Domingo XVII del Tiempo Ordinario
27 de julio de 2008

Misa Familiar

Prepara: Javier Leoz


*Objetivo: descubrir la riqueza y el valor de la fe

*Idea: un tesoro hay que saber buscarlo, encontrarlo y cuidarlo


1. MONICIÓN DE ENTRADA

Si algo tiene nuestra fe es que, cuando uno se encuentra con Dios, ilumina todo lo que somos y todo lo que hacemos.

¡Sed bienvenidos a esta Eucaristía! ¿Nos damos cuenta que es un privilegio, un tesoro que el Señor pone al alcance de nuestra mano, de nuestro paladar y de nuestro corazón todos los domingos?

Que sintamos su presencia en este día. No dejemos que, nada ni nadie, se interponga entre Dios y nosotros.

Iniciamos esta celebración recibiendo al sacerdote que, por si lo hemos olvidado, actúa en el mismo nombre de Cristo.

Nos ponemos de pie

2. PENITENCIAL

2.1. En la Eucaristía pedimos al Señor que nos ilumine. Muchas veces nos dejamos sorprender por otras luces que nos dejan ciegos o no nos permiten ver con claridad los acontecimientos del mundo. Señor ten piedad

2.2. Dios nos escoge, todos los domingos, y nos hace sus invitados. ¿Por qué caras tristes o por qué no participamos con más ímpetu e ilusión en los cantos, en los gestos, en las palabras? Cristo, ten piedad

2.3. En la Eucaristía, con su Palabra, el Señor va separando de nuestro corazón la cizaña del grano de trigo bueno que todos llevamos dentro. Señor, ten piedad

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

Si algo valora el Señor de nosotros es cuando, lejos de buscar nuestro bien, pedimos por el de los demás. Las lecturas que vamos a escuchar nos invitan a tres cosas: primero a buscar el bienestar ajeno como, el rey Salomón nos indica en la primera lectura; en segundo lugar –San Pablo- nos recuerda que Cristo debe ser TODO para un cristiano. Y, el evangelio en esta segunda parábola que vamos a escuchar en este domingo, nos dice que Jesús, su Reino, su Palabra….es el tesoro mayor que podemos encontrar y tener.

4. PETICIONES

4.1. Por la Iglesia. Para que sepa ayudar a las personas a encontrar y vivir con Jesús de Nazaret. Roguemos al Señor.

4.2. Por todos nosotros. Para que hagamos más oracion. Para que no olvidemos a los que están en horas bajas. A los que, por diversas circunstancias, se han alejado del abrazo de Dios tal y como el Papa Benedicto XVI recordaba en las jornadas mundiales de la juventud en Sydney. Roguemos al Señor.

4.3. ¿Qué tesoros tenemos? ¿Dinero, placer, juegos, diversión, bebida? ¿Nos damos cuenta que –muchos de ellos- no nos dejan disfrutar el tesoro de Dios? Que caigamos en la cuenta que Jesús es lo mejor que tenemos. Roguemos al Señor.

4.4. Por todos los que ponen su afán en los tesoros del mundo: tener y tener. Para que valoren si la vida es, tener o ser. Roguemos al Señor.

4.5. Por los que se encuentran de vacaciones. Para que no olviden el tesoro de la Fe, de la Eucaristía, de la Palabra de Dios. Roguemos al Señor.

5. OFRENDAS

5.1. En este cofre, Señor, traemos lo que celebramos cada domingo en la Eucaristía: LA FE, LA ESPERANZA YLA CARIDAD. Creemos en Ti, esperamos en Ti y, por Ti, merece la pena ofrecer algo de lo que tenemos. Tanto espiritual como material. (Se presenta un cofre grande. En la parte exterior lucen tres carteles las virtudes teologales)

5.2. En esta vara de madera, Jesús, traemos los “tesoros de hojalata” en los que el mundo se sustenta: (fama, bebida, droga, secularismo, laicismo, placer). ¿Y luego? ¿No se quebrará el mundo como, en cualquier momento, se puede romper la vara que lo sustenta? (Se presenta una tira de madera con etiquetas en las que se nombren, por ejemplo, los pilares caducos a los que el hombre tanta importancia da)

5.3. El pan y el vino, un tesoro que se cuida y crece en el campo, los traemos a tu presencia –Señor- para que nos des el ánimo necesario para no alejarnos de Ti.

6. ORACION

Mi tesoro, eres Tú, Señor

Mi perla, eres Tú, Señor

Mi riqueza, eres Tú, Señor

Mi esperanza, eres Tú, Señor

Mi fortaleza, eres Tú, Señor

¿Por qué siendo Tú

mi perla, mi tesoro

mi riqueza, mi esperanza,

mi fortaleza y mi todo

pongo mis ojos en otras cosas?

Dame, Jesús, corazón para amarte

Alegría, Jesús, para pregonarte

Y oídos, Jesús, para escucharte

Amén