XI Domingo del Tiempo Ordinario
15 de junio de 2008

MONICIÓN DE ENTRADA

Sed bienvenidos a la Eucaristía. Hoy Jesús de Nazaret, al configurar la institución de los doce apóstoles, de entre sus primeros discípulos, abre una puerta a la concreción del Reino de Dios, que Él mismo anuncia con alegría y gozo. Pero añadirá, en algún momento, que el Reino ya está dentro de nosotros y que llega sin ruido, sin, casi, hacerse notar. Hemos de ser conscientes nosotros, ciudadanos del Siglo XXI, de que si el Reino de los cielos no aumenta su perímetro entre los hombres y mujeres de nuestro tiempo es porque no se trabaja lo suficiente por su desarrollo. Tengámoslo en cuenta y trabajemos por la gran promesa que nos hizo Jesús, nuestro Pastor y Maestro.


MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- En la primera lectura, del libro de Éxodo, vemos cómo la mano de Dios está siempre detrás de nuestros acontecimientos decisivos, por eso tenemos que caer en la cuenta de que todo lo que somos y tenemos se lo debemos a Él. ¡Cuántas dificultades hemos superado en nuestra vida! Casi nos parece imposible haber llegado hasta aquí; pues todo esto que crees haber realizado con tu esfuerzo, es todo gracia de Dios, y todo lo que tienes, es puro regalo de su amor.

S.- Este salmo 99 era utilizado por los fieles en general y, muy especialmente, por los peregrinos que entraban en el Templo de Jerusalén. Y desde sus versos se invita a toda la creación para que reconozca y experimente la bondad de Dios. Para nosotros, hoy, es el reconocimiento de que somos –queremos ser—un solo rebaño del que Jesús es el único Pastor.

2.- La segunda lectura nos invita a tomar conciencia de que Cristo murió por nosotros siendo pecadores. Lo dice San Pablo en la Carta a los Romanos. Ahí está la grandeza de su amor, no murió por causa de nuestros pecados sino a pesar de ellos. Su sacrificio fue una ofrenda generosa y gratuita. Su amor se alzó por encima de nuestros rechazos.

3.- El evangelio, del capítulo 9 de Mateo, nos muestra la compasión que el Señor tiene por cada uno de nosotros. A Jesús le interesa cada hombre, cada mujer, en particular. Él conoce nuestra cara, el nombre de cada uno, nuestra historia. Él quiere entablar una relación personal de cada uno de nosotros. Saber de los problemas, dificultades, esperanzas de todos. Y lo único que nos pide para trabajar en su mies es huir de los éxitos, de los aplausos, honores y privilegios. Aprovechemos hoy todos estos mensajes que nos invitan a sembrar con paciencia en tantos surcos abiertos que esperan compasión para todos y la verdad de Cristo.

 

Lectura de Postcomunión


MONICIÓN

Esta oración vamos a leer, ahora en los momentos finales de nuestra Eucaristía, aparece en el librito de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, Fundador de la Compañía de Jesús y es un buen ejemplo –y de extraordinaria belleza—para definir la total entrega a Dios. También se la conoce como la oblación de San Ignacio.

ORACION DE SAN IGNACIO DE LOYOLA

Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad,

mi memoria,

mi entendimiento

y toda mi voluntad;

todo mi haber y mi poseer.

 

Vos me disteis,

a Vos, Señor, lo torno.

 

Todo es Vuestro:

disponed de ello

según Vuestra Voluntad.

 

Dadme Vuestro Amor y Gracia,

que éstas me bastan.

Amén.


Exhortación de Despedida

Salgamos felices del templo. Hemos descubierto un nuevo ámbito de paz y amor, de esperanza y cordialidad, de fe y entendimiento. Eso es el Reino de Dios.