TALLER DE ORACIÓN

LA MISERICORDIA DE DIOS

Por Julia Merodio

Solamente, el día que aprendamos a examinar nuestra vida, podremos comprometernos con ella.

LA MISERICORDIA DE DIOS LLENA LA TIERRA

Dios, nos amó y nos ama, no puede ser de otra manera; ya que, como nos dice San Juan, Dios es amor. Por eso, la grandeza no está en que nosotros amemos a Dios, sino en que Dios nos ama.

¡Qué importante sería que esta misiva recorriese todo el mundo! ¡Cómo confortaría a la gente!

Al vivir en una época, en que la comunicación alcanza niveles incalculables, nos es más fácil detectar que estamos insertados en una situación de desamor que traspasa el alma.

Cuando escuchamos los informativos de televisión o leemos la prensa, el corazón se nos encoge, los acontecimientos recientes se escapan a nuestra realidad y las situaciones que contemplamos nos parecen escalofriantes.

Extorsiones, muertes, palizas, asesinatos, atracos, bandas organizadas, gente corrupta… ¿Acaso podemos afirmar, con este panorama, que la misericordia de Dios llena la tierra?

No sé lo que opinaría la gente si saliésemos, a la calle, para hacer una encuesta preguntando: y tú ¿cómo estás de misericordia?

Creo que algunos se reirían, otros saldrían corriendo, otros nos considerarían obsoletos y arcaicos… y, nos cercioraríamos de que, el corazón humano, se va endureciendo de forma alarmante. Es, en ese preciso momento, cuando se descubre, la importancia de la misericordia y del Corazón de Dios.

En esta misma página, he compartido otras veces, como me impresionaba la devoción que, en mi casa, tenían al Sagrado Corazón de Jesús; pero eso no era solamente cosa de mi familia, era algo tan extendido en la Iglesia que se hacía cotidiano, a cualquier persona, con la que hablases.

Cuando las cosas se ponían difíciles, la gente acudía al Corazón de Jesús; en la parroquia se cantaba al Corazón de Jesús; las mismas letras de las canciones, eran una explosión a la confianza depositada el Él.

Puedo aportaros una de, aquellas canciones, que decía así:

“En los momentos tristes de la vida,

cuando todos me dejen ¡OH Dios mío!

Y el alma siga triste y abatida,

mi ser no cesará de repetirte:

¡Sagrado Corazón en Vos confío!

Hemos llegado a la clave de la misericordia de Dios. Aunque todo parezca olvidado, aunque el ardor al Corazón de Jesús, parezca cosa de otros tiempos, aunque a la gente le dé vergüenza hablar de ello… el corazón de Cristo no ha cambiado, el corazón de Cristo está rebosante de amor para cada ser humano; y, precisamente, en este momento de indiferencia, incluso aunque parezca incomprensible, se sigue manifestando la misericordia del Señor, con más fuerza que nunca; pues la gran afirmación consiste en que: siendo pecadores Él nos amó y nos sigue amando.

LA SINCERIDAD EN EL AMOR

Cuando el amor es sincero, no se engríe, ni se infla, al contrario se pone al nivel de los más necesitados, se humilla, se rebaja… y no cesa hasta hacerles sentir que son alguien importante, alguien necesario, alguien imprescindible… para el gran esquema de la creación.

Pero la gente de nuestro tiempo no conoce esta clase de amor. El amor que hoy se pregona es el amor sensacionalista, un amor engañoso y efímero, basado en el placer y en lo fácil; un amor que se desmorona a la primera discrepancia existente.

Nos da miedo aprender a amar al estilo de Dios; nos da miedo el amor gratuito; nos da miedo hacernos pequeños y caminar en los brazos del Padre… Y, así nos va.

No somos capaces de darnos cuenta de que, cuando la persona empieza a engrandecerse, a creerse alguien, a tener edad para valerse por sí misma... Cuando es capaz de pensar por sí sola; cuando desprecia a los demás porque no necesita nada de nadie; cuando no participa de los problemas de los otros, porque cada uno tiene los suyos; cuando desprecia a los demás porque no se adaptan a sus criterios; cuando al hacer oración elige los primeros puestos porque se siente satisfecha con su vida... empieza a hacerse grande, tan grande y tan pesado que se avergüenza de que alguien la suba en sus brazos. Se siente ridícula de que alguien pueda levantarla del suelo. Es entonces cuando siente un fardo pesado sobre sus espaldas que nadie puede aligerar.

Dichosos nosotros si, en ese momento, somos capaces de oír en el silencio, la voz de Dios, que nos dice: hazte pequeño hijo mío. Yo estoy aquí para ayudarte a conseguirlo. Aunque te cueste no te detengas, yo siempre te espero para protegerte, para alentarte, para suavizar tu carga. Pero nadie puede hacerse pequeño por ti. Tú tendrás que tomar personalmente la opción que deseas realizar; mas quiero que sepas que sólo los pequeños van en brazos de su Padre.

Sin embargo Jesús, desde la luz y el amor que habitaban en su corazón se dio cuenta de que ese era el verdadero camino hacia Dios; el de la comprensión y la misericordia.

Fue consciente de que, la salvación no venía de la brillantez y la riqueza que aplastan al ser humano, sino en rebajarse poniéndose al lado de cada persona para salvarla. Por tanto poniéndose a mi lado, a mi altura, adaptándose a mis circunstancias… “pasando por uno de tantos”

¡Cuánto amor y cuanta misericordia, esconde esta actitud del Corazón de Jesús!

Por eso, cuando nos decidimos a entrar en el corazón de Cristo, las cosas empiezan a aclararse. Vemos que la Iglesia de Jesucristo dista mucho de la nuestra y eso nos invita a examinar nuestras actitudes para que empiece a mejorar.

• Jesús nos muestra que no se puede evangelizar con poder y dominio.

• Jesús nos enseña que evangelizar es ofrecer a todos, sin excepción, la

Buena Noticia del evangelio, pero desde la misericordia y el amor.

• Jesús nos enseña que, la misericordia, es ese bálsamo que hace que:

- Los ciegos vean.

- Los cojos anden.

- Los presos queden liberados.

- Y a los pobres, se le anuncie la Buena Noticia.

Por tanto, necesitamos tener en el corazón, la luz y el amor, para darnos cuenta de la grandeza que encierra, descansar en el Corazón de Dios.

TEXTOS PARA LA ORACIÓN

Para la oración de esta semana vamos a coger versículos de los salmos: 122 y 24.

“Señor, recuerda que tu ternura y de misericordia son eternas, no abandones la obra de tus manos”

“Acuérdate de mí, con misericordia, por tu bondad, Señor”

“El Señor es bueno y recto y enseña el camino a los pecadores; hace caminar

a los humildes con rectitud y enseña su camino a los humildes” (Salmo 24)

“Misericordia Señor, misericordia, que estamos saciados de desprecios; nuestra alma está saciada del sarcasmo de los satisfechos, del desprecio de los orgullosos” (Salmo 122)

Ahora lo tenemos claro. También, nosotros, queremos: “Poner nuestros ojos en el Señor y esperar su misericordia”

Desde el corazón de Cristo miramos toda esa gente que está sola, humillada, despreciada, maltratada. Y escuchamos de sus labios, como nos dice: A vosotros os corresponde ayudarles a salir de esa situación.

Después acogemos la invitación que nos hace a ser: luz en la vida de cada ser humano; saliendo al mundo, a comunicar nuestra experiencia: personal, familiar, comunitaria; manifestando, no sólo, nuestras buenas obras sino compartiendo con los demás nuestro amor, nuestra amistad, nuestra relación... viviéndolo todo responsablemente y con coherencia.

Y todo esto arropado en un acto de fe, nacido al contemplar la misericordia que Dios deposita en sus fieles, en los que tienen sus ojos puestos en Él. Nacido del amor, que nos brinda siempre, especialmente en los momentos de cansancio y soledad:

- Creo en Ti, Señor.

- Creo que viniste a salvar al ser humano y a la historia.

- Creo que tu amor desbordó, las previsiones más ambiciosas, de todos los

siglos.

- Creo que, el Mundo Nuevo, que viniste a traer elevó la dignidad del ser

humano devolviéndole la libertad.

- Creo que, tus muestras de perdón, sobrepasaron los corazones más

generosos.

- Creo que sólo en Ti reside la grandeza, la majestad, y el honor.