facilitaban la llegada al lugar de una fiesta, extendiendo largas esteras y así, ni se equivocaban los comensales, ni se cansaban tanto. En el terreno del espíritu le tocaba a Juan una empresa semejante. Venía gente de lejanas tierras a escucharle. Les convencía. Muchos aceptaban su mensaje y le decían que querían cambiar de vida. Él aceptaba su actitud y como signo, como respuesta espiritual, los zambullía. Salían humillados, añadía, para colmo, que solo era el principio, que vendría tras aquello otra persona, con otra zambullida. Encontrarían en ella el Espíritu. El que vendría tras él, era mucho más importante, él debía retirarse discretamente. No marchaban decepcionados. Se les habían perdonado sus pecados y se les había trazado un signo de Esperanza.

5.- He insistido en la falta de cualidades humanas y en la riqueza de espirituales que gozaba Juan. Eran tiempos malos aquellos, como los nuestros. Salir de ellos comportará, seguramente, aprender de su testimonio, más que de organizar reuniones, equipos o programas, a lo que tanto estamos inclinados.

En el terreno individual, que cada uno se aplique a sí mismo el ejemplo del Bautista. Austeridad, sinceridad radical, honradez extrema y audacia, pienso yo, son sus mejores cualidades.