XX Domingo del Tiempo Ordinario
17 de agosto de 2008

La homilía de Betania


1.- INSISTE Y SE TE ABRIRÁ

Por Javier Leoz

2.- UNA MUJER, UNA MADRE Y JESÚS

Por José María Maruri, SJ

3.- "MUJER, QUÉ GRANDE ES TU FE"

Por Antonio García-Moreno

4.- DIALÉCTICA FRUSTRADA

Por Gustavo Vélez, mxy

5.- LA SALVACIÓN ES PARA TODOS

Por Gabriel González del Estal

6.- JESUS PARA TODOS

Por José María Martín OSA

7.- JESÚS NOS LLAMA A TODOS

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


VIAJE AL EXTRANJERO

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- INSISTE Y SE TE ABRIRÁ

Por Javier Leoz

Celebrábamos el pasado 15 de Agosto la Solemnidad de la Asunción. Lo que la primera lectura de este día proclama, a la fuerza, nos trae de nuevo cierta connotación mariana: nadie como Ella practicó, con sencillez, el derecho, la justicia, sirvió a Dios con locura y, Dios, la llevó hasta su eterna morada. Y es que, cuando uno cumple lo que a Dios agrada, las cosas cambian de color. Y, para muestra, un botón: el Evangelio de hoy. ¡Qué se cumpla lo que deseas!

1.- Han pasado las jornadas de la Juventud en Sydney. El Papa, con atino, les decía a los jóvenes que “tan importante era la preparación de las jornadas, como el día de después”. En otras palabras, Benedicto XVI, les decía lo mismo que, el Señor, a una madre preocupada por la salud física de su hija: ¡Que se cumpla lo que deseas! Todos, incluido yo, necesitamos que alguien, de vez en cuando, nos abra caminos. Que alguien nos empuje para despojarnos y deshacernos de tantos demonios que no nos dejan ser nosotros mismos. Todos, y vosotros también, necesitamos de un Dios que –por la mañana o por la noche- antes de ir a trabajar o descansar, nos susurre al oído: “que se cumpla lo que deseas”.

La cuestión, como siempre, es mirar en la dirección adecuada. El problema, y muchos lo tenemos, es que nuestros deseos no son precisamente, la mayoría de las veces, anhelos de santidad o de verdad, de salud o de justicia, de felicidad sana o de paz. ¿Qué es lo qué pedimos a Dios? ¿Qué echamos en falta en nuestro cuerpo físico y espiritual?

Malo será, queridos amigos, que creyendo estar muy lejos de Dios, tan lejos como se sentía del Señor la mujer cananea, pensemos que el Señor poco puede hacer por nuestra salvación, por nuestro bienestar personal o comunitario. ¿Es así? ¿Tenemos una fe incondicional a Jesús? ¿O una fe con condiciones? ¿Una fe tapagujeros o una fe comprometida, recia y vigorosa? ¿Qué demonios nos traen de cabeza? ¿Qué es lo que nos impide avanzar por los caminos que el Señor, la Iglesia o el Evangelio mismo nos propone?

2.- Hagamos una reflexión. Pongámonos, como el día de la Asunción en los brazos de la Virgen, y pensemos que Ella –en nombre de todos sus hijos- está diciendo al Señor: mis hijos, nuestros hijos, oh Dios, tienen malignos en su interior.

*Pidamos al Señor, porque a veces le pedimos muy poco, que nuestra fe sea sólida. Que no haga aguas a pesar de los torpedos que recibimos de un lado y de otro

*Pidamos al Señor, a veces somos muy variables, que nuestra fe y nuestra oración sean constantes. Que no sea hoy “sí” y mañana “no”. A un padre se le quiere las 24 horas del día. Y, a Dios, se le gana por donde más se pierde: por el inmenso amor que nos tiene.

*Pidamos al Señor que, nuestra oración, sea insistente. Como el rezo del rosario, como los besos de los enamorados, como los piropos de todo un pueblo a su Patrona o a su Patrón que, al lanzarlos al viento, saben que alcanzan –tarde o temprano- los favores implorados.

3.- Es Domingo, Día del Señor, y camino de la Iglesia, con las ganas de celebrar la Eucaristía…vemos que el Señor nos detiene una vez más y nos pregunta: ¿Me has escuchado bien? ¿Qué te ocurre? …¡Anda, vete y que se cumpla lo que deseas! ¡Gracias, amigo y Señor!

4.- ¿ME LO CONCEDES, SEÑOR?

Un deseo para mi vida:

creer sin desfallecer

Un deseo para mi gente:

que te quieran como yo te quiero

Un deseo para mis enemigos:

que podamos darnos la mano

 

¿ME LO CONCEDES, SEÑOR?

Un deseo para mi cuerpo,

que sea fuerte y con mi voz

y mi garganta, con mi corazón y mis manos

con mis pies y todo mi ser…

te pueda seguir dando gloria.

 

¿ME LO CONCEDES, SEÑOR?

Un deseo para mi alma,

que el maligno no habite en ella

Un deseo para mis días,

que no busque lo que no me corresponda

Un deseo para mi Iglesia,

que nunca se canse de mirar hacia Ti

Un deseo para mis ojos,

que sepan descubrirte en todo y sobre todo

 

¿ME LO CONCEDES, SEÑOR?

Un deseo para mi pobre oración,

que sea sincera y no interesada

Un deseo para mi caridad,

que sea grande y no una farsa

Un deseo para mi esperanza,

que espere y nunca te deje de lado

¿ME LO CONCEDES, SEÑOR?


2.- UNA MUJER, UNA MADRE Y JESÚS

Por José María Maruri, SJ

1.- Donde quisiera, hoy, que centráramos nuestra atención unos momentos es una mujer, en una madre y en Jesús.

--Una mujer, una madre. María obliga a Jesús a adelantar la hora de sus milagros y surge el primer milagro en Caná de Galilea.

--El dolor de una madre viuda le hace saltarse la norma de caer en impureza legal si toca un féretro. Y Jesús, tocando el féretro, hacer para la comitiva y devuelve a los brazos de una madre al hijo único de Naín.

--Por una mujer públicamente pecadora pone en entredicho su honorabilidad dejándose lavar los pies por María Magdalena.

--Es el único maestro de Israel que tiene a mujeres por discípulas y recorre pueblos y aldeas seguido por ellas.

--Por las lágrimas de Marta y María resucita en Betania a su querido amigo Lázaro y se ofrece como Resurrección y Vida.

--Y saltándose todo sentido de jerarquía es a una mujer a la que hace mensajera de su resurrección y envía a María Magdalena a notificar que vive.

--Y en este evangelio es también una mujer, una madre, la que le obliga a olvidarse de normas entre paganos y judíos. Y por esta mujer hace un milagro fuera de todo proyecto y esperanza. ¡De qué presumiremos los hombres!

2.- El Señor había dicho a sus apóstoles antes: no vayáis a tierra de paganos, sino id a las ovejas descarriadas de Israel”. Y de ahí esa insistente negativa del Señor a escuchar a esa pobre mujer. Por otra parte esa para nosotros tan dura expresión “no conviene echar el pan de los hijos a los perros” o no tenía la dureza que hoy tiene para nosotros o fue dicha de tal manera que a aquella pobre madre más bien le dieron pie a describir otra escena mucho más suave y hasta simpática hablando no de perros sino de cachorrillos, siempre mirados con cariño por los niños de los amos.

3.- Os habéis fijado en las palabras del Señor a esta innominada mujer, innominada para nosotros no para el Señor. “Hágase lo que deseas…”. Es decir, “hágase tu voluntad”. Lo que Jesús que nos ha enseñado hagamos con el Padre, ligar nuestra voluntad a la del Dios Supremo, Pues aquí es el Hijo de Dios el que ata, liga y somete la voluntad de ese Dios, capaz de todo milagro, del Dios Todopoderoso, a la voluntad de una madre: hágase lo que deseas, hágase tu voluntad

Al Dios Todopoderoso, Señor de Cielo y Tierra, no lo somete fuerza alguna, sí le domina el corazón de una madre doliente, que le pide Fe sincera, que no reclama más que unas migajas de la mesa del Señor.

A Jesús, que ha tenido la maravillosa experiencia de ser hijo de una madre buena y cariñosa, tal vez en todos estos casos le han vencido sus sentimientos hacia su Madre, María.


3.- "MUJER, QUÉ GRANDE ES TU FE"

Por Antonio García-Moreno

1.- ¿Justicia sin derecho? El hombre tiende de por sí a la anarquía. Sobre todo el hombre de hoy, sensibilizado especialmente en contra de cuanto pueda suponer un límite a su libertad, algo que le ate y le sujete. Por eso hay en algunos sectores de la sociedad una especie de fobia a cuanto signifique derecho, orden preconcebido.

Por otra parte, existe también un deseo vivo de justicia. Tanto que ha venido a ser uno de los "leit motiv" más usados en todos los campos, sea el político, el social, el cultural, o el religioso. Aunque menos, sigue estando de moda el hablar de justicia, hasta convertir el tema en algo manido y rutinario, en un tópico.

Es una evidente contradicción, una de esas extrañas paradojas que suelen darse en la vida de los hombres. Porque es evidente que para que haya justicia ha de existir un derecho que regule las relaciones de los hombres, una norma que encauce y señale las respectivas obligaciones y los correspondientes derechos. Sin una ley, los hombres, está clarísimo, se convierten en unos "sin ley".

Libertad, sí, pero para todos. Para los fuertes y para los débiles. Además, de qué sirve ser libres si, en el ejercicio de su libertad, los hombres se destruyen a sí mismos. Los hombres no son islas, no son piezas sueltas. Todos formamos un racimo, un engranaje, un conjunto de ruedas dentadas y engranadas. Por eso sólo servimos si estamos bien ensamblados los unos con los otros, bien ajustados.

Ajustados, que no es lo mismo que esclavizados. Uno no se puede sentir maniatado por el hecho de abrocharse el cinturón de seguridad al conducir, ni se puede pensar que uno está coartado por tener a lo largo del camino unas señales que limiten la velocidad o prevengan, simplemente, un determinado peligro... Somos libres, Dios nos quiere libres, Cristo nos ha liberado de la auténtica esclavitud, la del pecado, y nos ha transmitido la libertad de los hijos de Dios. Una libertad racional y no animal, una libertad que se conjuga perfectamente con la ley, con el derecho. Una libertad serena y responsable, que realiza el maravilloso prodigio de un orden de cosas en donde reina de verdad la justicia.

2.- También los perros.- Esta es una de las pocas veces en que Jesús sale de los límites de Palestina. Con ello se iniciaba la evangelización de los gentiles, que más tarde llevarán a cabo los apóstoles, especialmente san Pablo. Tiro y Sidón estaban al norte de Galilea. Eran antiguas ciudades fenicias que se distinguían por la riqueza de su comercio marítimo. Hasta allí había llegado la fama de Jesucristo, como lo confirma el hecho de que una mujer de aquellas regiones acuda al Señor para rogarle por la curación de su hija enferma.

Pero Jesús parece no oírla siquiera. Los discípulos interceden para que la atienda. Y el Señor afirma entonces que sólo ha sido enviado para atender a las ovejas descarriadas de Israel. Ante esta respuesta los apóstoles no insisten, pero la mujer sí. Se acerca más aún a Jesús y, de rodillas, le implora que cure a su hija. La contestación de Cristo es dura, desconcertante y casi cruel: "No está bien echar a los perros el pan de los hijos". Pero ella no ceja en su empeño, en su humilde petición. No se molesta por las palabras hirientes de Cristo. Y dice: También los perros, Señor, comen de las migajas que caen de la mesa de los hijos. Su respuesta, tan llena de fe y humildad, acaba por desarmar al Señor, que con su actitud de repulsa estaba probando el amor y la fe de aquella sirofenicia.

Para que los elegidos de Israel aprendieran de aquella cananea el modo de pedir y de confiar, de insistir y de humillarse. "Mujer, qué grande es tu fe", le dice Jesús. Y el milagro se produjo. No fueron las migajas sobrantes y caídas al suelo lo que el Señor dio a la mujer aquella, sino el pan tierno y blanco de su amor y poder infinitos. Fue un hecho más de los que anunciaban que la salvación se extendería a todos los pueblos. Las fronteras no existirían para la difusión de la Palabra que, como semilla alada que el viento arrastra hasta los lugares más recónditos, se dejaría escuchar por todos los rincones del mundo, y así será por todos los siglos que dure la Historia.


4.- DIALÉCTICA FRUSTRADA

Por Gustavo Vélez, mxy

“Jesús se retiró al país de Tiro y Sidón. Y allí una mujer cananea se puso a gritarle: Ten compasión de mí. Mi hija tiene un demonio muy malo”. San Mateo, cap. 15.

1.- Antiguamente, Canaán conformaba una gran provincia dependiente de Egipto, que comprendía El Líbano, Siria y el actual territorio de Israel. Su idioma estaba emparentado estrechamente con el hebreo y sus costumbres agrícolas eran las mismas de los judíos. Pero en cuestión religiosa los cananeos mantenían enormes diferencias frente a los israelitas. Por lo cual los profetas insistían en apartar al pueblo de todo contagio con ellos.

2.- Una vez Jesús se retiró al país de Tiro y de Sidón. Buscando descansar de la multitud que le seguía, transpuso la frontera del norte, llegando al territorio de Fenicia, cuyas ciudades más nombradas eran entonces Tiro y Sidón. Una mujer no judía le sale al encuentro rogándole por su hija. San Marcos la nombra como sirofenicia, de acuerdo con el marco geográfico. San Mateo la llama cananea, por sus raíces étnicas. Esta madre implora al Señor, porque su niña tiene un “demonio muy malo”. Quizás un mal espíritu o una enfermedad nerviosa desconocida entonces.

Al comienzo el Señor no le hace caso a la mujer. Pero los discípulos, molestos por su alboroto, interceden por ella. Jesús replica: “No he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de Israel”. Más tarde el Maestro abrió su programa de salvación a todos los pueblos de la tierra. Pero la mujer alcanza a Jesús y se postra delante, volviendo a rogarle. Entonces el Señor le responde de una manera, que si no estuvo dulcificada por el tono de la voz y una mirada amable, aparece demasiado áspera: “No está bien echar a los perros el pan de los hijos”.

3.- Aquí empieza a fracasar la dialéctica de Jesús. Tiene delante una fe de mujer. Una fe de madre afligida, la cual presenta un argumento irrebatible. Acepta la comparación de los hijos y los perros, algo muy enraizado en la mentalidad judía. Todos los extranjeros eran tan despreciables estos animales. Pero le devuelve el argumento: “También los perros – algunas traducciones suavizan el texto con un diminutivo- se comen las migajas que caen de la mesa de los amos”.

Jesús se reconoce perdedor. Quizás levantando a la mujer allí postrada, le dice amablemente: “Grande es tu fe, que se cumpla lo que deseas”. Y añade el evangelista: “En aquel momento quedó curada la hija”. Una bonita condición para orar – consoladora además - es sentirnos pequeños delante del Señor. ¿Qué clase de fe tenía aquella madre? ¿En Yahvé, de quien poco había oído?. ¿En Moloc, Baal, Astarté, los dioses cananeos? Sin embargo Jesús avala su actitud: “Grade es tu fe”. Cuando fracasa lo visible, esta mujer acude a lo desconocido.

4.- ¿En qué creen aquellos que no creen?’ Es el tema de muchos ensayos actuales, donde sus autores pretenden descifrar qué ocurre en lo interior del hombre, que agitado por tantas fuerzas contrarias, no identifica todavía un ser superior y bondadoso. Podríamos preguntarnos: ¿Qué existirá más allá de mi corazón y mi cerebro? En otras palabras: ¿Dentro de mi estructura total, tan sublime - y rastrera a la vez - aflora algún punto que se conecte con Alguien superior? ¿Hacia algún más allá?


5.- LA SALVACIÓN ES PARA TODOS

Por Gabriel González del Estal

1.- Podíamos comenzar hoy con el salmo responsorial: Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Dios quiere que todos se salven, no sólo los judíos entonces, o ahora los católicos. Si tiene que ser verdad que fuera de la iglesia católica no hay salvación, hemos de entender que la iglesia católica la forma el mundo entero, es decir, que, si es católica, tiene que ser, como el mismo nombre indica, universal. Basta con que uno tenga fe en el Dios de Jesucristo, para que pertenezca a su Iglesia, para que su fe le salve. No sólo en el evangelio de hoy, sino en otros muchos textos bíblicos se nos dice que es la fe la que nos salva, independientemente de la raza, o nación a la que pertenezcamos. San Pablo y San Juan nos lo dicen y nos lo repiten insistentemente. Por supuesto que la fe no es una simple creencia racional, es fidelidad a una alianza, es compromiso, es seguimiento amoroso de nuestro Salvador Jesucristo. Leído, en este contexto, el texto del evangelio de hoy, nos parece consolador y magnánimo. La mujer cananea no era judía, era pagana, un perro para los judíos integristas, pero su fe en la salvación católica que le ofrecía el profeta judío Jesús de Nazaret era una fe profunda y verdadera. Por eso, su fe en Jesús curó a su hija y expulsó el demonio malo que tenía dentro del cuerpo y del alma.

2.- También para entender el texto de la primera lectura, del profeta Isaías, debemos saber que es un texto escrito en el siglo sexto antes de Cristo y dirigido a un pueblo judío en el que abundaban en aquel momento los grupos racistas y xenófobos. El profeta les dice que Dios salva a todo el que practica el derecho y la justicia, a los extranjeros que se den al Señor para amarlo y servirlo los traerá a su Monte Santo, los alegrará en su casa de oración. Es un texto claramente universalista, en el que el profeta habla de un Dios que ofrece su salvación a cualquier persona que crea en él y quiera servirle, independientemente de la raza o nación que sea.

3.- San Pablo, en este fragmento de su carta a los Romanos, insiste en la misma idea que venimos comentando. Él es el apóstol judío que ha llevado la fe en Cristo Jesús a los gentiles y es esta fe la que les salva. Ahora quiere que sean los gentiles los que devuelvan al pueblo judío la verdadera fe que este pueblo no ha querido aceptar aún. San Pablo está hondamente desconsolado, porque ve que su pueblo está excluido de la salvación, al rechazar tozuda y violentamente la fe en Cristo que él una y otra vez les ha ofrecido. Su gran esperanza es que ahora sea la verdadera fe de los gentiles la que devuelva al pueblo judío la posibilidad de una verdadera salvación.

4.- Podríamos nosotros, los europeos, aplicarnos el texto de Pablo. Nosotros, los europeos principalmente, hemos sido los que hemos llevado la fe cristiana a América y a otras partes del mundo. Ahora que Europa está perdiendo esta fe, bien podrían ser los americanos, o los africanos, o los asiáticos, los que ahora tengan que venir a evangelizarnos a nosotros. Dios ofrece su salvación a todos y se vale, en cada momento, de aquellas personas fieles que están dispuestas, con su palabra y con su ejemplo, a predicar en el mundo la verdadera ve en la salvación de nuestro Señor Jesucristo. Que así sea.


6.- JESUS PARA TODOS

Por José María Martín OSA

1.- Un canto a la universalidad de la salvación. ¡Que todos los pueblos te alaben!, cantamos en el Salmo 66 correspondiente a este domingo. Dios quiere que todos los hombres se salven, a todos llama y a todos acoge, sin distinción de raza y lugar. La lectura del profeta Isaías es un canto a la universalidad de la salvación. Elementos extranjeros se han incorporado a la comunidad creyente; han creído en Yahvé y forman parte ya del pueblo de Dios. Esta apertura, que tan laboriosamente se abrió paso en el pensamiento de Israel, puede ayudarnos a comprender que Dios quiere un pueblo sin barreras y sigue buscando artesanos de la unidad y la reconciliación. El trato que manda la Ley de Moisés, los profetas y toda la tradición del pueblo de Israel con los inmigrantes extranjeros es para nosotros un precedente, que después se concreta en la actitud de Jesús de Nazaret, que incluía a los extranjeros junto a la atención a los enfermos, a los pobres, a los encarcelados, etc., en el catálogo de los comportamientos por los cuáles seremos juzgados (Mateo, 25). El trato que él tuvo con los extranjeros con los que se encontró en vida, y lo que dejó determinado en la Iglesia, que aparece en Pentecostés, establece una Iglesia en la que no hay extranjeros. Así lo manifiesta en la Carta a los Romanos Pablo, “el apóstol de los gentiles”

2.- En la Iglesia no hay extranjeros.La Doctrina Social de la Iglesia. pide en primer lugar un trato especial hacia los que vienen de otros países, de manera que no puedan ser discriminados o inferiormente atendidos con respecto a la población estable en cuanto a los servicios de las parroquias, las diócesis, etc. La persona con sus derechos fundamentales está antes que la economía y que los intereses particulares de los Estados o de los bloques. Los bienes de la Tierra están al servicio de todas las personas, y por lo tanto es necesario compartirlos. Toda persona tiene derecho a emigrar, es decir, a salir de su casa para mejorar su condición o la de su familia, pero también, y esto es fundamental, tiene derecho a no tener que emigrar por necesidad, con lo cual, es obligación de los Estados garantizar la capacidad de cada uno de poder desarrollarse en su propio país. Otro principio muy importante en la pastoral de las migraciones y en el comportamiento de la Iglesia es que en la Iglesia no hay extranjeros. La Iglesia es la casa de todos, y por lo tanto, la acción de la Iglesia no puede estar limitada exclusivamente a la «clientela», hablando en términos comerciales: a la gente del mismo territorio, de la misma lengua o incluso de la misma fe. El ámbito del servicio de la Iglesia es toda persona humana.

3.- Jesús atiende a una mujer cananea y señala que es muy grande su fe. En el episodio del evangelio de hoy observaremos a una mujer que va al encuentro del Señor Jesús, como alternativa real para la solución de un grave problema. Podremos darnos cuenta como Jesucristo derrama su Misericordia. Los cananeos fueron enemigos tradicionales de Israel en el AT. Ellos eran descendientes de Canaán, hijo de Cam y poblaron desde antes del segundo milenio A.C. la tierra que luego sería “prometida” a Abrahám en la fértil Mesopotamia… Después que los israelitas conquistaron Canaán, bajo el mando de Josué, los cananeos que sobrevivieron a la derrota se desplazaron hacia el norte y se refugiaron en Tiro. El relato que abordamos hoy tiene dos facetas. Comienza con la petición de una mujer por la salud de su hija que se encontraba muy enferma. Casi en simultáneo, la narración deriva en el tema de la fe de la mujer y de la inclusión de los no judíos en la salvación que llega con Jesús, el Cristo. El primer elemento exige un milagro de curación con la intervención directa del Señor Jesús. El segundo aspecto pone en escena a la mujer con su humildad, su insistencia y su fe. Esta mujer procuró llamar su atención alzando la voz y reconociendo públicamente el linaje davídico del Señor. Luego de vencer los obstáculos, se postró ante El para solicitar la sobrenatural curación de su hija. La reacción verbal del Señor Jesús ante esta mujer, resulta increíblemente áspera, especialmente cuando la comparamos con las palabras que el mismo Jesús había pronunciado en ocasión de la fe del centurión romano, como primicia que anunciaba que los “gentiles”, gozarían en un futuro cercano de las bendiciones prometidas a Israel. En el comienzo del relato, pareciera que Jesús no rechaza a la mujer pero que tampoco muestra intención de atender a su petición.

4.- La fe mueve montañas. No estamos acostumbrados a encontrar en los evangelios textos donde Jesús, ante una persona que clama por Su Misericordia, responda distinguiendo entre “los hijos” y “los perros”. Es posible que la fría página impresa esconda un elemento de presión, ironía o provocación por parte de las palabras de Jesús. El confrontó a la mujer cananea con el tipo de lenguaje que un gentil podría esperar de un judío y, resulta altamente significativo que la fe de la mujer se elevó a la altura de la prueba. La respuesta de ella reconocía la prioridad de la misión de Jesús hacia Israel pero, a pesar de eso, reclamó una extensión de esa misión para los gentiles. Ella era conciente del incluyente plan que Dios había anunciado a Abraham en el pasado (Génesis 12:1-3) y que dicho plan salvífico alcanzaría a “todas las familias de la tierra”. Jesús le promete que se va a cumplir lo que desea porque es muy grande su fe


7.- JESÚS NOS LLAMA A TODOS

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Maravilla la extraordinaria conversación entre Jesús de Nazaret y la mujer cananea. Jesús, sin duda, ya sabía que iba a decir ella, pero quiere como en otros muchos casos, ejemplos y momentos producidos en su vida pública que la persona que tiene enfrente se manifieste. Y así, Jesús y la mujer cananea parece que tienen un enfrentamiento dialéctico. El Señor parece que no acepta la petición de la mujer y pone límites a su misión, pero es solo un planteamiento para que ella luche y se exprese en profundidad, con todo su corazón. Y en efecto, si los perrillos se comen las migajas que caen de las mesas de sus amos, ¿cómo no van a tener sitio en ellas los hijos de Dios?, pero hacía falta que eso se manifestara ante toda la multitud para que se produjera la enseñanza que Cristo deseaba. Y como en el caso de lo que dijo Isaías muchos años antes se descubre la universalidad del mensaje cristiano, que como decíamos antes es para todos y de todas las épocas.

2.- Reconozcamos ahora que hay en la definición litúrgica de la misa de todas y cada una de las misas del domingo una enorme sabiduría y una gran sentido profético que, desde luego, nos sirve especialmente a nosotros hoy, en este domingo de agosto, igual que ya servía a los primeros fieles cristianos cuando leían con admiración y sorpresa a Isaías. La profecía es un asunto corriente y está en los textos sagrados y muchas veces en los hechos cotidianos. No hemos de considerarla como algo lejano o esotérico. Es una realidad constante. Y así la excesiva xenofobia de los líderes judíos de tiempo de Jesús no tenía sentido alguno. El profeta Isaías ya enseñaba el camino que después llevaría la expansión prodigiosa de la Palabra de Dios ante el anuncio que Jesús hizo de la Buena Nueva. La cuestión de afinidad con Dios no es la raza, ni la nacionalidad, es el cumplimiento de su voluntad y lo que lo hacen son pueblo elegido. De ahí surge la idea fundamental de la catequesis de este domingo: la salvación es para todos, para todos los pueblos de todas las épocas.

3.- San Pablo nos ha dicho que finalmente sus hermanos de raza de salvaran por gracia de los gentiles, por los trabajos de los extranjeros seguidores del Evangelio. Y sobre ello podríamos plantear dos consideraciones de importancia. Ya lo expresaba yo un domingo anterior: hay autores de importancia –y entre ellos el teólogo Romano Guardini—que señalan que la dirección del trabajo salvador de Jesús pudo cambiar ante la resistencia del pueblo judío o de una parte de ello. Guardini afirma que Jesús de Nazaret inició su misión pensando que se podría llegar a la felicidad completa narrada por Isaías y en la que las lanzas se convertían en podaderas y el león y el cabrito pastaban juntos. Pero el Enemigo, el Malo, se interpuso y hubo que cambiar los planes. Por eso, podría suponerse que Jesús quiso, en principio, dejar su mensaje solo al Pueblo de Israel y que luego este, también como decía el profeta, expandiera la salvación de Dios a todos.

4.- La otra consideración es el uso consciente de la paradoja por parte de Jesús. Es como si quisiera que esa disyuntiva trajese mejor la verdad a las almas de quienes le escuchaban. ¿No es cierto que supo desde mucho antes de producirse que la hemorroisa iba a curarse al tocar su manto? ¿No dejó gritar un poco más de la cuenta al ciego que le esperaba a la vera del camino? ¿Estaba verdaderamente dormido mientras la tempestad arreciaba contra la barca de los apóstoles? ¿No hace lo mismo con nosotros, en nuestra vida de ahora, en lo que nos ocurre cada día? ¿No está esperando que, mediante la paradoja, nosotros nos demos cuenta de que Él sigue a nuestro lado?

5.- Y sería bueno que no olvidemos una cosa principal. Las enseñanzas contenidas en la Palabra de Dios tienen, por supuesto, un destino comunitario, dirigida a toda la Asamblea del Pueblo de Dios, pero también son una llamada personal e individual a todos y cada uno de nosotros. Y así, hoy, podríamos pensar que las enseñanzas que Jesús nos ofrece en esta Eucaristía son solo para un grupito elegido, mientras que nos está diciendo que salgamos a evangelizar, a que nuestra base de conocimiento de la doctrina cristiana sea el principio de la conversión de todos los que están a nuestro alrededor y alejados de Cristo. Y es una llamada personal que el Señor nos hace.

Tengámoslo en cuenta porque a veces no creemos en esa dedicación especial y personal de Jesús a cada uno de nosotros. No creemos que Él nos esté llamando por nuestro nombre y que sabe lo que necesitamos, antes de que lo pensemos. Otra cosa es que nuestras entendederas caminen agitadas y fuera de lugar y muy aferradas a las que cosas inútiles y superficiales que este mundo nuestro de hoy nos ofrece llenas de falsas luces brillantes y de cristales destellantes que parecen piedras preciosas cuando, en realidad, son vidrios de mala calidad. Aprovechemos este tiempo quieto de vacaciones para saber aceptar su voz, para escuchar su llamada que nos llama por nuestro nombre.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


VIAJE AL EXTRANJERO

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Probablemente ocurrió esta excursión del Señor a tierras del Norte, durante las vacaciones de las fiestas de las cabañas, Sukkot para los hebreos, en otoño. El Líbano es, así pues, Tierra Santa. Tiro y Sidón fueron ciudades autónomas, algo así como Ceuta y Melilla o Singapur. En estas poblaciones todo el mundo se siente próximo al que se le cruza por la calle, sin preguntarle donde ha nacido, de donde viene, ni a donde va. Está allí y punto. La buena mujer que se le acercó al Señor, también era de otras tierras. Quizá el ser ambos extranjeros facilitaba el diálogo. Resultaba por ello más fácilmente sentirse próximos en la confianza mutua. De todos modos, ya lo sabéis, mis queridos jóvenes lectores, Jesús siempre está cercano, aun en los momentos más críticos de la duda y de la tentación. Si no le vemos, como nos pasa a veces con personas que están a nuestro lado, mientras nos rodea y apretuja la multitud en una manifestación, puede uno sentir su aliento, que es muestra de presencia. El aliento del Señor son sugerencias que aparecen en el fondo, a veces olvidado, del corazón.

Aquella buena mujer tenía una hija endemoniada, según su parecer. Muchas madres hoy en día, sienten una pena semejante, porque su chiquilla querida, vive sumergida en la droga. Uno en las circunstancias de Jesús, puede, como hacen los famosos, refugiarse en el clásico: non coment. Jesús se limitó a permanecer en silencio, como si no se enterase, o no le interesase lo que aquella mujer decía. Estaba de vacaciones, que pasase por despacho a horas convenidas, le hubiera respondido alguno. El Señor, no. El Señor escucha siempre, aunque parezca que no oye.

2.- Intervienen los Apóstoles. Habréis oído decir a veces que no hay que rezar a los santos. Que hay que ir directamente a Dios. Pues parece que el Maestro no piensa de esta manera. Había oído las suplicas directas de la mujer cananea y se había hecho el sordo. Intervienen ellos, y hay que reconocer que no lo hacen con demasiada delicadeza para con la mujer. Y muda su actitud. Aparentemente no está interesado en la petición. Realmente lo que está sucediendo en el interior de la buena mujer es que la fe va aumentando. Le sigue posteriormente un diálogo precioso, con alusión a los perritos falderos, tiene gracia.

Jesús se admira en llegando este momento. Ahora yo pienso y os propongo a vosotros, mis queridos jóvenes lectores ¿se admiraría Jesús de vuestra Fe? O esta observando que es muy raquítica. Y a la admiración hacia la sirofenicia consigue el resultado que solicitaba: la chiquilla se cura. Era una extranjera. Para Él nadie es extranjero. ¿y para vosotros?

3.- San Pablo escribiendo a cristianos de Roma les recuerda su origen judío. Y su cambio posterior. Sin renunciar a su linaje, se advierte más vinculado a los de su misma Fe. Siente por los de su pueblo un especial cariño, aunque su dedicación primordial sea hacia los cristianos. Es más, les recuerda las maravillas que se operarán cuando los suyos, los judíos, se incorporen a la Iglesia. En este momento hay que preguntarse con sinceridad, cuando me encuentro con un judío ¿mi actitud es semejante a la del Apóstol?

La última frase es magnífica, resulta ser la traca final, el fin de fiesta. Dice que al fin del tiempo, se manifestará la compasión de Dios.