LA ORACIÓN DE Y CON JESUCRISTO

LIBRO DE LA SABIDURÍA: DEBAJO DE LA HIGUERA

Por Antonio Pavía. Misionero Comboniano

"Quien madrugue para buscarla, no se fatigará, que a su puerta la encontrará sentada" (Sb 6,14).

Continuamos disertando acerca de la anticipación de Dios con respecto al hombre que le busca. Lo que ahora se nos dice es que la sabiduría, es decir, Dios mismo, está en actitud de espera ante todo aquel que madruga para buscarle. Nos interesa profundizar en la riqueza del verbo empleado: madrugar.

El término hace relación a una actitud que viene determinada por un interés concreto o una urgencia. Es normal, por ejemplo, que un estudiante madrugue en tiempo de exámenes para aprovechar el máximo de horas en el estudio. Madruga porque el aprobar un curso o una oposición concreta es importantísimo para su vida. Muchos y variados son los ejemplos que podríamos enumerar respecto a por qué un hombre raciona sus horas normales de descanso en vistas a realizar una actividad muy importante para él.

En este contexto, nos dice el autor del libro de la sabiduría, que el hombre inquieto, aquel a quien le gusta profundizar acerca de lo que él es en sí mismo como persona, el que desea saber si además de cuerpo tiene un espíritu y quién lo ha creado, madruga para ser iluminado acerca de estos interrogantes que afloran en su mente: Quién es Dios, conocerle y conocerse así mismo como hijo suyo.

Quiero subrayar la extraordinaria noticia que encabeza este texto. Se nos anuncia que la Sabiduría está ya esperando dispuesta a la acogida de todo aquel que madruga para encontrarla. Recordemos que la Escritura identifica la Sabiduría con Dios mismo, también la identifica con la Palabra. Recogemos la descripción que hace el libro de los Proverbios acerca de la hospitalidad que brinda la sabiduría a todo aquel que responde a su invitación: "La Sabiduría ha edificado una casa, ha labrado sus siete columnas... si alguno es simple, véngase acá. Y al falto de juicio le dice: venid y comed de mi pan, bebed del vino que he mezclado; dejaos de simplezas y viviréis, y dirigíos por los caminos de la inteligencia" (Sb 9,1-6).

El evangelio de Juan nos ofrece un texto antológico en el que la realidad que estamos escribiendo es profundamente iluminada. En él vemos tanto la figura de un hombre que madruga para buscar la verdad -la sabiduría-, como la del Hijo de Dios que se anticipa al madrugar de esta persona. Respecto al hombre buscador, nos estamos refiriendo a Natanael, apóstol que conocemos mejor con el nombre de Bartolomé.

Éste fue llevado por Felipe al encuentro de Jesús. Encuentro que nos viene ofrecido en el evangelio de Juan 1,45-51. Vamos a desmenuzar el texto para enriquecemos con la extraordinaria belleza de su contenido catequético.

Felipe, natural de Betsaida, como Andrés y Pedro, recibió la llamada de Jesús y la acogió con alegría. Se encuentra con un amigo de toda la vida que es Natanael, y le comunica la magnífica noticia que todo Israel estaba esperando: "Ése del que escribió Moisés en la Ley y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret".

Sabemos que la respuesta de Natanael fue un tanto escéptica y también irónica. Sin embargo, ante las palabras de Felipe -ven y verás-, decide ir con él al encuentro de Jesús. Éste, apenas le ve llegar, le afirma: "Ahí tenéis un israelita de verdad, en quien no hay engaño".

Natanael queda estupefacto ante esta declaración. Se repone y le suelta: ¿de qué me conoces?, ¿quién te ha hablado de mí para decir eso? Jesús le responde: "Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi".

A la luz de este diálogo, entendemos que, si bien es cierto que Natanael madrugó para buscar la sabiduría y la verdad, Dios, en su Hijo, le estaba ya esperando. Vamos a intentar explicamos. En la cultura y espiritualidad del pueblo de Israel, la higuera está vinculada al estudio y contemplación de la Palabra. Decir, como fue en este caso en boca de Jesús, que un israelita está debajo de la higuera es afirmar que está rezando y buscando a Dios por medio de la Palabra.

Dicho esto, no queda sino afirmar que ciertamente Natanael había madrugado para sumergirse en la sabiduría de la Palabra de Dios; mas también que el Señor Jesús se había adelantado a su madrugar, que lo vio, lo conoció, lo amó en su limpieza y nobleza manifestadas en su forma de buscar.

Natanael es figura de todos los buscadores de Dios. En nuestros esfuerzos por encontrarle, por descifrar interrogante s, Él, como Maestro que es, nos está ya esperando. Él nos ilumina; recordemos que Pablo llama a Jesús: Sabiduría de Dios.