TALLER DE ORACIÓN

FESTEJANDO LA NATIVIDAD DE MARÍA

Por Julia Merodio

Cuando se está tanto tiempo sin escribir, volver a ello, cuesta más de lo que se imagina; pero ante nosotros se presenta: un nuevo curso, una nueva oportunidad y un nuevo reto de retomar el camino.

Sin embargo cuando, al coger el calendario, comprobé que el 8 de septiembre era el día de la Natividad, todo se me ha hizo más fácil; me pareció estupendo empezar, esta nueva etapa felicitando, un año más, a la Madre.

ESTAMOS DE FIESTA

En el pueblo donde me hallo, se celebra este día con mucho esplendor y se honra a la Virgen, bajo la advocación de Nuestra Señora de los Olmos. Quizá a alguno de vosotros os suene raro, pero se hace así porque cuenta la tradición que la Virgen se apareció a un pastor, que estaba cuidando su rebaño, subida en una encina y con un ramo de olmo en la mano. Después de muchas vicisitudes que no voy a contaros para no alargar el tema, donde se apareció la Virgen, -parece ser que reiteradamente-, se edificó una Ermita que en la actualidad está muy bien conservada y, ciertamente, es muy visitada.

Esta festividad se celebraba el día 8 de Septiembre y en la actualidad, ese día se sigue celebrando una mini-fiesta para los privilegiados que pueden asistir a ella: jubilados, alguien que ha dejado un día de vacaciones…, pero dado que esas fechas son días de trabajo y no queda casi gente en el pueblo, se trasladó al cuarto domingo de Agosto, que es cuando verdaderamente, el pueblo está lleno de personas.

Así que, como podéis comprobar, las fiestas, han acabado hace unos días y todavía resuenan en mis oídos y están plasmadas en mi retina.

LAS FIESTAS

Creo que para centrar el tema debo contaros algo sobre estas fiestas que, este año, como dicen los del pueblo “han sido sonadas” El nuevo ayuntamiento –ha echado la casa por la ventana- y no ha faltado de nada. Orquestas: mañana, tarde y noche; toros; espectáculos para toda clase de gente; atracciones para niños… e incluso han terminado con un castillo de fuegos artificiales que hacía años que no se veía en el pueblo.

Sin embargo mi primera sorpresa vino cuando, al abrir el programa de fiestas, -en el que se exhibía en la portada una preciosa imagen de la Virgen de los Olmos, con un epígrafe que decía “Fiestas en honor de la Virgen de los Olmos”- comprobé que la Virgen solamente aparecía para “quedar bien” ya que su ausencia era evidente.

Pero todavía encontré algo que, cada año, me sigue sorprendiendo; la fiesta no comienza con la Eucaristía, sino que termina con ella; por lo que mucha gente, sobre todo los jóvenes, llevan inmersos en el bullicio cuatro días, acostándose al amanecer y agotados de ruido y alcohol y en esas condiciones ¿Alguien cree que pueden asistir a la Eucaristía el día de la Virgen?

A pesar de todo, se celebró el novenario, en el que no voy a detenerme y llegó la Eucaristía que trató de hacerse con todo el esplendor posible.

La Virgen, ataviada con sus mejores joyas y su espléndida corona, presidía desde su trono. Para celebrar la Santa Misa había cuatro sacerdotes, uno de ellos predicaría en la homilía; se hallaba, también, presente: la junta de la Virgen, las damas de honor de la Virgen; las autoridades del pueblo, incluido algún miembro de la guardia civil; un coro de joteros que cantarían la misa y la ermita a rebosar de gente. ¡Qué espectacular estampa debía de divisar la Virgen sobre su trono!

ANTE UNA MADRE MODERNA

Al ver todo aquello yo pensaba que, como cualquier madre moderna, la Virgen había tenido que adaptarse a las circunstancias. El cumpleaños había tenido que pasarlo a un día de fiesta para que pudieran venir, el mayor número posible de hijos y como una generosa madre, allí estaba con la mesa abierta y los manjares servidos. La Ermita finamente engalanada y los asistentes, acompañábamos, con su mejor traje de fiesta. Pero ¿estaban, igualmente, dispuestos los corazones?

Lo primero que sorprendía era la acogida de la Madre. Ella siempre abre los brazos para recibir a cuantos van llegando; ella sabe disculpar, justificar, excusar…, sobre todo cuando se trata de un hijo que, por su escasez de tiempo, tan sólo estará lo que dure la comida. Pero las madres no son tontas; las madres saben leer más allá, de lo que contempla la vista y nuestra Madre, debajo de ese porte singular, sabe leer el corazón y se siente triste al comprobar que vamos relegando a su Hijo y lo vamos sustituyendo por cosas banales que no llenan; que dejan a la persona sin paz, sumida en una búsqueda de placer que no sacia.

La Madre desde su trono observa la ausencia de esos jóvenes que no han venido y como, esa ermita llena a rebosar, ha permanecido casi vacía los días precedentes.

Pero Dios hizo el corazón de la Madre de una materia especial y desde el trono ve el corazón de tantas madres, presentes, pidiendo por sus hijos. Ante ella hay madres pidiendo:

• Por esos hijos sin rumbo.

• Por esos que no quieren saber nada de Dios.

• Por esos, hijos, que buscan el bienestar a cualquier precio.

• Por los que se casaron llenos de ilusión y se están separando.

• Por los que no quieren saber nada de la familia.

• Por los que hace tiempo que no ven, ya que ni se dignas volver por casa.

• Por los hijos enfermos.

• Por los accidentados…

Ahí está la Madre, leyendo esos corazones y esas lágrimas y, esos sollozos callados… Ahí está, en su trono confortando cada dolor.

LA MADRE GUARDA ESTO EN SU CORAZÓN

En el evangelio de Lucas leemos que: “La madre conservaba y meditaba todas esas cosas en su corazón” y ahora no va a ser menos, ella es especialista en esto.

Oí, una vez, comentar a Dolores Aleixandre, -que se encuentra entre mis escritoras favoritas- que nosotros entendemos lo de meditar como actividad mental; pero que Lucas, utiliza una palabra derivada de la palabra símbolo que, en griego, desglosa espléndidamente, lo que nos hace llegar a la traducción literal que sería: “María reunía lo disperso” ¡Me pareció tan bonito! Ella misma afirmaba que era muy difícil de traducir pero que ciertamente era precioso y yo estaba totalmente de acuerdo.

Y ahí está, María, uniendo la vida con la Palabra. Ahí está ante tantos datos que la descolocan: María tenía que asimilar todo lo que le había dicho el Ángel sobre la grandeza de su Hijo, con la realidad que palpaba de verlo nacer en Belén, huir a Egipto, ser hijo de un humilde trabajador y no encontrar el reino prometido por ninguna parte. Mas, si María sabe hacer ese esfuerzo grandioso de interiorizar, tanto sinsentido, para juntarlo en su corazón como en una base de datos ¿Cómo no va a ser capaz de juntar nuestra realidad por complicada que sea?

Así vemos que, la Madre, no se queda en el trono donde nosotros la hemos subido. La madre baja porque es, una mujer en marcha; es alguien que sale a recorrer las calles, a buscar a cada hijo allá donde se encuentre.

Por eso el sábado, en el momento en que la noche y el día se besan, se efectúa el “Rosario de Antorchas” que, con una gran afluencia de gente, se celebra dando comienzo en la plaza del Ayuntamiento para terminar en la Ermita. Los asistentes portan faroles encendidos y en cada misterio una de las damas de la Virgen lo ofrece por una determinada realidad. Entre, misterio y misterio se pidió por: la familia, los enfermos… ofreciendo el tercero por los jóvenes, a los que voy a dar prioridad, por ser los grandes ausentes en la celebración; en, dicho misterio, se leía:

Gracias; gracias a los jóvenes que creen en Dios y ayudan al prójimo.

Gracias a esos, jóvenes, humanitarios que trabajan en obras sociales; a esos jóvenes que dan su vida por salvar a otras personas.

A los jóvenes que creen en un futuro digno para todos y se preparan para conseguirlo.

Esta noche, Madre, queremos presentártelos, para que les des fortaleza y valentía, para no desfallecer.

Acuérdate, también, Madre de los que no encuentran el camino, e inmersos en el materialismo, se alejan inconscientemente de ti.

Me pareció precioso, tener un recuerdo, para presentar ante la Madre esos jóvenes, altruistas, generosos, comprometidos…esos jóvenes que tanto deben gustarle a ella; pero sin olvidar a los dispersos, a los desunidos… a tantos como la Madre los acompaña para unificarlos en su gran corazón. Y allí estaban, con sus antorchas portadoras de luz, ahí están con su petición callada ¡Bendícelos Madre!

EL ACCIDENTE DE BARAJAS

A la hora de terminar, no puedo eludir mi recuerdo, por las víctimas del accidente de Barajas. Agradezco públicamente todas las muestras de cariño que, como la de Gina de Nicaragua, he recibido en mi correo durante estos días, en los que hemos unido el dolor y la oración. Pero como hasta hoy no ha salido nuestra página, quiero pedir por ellas, en esta primera ocasión que se me brinda y lo hago con la oración que, el día que ocurrió preparé para tan triste suceso:

Madre, las imágenes que nos acaban de brindar, sobre el accidente de Barajas, nos han desconcertado. Por eso queremos, poner en tu corazón, de madre, tanto dolor; para que seas tú, la que lo deposite en manos de tu Hijo, diciéndote, desde lo más profundo de nuestro ser:

Madre de los Olmos: estamos aquí, ante Ti, esta tarde, con el corazón inquieto y dolorido.

Bien sabes que, hay ciertas cosas, que nos resulta difícil encajar y esta, del dolor y la muerte, es una de ellas; por eso te pedimos que ayudes:

• A todos los se han visto implicados en el accidente.

• A los que no podían seguir mirando sin bajar la vista.

• A los que se iban rompiendo de dolor.

• A los que gritaban.

• A los que intentaban huir.

• A los que han perdido la vida,

• A los que están debatiéndose, entre la vida y la muerte, en el hospital.

• A los familiares que contemplan impotentes la tragedia.

• A las madres que han perdido a sus hijos.

• A los hijos que han perdido a sus padres.

• A las familias, que quedan deshechas.

• A los matrimonios que se han truncado.

• A los invadidos por el miedo y la soledad.

• Y a todos los que impotentes, contemplamos tanto dolor.

Esta tarde queremos aparcar, aunque sólo sea por un rato, la fiesta para unirnos a todos los que sufren, y a tu lado mandarles ese recuerdo y ese abrazo emocionado, de saber que pertenecemos a la misma familia. A la familia de los hijos de Dios.

PARA LA ORACIÓN PERSONAL

Para la oración os invitaría a poneros, cada uno, ante la Madre y desde su realidad personal, observar comportamientos, actitudes, situaciones… propias y de los demás; que nos acercan o nos dispersan en nuestro caminar hacia el Señor.

Para la Oración podríamos tomar los textos que se ofrecen para la Eucaristía de la Natividad.

Para terminar con una oración a la Virgen que, puede ser espontánea o rezando el Ave María, la Salve… o cualquier oración que para cada uno tenga un significado especial.