XX Domingo del Tiempo Ordinario
17 de agosto de 2008

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos a la Asamblea dominical del pueblo de Dios. Juntos y con amor de hermanos vamos a recordar el sacrificio de Amor que Cristo ofreció a su Padre y a nosotros nos trajo la alegría de la salvación. La Iglesia es comunidad, no individualidades, por eso todos juntos, iniciamos cantando, con toda nuestro agradecimiento a Dios, esta Eucaristía.


MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- En la primera lectura, el Profeta Isaías revela el Plan de Dios por el cual el pueblo elegido iba a ser agente de reunión de todos los pueblos de la tierra para que se salvaran. Es una profecía importante para el tiempo de la Salvación plena que iba a traer Cristo.

S.- El salmo 66 se cantaba en las procesiones de acceso al Templo o en otros actos litúrgicos procesionales de los judíos. Y se refleja el deseo de que todos los pueblos alaben a Dios por su justicia, amor y ternura hacia sus criaturas. Es un himno alegre que nos debe traer a nosotros –ahora mismo—la gran alegría de sabernos amados por Dios

2.- Pablo de Tarso, en la segunda lectura, sacada del capitulo 11 de la Carta a los Romanos, habla de la resistencia de los israelitas a recibir el mensaje de Cristo. Pero al final el plan de Dios se cumplirá y los judíos alcanzarán la misericordia. Y será el trabajo misionero de Pablo entre los gentiles lo que propiciará esa salvación final del Pueblo de Israel.

3.- Vamos a escuchar en el Evangelio de Mateo un diálogo interesantísimo entre Jesús y la mujer cananea. La fe y la humildad de ella nos descubren un prodigio de fe. Pero sobre todo una realidad permanente, que ya venía de antiguo, y sería confirmada por la misión de Cristo. Y es que la salvación es para todos. De todos los pueblos y de todas las épocas. Es, por tanto, una realidad completa y universal.

 

Lectura de Postcomunión


MONICIÓN

En nuestros paseos veraniegos nos encontraremos, sin duda, con “cruceros” que nos recuerdan la espera que Jesús hace por nosotros. Nos parece muy indicado leer hoy este himno de la Liturgia de las Horas.


EL SEÑOR EN LA CRUZ

Pastor que con tus silbos amorosos

me despertaste del profundo sueño;

tú, que hiciste cayado de este leño

en que tiendes los brazos poderosos.

vuelve los ojos a mi fe piadosos,

pues te confieso por mi amor y dueño,

y la palabra de seguir empeño

tus dulces silbos y tus pies hermosos.

 

Oye, Pastor, que por amores mueres,

no te espante el rigor de mis pecados,

pues tan amigo de rendidos eres.

 

Espera, pues, y escucha mis cuidados.

Pero ¿cómo te digo que me esperes,

si estás, para esperar, los pies clavados?

Amén


Exhortación de Despedida

Nuestra alegría es para todos, no solo un gozo para nosotros o para nuestros familiares y amigos. Jesús quiere que su mensaje llegue a todos los lugares del mundo y del Universo. Pero antes hemos de reflexionar si falta esa Palabra divina a los más cercanos, a los que nos acompañan diariamente en nuestro trabajo, en nuestra vida corriente. ¡Comuniquemos al mundo entero que Dios nos ama!