1.- SOBRE LA LIBERTAD

Por David Llena

Escuchaba hace unos días unas declaraciones sobre las cosas que diferenciaban al hombre de los animales. Quien lo decía hablaba como científico y presumiblemente creyente. Defendía que el hombre era capaz de producir sus propias herramientas, aunque observaba que algunos primates son capaces de preparar ramitas que luego usarán para sacar las hormigas de su hormiguero. La otra capacidad que este conferenciante nos daba a los humanos, es la de poder conquistar nuevos espacios, es decir, la posibilidad de colonizar nuevos territorios.

Sin embargo, pienso yo que la verdadera diferencia entre el hombre y el resto de animales es su capacidad de superar sus instintos. Un humano es capaz de no comer aunque tenga hambre y comida para satisfacerla, un humano es capaz de aguantar el dolor por un fin más alto, pero también un humano es capaz de suicidarse o matar y estas capacidades no las tiene ningún otro animal.

La libertad nos capacita y nos posibilita esa elección. Sin embargo, nuestra parte animal nos guía muy a menudo en esa elección. Ese es el “drama” del hombre. Tiene la posibilidad de hacer una cosa y lo contrario, de hacerlo con todo su interés o sin poner ilusión en lo que hace. Y esa es la grandeza del hombre. Según lo entendemos los cristianos, la libertad ha sido dada por Dios para que gocemos de la experiencia del amor. Sólo desde la libertad es posible el amor. En cualquier otro caso el amor se convierte en mercadeo y muchos confunden el amor con el mercadeo.

Y es que el amor está íntimamente unido a la libertad y por tanto a la responsabilidad y a la renuncia a nuestros instintos si estos no están marcados por ese amor. De ahí que el amor lleve a dar la vida, a poner la felicidad del otro por delante de la nuestra. Este desprendimiento tiene que partir de la propia libertad. Amemos libremente, que no significa que amemos según nuestro libre albedrío. Ningún animal puede llegar a estos sentimientos por más que algunos pseudo-científicos pretendan hacernos creer lo contrario

 

2.- LA MANDRÁGORA

Por Pedrojosé Ynaraja

Me propongo desde hace tiempo, recopilar el montón de escritos en papel y de archivos guardados en DVDs y discos duros, que a lo largo de los años he ido publicando, referidos a plantas y animales en la Biblia. Hay que localizarlos, ordenarlos y reelaborarlos, siguiendo otros criterios, si quiero que formen un conjunto apto para un libro. No es un trabajo fácil, es distinto escribir semanalmente, pensando en llenar un número fijo de líneas, a redactar el capítulo de un conjunto. Hacerlo no es puro capricho. No es cuestión cultural, cosa que pudiera ser justificada. Pretendo que la frase bíblica, lenguaje revelado, Palabra de Dios, que es lenguaje humano, pueda ser entendido más fácilmente. Pasa que los autores se sirven de imágenes que no siempre son conocidas por el lector. En las muchas veces que he leído la Biblia, me he dado cuenta de que los profetas son los que más se sirven de ejemplos tomados de la biología. Y seguramente es el Cantar de los Cantares, el libro en el que en menor espacio, se acumula mayor número de nombres de especies animales o vegetales.

Mandrágora es una palabra que uno encuentra con frecuencia como título de programas de TV, novelas, cómics etc. Si uno teclea el Google, le dice, en 0.21 ss., que hay 1.760.000 entradas donde aparece el término. El Dioscórides renovado, de Font Quer, le dedica cinco páginas y una lámina, que no es poco. Amén de lo dicho, añado que Fra. O. Dueñas, la ha visto en el monte Tabor. P. A. Cabezón, en el jardín de Nazaret. Con Fra Rafael Dorado, la hemos buscado en el jardín botánico de la Universidad de Jerusalén y Eduardo, de Nazaret, ha tratado de que la viera en Neot Kedumín. Por Andalucía se fabrica un licor que lleva su nombre, pero me dicen que la planta no entra en su composición. ¿me moriré, pues, sin haberla visto?. En Internet y eBay logro, por fin, la solución. Compro semillas en Italia y Alemania. De las primeras que me llegaron, hace tres días que ha salido una plantita. Tiene ya dos hojas de 25 Mm. Cuando las vi una tarde, iba a decirle a Dios, tomando palabras del viejo Simeón: ahora Señor, puedo morir en paz, pues, mis ojos han visto una mandrágora. Pero no me atreví a decírselo, tampoco era verdad.

La mandrágora, con el beleño, el estramonio, la belladona y otras hierbas, fueron uso habitual de las brujas. (una de ellas ha sido absuelta, al cabo de más de 200 años, por una comunidad cristiana suiza, que por entonces la ajustició, muriendo la pobre mujer en la hoguera). En el inicio de los aquelarres, según cuentan, se embadurnaban la piel con jugo de estas plantas. Se lo administraban por vía tópica, diría un prospecto farmacéutico de hoy. Después de ello, se sentían poseídas por el diablo en forma de macho cabrío y volaban, según confesaban a los tribunales que las juzgaban. Para aumentar el morbo que rodeaba al vegetal, se creía que nacía este de la última secreción de los ahorcados. Y no sigo, que el morboso sería yo.

En la Biblia es mencionada dos veces. Es bueno entretenerse unos momentos en el pasaje del Génesis. La poligamia fue autorizada, dice Jesús, que no querida y programada por Dios, añade. Sin duda tenía sus dificultades, exactamente igual que el Matrimonio cristiano (obsérvese que lo he escrito con mayúscula, evitando lo de “tradicional”, que no me gusta). Las rivalidades entre dos hermanas, esposas ambas del mismo marido, pueden resolverse en un momento determinado, mediante la entrega de unas mandrágoras. Claro que no se trata de raíces cualquiera, las ha recibido Lía, la mayor y menos agraciada, de su hijo Rubén. Cedérselas a su hermana Raquel, la bella y predilecta, le permite gozar una noche de los favores de Jacob, el marido-patriarca. Se le atribuían a la planta poderes mágicos de fecundidad. El texto no lo niega, pero dice que Lía, sin mandrágoras, queda embarazada y dará después a luz a Isacar y más tarde, seguramente sin las raíces mágicas, a Dina, la violada en Siquem. El episodio aparece en Ge. 30, 14-16.

En el Cantar de los Cantares aparece de refilón y sorprendentemente. Causa extrañeza que la amada quiera atraerse cabe a sí al ser querido, hablándole del aroma de las Mandrágoras. Aroma, según el diccionario, es un olor suave y delicioso y, según me dicen desde Alemania, quien me proporciona las semillas, la planta huele que apesta. Si me crece la plantita, ya lo contaré, pero, sin duda, para ello, falta mucho tiempo.