XVIII Domingo del Tiempo Ordinario
3 de agosto de 2008

MONICIÓN DE ENTRADA

Un domingo más os deseamos nuestra cordial bienvenida a la Eucaristía. Hemos comenzado el mes de agosto. Nuestro camino continua. Y sii hay algo que hoy resplandezca sobre todo es: "la Gran Misericordia de Dios". Él es: regalo, entrega, alimento, seguridad. Pero también, es el momento para tomar conciencia de cómo anidan estas actitudes en nuestro corazón. Para ello nada mejor que ponernos en su presencia con humildad, para pedirle que nos conceda la gracia de reconocer nuestro egoísmo, nuestra falta de solidaridad para con los hermanos. Y para que nos infunda esa generosidad que nos muestra toda la liturgia de este domingo.


MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- La primera lectura, del capítulo 55 del Profeta Isaías nos muestra al Señor, al Dios grande, que sólo quiere que nos acerquemos a Él para recibir, sin pedirnos nada a cambio. Invita a todos, espera a todos, no quiere que nadie quede fuera; y la única condición que pone para ello es: tener hambre, tener necesidad, tener deseo de saciarse. Que Dios es gratuidad, no puede estar más claro. "Acudid también los que no tenéis dinero". Si hay dinero por medio, no es don de Dios.

S.- Este salmo 144 demuestra que la idea del Reino de Dios ya estaba entre los judíos, aunque sin definir completamente. Iba a ser Jesús de Nazaret quien definiría el Reino y anunciara su proximidad. A nosotros, hoy, la proclamación de este salmo nos sirve para afirmar la existencia de ese Reino en nosotros.

2.- Nos dice la segunda lectura, de la Carta de San Pablo a los romanos, que no sentiremos solamente amor cuando el camino es fácil, cuando se realicen nuestros proyectos. El amor de Dios nos alcanza, y quizá más, en los momentos de soledad, en las pruebas, en las dificultades, en la enfermedad, porque el Señor experimenta el dolor con todos, porque junto a Cristo todos los dolores se convierten en Redención.

3.- El Evangelio de Mateo nos va a narrar la multiplicación prodigiosa de los panes. Muchas veces caemos en la tentación de creer en los milagros, como no están a nuestro alcance no nos afectan. Aceptamos el relato porque es maravilloso. Pero no la transcendemos a la realidad Y es verdad que sólo Dios puede hacer milagros, pero a nosotros nos corresponde poner cinco panes y dos peces. Estar atentos a lo que dice Jesús: "Dadles vosotros de comer". Es decir: “os encargo que saciéis el hambre de los demás. Levantaos de ese sillón tan cómodo y salid al encuentro de los que tienen hambre”

 

Lectura de Postcomunión


MONICIÓN

En estos momentos de paz, tras haber recibido a Cristo Jesús la plegaría de San Agustín nos va a servir para interiorizar mas o mejor nuestro hambre de Dios.


ORACIÓN DE SAN AGUSTÍN

Señor Jesús, que me conozca a mí

y que te conozca a Ti,

Que no desee otra cosa sino a Ti.

Que me odie a mí y te ame a Ti.

Y que todo lo haga siempre por Ti.

Que me humille y que te exalte a Ti.

Que no piense nada más que en Ti.

Que me mortifique, para vivir en Ti.

Y que acepte todo como venido de Ti.

Que renuncie a lo mío y te siga sólo a Ti.

Que siempre escoja seguirte a Ti.

Que huya de mí y me refugie en Ti.

Y que merezca ser protegido por Ti.

Que me tema a mí y tema ofenderte a Ti.

Que sea contado entre los elegidos por Ti.

Que desconfíe de mí

y ponga toda mi confianza en Ti.

Y que obedezca a otros por amor a Ti.

Que a nada dé importancia sino tan sólo a Ti.

Que quiera ser pobre por amor a Ti.

Mírame, para que sólo te ame a Ti.

Llámame, para que sólo te busque a Ti.

Y concédeme la gracia

de gozar para siempre de Ti.

Amén.


Exhortación de Despedida

Salgamos felices del templo. Jesús se ha hecho presente una vez más en su Palabra y en su Cuerpo. Y ello nos envía brisas de eternidad. Es el frescor que el Espíritu da en tiempos de agobio y de gran calor.