1.- TERMINÓ EL SÍNODO DE LA PALABRA

Ya ha terminado el Sínodo de la Palabra que ha reunido en Roma a todos los obispos de la tierra para analizar el uso, disfrute y extensión de la Palabra de Dios. Las conclusiones de los padres sinodales serán concentradas en un documento sinodal y este, una vez visto por el Papa Benedicto, sus contenidos serán proclamados como enseñanza del Magisterio de la Iglesia. El Papa invitó a un almuerzo, en el atrio del aula Pablo VI, a los más de 400 participantes del Sínodo y expreso que había sido “conmovedor” por la dedicación esforzada de tanta gente a la Palabra de Dios y a su proyección en el seno de la Iglesia.

La impresión es que ha sido un sínodo tranquilo al estar de acuerdo todo el mundo con la cuestión de la Palabra. Es posible que si se hubiera entrado en otras materias de calado social, sociológico, de moral o de parámetros de conducta, hubiera sido más polémico. De todas formas no viene mal una profundización comunitaria de la Iglesia en torno a la Palabra pues es su alimento principal. Es más que probable que los padres sinodales hayan construido las bases de una realidad más rica y de una aplicación del uso de la Palabra más útil y generosa. Tal vez, ellos, todavía, no lo sepan. Tendrán, pues, que promulgarse los contenidos de este Sínodo de la Palabra para sacar conclusiones.

 

2.- CRISIS ECÓNOMICA Y POBREZA

Ya hemos publicado varios textos sobre el efecto de la galopante crisis financiera y su influjo en las cuestiones del deterioro macroeconómico en las principales naciones de la Unión Europea y, también, en Estados Unidos. La realidad es que no se conoce bien el final de la crisis financiera y, tampoco, su incidencia exacta en las economías de los países considerados como ricos.

Recientemente Cáritas España ha informado de un creciente nivel de petición de las ayudas más básicas, cuyo exponente más claro era la petición alimentos no perecederos. Hasta ahora se pedían a Cáritas ayudas en la forma de encontrar trabajo o de suplir algunos gastos como en alquileres de viviendas, en transportes o en el pago de las cuotas de las hipotecas. Ahora se pide comida que, sin duda, sólo se hace cuando hay auténtica necesidad. Y esta situación no afecta solo a inmigrantes mal integrados o sin papeles. Comienza a afectar a personas que han trabajado ya varios años en España y, por supuesto, también a familias españolas.

Pero esto comienza a ser visible en otras naciones de la Unión Europea e, incluso, del círculo más restringido del área del euro. Los problemas afectan a todos estos países en mayor o menor medida. Y son en aquellos que la economía ha sido más expansiva en los últimos años donde ahora notan el mayor deterioro. Y todo ello puede crear importantes bolsas de pobreza, circunstancia que estaba erradicada salvo en los casos de marginación.

Los gobernantes no solo deben atender a las necesidades de capital y liquidez de las grandes instituciones bancarias, sino tomar cuenta exacta del empobrecimiento de la ciudadanía y arbitrar medidas que palien tal situación. La realidad es que las perspectivas son malas con una clara tendencia al empeoramiento.