XXI Domingo del Tiempo Ordinario
24 de agosto de 2008

MONICIÓN DE ENTRADA

Recibid nuestra más cordial bienvenida. Y reunidos en torno a la mesa para celebrar juntos la Eucaristía, encontramos un planteamiento claro en la liturgia de hoy: ser signo y sacramento de salvación para el mundo. Esto lleva un compromiso que no podemos eludir: hacer más humana, más libre, y más justa la sociedad en que vivimos, no con palabras huecas, sino con el testimonio y la vida que vienen de la conversión profunda. Pedimos al señor, que es: origen, guía y meta del universo que nos dé valentía para que esto se haga realidad en nosotros.


MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- La primera lectura, sacada del capítulo 22 del Libro de Isaías, nos presenta la semejanza de los hombres de todos los tiempos. El profeta nos muestra que ya en aquel tiempo había abusos de poder, negocios no muy claros y nos enseña cómo Dios pone fin a esta situación. También nosotros como creyentes tenemos que estar dispuestos a poner fin a muchas situaciones, no viviendo de forma superficial y haciéndolo desde el evangelio aunque ello a veces nos complique la vida. Puede ser que eso no cambie las cosas, pero al menos no nos sentiremos cómplices de la injusticia.

S.- El salmo 137 que proclamamos hoy recuerda el agradecimiento de David a Dios por los dones recibidos a lo largo de su vida. Se utilizaba, tambien, entre los judíos contemporáneos de Jesús como himno de agradecimiento a Dios por los bienes recibidos y, tambien, de petición de amparo al Señor ante los momentos de peligro. También, en ese sentido nos puede servir a nosotros. Dios espera nuestro agradecimiento.

2.- San Pablo, en el breve fragmento de la Carta a los Romanos que conforma nuestra segunda lectura de hoy, nos hace ver lo poco que somos, la pequeñez de nuestro corazón respecto a la ciencia y la sabiduría inagotables de Dios. ¡Cuántas cosas creemos hacer por Dios! Sacrificios, renuncias, obras buenas y no nos damos cuenta que no tenemos que hacernos ilusiones, los dones de Dios siempre llegan antes que nuestros actos.

3.- En el evangelio, del capítulo 16 de San Mateo, Jesús hace un sondeo de opinión y como siempre distinto al nuestro. Le interesa el sondeo de nuestra fe, pero personalmente. ¿Quién soy yo?, te dice. ¿Quién soy para ti? ¿Qué represento a tus ojos? ¿Cuánto cuento en tu vida? En consecuencia, ¿Quién eres tú? Jesús espera algo más que una simple declaración convencional. Los demás también esperan de nosotros una respuesta que no sea teórica, se trata de proclamar con la vida quién es Cristo para nosotros.

 

Lectura de Postcomunión


MONICIÓN

Nos ha parecido que en estos tiempos convulsos y con mucha violencia la oración de San Francisco puede servirnos para profundizar en el amor y en la paz, condiciones básicas del cristianismo y anheladas por todo auténtico seguidor de Cristo.


ORACIÓN DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

¡Señor, haz de mí un instrumento de Tu paz.

Que donde haya odio yo ponga amor.

Donde haya ofensa, yo ponga perdón.

Donde haya duda, yo ponga fe.

 

Donde haya error, yo ponga Tu verdad.

Donde haya tinieblas, yo ponga Tu luz.

Donde haya discordia, yo ponga unidad.

 

Donde haya desesperanza, yo ponga esperanza.

Donde haya tristeza, ponga yo alegría.

 

Concédeme Señor la gracia de no buscar ser amado, como amar.

Ser comprendido como comprender.

Ser consolado como consolar,

porque dando es como somos perdonados

y muriendo en Ti es como nacemos a la vida eterna.


Exhortación de Despedida

Esta despedida es hoy un encargo especial para todos nosotros. Jesús nos ha preguntado. “¿Y vosotros quien decís que soy yo?” Hemos de meditar una respuesta, todos y cada uno de nosotros, y decir al Señor Jesús que significa Él para nuestra vida y para nuestro camino presente y futuro.