XXIII Domingo del Tiempo Ordinario
7 de septiembre de 2008

La homilía de Betania


1.- LA CORRECCIÓN FRATERNA

Por Gabriel González del Estal

2.- LOS PECADOS AJENOS NO PUEDEN DEJARNOS TRANQUILOS

Por Antonio García Moreno

3.- HAGÁMOSLO HOY MISMO

Por Gustavo Vélez, mxy

4.- LOS BORRACHINES

Por José Maria Maruri, SJ

5.- UNA DIFÍCIL Y URGENTE TAREA: LA CORRECCIÓN FRATERNA

Por José María Martín OSA

6.- CUESTA Y MUCHO

Por Javier Leoz

7.- SÓLO SE PUEDE CORREGIR CON AMOR

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


AMOR ¿EXCLUSIVAMENTE AMOR?

Por Pedrojosé Ynaraja


LA HOMILIA DEL NACIMIENTO DE MARIA

UN PROYECTO DE DIOS

Por Javier Leoz


1.- LA CORRECCIÓN FRATERNA

Por Gabriel González del Estal

La práctica de la corrección fraterna, tal como se nos aconseja en el evangelio de hoy y en la primera lectura del profeta Ezequiel, estaba ya establecida en la Regla comunitaria de los esenios de Qumrán. También la Sinagoga judía tenía esquemas de reconciliación y de excomunión, fórmulas de “atar y desatar”, de absolver y de condenar. Esta práctica estaba inspirada en Lv 19, 17-18: No odies de corazón a tu hermano, pero corrige a tu prójimo para que no te cargues con pecado por su causa. Se trata de una corrección basada en el amor fraterno, que busca únicamente la conversión del hermano y, consecuentemente, su salvación. Debía ser, primero, una corrección individual y, en último término, a través de la comunidad. En los seis primeros siglos de la Iglesia, esta forma de corrección fraterna fue habitual en la praxis comunitaria. Se aplicaba solamente en casos de pecados públicos y graves. También en las Órdenes y Congregaciones religiosas se ha practicado, habitualmente, este estilo de corrección fraterna, en los capítulos de culpas y revisión de vida. Se debe hacer siempre con el máximo respeto hacia la persona que consideramos pecadora. Normalmente, donde no hay amor entre el que corrige y la persona corregida, no es eficaz la corrección fraterna. Quizá, por eso, en nuestras macro-comunidades parroquiales no está establecida, regularmente, este tipo de corrección, porque es difícil percibir en ellas ese ambiente cálido de amor cordial y afectivo entre las personas que forman la comunidad.

2.- También nos da a entender hoy Mateo, en este fragmento evangélico, que la corrección fraterna, la corrección de conversión, tiene que estar basada en el convencimiento de la presencia real de Cristo en medio de la comunidad orante. Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Para que exista una verdadera conversión, tiene que ser el Espíritu de Cristo el que inspire realmente a la persona que corrige y a la persona corregida. No deben ser otros motivos, sociales o disciplinarios, los que inspiren esta práctica de corrección. Tampoco el afán de imponer nuestros puntos de vista, o nuestras opiniones teológicas y doctrinales. Se trata, únicamente, de buscar la conversión del hermano, cuando consideramos que tenemos motivos serios para considerarle gravemente extraviado.

3.- San Pablo, en esta su Carta a los Romanos, nos da la regla de oro para que la corrección fraterna, como cualquier otra clase de relación interpersonal, resulte eficaz y cristiana. Es un fragmento muy breve, pero que deberíamos leerlo y meditarlo larga y profundamente. A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama tiene cumplido el resto de la ley... Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso, amar es cumplir la ley entera. No hacer daño a nadie, hacer el mayor bien que podamos a las personas con las que nos relacionamos, eso es amar al prójimo. Sólo si nos basamos en este amor, tenemos derecho a corregir, individual o comunitariamente, a un hermano al que, de verdad, amamos.

Y, como todos somos pecadores, estemos siempre dispuestos a la conversión y agradecidos al buen Dios cuando, como Padre, nos corrige: Ojalá escuchéis hoy su voz: “No endurezcáis vuestro corazón”


2.- LOS PECADOS AJENOS NO PUEDEN DEJARNOS TRANQUILOS

Por Antonio García Moreno

1.- ¡Centinela, alerta! El Señor le dice al profeta Ezequiel que lo ha puesto como atalaya, como torre de centinela, promontorio que domina el horizonte, para avisar con tiempo la llegada del enemigo. Centinela alerta que dará, en el momento preciso, la voz de alarma; para poner en guardia a los defensores de la fortaleza. Pieza importante en la batalla, acción decisiva que dará la victoria o provocará la derrota.

Por eso, en muchos casos, el centinela que se duerme durante la guardia es reo de muerte. Y es que todo está en sus manos mientras que monta la guardia. Todos confían en él y duermen tranquilos porque sabe que hay quien vela y vigila.

Un centinela hay que ser en la propia fortaleza del alma, siempre con la guardia montada, ojo avizor, pendiente de las asechanzas del enemigo. También en esas pequeñas escaramuzas, que nos pueden parecer sin importancia... Centinela alerta. Siempre. Lo dijo el Señor: velad, pues no sabéis cuándo sonará la hora. Y también dice san Pedro: Sed sobrios y vigilad, que vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda rondando y busca a quien devorar. Resistidle firmes en la Fe.

Centinela alerta también en beneficio de los demás. No podemos pensar sólo en nosotros mismos. No es lícito olvidarse de los otros, prescindir de ellos, contentarse con salvarse a sí mismos, abandonando en el peligro a los demás. El "sálvese quien pueda" no es nunca compatible con la fidelidad a la doctrina de Cristo.

Por eso hoy nos dice el Señor: "Si yo digo al malvado que es reo de muerte, y tú no le hablas poniéndole en guardia, para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre. Pero si pones en guardia al malvado, para que cambie de conducta y no cambia, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida".

Está claro. No podemos vivir tranquilos, pasar de largo ante quien se hunde en la miseria, en el peor de los cenagales, en el lodo movedizo del pecado... Centinela, alerta. Con la guardia bien montada, dispuestos a romper el silencio de la noche con nuestro grito de alarma que detecte el peligro y salve la situación.

2.- Iglesia jerárquica.- "Si tu hermano peca, repréndelo a solas...", dice hoy el evangelio. Refleja el mensaje salvador de Cristo enseña que el hombre no puede desentenderse de su prójimo. Considera que todos somos hermanos y que nadie puede pensar tan sólo en sí mismo. Los pecados ajenos no pueden dejarnos tranquilos, lo mismo que no podemos eludir las necesidades ajenas, si está en nuestras manos el aliviarlas. Por eso cuando alguien obra mal, tenemos la obligación de corregirle, de advertirle de su error. Y eso hecho por amor y con amor, buscando el bien del prójimo y no nuestra propia satisfacción o vanagloria. Ha de ser una corrección de hermano a hermano, a solas y con prudencia, sin humillar en lo más mínimo. Con el deseo sincero de levantar a quien ha caído, persuadidos de que también nosotros podemos caer.

El pasaje evangélico de hoy nos habla, además, de la Iglesia y de su constitución jerárquica. De esas estructuras visibles, queridas por Jesucristo, mediante las cuales se lleva a cabo la misión salvadora que Dios le ha encomendado. Para ello dio el Señor a Pedro y a los demás apóstoles el poder de atar y de desatar. Es decir, el Colegio Apostólico, formado hoy por los obispos en comunión con el Papa, ha recibido los poderes necesarios para regir a la Iglesia y a cuantos formamos parte de ella. Es una realidad que, por voluntad de Cristo, persiste a través de los tiempos, por mucho que estos puedan cambiar.

El Señor está presente entre nosotros que, sin duda, estamos en la Iglesia en nombre de Jesús. Su promesa no falla. Hemos de creerlo firmemente y permanecer muy unidos entre sí. De este modo daremos un testimonio evidente que atraerá a los que están fuera de la Iglesia. Por otra parte, nuestra oración será escuchada de modo más seguro si oramos unidos. Así lo ha prometido Jesús y así será. En este sentido recordemos que la plegaria por excelencia es la que tiene lugar en la Santa Misa, en la celebración de la Eucaristía, cuando Jesús mismo se ofrece como víctima de propiciación y como intercesor eficaz ante Dios nuestro Padre.


3.- HAGÁMOSLO HOY MISMO

Por Gustavo Vélez, mxy

“Dijo Jesús: Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, habrás salvado a tu hermano”. San Mateo, Cáp. 18.

1.- Enseñan los cultores del idioma que el verbo corregir, derivado del latín, ya se usaba en España en el siglo XIV. Proviene de “regir”, como otras tantas voces castellanas, y si miramos el Evangelio, querrá decir entonces ayudar a alguien a gobernarse, cuando ha errado el camino.

En san Mateo leemos las recomendaciones de Jesús al respecto, calcadas sobre la praxis de la sinagoga. En esa reunión de los sábados que todavía frecuentan los judíos piadosos, había oportunidad de conocer los problemas de la comunidad y sus responsables.

Jesús señala a sus discípulos el método allí usado: Al que falla se le ha de reprender primero a solas. Y el Señor añade hermosamente: “Si te hace caso, has salvado a tu hermano”. Descubrimos entonces que en la corrección fraterna ha de actuar un elemento afectivo. Se trata de un hermano. Si él se hace el remiso, habrá que reprenderlo delante de uno o dos testigos. Aquí podemos saltar al siguiente párrafo de San Mateo: “Os aseguro que si dos o tres se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del Cielo”. Como quien dice, la fuerza de dos o tres presentes orientará al que ha fallado. Y además bajará sobre él la fuerza de Dios.

Más adelante, si el que peca se niega a cambiar, podemos acudir a la comunidad. Y si a ésta no le hace caso, “considéralo como un pagano o publicano”. Lo peor que podría sucederle a un judío. Algo así como desarraigarlo de su fe, de sus raíces.

2.- Reconozcamos que casi siempre cuando alguien de los nuestros falla, de inmediato se lo decimos a la comunidad. Este es un paso en falso. Que el apóstol Santiago, quien acertadamente escribió sobre el mal uso de la palabra, nos oriente: “Toda clase de fieras, aves, reptiles y animales marinos pueden ser domados por el hombre. En cambio nadie ha podido domar la lengua”. Pero es consolador lo que sigue: “De una misma boca procede la bendición y la maldición”. El evangelio nos invita a “biendecir”. A reconstruir al prójimo con nuestra palabra.

3.- En esta tarea, obra excelente de caridad evangélica, el primer paso, “llama a solas a tu hermano” parece ser la etapa más difícil. Pero a al vez las más definitiva y restauradora. Tal vez no corregimos al hermano, al compañero de trabajo o de estudios, a los de nuestro grupo, o nuestro hogar por timidez, pereza, miedo a llevarnos un chasco. Vale la pena ejercitarnos en este arte exquisito de la corrección fraterna, donde juegan la prudente destreza, el tiempo oportuno, un tono preciso de voz. Se necesita creer en el otro, en su capacidad de superación. Mansedumbre y paciencia para no enfrentarlo con arrogancia. Para no herirlo, abriéndole siempre caminos de esperanza.

Hagámoslo hoy mismo. Corramos ese riesgo, convencidos de que todos somos pecadores. El Señor nos envía como sus mensajeros para decirle al otro que es posible cambiar. Que él nunca ha perdido su condición de hijo de Dios. Que son muchos los caminos de regreso, desde lejanas tierras, a la casa del Padre.


4.- LOS BORRACHINES

Por José Maria Maruri, SJ

1.- No se si será irreverente pensar que el Señor Jesús, al que llamaron comilón y bebedor porque participaba en banquetes cuando le invitaban, y no olvidéis que en el de Caná el mismo Señor proporcionó nada menos que seiscientos litros de vino. Digo que posiblemente sería testigo de esas escenas similares y distintas que se dan cuando corre demasiado el vino: el borrachín solitario que regresa a casa, solo, dando tumbos de farola en farola. Y el de aquellos que con la camaradería que da una misma borrachera se pasan el brazo por el hombro y mal que bien dos o tres unidos caminan mas o menos rectamente. Esta es la corrección fraterna, la de dos o tres que necesitan el mismo perdón, la de los borrachines que aúnan menguados esfuerzos.

2.- Para los que nos sentimos Inquisidores Generales del Reino, con derecho a enmendarle la plana al mismo Dios, este evangelio nos da pie a corregir a los demás… Naturalmente, ¡ay de aquél que intente corregirnos a nosotros!

No es esta la corrección que el evangelio de hoy proclama. Se trata de corrección entre hermanos, no de arriba abajo, no la corrección del justo al pecador, como puede sonarnos. Corrección de hermano a hermano, de igual a igual, de pecador que necesita perdón a pecador que también lo necesita.

3.- Modelo de corrección fraterna es san Dimas, el ladrón. Él comienza por reconocer su pecado: “nosotros sufrimos lo que merecemos…”,”a si que cállate y deja en paz a esta buena persona que muere con nosotros…”. El evangelio calla el efecto de esta corrección, lo cierto es que el otro ladrón no vuelve a decir palabra, quien sabe si detrás del Señor Jesús se entraron el Reino estos dos hermanos borrachines cogidos del bracete, porque ambos necesitaban la ayuda de Dios y de su otro hermano.

4.- La corrección fraterna nunca debe tener visos de venganza, de envidia satisfecha; tiene como fin salvar al hermano, no marcharlo, no pisotearlo tratando de apagar la mecha que aún humea.

Cuando, a pesar de todo, alguno se aparta de la Casa Paterna, es él mismo quien se excomulga, se aparta, pero en la casa del Padre debe quedar siempre una ventana encendida de noche y la puerta abierta de día por si el hermano que se fue regresa.

El Padre del hijo pródigo ni apagó la luz de su ventana ni cerró la puerta. Al contrario, cada día salía a lo alto del camino para ver si el hijo volvía.

No tenemos que acudir a la denuncia corrigiendo porque al hermano le faltó la silenciosa corrección de nuestro buen ejemplo. ¿Es culpable él porque se aleja o somos culpables nosotros que con nuestro mal ejemplo le echamos?

5.- Cuando se clama por una severa corrección se suele apelar a los derechos de la Verdad, olvidando que el único sujeto de derechos es el hombre. Enristrar la Verdad para desplomarla brutalmente sobre la cabeza del hermano no es cristiano. Hay que agarrar la verdad por el mango del Amor.

No se trata del salvar al hermano que huye de esa Verdad. No es abrasar al hermano en la hoguera de la Verdad. Es iluminar el camino del hermano que se adentra por el camino tenebroso del error.

Pues que cuando tengamos que corregir –y que sean pocas veces o ninguna—que lo hagamos como borrachines necesitados del apoyo de aquel mismo al que corregimos.


5.- UNA DIFÍCIL Y URGENTE TAREA: LA CORRECCIÓN FRATERNA

Por José María Martín OSA

1.- El cristiano debe velar por el bien de sus hermanos. El libro de Ezequiel consta de cuatro partes bien definidas: la vocación del profeta, los reproches y amenazas contra Israel, los oráculos contra las naciones y el restablecimiento de Israel. El capítulo 33 que leemos este domingo da inicio a la cuarta parte. La misión del profeta es denunciar el pecado y las injusticias, pero también, en sentido positivo, anuncia el perdón y la salvación. Ezequiel es el profeta de la esperanza, pero para que esta virtud pueda aparecer se necesita, en primer lugar la conversión del corazón. El profeta, y todo fiel creyente, tiene que ser un vigía o centinela, que desde la atalaya avisa de la llegada del peligro. El papel del centinela consiste en señalar la presencia del enemigo, es decir en denunciar una situación de infidelidad del pueblo, que corre el riesgo de caer en la miseria si no cambia de actitud. El profeta es como un “espía” que descubre los signos de los tiempos y nos indica la voz de Dios que habla a través de la actualidad. Ya el Vaticano II nos invitaba a interpretar “los signos de los tiempos”. Es una tarea nada fácil, pues requiere mucha inteligencia y, sobre todo, analizar lo que pasa a la luz de Dios. Necesitamos profetas que nos marquen el camino y se adelanten a lo que está por venir. El profeta o cristiano que calla es responsable del mal que amenaza a sus hermanos. El que vive desde Dios y para el hombre, está obligado a recordar el peligro que supone la ruptura de esta relación vital. Y aquí viene la acentuación de la responsabilidad. Quien proclama la existencia de las leyes divinas y los principios fundamentales reconocidos por las leyes humanas ha cumplido con su deber; ha salvado su responsabilidad. Quien no acepte aquello que le ha sido anunciado será responsable de su suerte adversa. En este momento se acentúa la responsabilidad “personal”. Ésta sale de la atmósfera comunitaria y se instala en el terreno individual. ¿Eres consciente de que has sido consagrado como profeta en tu Bautismo?

2.- “A nadie le debáis más que amor”, nos dice San Pablo en la Carta a los Romanos. El que ama cumple la ley entera. Pablo habla del amor al prójimo, no quiere limitar el “unos á otros” refiriéndose sólo a otros cristianos. Amar cumple tres propósitos. Primero, bendice a la persona que recibe amor. Mucha gente necesita desesperadamente una palabra cariñosa o alguna pequeña demostración de que alguien se preocupa por ellos. Segundo, el cristiano que muestra amor por su prójimo se convierte en un poderoso testigo de Cristo. Tercero, como Pablo dice a continuación, el amor cumple la ley. Cuando Pablo dice que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos, no propone un amor propio. Pablo reconoce que nos amamos a nosotros mismos porque solemos hacer lo que nos viene mejor. “Amarás á tu prójimo como á ti mismo,” significa que también debemos actuar según lo que sea mejor para nuestro prójimo. La persona que ama a su prójimo no cometerá adulterio; no matará a su prójimo; no robará a su prójimo; y no codiciará las posesiones de su prójimo. La razón es simple: cualquier acción que pudiera herir al prójimo no concuerda con amor. Pablo utiliza la palabra para amor ágape a lo largo de este pasaje. Ágape es una de cuatro palabras griegas para amor (las otras son philos, storge, y eros). Ágape es una alta forma de amor dedicado al bienestar del ser querido sin esperar ninguna recompensa. – el tipo de amor que Dios tiene por nosotros-.

3.- La corrección fraterna es fruto del amor. El pecado en la comunidad cristiana es una realidad por desgracia, pues no es la iglesia una asamblea angelical de hombre y mujeres impecables, sino de seres que en medio de limitaciones y flaquezas humanas, caminan unidos como hermanos hacia Dios. Por eso es necesaria la corrección fraterna como medio de conversión. Todos necesitamos ir cambiando de vida porque no respondemos a las exigencias que el evangelio nos propone al seguimiento de Cristo, por eso la corrección fraterna es un continuo acicate a la conversión. Conversión personal y comunitaria. El amor nos lleva a sentirnos responsables con aquellos que profesamos el mismo credo y que rezamos al mismo Padre. Esa co-responsabilidad hace ineludible la corrección fraterna para que ella alcance su objetivo que es la recuperación del hermano que peca para la comunidad mediante la conversión. Sin embargo, no realizar la corrección fraterna, -que hay que hacer con tacto y respeto- por no molestar por un falso respeto al modo de ser y opinar del extraviado, no es caridad, no es amor ni querer bien. Pero es peor todavía, si además de abstenernos murmuramos a espaldas del hermano, si le echamos en cara su pecado o su defecto en tono y en términos ofensivos; si queremos convertirnos en sus jueces que condenan. Cuando uno ama a su prójimo no le hace daño, sino que busca su bien, por ello, cuando existe un amor verdadero es fácil la corrección fraterna y muy difícil o imposible cuando no existe ese amor y la comunión fraterna está ausente

4.- Recuperar la práctica de la corrección fraterna. Debería haber una forma habitual de diálogo en la convivencia fraterna de la comunidad cristiana. Pero, por el contrario, hemos perdido desde hace mucho tiempo la dimensión institucionalizada de esta regla de oro de la unidad. Sin embargo, estamos en el tiempo y en la obligación de encarnar en nuevas formas este compromiso comunitario fundamental: la corrección fraterna. Unas reglas básicas esenciales son:

--No corregir desde posturas infantiles o autoritarias, sino desde la posición del adulto buscando no tanto deshogarme, cuanto el bien del hermano.

--No dejarse llevar por la reacción (espontaneidad infantil, paternalista o dictadora) ni por el poder, sino por el amor. Tener siempre presente que yo tampoco puedo tirar la primera piedra; y que si corrijo al hermano es por hacerle el regalo de un sentimiento mío negativo que me cuesta expresar (me resultaría más cómodo y fácil callar), pero que, al compartirlo aclarará nuestra relación y estrechará, a la larga, lazos más fuertes.

--No emitir nunca mensajes "tú", sino mensajes "yo" (un mensaje tú es: "tú siempre actúas...", o "tú tienes que..."; en cambio un mensaje yo es: "yo siento enfado cuando tú dices que..." o "por dentro yo estoy triste cuando tú haces..."). --Si realizamos la corrección fraterna desde el amor y la oración, allí seguro que se encuentra presente Jesús en medio nuestro.


6.- CUESTA Y MUCHO

Por Javier Leoz

1.- Todos, en muchos aspectos, tenemos un ideal. Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos anhelado llegar a metas altas. Todos, en algún instante, hemos intentado buscar la perfección y escapar de la mediocridad o de las cosas dejadas a medias.

Y, en todo ello; en los ideales, metas y búsqueda de la perfección, nos hemos dado cuenta que no siempre hemos estado a la altura y que, para llegar hasta el final, hemos tenido que corregir aquello que no era bueno para lograr nuestros propósitos. ¿O no?

-¿Sirve de algo iniciar un viaje sabiendo que, en el bolsillo, no tenemos lo suficiente para hacer frente a los gastos?

- ¿Es bueno, para nosotros y para los que nos rodean, encerrarnos en nuestros defectos y presumir de lo que sabemos son en el fondo errores?

- ¿Por qué, con frecuencia, pensamos que la conversión o el cambio lo tienen que realizar los demás y no en nuestra vida?

2.- Jesús, en el evangelio de este domingo, nos ofrece unas pistas que son muy dignas de ser tenidas en cuenta:

Primero: la corrección fraterna no significa el modelar las personas a nuestro antojo. Cuántas veces nos creemos con derecho a apuntar las debilidades de los demás y a ocultar las nuestras. El Señor nos indica el camino y el sentido auténtico de la corrección fraterna: buscar que nuestros hermanos estén en comunión con Dios.

Segundo: nuestro objetivo, como cristianos, no es juzgar ni pregonar desde la azotea de nuestras palabras, posición o privilegios, las actitudes o vida de los demás. Nuestra oración, nuestra misión o nuestro reto debe ser precisamente el que los demás encuentren la verdad de Dios.

Tercero: aquello de “a mí plin” no es bueno ni característico de una vida cristiana. Los problemas de los demás, aunque nos parezca una intromisión, deben de ser también los nuestros. No podemos vivir indiferentes al sufrimiento de los que nos rodean. Ser cristiano es compartir la alegría y la tristeza, el gozo y el llanto, el éxito y el fracaso con todos.

4.- Cuesta, y mucho, corregir y ser corregido. Corregir; porque siempre hay riesgo de perder amigos y de ser subjetivo o dejarnos seducir o condicionar por nuestras ideas, ideologías o preferencias. Cuesta, y mucho, ser corregido; entre otras cosas porque el nivel de nuestra fe no siempre está suficiente cultivado como para afrontar o acoger una dinámica de este tipo.

Sólo, desde la lectura de la Palabra de Dios, desde el amor a Cristo, desde el deseo de encontrarnos con El es cuando, la corrección fraterna, es entendida como un camino que nos abre las puertas hacia el encuentro personal y auténtico con Jesús y a una mejora en nuestra relación con los demás.

Vivimos en una sociedad donde, los defectos y los fallos de la Iglesia, son aireados no como llamada al cambio o la reflexión sino como destrucción. También, a nuestro alrededor, con nuestra forma de enjuiciar situaciones y personas, podemos caer en la misma tentación: querer someter todo aquello que no nos agrada. Y eso, amigos, no es corrección amigable, fraterna o cristiana, sino todo lo contrario: aniquilación del adversario.

5.- Pidamos, desde la fuerza que nos da la oración, que seamos capaces de discernir nuestra propia vida, de fomentar comunidades cristianas más auténticas y de que, nuestra maduración en la fe vaya creciendo de tal manera, que gustemos y acojamos la corrección como un camino hacia la perfección humana, comunitaria y personal.

6.- HAZLO CON AMOR

Si tengo defectos y dificultan mi camino

ayúdame a superarlos….pero con amor

Si avanzo en la dirección equivocada

indícame el camino verdadero….pero con amor

Si hay algo que de mí no te gusta y te hiere

házmelo saber….pero con amor

Si mi vida se dispara hacia un túnel sin salida

adviértemelo….pero con amor

Si soy egoísta o vanidoso

si la envidia no me deja ser feliz

si tengo mil vicios o caídas

dímelo….pero con amor

 

Si no soy como no tengo que ser,

no pretendas que sea como tú,

pero si tú vives en la verdad y yo en la mentira

dime cómo se sale de ella….pero con amor

Si me falta corazón y caridad

reza por mí…..pero hazlo con amor

Si estoy mal conmigo mismo y con los demás

si me encuentro agarrotado por la soberbia

si hace tiempo que perdí el norte de mi existir

mírame a los ojos….pero hazlo con amor

Si pensamos de forma diferente

si crees que podemos caminar juntos

si todavía confías en mí

lo intentemos de nuevo…..pero con amor

 

Pero una cosa te digo:

Si piensas que, sólo soy yo, el que fallo

Si crees que, soy sólo yo, el falto de caridad

Si crees que tú eres el santo, el bueno y el sabio

no me digas entonces nada…

Porque es cuando me daré cuenta

que tú tampoco dejas actuar a Dios.

Dime lo que quieras…

pero eso sí…hazlo con amor

Amén


7.- SÓLO SE PUEDE CORREGIR CON AMOR

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Iniciamos, prácticamente, el nuevo curso hoy. Este es el primer domingo de septiembre. Las vacaciones más numerosas tienen lugar –donde las hay—en agosto. Muchos habrá vuelto ya al trabajo y los más pequeños tendrán la vuelta a clase enseguida. Todo se normaliza. Todo vuelve a ser como siempre. Y es llamativo que en este evangelio –de Mateo—de este referido primer domingo de septiembre, que corresponde al 23 del Tiempo Ordinario, pues se hable de corrección, de corregir, de enmendar la plana al hermano. La tregua vacacional en la que apenas nadie corrige se ha esfumado. Pero examinemos esta cuestión.

Hemos pasado de corregir mucho –constantemente—a no corregir nada. En estos tiempos lo políticamente correcto es pasar por alto cualquier juicio contrario a una actitud y, a lo sumo, rodearlo de vagas cuestiones sobre un comportamiento en particular, sin que, a la postre, se entienda algo de lo que se dice y, por tanto, lo dicho sirva para algo. Antes, sin embargo, la educación era casi exclusivamente correctora: apenas se enseñaba, solo se corregía. Ahora tampoco se educa pero no se corrige. Y, en fin, ni una cosa ni otra.

2.- Se ha hablado mucho de la corrección fraterna y se han dado innumerables interpretaciones, a lo largo de la historia, cuando, en realidad, en el Evangelio de Mateo que acabamos de escuchar, se da la formula mejor, la más afectiva. Es decir, primero se aconseja a solas al que peca. Si no hace caso, se busca la autoridad representativa de dos o más hermanos de la comunidad, para que quien trasgrede comprenda que no es capricho o idea de uno solo. Si continúa la cerrazón del equivocado se ha de convocar a la comunidad y si el errado sigue en su negativa se le echa. ¿No parece esto muy duro para estos tiempos en los que todo se perdona públicamente y nada interiormente? No lo es, porque los errores han de corregirse antes de que deterioren fatalmente a quien los suscita y a la mismísima comunidad donde ocurren.

Y es que tan mentiroso y dañino es aquel que inventa falsos testimonios como aquel otro que por vergüenza o exceso de respetos humanos no señala el camino exacto a su hermano, cuando se ha apartado de él. Hay una enorme responsabilidad a la hora de tolerar la mentira, el error o la dirección torcida, porque pudiera ser que quien comete la falta no tenga una clara idea de la gravedad de la misma, si nadie se lo explica.

3.- Parece que lo que nos narra Jesús de Nazaret es todo un proceso judicial. La instrucción de un juicio o algo así. Y no es eso. Se trata de humanizar el error, darle solución e implicar a todos en la vuelta al buen camino. ¿Y cómo se está en total seguridad a la hora de corregir? Pues aplicando el ingrediente común, total y más importante de la condición de cristiano: el amor. Si no hay amor en el camino de corrección se convertirá en un ejercicio de superioridad soberbia o de práctica farisea. Es posible, además, que la naturaleza del error tenga ingredientes razonables. El “gran error” o la “gran mentira” son excesivamente gruesos como para permanecer en ellos durante mucho tiempo. Serán pues cuestiones que se acercan a la verdad, pero no lo son. Será necesario, entonces, evaluar esa posición equivocada en profundidad, en su totalidad, y desde el amor, y el sentido común –también de la ciencia—buscar un camino de coincidencia. Porque ya lo he dicho al principio: antes de corregía mucho y se enseñaba poco… Jesús añade algo más muy notable en el Evangelio que termina de dar completa comprensión al uso del amor en las relaciones entre los cristianos. Nos dice: “Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Es decir, Jesús en medio de nosotros como garante del amor. Así es fácil la corrección fraterna, ¿no?

3.- La primera lectura, del Libro de Ezequiel, nos muestra un bello antecedente de lo que dice Jesús en el Evangelio. Es el propio Dios quien señala al profeta que ha de tener responsabilidad en las consecuencias del castigo que trae el error de otros. No puede el que es atalaya del pueblo de Israel, quedarse impávido ante la acusación divina. Ha de luchar para que el trasgresor rectifique. Si no fuera así, el pasivo, quien no ha aconsejado al hermano de su error será también castigado. Es posible que el pecado de omisión, el delito de pasividad, sea uno de los peores que puede cometer, ante los ojos de Dios, el género humano.

Hemos de meditar mucho sobre la corrección fraterna, sobre la necesidad de advertir a los hermanos de sus caminos equivocados. No es posible obviar nuestra responsabilidad. Y si intentamos atender a los hermanos en sus enfermedades físicas, intentando que se curen, no podemos dejar sin hacer notar sus errores que, sin duda, llevan a un camino no justo, de enfermedad del alma. Es verdad que en el pasado hubo abusos en eso de la corrección fraterna. Ya lo hemos dicho: sólo se corregía, pero apenas se enseñaba. Pero ese exceso de antes no puede traer lo contrario: no corregir nada, dejar pasar. Y no puede ser así porque todo enfermo necesita cura o todo error debe ser aclarado para que solamente triunfe la verdad. Es un buen trabajo para hoy meditar en esto. Y, sobre todo, tener presente a toda la comunidad de hermanos en esa labor: jamás debe ser un camino “secreto”. Un camino que plantee el error y su corrección como una cuestión personal de uno respecto a otro. Ya que si el consejo cordial, dicho de amigo a amigo, no sirve, el equivocado habrá de tener conciencia de que es todo el grupo quien le dice le presenta el error. Y por eso –y en esto más que en otras muchas cosas—el amor debe estar muy presente para evitar males mayores. Porque, en definitiva, si la discrepancia es total con todos, ¿para que ha de seguir el discrepante en el grupo? Pero todo eso solo puede verse desde el prisma del amor, no solo desde el marco del derecho o de la fría concreción de unas cuantas verdades.

4.- Lo dice Pablo de Tarso en el breve fragmento de la Carta a los Romanos que, también, acabamos de escuchar. El amor hace posible la ley. Da plenitud a cualquier acción humana y mucho más en aquellas donde se establece una forma de relación y de concordia. Está claro que si amas a tu hermano no le harás daño. Y por eso la sublime receta nos sirve muy especialmente para todo lo que hemos hablado hoy. Si corregimos con amor jamás podremos hacer daño.

De todos modos, y para terminar, no es malo traer a colación otra frase de Jesús: aquella que dice que no se puede hablar de la mota en ojo ajeno sin reconocer la viga que llevamos en los nuestros. El amor jamás permitiría ese tipo de equivocación hipócrita.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


AMOR ¿EXCLUSIVAMENTE AMOR?

Por Pedrojosé Ynaraja

Tal vez en algún momento, mis queridos jóvenes lectores, os hayáis sentido desconcertados al pensar en la cuestión que ahora voy a recordar. Es posible que en la catequesis os hayan dado una lista de pecados que se pueden cometer, una lista tan larga y detallada, que en algún momento habéis tenido la impresión de que los habíais cometido todos y os habéis sentido abrumados, al creeros grandes pecadores. O tal vez no. Quizá os han dicho que todo se reduce a amar y nada más. Cualquiera otra cosa, recalcaban, son inofensivas faltas. O también es posible que nadie os haya dicho que el ser cristiano supone unos deberes, una forma de comportarse, que implica, en ciertos momentos, incomodidades ¡vete a saber lo que a cada uno os han explicado! Me entretendré hoy yo un poco, en esta cuestión.

En la segunda lectura de la misa, el fragmento de san Pablo, se habla de amor. Yo diría que el apóstol hubiera escrito la palabra con una gran letra mayúscula, para señalar la importancia que tiene amar en cristiano. Porque ahora a cualquier cosa se le llama amor. Entre dos humanos, hacer el amor, puede significar buscar un placer en común, sin otra trascendencia. Puede tratarse de amor a un perro faldero o el cariño que se siente por un pajarito cautivo en una jaula. Menudencias sentimentales y aprecios afectivos estos últimos, todo lo más. Al Amor este que os decía deberíamos escribirlo con mayúscula, le llamamos Caridad (que es algo más que conmiseración, sentido que comúnmente le damos al término). Si queremos saber en que consiste el Amor, deberemos acudir al Evangelio escudriñando pasajes, labor que bien se lo merece el tema, pero que hoy no emprenderemos.

El Apóstol nos dice que ser cristiano se resume en amar y para que no creamos que se trata de esos pequeños amores de los que os hablaba antes u otros semejantes, pone algunos ejemplos. Ejemplos que, seguramente, a la mayoría de vosotros no os sirven. No os imagino, mis queridos jóvenes lectores, adulterando o asesinando. Tal vez sí sustraer algo menor, nada de atracos, podáis hacerlo. Ahora bien, como Pablo añade la expresión “otro mandamiento”, bueno será que indique alguna cosa en la que tal vez caéis y no os examináis nunca. Estoy pensando en el poco interés que ponen algunos, en el alumno nuevo que llega a vuestra clase, en la comida que se deja en la mesa y después se tira, padeciendo hambre en el mundo tanta gente, en la energía eléctrica que se consume, luces encendidas, televisor en marcha sin que a nadie aproveche, en las satisfacciones egoístas de cualquiera de vuestros sentidos, en la falta de dominio en el consumir bebidas alcohólicas, en el aprovecharse de los demás con puro goce, convirtiéndolos en mero instrumento de placer, en el gastar el poco o mucho dinero que podáis tener, sin pensar en los demás. A la falta de Amor se le puede llamar tacañería, al olvido de los demás y la búsqueda de llamar la atención morbosa, se la puede calificar de estar o ir muy sexy, sin atreverse a ponerle el nombre adecuado de provocativa. Podría alargar la lista. Bueno sería que vosotros os dedicaseis a escribirla desde vuestra realidad, que es muy diferente de la mía. Es bueno hacerlo con sinceridad radical, porque existe gente que siempre encuentra razones muy razonables, para no prestar ayuda, para no dar de lo que tienen y el otro carece. Resumiendo, os invito a que os preguntaseis: ¿pienso primero en los demás, antes que en mí mismo?

Advertir confidencialmente al amigo o compañero que su conducta no es correcta, cuesta mucho hacerlo. Presentar una queja o reclamación en particular a alguien que no obra bien también es difícil. En ambos casos se trata de un deber cristiano. Que lo fácil es hablar, criticar y condenar a espaldas del que no obra bien. En el caso notorio de un incorregible, y cuyo obrar perjudica, creo yo que la denuncia pública que habla el evangelio, se expresaría actualmente en una carta al director de un medio de comunicación social. Otro sistema tal vez fuera organizando y participando en una manifestación pública. Que no es este medio, sistema exclusivo de las reivindicaciones sociales o políticas. Lo que el texto de hoy exige es que no seamos pusilánimes, que esto no es ser fiel ni Cristo, ni es seguir las huellas de Juan el Bautista, ni las de Esteban.

No olvido, mis queridos jóvenes lectores, la presencia del Señor en la Eucaristía. Es alimento del alma. Pura proteína espiritual. Tampoco la Palabra de Dios, proclamada y asumida, que es vitamina de vida interior. Menos aún la aceptación y ayuda a los pobres, que ocultan al Jesús hambriento o desvestido. Pero hoy el Maestro nos dice que Él también se hace presente cuando dos o más nos reunimos en su nombre. Reunirse en su nombre ocurre cuando nos encontramos para decidir un programa de asistencia, cuando proyectamos un horario de ayuda, cuando nos interesa el cálculo de un presupuesto para colaborar en una empresa del Tercer Mundo, cuando queremos obrar acertadamente en la elección de aquel que se hará responsables de un grupo de formación… ¡Jesús está presente en tantas ocasiones buenas de nuestra convivencia! Deberíamos ser conscientes de ello. Nos reuniríamos con más sentido de responsabilidad. Reclamaríamos, sí, exigiríamos, su colaboración. Lo prometido es deuda, le recordaríamos. Se me ocurre proponeros que, para que seáis más conscientes de esto que os digo, en reuniones de esta índole, pongáis una silla vacía para que simbólicamente la ocupe Él. Os aseguro que vuestros encuentros darán mayor provecho.


HOMILÍA DEL NACIMIENTO DE MARIA


UN PROYECTO DE DIOS

Por Javier Leoz

Nada ocurre por casualidad. Nada acontece porque sí; Dios –desde el mismo día de nuestro nacimiento- tiene asignado para nosotros una misión, un proyecto y un camino por el que, nuestros pasos, han de dejar huella de lo que llevamos dentro y de lo que queremos ser, para nosotros mismos, y para los demás.

1.- El nacimiento de María, en la plenitud de los tiempos, es para nosotros un momento que invita a la alegría y que empuja a agradecer a Dios. Para la alegría: desde hace siglos, Dios, nos lo anunció a través de los profetas. Desde antiguo, Dios que hablaba y comunicaba desde lo invisible, se empeñó en acercarse al hombre. Una mujer, María, con un corazón dócil, abierto, agradable, soñador, entusiasta y lleno de fe….conquistó también el corazón del mismo Dios. O, dicho de otra manera: enamoró al mismísimo Dios.Esto, en nosotros, provoca un gran regocijo: Dios se fía del hombre, Dios confía en el hombre y…Dios se hará hombre en el seno virginal de una joven nazarena. ¡Alegrémonos por todo ello! El nacimiento de María suscita en nosotros sentimientos de ternura, de alivio, de claridad y de futuro: Ella será la Madre de Cristo y, por lo tanto, Madre de Dios y Madre nuestra. ¿Más alegría todavía?

2.- El nacimiento de María, es un impulso de agradecimiento a Dios. Comienza una nueva era y, por lo tanto, los nuevos tiempos. Cesa el antiguo rito y comienza el nuevo. Veremos a Dios en persona, humanado, pequeño.Sin el nacimiento de esta mujer con nombre propio “María” nada de ello hubiera sido posible. Demos gracias a Dios en este día:

*Con la venida al mundo de María, el mundo recobra el esplendor y el resplandor perdido. El futuro del hombre será bendecido con otro nacimiento: el de Jesús

*Con el nacimiento de la Virgen María el mundo, encarcelado y torturado por tantos problemas e inquietudes, recupera un poco la libertad. Es como aquella madre que, viendo a un hijo excesivamente preocupado, se acerca hasta él para empujarle y animarle a caminar hacia delante. María, en su nacimiento, abre muchas puertas y, nosotros en su honor, celebramos con devoción y recogimiento esta fiesta.

*Con el nacimiento de María suena la hora elegida y escogida por Dios. Todo un plan entretejido desde antiguo. Todo lo pensado desde siglos por Dios, comienza a tener forma. En Navidad un pobre pesebre será la cuna del Salvador pero, previamente, una digna morada –de carne y hueso- obediente, humilde y abierta a Dios será un santuario en el que, durante nueve meses, gima, crezca y se desarrolle Cristo.

3.- Hoy, la fiesta del nacimiento de María, es importante en cuanto que nos invita a mirar hacia delante. No podemos quedarnos en el efecto mágico o emocional del momento. Es preciso ir mas allá: su nacimiento es causa de alegría en cuanto que, Ella, será trono virginal en el que Dios se hará carne. En el que Dios pondrá su morada.

¡Gracias, Señor, por elegir a uno de los nuestros!

¡Gracias, Señor, porque María es aurora de un nuevo día!

¡Gracias, Señor, porque su nacimiento es adelanto del nacimiento del Salvador!

3.- Hoy, por lo tanto, es el cumpleaños de la Virgen María. ¡Felicidades, María!

Celebremos la fiesta de nuestra Madre, de nuestra Patrona, de nuestra Reina, de la Madre que, al nacer, nos hará renacer a todos un día cuando, Cristo, salido de sus entrañas nos traiga para todos anuncio de vida eterna, amor de Dios, perdón, paz y tantas cosas que el mundo, nuestro pueblo, nuestra ciudad, nuestros corazones, nuestras familias, etc, etc, necesitan.

¡Felicidades, Madre!

¡Felicidades, María!

¡Que cumplas muchos, pero muchos, más!

4.- HIMNO

Hoy nace una clara estrella,

tan divina y celestial,

que, con ser estrella, es tal,

que el mismo sol nace de ella.

De Ana y de Joaquín, oriente

de aquella estrella divina,

sale luz clara y digna

de ser pura eternamente;

el alba más clara y bella

no le puede ser igual,

que, con ser estrella, es tal,

que el mismo Sol nace de ella.

No le iguala lumbre alguna

de cuantas bordan el cielo,

porque es el humilde suelo

de sus pies la blanca luna:

nace en el suelo tan bella

y con luz tan celestial,

que, con ser estrella, es tal,

que el mismo Sol nace de ella.

Gloria al Padre, y gloria al Hijo,

gloria al Espíritu Santo,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Canten hoy, pues nacéis vos,

los ángeles, gran Señora,

y ensáyense, desde ahora,

para cuando nazca Dios.

Canten hoy pues a ver vienen

nacida su Reina bella,

que el fruto que esperan de ella

es por quien la gracia tienen.

Dignan, Señora de vos,

que habéis de ser su Señora,

y ensáyense, desde ahora,

para cuando nazca Dios.

Pues de aquí a catorce años,

que en buena hora cumpláis,

verán el bien que nos dais,

remedio de tantos daños.

Canten y digan, por vos,

que desde hoy tienen Señora,

y ensáyense desde ahora,

para cuando venga Dios.

Ynosotros que esperamos

que llegue pronto Belén,

preparemos también

el corazón y las manos.

Vete sembrando, Señora,

de paz nuestro corazón,

y ensayemos, desde ahora,

para cuando nazca Dios. Amén.