La Asunción de la Virgen María
15 de agosto de 2008

La homilía de Betania


1. - EL MISTERIO CENTRAL DE NUESTRA FE

Por José María Maruri. SJ

2.- MARIA SE PONE EN CAMINO PORQUE SABE QUE LA NECESITAN

Por José María Martín OSA

3.- LOS PIES DE LA SEÑORA

Por Gustavo Vélez, mxy

4.- ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARIA

Por Antonio García-Moreno

5.- ¡SE LO MERECE!

Por Javier Leoz

6.- LA ASUNCIÓN

Por Gabriel González del Estal

7.- LA ORACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


EL HASTA AHORA DE MARIA

Por Pedrojosé Ynaraja


1. - EL MISTERIO CENTRAL DE NUESTRA FE

Por José María Maruri. SJ.

1. - Hoy no es la conmemoración de un privilegio más de la Virgen, que la aparta más y más de nosotros. Es el día esperanzador en que se empieza a cumplir una promesa del Señor Jesús hecha a nosotros: “el que cree en mi tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día”

Es verdad que María tuvo una misión y un puesto de privilegio: el ser Madre del Hijo de Dios. Pero cuando la mujeruca del pueblo le grita a Jesús: “bendito el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron”, lo que Jesús alaba no es el puesto privilegiado de María, como Madre suya... “más bien bendito el que oye la palabra de Dios y la cumple, el que cree en mi y en mi palabra, porque tiene vida eterna”

2. - La fiesta de hoy es una consecuencia del Misterio central de nuestra Fe: la Resurrección de Jesucristo en el que todos hemos resucitado.

Jesús murió y resucitó. Ese Jesús que vivió con los Apóstoles hoy vive. María murió y resucitó, y esa misma María que llevó en su seno a Jesús hoy vive. Y nosotros que estamos aquí un día moriremos y también viviremos con Jesús y María. Dejemos a un lado el “como” y el “cuando” que no lo podemos imaginar. Quedemos con esta realidad de Fe y creamos.

3. - María se nos ha adelantado. Dios la ha puesto en lo alto del cielo, como estrella llena de luz que nos llene de esperanza al hacer nuestro camino:

-- cuando la lucecilla de nuestra fe vacile, miremos a la estrella y pidamos a María esa fe que nos trae la vida eterna.

-- cuando nos encontremos desesperanzados por los problemas familiares, económicos, de enfermedades, miremos a la estrella y María nos dará esperanza, que también Ella llegó a lo alto por senderos empinados y duros de montaña.

-- cuando nos demos cuenta de que la borrachera de la diversión, del pasarlo bien, del egocentrismo se va apoderando de nosotros, pidamos a María que no permita que seamos juguetes de los demás, porque llevamos en nosotros el tesoro de la vida eterna.

Que María, Madre de Dios y Madre Nuestra, nos llene de alegría y esperanza y sea la estrella que nos conduzca a donde esta Jesús.


2.- MARIA SE PONE EN CAMINO PORQUE SABE QUE LA NECESITAN

Por José María Martín OSA

1.- María es la primera que anuncia el Evangelio y se pone en camino. En el momento que María sabe que ha concebido un Hijo, por el anuncio del Ángel, seguramente su alegría y felicidad fueron intensas, pero Ella no se las guardó para sí misma, sino que se apresuró a compartir, a comunicar el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, a la persona que más lo necesitaba: Isabel. Esta acción de María, nos habla de la relación con el prójimo: familiares, vecinos, conocidos, compañeros e incluso desconocidos, que necesitan de nuestro consejo, de nuestra sonrisa, de nuestra ayuda, de nuestro cuidado, de nuestro tiempo; porque todas estas obras son las que dan testimonio de nuestra fe; El evangelista, describiendo la salida de María hacia Judea, usa el verbo “anístemi”, que significa levantarse, ponerse en movimiento. Considerando que este verbo se usa en los evangelios para indicar la resurrección de Jesús o acciones materiales que comportan un impulso espiritual, podemos suponer que Lucas, con esta expresión, quiere subrayar el impulso vigoroso que lleva a María, bajo la inspiración del Espíritu Santo, a dar al mundo el Salvador. El texto evangélico refiere, además, que María realice el viaje "con prontitud". También la expresión "a la región montañosa", en el contexto lucano, es mucho más que una simple indicación topográfica, pues permite pensar en el mensajero de la buena nueva descrito en el libro de Isaías: "¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: 'Ya reina tu Dios'!" (Is 52, 7). También san Lucas parece invitar a ver en María a la primera evangelista, que difunde la buena nueva, comenzando los viajes misioneros de Jesús. La dirección del viaje de la Virgen es particularmente significativa: será de Galilea a Judea, como el camino misionero de Jesús.

2.- El canto, el Magníficat, con el cual la Virgen alaba al Señor por su amor y lealtad con la humanidad, es una síntesis de la obra salvadora que vine a realizar Jesús; ha llegado el momento de la liberación y la justicia para los más pequeños; el momento de un nuevo amanecer porque, Cristo, Luz del mundo está entre nosotros, y esto lo expresa María, asistiendo a Isabel, su parienta anciana, que lleva en su seno a Juan el Precursor; el Evangelio según Lucas nos dice que María estuvo 3 meses con ella, tiempo que dedicó María a ayudar y servir a Isabel; a vivir con ella el Misterio, la realización del Plan de Dios. María e Isabel vivieron, tal vez como nadie, la fe, la esperanza y el amor. Este momento de la Visita de María a Isabel es también el primer encuentro entre Jesús y Juan, quien salta de gozo en el seno de su madre, porque sabe que está ante el Salvador. Isabel, proclamándola "bendita entre las mujeres" indica la razón de la bienaventuranza de María en su fe: "¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!". La grandeza y la alegría de María tienen origen en el hecho de que ella es la que cree. Isabel, con su exclamación llena de admiración, nos invita a apreciar todo lo que la presencia de la Virgen trae como don a la vida de cada creyente.

3.- Anticipo de nuestro futuro. El misterio de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo nos invita a hacer una pausa en la agitada vida que llevamos para reflexionar sobre el sentido de nuestra vida aquí en la tierra, sobre nuestro fin último: la Vida Eterna, junto con la Virgen María El saber que María ya está en el Cielo gloriosa en cuerpo y alma, como se nos ha prometido, nos renueva la esperanza en nuestra futura inmortalidad y felicidad perfecta para siempre.


3.- LOS PIES DE LA SEÑORA

Por Gustavo Vélez, mxy

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel”. San Lucas, cap. 1.

1.- “Para gloria de la Santísima Trinidad, honra de la Bienaventurada Virgen María y alegría de la tierra...declaramos y definimos que Ella, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”.... Era el 1º de noviembre de 1950. En Roma, ante una multitud que colmaba la plaza de san Pedro, el papa Pío XII rodeado de numerosos obispos, proclamaba el dogma de la Asunción de la Virgen María. Desde siglos atrás, muchas comunidades cristianas sabían que la Madre de Jesús ya gozaba en cuerpo y alma en los cielos. Lo aseguraban su cariño por Nuestra Señora y de otro lado, esa esperanza que todos llevamos dentro de una vida feliz y perdurable.

Todo ello estaba escrito en la “Mariología del corazón” que el pueblo llano se ha fabricado desde siempre. Una teología que señala a la Virgen María como la primera cristiana, la primera que culminó ya el viaje hacia la bienaventuranza. Una certeza que lanzó a los artistas a pintar frescos y a tallar estatuas. En mosaicos y vitrales nos dibujaron el rostro sonriente de María. Representaron cómo había sido la “Dormición” de la Señora y la forma en que los ángeles la llevaron al cielo.

2.- En aquel año el papa respaldaba con su autoridad aquel otro magisterio del pueblo creyente: “Sobre los altos confines del más levantado cielo, subisteis, Virgen, del suelo en hombros de serafines”, como canta un poeta religioso.

San Lucas nos cuenta del viaje de María a las montañas de Judá. Allí visitó a su prima que, ya anciana, iba a dar tener un hijo. Allí escuchó de labios de Isabel, la mejor alabanza que se haya dicho a una madre: “Bendita tú entre todas las mujeres. Y bendito el fruto de tu vientre”.

Meses después ella iría hasta Belén, con motivo del censo promulgado por César Augusto. Luego llegaría a Egipto, porque Herodes buscaba al niño para matarlo. Más tarde volvería a Nazaret. Y durante la vida pública del Señor, estaría cerca de Jesús sólo algunas veces, pues su prudencia mantenía a raya el amor. Pero no podría faltar en el Calvario, donde Jesús nos la entregó por madre. Cuando el Hijo regresa del sepulcro, María se convierte en al madre del Resucitado, Nuestra Señora de la esperanza.

3.- Ahora sus pies se han detenido en Éfeso, según cuenta la tradición. Habiéndose dormido a esta luz temporal, la madre de Jesús y nuestra madre atraviesa los umbrales de la gloria. “Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén”, cantaban los judíos al llegar a la ciudad santa.

La Asunción de Nuestra Señora nos asegura que es posible volvernos inmortales. Porque todo el que ama, o es amado, quiere situarse más allá del tiempo y del espacio, en una dimensión estable y feliz.

A un pensador creyente un día le preguntaron: ¿Cree usted en el cielo? Y él respondió con los ojos iluminados: “El cristianismo es una institución donde aspirar a la felicidad no es una mera verdad, o un consejo, ni una promesa abstracta. Es una obligación”.


4.- ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARIA

Por Antonio García-Moreno

1.- Triunfo de la Mujer.- "Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza" (Ap 12,1) San Juan habla con frecuencia de los signos, “semeia” en griego. Incluso, a diferencia de los Sinópticos, llama a los milagros que Jesús realiza con ese término. Así al milagro de Caná le llama “archen ton semeion”, el primero de los signos. De esa forma ve en los prodigios que el Señor realiza una manifestación de su poder y su gloria, una revelación del Misterio de Cristo. Así al narrar el milagro de la multiplicación de los panes y los peces acaba diciendo que Jesucristo es el Pan de vida.

Es curioso y significativo que en el último de los signos joánicos aparezca, como en el primero, la figura de la Mujer. En Caná intercediendo por aquellos jóvenes esposos y en el Apocalipsis enfrentada al Dragón rojo que intenta matar al hijo que va a nacer. En ambos casos su intervención es providencial. Y lo mismo que consiguió que Jesús convirtiera el agua en vino, de la misma forma conseguirá vencer al Demonio y salvar a sus hijos.

2.- Triunfo de María.- "Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de los que durmieron" (1 Co 15,20) Jesús abatió a la muerte. Su poder divino devolvió la vida a su cuerpo muerto. Se iniciaba así el desfile triunfal de los vencedores. Es cierto que cuantos van tras de El, han de esperar aún al último día, cuando el Señor vuelva glorioso a juzgar vivos y muertos, para alcanzar la plenitud del triunfo con la participación en la gloria del propio cuerpo. Sin embargo, hay una excepción que confirma esa regla, María Santísima.

En efecto, lo mismo que nadie como ella participó de los sufrimientos del Redentor, de la misma forma nadie como ella debía participar de la victoria de Cristo. Por otra parte, ella fue concebida sin pecado y, por tanto, era lógico que no sucumbiera al poder de la muerte como los demás hombres. Así lo reconocieron los cristianos desde los primeros tiempos. Por fin, la Iglesia se pronunció solemnemente y por medio del Papa Pío XII declaró el dogma de la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos.

3.- Todas las generaciones. "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre..." (Lc 1,42) Isabel exclama gozosa ante la presencia de la Virgen María. Tan sólo llegar y ya ha sentido el alborozo del niño que late en sus entrañas desde hace seis meses, los suficientes par hacerse sentir en el seno de su madre ante la cercanía de la Madre del Señor. El Hijo de Dios, escondido también, pero vivo ya, en el seno virginal de María... Misterio profundo que sólo mediante la fe podemos comprender un poco y aceptar rendidos.

Cercanía de la Virgen que suscita admiración y gozo, cantos de amor y de esperanza a nuestra Madre y Señora. También nosotros hemos de unir nuestras voces al coro de las alabanzas que todas la generaciones cantan a la Bienaventurada Virgen María. Pero no olvidemos que nuestro mejor poema no se hace con palabras sino con obras, con una vida semejante a la de Santa María, "Maestra en el sacrificio escondido y silencioso", como gustaba recordar San Josemaría Escrivá.


5.- ¡SE LO MERECE!

Por Javier Leoz

1.- No sé qué tienen, hermanos y amigos, las fiestas de María. Pero, cada vez que celebro una de ellas, espontáneamente surge en mi interior la siguiente exclamación: ¡Todo se lo merece! ¡Te lo mereces María! ¡Nadie, como Ella, se lo merece!

*No eres Pedro; pero tuviste las llaves del corazón de Cristo

*No fuiste Pablo; pero a lo largo y ancho del mundo, sigues hablando a los hombres que buscan y quieren conocer a Cristo

*No llegaste como Santiago hasta los confines de la tierra; pero –a mitad de su camino- le ayudaste y le alentaste para que siguiera adelante en el anuncio del Reino de tu Hijo.

¡Qué tienes María para que, Dios, te reservase para El desde el día de Nazaret y, para que al final de tu vida, Dios, te llevase en cuerpo y alma a los cielos! ¡Qué tienes, María!

2.- Hoy, en la fiesta de la Asunción de la Virgen, miles de pueblos y de ciudades de todo el mundo estallan en un cántico de alabanza a María: ¡Nadie, como Ella, supo cumplir la voluntad de Dios!

Y, por eso mismo, columnas con su efigie en las plazas más famosas del mundo. Ermitas escondidas o catedrales que rompen con sus agujas el azul del cielo, nos hablan del esplendor y de la sencillez, de la verdad y del amor, de la alegría y de la valentía de una mujer que, con pocas palabras, pero con una gran vida, supo hechizar, enamorar y embobar al mismo Dios.

¡Felicidades, María! ¡Tu Asunción es un triunfo bien merecido!

¡Felicidades, María! ¡Tu Asunción es el premio a tanta locura de amor!

¡Felicidades, María! ¡Tu Asunción es anuncio, preludio de lo que, si nosotros cumplimos, a

nosotros nos espera!

¡Felicidades, María! ¡Tu Asunción es el abrazo con el Dios Trinitario!

¡Felicidades, María! ¡Tu Asunción es la placa, la honra, el homenaje que santos y ángeles, hombres y mujeres de toda condición, consagrados y laicos- con Dios y la Iglesia a la cabeza, ofrecen y festejan!

3.- Y es que, la que dio tanto amor –desde Nazaret, pasando por Belén, escapando a Egipto o permaneciendo al pie de la cruz- no puede perderse en un sepulcro frío o dejarse como buena siembra en el surco de la tierra. La Solemnidad de la Asunción de la Virgen es el tributo y el Misterio que, la Iglesia entera, pueblos hermanados en la misma fe católica, millones de católicos extendidos a lo ancho y largo del mundo, creen y veneran. ¡No hay nadie como Ella! ¡Tiene que estar junto a Dios! ¡Te lo mereces, María!

Gracias, Virgen María. ¿Quién eres Tú para que, en este día, seas encumbrada en las manos de los ángeles y presentada ante el mismo Dios? ¡No me respondas! ¡Sé muy bien quién eres, porque te vas y cómo te vas! ¡La esclava del mismo Dios! ¡El cielo te espera y…en el cielo nos aguardas! ¡Feliz ascenso al cielo, María del Señor!

4.- ¡QUIÉN SINO TÚ, VIRGEN MARIA!

Asciendes, y eso no te lo quita nadie,

porque el cielo te espera

por tantas cosas que hiciste por Dios en la tierra

¿Qué se siente, María?

¡Dínos! ¡Qué se siente!

Cuando, Dios, con ángeles e himnos celestes

te llama para mirarle frente a frente

para decirte: ¡Qué hermosa eres, María!

¡QUIEN SINO TÚ, MARIA!

Fuiste apoyo en nuestra fe

Fuiste SI, silencioso pero limpio en Nazaret

Fuiste amor dando al AMOR en Belén

Fuiste entrega y servicio,

delicadeza y constancia,

oración y entrega

¡QUIÉN SINO TÚ, MARIA, FUISTE TODO ESTO!

Y, Dios, que no permite

que ninguno de los suyos se pierda

menos, todavía, permitirá que tu cuerpo, María,

roce como lo hace la tierra con el grano de trigo.

Tus pies pisarán la Morada Santa

Tus labios seguirán cantando y proclamando

un cántico de alabanza a Dios

Tu corazón, una y otra vez,

como lo hiciste tantas veces entre nosotros

seguirá estando enamorado

de Aquel que, en Ti, se encarnó.

¡QUIÉN SINO TÚ, MARIA!

Tú, al subir al cielo,

dejas huellas para que nosotros, tus hijos,

no nos perdamos en los pequeños infiernos.

Tú, al ascender victoriosa,

nos indicas los peldaños para que, los que creemos,

vayamos un día, tarde o temprano,

a tu encuentro.

¡Gracías, María!

¡Gracias, Dios, por llevarte a María!

¡Feliz encuentro, Virgen María, con el Padre!

Amén


6.- LA ASUNCIÓN

Por Gabriel González del Estal

1.- El último enemigo aniquilado será la muerte. Este es realmente el principal mensaje de la fiesta de la Asunción de la Virgen María a los cielos: que la muerte –el mayor enemigo natural de todo mortal- no tuvo poder sobre ella y no nos vencerá tampoco a nosotros definitivamente. Nuestro destino es la vida y no una vida cualquiera, sino una vida eterna. Este mensaje, consolador y universal, ha sido descrito, a lo largo de los siglos, de muy distintas maneras, tanto oral como literariamente. En todas las religiones del mundo existen tradiciones orales y textos literarios en los que se habla de la victoria de hombres y dioses sobre la muerte. La manera de expresar, oral o literariamente, esta creencia religiosa está condicionada por las creencias culturales y físicas de las sociedades en las que se desarrolla. En una sociedad en la que se creía que el cielo era un lugar físico que estaba arriba, la tierra estaba en el centro y el infierno era otro lugar físico que estaba abajo, la creencia religiosa en el triunfo del hombre sobre la muerte se entendía naturalmente como subida desde la tierra al cielo. Hoy la teología nos dice que ni el cielo, ni el infierno pueden ser lugares físicos que estén arriba o abajo. Y si no son lugares físicos, no pueden estar allí cuerpos físicos sometidos a las leyes físicas de la materia. Lo que afirma hoy la fiesta de la Asunción es que María, la madre de Jesús de Nazaret, se fue directamente al cielo, íntegra y totalmente, después de su estancia en esta vida, y que está y vivirá eternamente en los brazos de Dios. María venció definitivamente a la muerte y es un maravilloso ejemplo para todos nosotros, los que aún estamos viviendo, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

2.- María se puso en camino y fue aprisa a la montaña. De este relato evangélico de Lucas en el que se nos describe el emocionante encuentro de María con su prima Isabel, que ya tenía en su vientre al futuro precursor, se pueden hacer múltiples lecturas, todas ellas muy sugestivas y sugerentes. Yo quiero fijarme solamente en la rapidez, física y espiritual, con la que actuó María para visitar y ayudar a su prima Isabel, en los últimos meses de su embarazo. María estuvo siempre en camino hacia Dios, pero el camino de María hacia Dios pasaba siempre por el servicio a las personas. Ella se encontraba con Dios cada vez que se encontraba con una persona necesitada. Y lo más maravilloso, en este caso, es que la presencia de María suscitaba y encendía la presencia de Dios en los que la veían a ella. Ella sabía ver a Dios en las personas a las que ayudaba y las personas a las que ayudaba María descubrían igualmente la grandeza de Dios en la humildad de María. Este es también, creo yo, el sentido más profundo del Magnificat. María supo ser el canal humilde a través del cual Dios dispensó su gracia redentora a la humanidad. Dios se lució en María y a través de María. Esta debería ser siempre nuestra petición y también nuestro propósito: que seamos canales limpios a través de los cuales Dios pueda dispensar su gracia a las personas con las que nos encontramos en nuestro caminar por la vida.

3.- El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse al niño. Es la eterna lucha entre el bien y el mal. En este texto del Apocalipsis parece que Juan se refiere al peligro que corría la primitiva Iglesia de Cristo, de ser devorada por el dragón de la increencia y de la herejía. Juan les dice que no teman, que el poderío de Dios y la potestad de su Cristo triunfarán sobre el dragón. Es un texto optimista, que quiere dar confianza, ánimo y valor a aquellos primeros cristianos que estaban sufriendo persecución. También ahora muchos cristianos están como asustados por la fuerza con la que muchas personas tratan de desprestigiar y hundir a la Iglesia de Cristo. También hoy nosotros debemos leer con esperanza el mensaje del Apocalipsis: si somos fieles al evangelio, es seguro que el poderío de Dios y la potestad de su Cristo nos salvarán de las fauces del dragón.

4.- Cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino. Pablo, en un primer momento, como sabemos, estaba convencido de que Cristo iba a volver de un momento a otro e iba a inaugurar un reino nuevo y eterno donde Dios estaría todo en todos, después de haber aniquilado todo principado, poder y fuerza. En este contexto hemos de leer este texto, en el que se nos dice que Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. En el nuevo reino de Dios ya no habrá llanto ni dolor, porque todo será vida y gracia, justicia, santidad y amor. Este nuevo reino de Dios todavía no se ha hecho realidad en este mundo; de nosotros depende el que caminemos hacia él, con más rapidez o más lentitud. Los cristianos estamos llamados a trabajar con Cristo, por él y en él, para que el verdadero reino de Dios pueda ser realidad cuanto antes entre nosotros. María, la virgen asunta al cielo, es hoy nuestro mejor ejemplo.


7.- LA ORACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Acabamos de escuchar el Magníficat, la oración de la Virgen María, expresada tras los primeros momentos de la visita a su prima, Isabel, en la montaña de Judea. No hay oración más hermosa en toda la escritura ni otra que ofreciese una tan grande trascendencia profética. "Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí" Las generaciones posteriores a María se han postrado ante la maravilla que fue su vida en la tierra, haber sido Madre de Dios y coautora de la Redención. Y luego como permanente intercesora de todas las necesidades de sus hijos. El Magníficat va a continuar marcando la extraordinaria proeza de Dios en la relación con su criatura. Y va a centrar en este sentido la justicia del Reino cuando dice: "Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos." Algún autor ha llamado a este párrafo de la Oración de la Virgen María como "revolucionaria", pero eso es un solo un concepto relativo. Vale más decir que es justa, portadora de justicia divina. No prevalecen junto a Dios los soberbios y despide vacíos a los ricos porque sus riquezas, muy probablemente, procedan de la explotación de los pobres. Despedirlos vacíos es, simplemente, hacer justicia.

2.- La Misa de la solemnidad de la Asunción de María nos ofrece este fragmento del evangelio de San Lucas que contiene el relato de la Visitación. María al saber, por el anuncio del ángel, que su prima esta embarazada, acude a visitarla a un remoto y escarpado lugar. Y al llegar, el niño que crece en el seno de Isabel, salta de gozo al reconocer que el Señor Jesús está también muy cerca, en las entrañas de María. Nunca nadie hubiera podido crear un texto tan perfecto de cara a una catequesis favorable a la vida y contraria al aborto. Hace ya 2000 años se transcendía la vida real y efectiva situada en el seno materno. Pocos comentarios más hacen falta. El gozo de las dos mujeres, gracias al Espíritu Santo, por la importancia del fruto de su maternidad y la trascendencia futura de las misiones de los dos niños da eternidad a la escena. La vida va a seguir y los hombres podrán salvarse.

3.- En la primera lectura, sacada del Apocalipsis de Juan, se lee un episodio subyugador. Una mujer encinta y coronada con doce estrellas marcha al desierto y la persigue un dragón que quiere devorar el fruto de su vientre. En la tradición de los exegetas dicha mujer es la Iglesia y, por supuesto, el niño es Cristo. Pero es fácil suponer que la escena parece muy adecuada al papel de María. Ya Herodes, que formaba parte reino del mal, busca al Niño Dios para matarle y se produce la matanza de los Inocentes. La presencia de un Salvador en la tierra no podía agradar al Malo que buscaba --busca-- esclavizar con la mentira y el engaño al género humano. Cualquier fuerza contraria a esa posibilidad tiene que ser eliminada. La guerra de la Cruz, la predisposición terrible de los dirigentes religiosos judíos de entonces --y de una parte del pueblo hebreo coetáneo del Señor-- es algo que también puede inscribirse en la el episodio de la mujer y del dragón que nos cuenta el Apocalipsis. Y por ello es lógico que lo leamos hoy en la gran fiesta dedicada a María.

4.- San Pablo entra de lleno en el antagonismo entre vida y muerte en su Primera Carta a los Corintios. Dice: "Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida". Y narra el acceso final al Reino de Dios. Todos los enemigos serán doblegados en los últimos días. Y hay uno muy significado: "El último enemigo aniquilado será la muerte". Jesús nos ha prometido la Resurrección y la incorruptibilidad futura de nuestros cuerpos. Es lógico que Él no permitiese la disgregación del cuerpo de su Madre en el sepulcro. Se adelantaba a los demás mortales, como el mismo Jesús había sido primogénito de entre los muertos. Y es esa presencia de la Virgen María --cuerpo y alma-- en la Gloria de Dios lo que hoy celebra todo el orbe católico. Y que nosotros debemos valorar convenientemente.

5.- María, como Madre de toda la humanidad, es nuestra gran intercesora. Generación tras generación de creyentes han sabido descubrir la gracia y la bondad de la Señora como camino importante hacia el mejor entendimiento de la figura de Jesús. María es el mejor atajo para llegar cuanto antes a Cristo. Ella está cerca de nosotros en todo momento y circunstancia. Los tiempos de inquietud y tribulación, cuando todo parece que se mueve bajo nuestros pies, marcan la excelencia de la dedicación de la Virgen María a sus hijos. Una jaculatoria, una mirada dirigida a una imagen es suficiente para que nuestro entorno cambie y nos veamos en la dirección exacta. Jesús no va a negar nada a su Madre, pero ella tampoco nos va negar nada a nosotros que suponga un camino de verdad y de justicia, como muy bien se dice en el canto del Magníficat.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


EL HASTA AHORA DE MARIA

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Confieso, mis queridos jóvenes lectores, que no entiendo la expresión de despedida que muchos dicen: les digo yo: hasta luego, o hasta mañana, y me responden: hasta ahora. No, no puede ser así, yo me quedaré deseando un nuevo encuentro, privado de la compañía del amigo, sé que ahora, por un determinado tiempo, restaré huérfano de su amistad.

Algo así pensarían, sin duda, los Apóstoles, cuando descendieron a la ribera del torrente Cedrón, para depositar en un sepulcro, el cuerpo de la Madre del Maestro, de la que había engendrado, amamantado, educado y acompañado a su Señor. Hasta luego, hasta la siempre eternidad, pensarían tristes por la separación. Juan sería al que más le dolería la ausencia que en aquel momento iniciaba. Dejaron allí depositado el cadáver de María. La sagrada Escritura no nos cuenta esto. La tradición llama a la escena: la dormición de María. La arqueología nos lo explica a su manera a su manera.

La tumba de nuestra Santa Madre, está situada a poca distancia del huerto de Getsemaní, en la misma ladera del monte de los olivos. Para llegar a la losa donde estuvo depositado el cuerpo, hay que bajar por una escalinata ancha y de muchos peldaños. Se encuentra uno, mientras sube o baja, con frecuencia, cristianos de otras confesiones y hasta musulmanes, ellos también quieren venerar su memoria. En el Corán encuentra uno bellísimos párrafos referentes a ella. Tanto es así, que recientemente le han dedicado una película en lengua parsi que dura, según me han dicho, cinco horas. Poseo una versión abreviada en inglés que nada añade, por lo que puedo entender, a lo que ya conozco por nuestros evangelios.

María aceptó. María es pura docilidad. María es escucha de la voz de Dios. María es acogedora de la palabra sonora, el texto bíblico, y de la Palabra personal, la segunda Persona de la Trinidad, a la que alberga en su interior. En algún momento, María es portavoz, altavoz, del querer del Señor. Acordaos de su maravilloso himno, cuando visitó a su tía Isabel. Y no olvidéis su intercesión en las bodas de Caná de Galilea.

2.- Quisiera deciros algo especial a vosotras, mis queridas jóvenes lectoras. Según parece, nació María en Séforis, una población distante unos cinco kilómetros de Nazaret. Allí quedan las ruinas de una basílica de tiempos de los Cruzados, dedicada a su madre, a la que la tradición da el nombre de Ana. Por razones que nos son desconocidas, se trasladaron a vivir a Nazaret. Llegaría, según parece, al final de la segunda etapa de su niñez. Allí evolucionó y se hizo joven, sin pasar por la etapa por la que pasáis vosotras, tan llena de vitalidad, de desequilibrios y de incertidumbres: la adolescencia. (que la evolución biológica de María fuera así no os debe extrañar, acontece aun hoy en día en otras culturas diferentes de las nuestras). Os cuento esto para que si oís que fue hacia los doce años cuando tuvo lugar el encuentro con Gabriel y aceptó lo que de parte de Dios se le pedía. Si en aquella época ya estaba prometida y comprometida, con un joven llamado José, si pudo partir ella sola a lejanas tierras del sur, en Judá, y quedarse en casa de Joaquín e Isabel, no os la imaginéis como una de vosotras cuando teníais esa edad biológica. Pensad en una chica decidida, emprendedora, ávida de saber cosas, consciente de su responsabilidad. Esta que fue joven como lo sois vosotras, es a la que me estoy refiriendo. Tal vez podáis compenetraros con su realidad personal, el día que podáis asistir al musical recientemente estrenado, en que ella es la protagonista. Si de Jesús decimos que es nuestro hermano mayor, con mucha más razón podéis sentiros hermanas pequeñas de María.

3.- Vosotros, chicos y chicas, cuando hoy escuchéis el evangelio de la misa, preguntaos: ¿me atrevería yo a entonar con sinceridad su canto? Siento yo, quien a vosotros, mis queridos jóvenes lectores, os escribe, un amor grande por María. Me llegó a través de mi madre, que la amaba desde imágenes carmelitanas, y de mi padre, que sentía desde niño amor a ella, por la devoción que le inculcaron desde una ermita del pueblo donde nació. Como no quiero olvidarme de la Virgen, tampoco quiero dejar de recordar aquellos lugares. Uno era Calahorra, en la Rioja. El otro era Sieteiglesias, junto a Matapozuelos, en tierras vallisoletanas. Y os lo cuento para que también vosotros ahora reflexionéis y os preguntéis el origen de vuestra devoción, si la tenéis. Y para que todos, chicos y chicas, penséis: cuando iniciada la vida adulta, me una en matrimonio, o escoja una vida de consagración exclusiva a Dios ¿Cómo trasmitiré el amor a María, madre de Jesús, y tan íntimamente unida a Él, que es el núcleo de nuestra Fe?

Cuando regresaron al sepulcro los discípulos, lo encontraron como habían hallado el del Señor, estaba vacío. Cuando pensaron en ella se dieron cuenta de que, como en el caso del Maestro, no había sido un hasta luego, o hasta mañana. Ella sentía, sumergida en la eternidad, que había sido un hasta ahora. O un hasta ahorita, como diríais los latinoamericanos.