XI Domingo del Tiempo Ordinario
15 de junio de 2008

La homilía de Betania


1.- SIN NORTE, A LA DERIVA, SIN TIMÓN

Por José María Maruri, SJ

2.- JESÚS SE COMPADECÍA DE LAS GENTES

Por Gabriel González del Estal

3.- SÍ HAY VACANTES

Por Gustavo Vélez, mxy

4.- JESÚS NOS NECESITA TAMBIEN AHORA

Por José María Martín OSA

5.- EL SEÑOR DIO AUTORIDAD A SUS ENVIADOS

Por Antonio García-Moreno

6.- ¿QUÉ HACES POR DIOS?

Por Javier Leoz

7.- ¿DÓNDE ESTÁ EL REINO DE DIOS, HOY?

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MAS JOVEN


PROGRAMA DE VIDA, HORIZONTES

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- SIN NORTE, A LA DERIVA, SIN TIMÓN

Por José María Maruri, SJ

1.- Vio Jesús a una muchedumbre extenuada, abandonada, como ovejas sin pastor. Es decir, sin norte, a la deriva, como barco que ha perdido el timón. ¡Qué gran muchedumbre vería hoy el Señor, cansada, abandonada a si misma, sin rumbo!

a) Lo primero que se le ocurre a uno son esas largas filas de ancianos, mujeres y niños llevando sobre sus cabezas sus pocos enseres vagando por caminos impracticables huyendo de las balas de una tribu, de una etnia enemiga.

b) O esos cientos de miles de niños sin padres abandonados a si mismos, expuestos a los traficantes de blancas, de órganos humanos, a los disparos mortales de los que dicen defenderse de ellos por sus pequeños robos para sobrevivir, como quien extermina ratas que estropean la mercancía.

c) Pero tan sin rumbo vería también el Señor a esa nueva raza de hombres que han perdido el norte de Dios, y siguen la estela vacilante de estrellas fugaces que lucen unos instantes y al poco desaparecen en la niebla de la nada. Las estrellas del dinero, del poder, del placer desenfrenado. Todos son barcos que han perdido el timón, aunque ellos se crean que manejan a los hombres y al mundo. Cometas que un día revientan en mil pedazos y desaparecen para siempre.

d) Esa multitud de niños y jóvenes a los que ni en colegios, ni en las familias, han sabido defender la descristianización armonizada desde arriba y que vaga como barcos sin timón, sin moral y sin ética ninguna… carne de cañón para las drogas y la cárcel.

2.- Que envíe el Señor de la mies operarios. La verdad es que el Señor ha enviado el Señor los operarios oportunos en los momentos de necesidad.

A) Los monasterios de monjes fueron el refugio y el asilo de aquellos labriegos que a los 30 años ya no podían ganarse el pan de cada día y lo encontraban en aquella incipiente Seguridad Social

B) Para atender a los ancianos abandonados fue una seglar la fundadora de las Hermanas de la Caridad y de los ancianos desamparados

C) Para dar una despedida digna a los indios que morían abandonados en las calles envió el Señor a la Madre Teresa de Calcuta y a sus seguidoras y seguidores.

D) Para dar trabajo y protección contra la droga ha nacido Norte Joven para acoger a niños abandonados, la organización seglar Aldeas Infantiles. Para atender a la enseñanza de miles de niños de Suramérica esta Fe y Alegría. Y para atender a la salud de tantísimos enfermos en el Tercer Mundo los “Médicos sin Fronteras” y tantas y tantas organizaciones no gubernamentales que están siendo en nuestro mundo los nuevos samaritanos para los hermanos que andan sin norte, a la deriva, son timón.

3.- No es necesario llamarse Pedro, ni Juan, ni Santiago, ni pertenecer al colegio apostólico para sentirse enviado por el Señor a esa mies tan inmensa en la tan pocos trabajan.

Cada uno en su esfera y campo puede curar enfermos, sacar a la luz esa vida que se amustiaba a punto de morir en el corazón de algún abandonado, arrojar el demonio de la adicción a la bebida, a la droga, y con mil cuidados por buen camino al que ya estaba abocado a la muerte y a la propia destrucción propia y ajena.

Pues que Dios nos envíe a su mies como operarios, cada uno en su sitio.


2.- JESÚS SE COMPADECÍA DE LAS GENTES

Por Gabriel González del Estal

1.- Los cuatro evangelios nos hablan de un Jesús compasivo y misericordioso. Probablemente este es el rasgo más característico de Jesús de Nazaret. Jesús se compadecía de todas las personas que sufrían, fueran de la condición social que fueran. No se compadecía de los ricos por el simple hecho de que fueran ricos, ni de los pobres por el simple hecho de que fueran pobres. Se compadecía de aquellos ricos que se hacían esclavos de sus riquezas y, confiando en sí mismos, se olvidaban de Dios; llamaba bienaventurados a aquellos pobres a los que su pobreza les había ayudado a poner en Dios toda su esperanza. Jesús se compadecía de todas aquellas personas que vivían extraviadas, que, por ambición u orgullo, esclavizaban a los demás, y a las que eran soberbias, o hipócritas, o despreciadoras de los pobres; sabía que en el pecado llevaban necesariamente su penitencia. Llamaba bienaventurados a aquellos enfermos y pecadores que acudían a él con el corazón humilde y lleno de esperanza. En el evangelio de hoy se nos dice que Jesús se compadecía de aquellas personas que sufrían porque caminaban sin rumbo por la vida, infelices, extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Nuestra sociedad actual está llena de esa clase de personas. Jesús de Nazaret sabía que la verdadera felicidad está dentro del alma, que la pueden tener los ricos y los pobres, pero que para conseguirla es necesario fiarse de Dios, dejarse guiar y conducir por él. Dios dice a los ricos que pueden ser felices si ponen sus riquezas al servicio de Dios y del hermano, y dice a los pobres que la pobreza puede hacerlos bienaventurados si les ayuda a confiar en Dios y a poner en él su esperanza. Esto es lo que anunciaba él cuando predicaba el evangelio del Reino, esto es lo que quería que hicieran sus discípulos, cuando les mandaba a trabajar en la viña del Señor. Es el evangelio de las bienaventuranzas, el evangelio que promete el Reino de los cielos a todas las personas que se fían de Dios y saben compadecerse de los que sufren injustamente, a los mansos, a los limpios de corazón, a los que luchan por la justicia.

2.- Si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal. Estas son palabras que, por medio de Moisés, dice el Señor a su pueblo elegido. ¡Ser propiedad de Dios, habitar en su casa, ser sus hijos! Esta es la vocación a la que estamos llamados, el propósito que Dios tiene para cada uno de nosotros. De nosotros depende el ser fieles a su alianza de su amor, o lanzarnos por el camino de nuestros egoístas y extraviados caminos. Para eso nos mandó a un Pastor bueno y cercano que quiere conducirnos, por el camino del amor, hacia pastos abundosos. Si dejamos que el Señor sea nuestro pastor nada nos va a faltar.

3.- La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. Éramos pecadores, es decir, ovejas descarriadas, y Cristo se compadeció de nosotros y, por eso, vivió y murió para enseñarnos el verdadero camino que nos conduce hasta el Padre. Somos ovejas libres y responsables de nuestras decisiones y de nuestros actos, si queremos apartarnos del verdadero Camino, de la Verdad y de la Vida, la culpa será exclusivamente nuestra, no del Pastor que quiso vivir y morir por nosotros. Seguir a Cristo es escuchar su voz, recorrer los mismos caminos de amor, de perdón, de compasión, de paz y de justicia que él transitó. Si somos compasivos, como él lo fue, estaremos dispuestos a vivir y a morir para predicar a los demás el mismo evangelio que él predicó: el evangelio del amor y de la compasión hacia todos los que sufren por vivir extraviados y abandonados, como ovejas sin pastor.

4.- Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. No queremos creer en milenarismos, ni en evangelios que anuncian la proximidad, ya inmediata, del fin del mundo. Mil años para el Señor son como un ayer que pasó. Pero lo que es irremediablemente cierto es que nuestra vida es corta y que, al final de nuestra vida, desembocaremos en Dios. Tenemos que aprovechar los días y los años que el Señor nos da, para curar enfermos, resucitar muertos, limpiar leprosos, arrojar demonios. Nuestro mundo está lleno de enfermos psíquicos y físicos, de personas socialmente muertas, de leprosos del alma, de personas, en definitiva, que necesitan la limosna de nuestro amor gratuito, de nuestro ejemplo cristiano, de nuestra lucha contra la injusticia. Todo esto debemos hacerlo gratis, es decir, por amor, porque gratis lo hemos recibido. Que nuestro propio nombre pueda ser un nombre añadido al de los doce apóstoles que el Señor nombró.


3.- SÍ HAY VACANTES

Por Gustavo Vélez, mxy

“Dijo Jesús: Rogad pues al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies. Enseguida llamó a doce de sus discípulos y los envió”. San Mateo, Cáp. 9.

1.- “Este género humano, al que llevan al hombro unos pocos valientes”. La frase es de Alexis Carrel, un poeta y médico francés del siglo pasado. Pero nos preguntamos: ¿Cuántos hombres y mujeres de hoy integran ese batallón de valientes?.

San Mateo nos trae una página, en la cual Jesús verifica la triste situación de quienes le seguían: “Eran gentes extenuadas y abandonadas, como ovejas sin pastor”. Motiva entonces a sus oyentes a rogar al Señor que envíe voluntarios que les ayuden. Y pasando del rebaño a la era, agrega: “La mies es abundante pero los trabajadores pocos”. Como remedio práctico e inmediato, el Maestro designa doce de sus discípulos, con un encargo especial. Los llama apóstoles, lo cual quiere decir enviados. Su número recuerda y sustituye aquellos doce hijos de Jacob, sobre quienes se fundó de forma simbólica, pero a la vez política e histórica, el pueblo escogido.

2.- Cuando los judíos tomaron posesión de la tierra prometida, Josué repartió el territorio según los descendientes de Rubén, Gad, Aser, Zabulón, Neptalí, etc. Ahora el Maestro declara que ha nacido otro pueblo, el de la Nueva Alianza. Los textos evangélicos le dan mucha importancia a este llamado de los apóstoles, consignando la lista exacta de los escogidos, con sus nombres. Añadiendo incluso los apodos: “Santiago y Juan, los hijos del Trueno”. “Simón, el Celotes”. Jesús les señala de inmediato unas tareas: Anunciar que ya ha empezado el reino de Dios, expulsar demonios, curar enfermos. Algo que hemos de traducir a nuestras circunstancias. Y Señor les advierte: “Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”. Sería entonces un trabajo comprometido, pero a la vez generoso.

3.- La literatura cristiana comenta esta vocación de los apóstoles, pero casi siempre en un ámbito sacralizado. Fueron ellos enviados a salvar predicar la conversión y a salvar las almas. Lo cual es cierto. Pero el llamado de Jesús no se agota dentro de las llamadas vocaciones específicas como el sacerdocio, la vida religiosa, o los grupos apostólicos. Se proyecta además a otras situaciones.

Como seres humanos a todos nos toca terminar la creación, mejorando la historia. No basta entonces gastarnos consiguiendo el pan de cada día y algo más. Es necesario descubrir a nuestro alrededor otros proyectos de trabajo donde siempre hay vacantes. Tú puedes acompañar a quienes vagan como ovejas sin pastor. Puedes fortalecerlos, darles la mano, abrirles oportunidades, consolarlos, mostrarles una ruta. Que nunca el egoísmo te desvíe la mirada y te paralice las manos.

4.- ¡Quién lo creyera! En las clases menos favorecidas muchos reconocen de inmediato su vocación de apóstoles: Una madre separa de su escaso tiempo para visitar enfermos. Aquella acompaña los velorios, con un sentido solidario. Otra cose por la noche, para vestir a niños pobres. El dueño de una tienda hace escondidas caridades, que remedian muchas hambres. Este muchacho se dedica a preparar niños de Primera Comunión. Otro se ofrece para colaborar gratuitamente, cuando el vecino mejora su vivienda. Seguramente todos ellos regresarán a casa muy cansados. Pero con un cansancio que llena el corazón, ennoblece la vida y les garantiza que están viviendo el Evangelio.


4.- JESÚS NOS NECESITA TAMBIÉN AHORA

Por José María Martín OSA

1.- Jesús llama a personas de toda condición. Con la vocación de Mateo se completa la lista de los “Doce”. En ella hay hombres de toda condición: pescadores, recaudadores de impuestos, zelotes….Jesús no hace distinción. Todos somos invitados a seguirle, no hace falta ser superhombres, basta con poner nuestra confianza en El y con estar dispuestos a entrar en su vida y asumir su proyecto evangélico. El origen de las personas elegidas desconcierta, pero es un signo de lo que significa el anuncio de la Buena Noticia, que va dirigido en primer lugar a los pobres, a los sencillos. En El, en expresión de San Agustín, "pueden anidar todos los pájaros los grandes y los pequeños". Su llamada se extiende a todos. ¿Has escuchado tú la llamada de Jesús? Te llama Jesús, el verdadero “Apóstol”, el “Enviado” del Padre. Pronuncia tu nombre y te dice: ¡Ven y Sígueme!

2. – Hay una urgencia en la misión que Jesús les encomienda a los Apóstoles: proclamar que el Reino de los Cielos está aquí. Para que el Reino sea ya una realidad deben curar enfermos, resucitar muertos, limpiar leprosos y arrojar demonios. Curar enfermos, es decir, liberar a las personas de todo lo que las paraliza, les roba vida y hace sufrir; sanar el espíritu y el cuerpo de todos los que se sienten destruidos por el dolor y angustiados por la dureza despiadada de la vida diaria. Resucitar muertos, es decir, liberar a las personas de todo aquello que bloquea sus vidas y mata su esperanza; despertar de nuevo el amor a la vida, la confianza en Dios, la voluntad de lucha… Limpiar leprosos, es decir, limpiar esta sociedad de tanta mentira, hipocresía, convencionalismo y corrupción; ayudar a vivir con más verdad, sencillez y honradez. Arrojar demonios, es decir, liberar a las personas de tantos ídolos que nos esclavizan, poseen y pervierten nuestra convivencia Es precisamente la instauración del reino lo que dará origen al hombre nuevo, transformado, convertido. El texto dice "Reino de los Cielos", pero esto no quiere decir que se trate de algo que está después o por encima de este mundo. El reino comienza ya aquí y ahora y necesita de colaboradores que hagan posible su extensión como grano de mostaza. ¿Qué es el Reino? Es una nueva forma de vida basada en el amor. Hasta diez parábolas utilizará Jesús para explicarlo. Lo que está claro es que para que el Reino sea posible son necesarias nuevas actitudes y nuevos valores. ¿Has tomado conciencia de tu compromiso por el Reino?

3.- Debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis. Somos elegidos para un programa liberador: para anunciar y dar vida. Muchos cristianos piensan estar viviendo su fe con responsabilidad porque se preocupan de cumplir determinadas prácticas religiosas y tratan de ajustar su comportamiento a unas normas morales y unas leyes eclesiásticas. Asimismo, muchas comunidades cristianas piensan estar cumpliendo fielmente su misión porque se afanan en ofrecer diversos servicios de catequesis y educación en la fe, y se esfuerzan por celebrar con dignidad los sacramentos. Necesitamos escuchar de nuevo las palabras de Jesús para redescubrir la verdadera misión de los creyentes en medio de esta sociedad. “Gratis lo recibisteis, dadlo gratis". Nuestra primera tarea, también hoy, es proclamar que Dios está cerca de los hombres y mujeres, empeñado en darnos vida y felicidad. A la vista de un pueblo extenuado y abandonado (pobres y marginados, Tercer Mundo), de la escasez de trabajadores (pocos cristianos decididos, pocos seguidores comprometidos) y de una tarea abundante (la justicia del Reino en el mundo), Jesús asocia a doce colaboradores (sentido de comunidad) a su propia actividad. Mediante un acto creador (una llamada), Jesús "hizo" a los doce. Y les pone unas condiciones mínimas: tener cuidado con la "tierra de paganos" (la injusticia, el individualismo, la indiferencia…), ir a las "ovejas descarriadas" (no centrarse en la pastoral de la conservación) y proclamar "el Reino de los Cielos" con hechos (en su totalidad) y "gratis" (sin la obsesión del dinero y de las recompensas). Dios nos necesita de verdad y con urgencia...


5.- EL SEÑOR DIO AUTORIDAD A SUS ENVIADOS

Por Antonio García-Moreno

1.- Un pacto. En la primera lectura tenemos un preámbulo histórico de la Alianza, muy dentro de las costumbres de aquel tiempo: antes de poner las cláusulas de un pacto de mutua ayuda, se recordaba al pueblo vasallo lo que le debía al rey que le concedía la alianza, lo que había hecho en su favor. Aquí Dios recuerda los prodigios que realizó para salvarlos de la esclavitud de Egipto, sus desvelos para conducirlos con seguridad por los difíciles caminos del desierto. Ha sido para ellos, continúa el texto, como el águila que lleva entre sus alas a sus polluelos.

Preámbulo histórico que Dios puede repetir con cada uno de nosotros. Sí, también tú tienes que reconocer que Dios ha intervenido mil veces en tu favor. El mero hecho de darnos la vida es algo suficiente para sentirnos profundamente agradecidos. Pero sobre todo nos ha dado a su propio Hijo, para que muriera por la redención de nuestros pecados y alcanzarnos así la vida eterna. Están además esos mil favores, grandes o pequeños, que Dios te ha ido concediendo y que quizás sólo tú conoces... Ante el recuerdo de todo eso ha de surgir de nuestro corazón una gratitud sincera, un deseo de responder incondicionalmente a cuanto el Señor quiera pedirnos.

Alianza, pacto, convenio. Si el pueblo de Israel cumple las cláusulas de esta tratado, Dios se compromete a ser su protector perpetuo. Yahvé, el dueño del universo entero, se fija en el pequeño pueblo de Jacob, ese puñado de nómadas que ha dejado Egipto y camina con rumbo incierto por unas regiones desérticas y áridas. Dios lo hace pueblo suyo, su propiedad personal, un reino de sacerdotes, una nación santa.

Con Cristo se renueva la Alianza. Ahora ya de modo definitivo. Por eso los que creen en Él y son bautizados entran a formar parte de su pueblo, el nuevo Israel que es su Iglesia, su auténtica propiedad personal... Tú eres cristiano, perteneces por lo tanto al linaje escogido de los hijos de Dios, al pueblo que Cristo ha escogido pagando el alto precio de su misma sangre. No lo olvides y trata de vivir según tu condición de hijo de Dios, cumple la Alianza del Señor, observa las cláusulas de ese tratado que nos distingue de los demás pueblos, que nos saca de las tinieblas de la muerte para situarnos en la región luminosa de la vida.

2.- Compasión de Cristo.- Jesús tenía una sensibilidad exquisita, divina, ante las miserias humanas. Su espíritu se estremece profundamente ante el dolor del hombre. La época y el país en que el Señor vivió estaban teñidos de tonos sombríos. La sangre se había derramado y se derramaba aún a causa de las tensiones entre Israel y Roma. El hambre hacía estragos, la pobreza era cada vez mayor, y el reinado de Herodes el Grande y sus hijos tenía sumido al pueblo en la miseria. La gente esperaba con ansiedad la llegada del Mesías, y más de uno se había aprovechado de la situación reinante haciéndose pasar por Mesías, engañando así a las muchedumbres.

Por todo eso Jesucristo contempla a esas multitudes y se estremece de compasión pues las ve como ovejas que no tienen pastor, dispersos y abatidos. Por otras razones, como es lógico, pero también hoy hay mucha gente que anda a la deriva, engañados una y otra vez por quienes dicen y no hacen, prometen y no cumplen.

Necesitamos que Dios suscite nuevos y buenos pastores para su grey, que encienda corazones generosos y mentes privilegiadas, que se pongan al frente del rebaño, que como Cristo sepan defender a los suyos, entregarse sin reservas, hasta dar la vida por sus ovejas si fuera preciso... Escúchanos, Señor, y envía hombres competentes y abnegados, que enciendan luces nuevas para alumbrar a nuestro mundo, tan tenebroso y oscuro.

El Señor dio autoridad a sus enviados para que predicaran en su nombre y perdonaran los pecados de los hombres, para que celebraran la Eucaristía y administraran los sacramentos que perpetúan la presencia operante y salvadora de Jesucristo. La Iglesia, en efecto, es la continuación de Cristo sobre la tierra. Hemos de convencernos de esta verdad y proclamarlo así a los cuatro vientos. De este modo se repetirá la compasión del Señor y será posible que esas gentes, errantes y sin rumbo, recuperen la ruta que nos conduce a la paz y el gozo.


6.- ¿QUÉ HACES POR DIOS?

Por Javier Leoz

El día en que fuimos bautizados, pasamos a formar parte de esa gran cadena de seguidores de Jesús. Miembros de su Iglesia. Herederos de aquella misma suerte que, Jesús, al resucitar nos alcanzó o conquistó: la resurrección.

1.- Y ¿mientras tanto? Mientras tanto, sabedores de que hay una gran parte del mundo que desconoce a Jesús, hemos de intentar que, los hombres y mujeres que lo habitan, les toque la misma lotería que a nosotros: Dios se hizo hombre, nació niño, y –en una cruz- murió por la salvación de todos.

¿Qué ocurre? Que esta gran noticia, con demasiada frecuencia, la dejamos –casi exclusivamente- en manos de los “principales” agentes de evangelización: Papa, obispos, sacerdotes…y ¡como mucho catequistas y algunos movimientos más comprometidos! ¿Y los demás? ¿Qué hacemos los demás para que, el nombre de Jesús, su vida y sus misterios, su evangelio, y su reino, sea pregonado, acogido y vivido? No podemos quedarnos de brazos cruzados. 2.- ¿Qué haces tú por Dios? ¿Te conformas con ir tirando? ¿Eres de aquellos que dices “no hago mal a nadie” pero a continuación no mueves un dedo por hacer un gran bien? (Como puede ser proclamar y vivir con todas consecuencias tu testimonio cristiano)

Uno, cuando entabla amistad con un amigo, hace lo posible para que, ese amigo, no sólo sea respetado sino, además, conocido e, incluso, presentado como orgullo o referencia en el vivir o disfrutar.

2.- Nosotros hemos conocido a Jesús. Hemos puesto en El nuestros ideales. Hemos conocido, en la gran pantalla de su servicio, muerte, cruz y resurrección, el amor que Dios nos tiene. ¿Qué falta entonces? Ni más ni menos que el mojarnos, empujados por el Espíritu Santo, en esa gran tarea: que Jesús sea conocido, amado y digno de ser seguido. Y es que, en ese salón llamado de la “Nueva Evangelización”, amigos, todos tenemos una butaca que ocupar. Y no precisamente para contemplar una película sino, y es bueno recordarlo, para sentirnos llamados a prolongar la misión de Jesús en la tierra.

Dos peligros existen en la coyuntura que nos toca vivir de los tiempos modernos:

-Pensar que el que no cree es porque no quiere

-Concluir, por un falso respeto humano, que poco nosotros podemos hacer

Si el Señor nos llama “amigos” es porque confía en nosotros. Nos necesita para ser continuadores de su obra. ¿Qué dejamos mucho que desear? ¿Qué nos fallan las fuerzas? ¿Qué la Iglesia necesita otros aires y más sacerdotes?

Aún así, a pesar de todo eso, el Señor nos sigue llamando. Opta por nosotros. Nos conoce con nombre y apellidos; sabe de antemano las excusas que le vamos a presentar para no fichar en el afán evangelizador.

3.- Miremos un poco alrededor. ¡Cuánta extenuación! ¡Cuánto desencanto!! ¡Cuántas luchas y depresiones, suicidios y falta de ideales! ¿No tenemos nada que decir? ¿No puede la Iglesia aportar una palabra de esperanza? ¿No podemos llevar aliento y serenidad a un mundo que, más que mundo, parece el motor de un reactor a punto de estallar?

Demos gracias a Dios por creer en El, pero a continuación, nos adelantemos sin ningún tipo de miramiento en, algo tan sencillo y complicado, como el anuncio del Evangelio.

-¿Hay que mirar hacia el cielo? Por supuesto; del Padre nos viene la fuerza. La luz y la seguridad de que nos acompaña

-¿Hay que mirar hacia el hombre? ¡Sin dudarlo! Es donde encontraremos al Cristo exhausto, sufriente y doliente

-¿Tenemos que mirarnos a nosotros mismos? ¡No demasiado! Si, el Señor, siendo Dios, se ha fijado en nosotros, es porque algo grande y bueno debemos de tener. Le demos gracias y pongámonos en camino. Cada día más, incluso en nuestras propias casas, existen situaciones que denotan ya una ausencia parcial o total de Dios. ¿O no? ¿Y no vamos hacer nada?

4.- ¡QUIERO! ¡LO INTENTARÉ, SEÑOR!

Te escuché y me dije:

el Señor sólo me quiere a mí

Te seguí y pensé:

Jesús sólo pretende que camine yo con El

Te amé y grité:

¡Cristo, con mi amor, le basta y sobra!

Te miré y sonreí:

el crucificado tan sólo busca la luz de mis ojos

 

Ayudé al Señor y me enorgullecí:

¡nadie como yo puede hacerlo igual!

Conocí al Señor y concluí:

no es necesario que, los demás, lleguen hasta El

Dejé muchas cosas por Jesús y reflexioné:

con lo mío es más que suficiente

Encontré a Jesús en mi soledad, y recapacité:

lo quiero exclusivamente para mí.

 

Escuché su llamada, y soñé:

soy único e irrepetible,

no hace falta nadie más

Hasta que un día, no me acuerdo cuando fue,

me acerqué a la cruz y escuché la voz del Señor:

¿Qué has hecho por mí?

¿Por qué me quieres sólo para ti?

¿No hay lugar en tus caminos para los demás?

¿Qué has hecho con el amor que yo te he dado?

¿Por qué no me has visto en tus hermanos?

 

Desde aquella hora, mi reloj se quedó parado,

aprendí a no quedarme con Dios

y a ofrecerlo a los demás.

A no encerrar en mis caminos a Jesús,

y a recorrerlo y encontrarlo junto con los demás

A no retenerlo con mis propias fuerzas,

y anunciarlo desde la unión con los demás.

Mi oración, desde entonces, es la siguiente:

¡Te quiero, Señor! ¡Por Ti lo intentaré todo, Señor!


7.- ¿DÓNDE ESTÁ EL REINO DE DIOS, HOY?

Por Ángel Gómez Escorial

1.- El versículo anterior al canto del Aleluya, que acabamos de escuchar, y que es, siempre, pórtico de la proclamación del Evangelio, nos ha dicho hoy: “Está cerca el Reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio”. Las dos frases corresponden al evangelio de san Marcos. Jesús de Nazaret basó su predicación en la cercanía de esa nueva realidad humana y cósmica que es la llegada del Reino de Dios. En fin, en las palabras escritas por Marcos queda claro que el Reino forma parte de nosotros y estará dentro de nosotros cuando nos convirtamos de verdad. Y nos podemos preguntar: ¿Está cerca, hoy, ahora, este domingo, el Reino de Dios? ¿Y no parece, realmente, que el Reino se va alejando de nosotros, tal como está el mundo, la sociedad civil e, incluso, la misma Iglesia y sus fieles? No. Tajantemente, no. El Reino está cerca. Y lo está porque lo ha dicho Cristo. Y lo está, además, porque tras todos los tiempos de crisis florece con fuerza –fuera y dentro de nosotros—el Reino de Dios.

Cuando Jesús, de acuerdo con el evangelio de Mateo, que se ha proclamado hace unos minutos, comienza a buscar y nombrar y enviar a sus apóstoles lo hace porque quiere tener colaboradores para el establecimiento del Reino, desea implicar a todos en ese Reino, como actores, como constructores y como mantenedores del mismo. Se ha dicho muchas veces que la Redención pudo llegar, solamente, por la fuerza de Dios. Pero, si hubiera sido así, ¿Qué haríamos nosotros aquí? Está claro que el Reino de Dios no es utopía, que se cumplirá en la Vida Futura, en otro mundo, en otra dimensión. Se ha de cumplir aquí y ahora, al igual que la Bienaventuranzas –a pesar de su dificultad para ser aplicadas desde la perspectiva humana—son de este tiempo, no de la otra vida.

2.- Jesús admite que la mies es mucha y los operarios pocos. Y por eso recluta a los doce apóstoles que serán cabeza y fermento de su Iglesia. Y respecto a la mies y a la carencia de operarios, las cosas siguen igual, o peor. Porque tendremos que reconocer que, en los primeros tiempos de la Iglesia, la capacidad de evangelización fue muy rápida y muy eficaz. En menos de doscientos años –y con evidente dificultad—los cristianos se había extendido por todo el mundo conocido, llegando, incluso según la tradición, a la India, gracias a la predicación del apóstol Tomás. Hoy se va más despacio. Se para en la evangelización, se detiene su efecto y se produce una clara marcha atrás. Pero, en fin, la situación es parecida a la que ya formulaba el Señor Jesús al elegir a los apóstoles y al expresar que la mies es mucha y los obreros pocos. Y por ello, igualmente, Jesús de Nazaret, un domingo más, nos muestra lo que tenemos que hacer y nos enseña a acometerlo.

3.- Jesús, en otra ocasión, dirá que el Reino ya ha llegado y que está dentro de nosotros. Y es así. Pero hemos de reconocerlo en nuestro interior. Ello también lleva esfuerzo, porque el mundo en que vivimos marca muchas direcciones contrarias. La sociedad actual, en países donde la fe cristiana es mayoritaria, camina por otros senderos muy alejados a la doctrina de Jesús de Nazaret. El dinero es el gran patrón que lo mueve todo y lo domina todo. El amor al prójimo está prácticamente desaparecido, porque, aunque a veces auxiliemos a pobres lejanos –lo que está muy bien—por medio de los llamamientos de las ONG’s y de la Iglesia, olvidamos a los más cercarnos, a los que viven a nuestro lado, y ni siquiera nos acercamos a ellos, por repugnancia hacia sus propias llagas o porque solo queremos relacionarlos con aquellos que son como nosotros, o nos puede procurar un beneficio. Porque también está, cada día, más de actualidad la parábola del rico Epulón y del pobre Lázaro. Y no es todo esto un alegato pesimista. Es una realidad, que debemos de reconocer y admitir nuestra responsabilidad al respecto. Jesús de Nazaret clamaría, como lo hizo con los fariseos, con muchas de actitudes hacia los hermanos e, incluso, contra nuestra forma de vivir la fe.

4.- En el libro del Éxodo se nos aclara el camino en pos de ese Reino que Jesús ha proclamado. Dios Padre le dice, con claridad, a Moisés que si el pueblo escucha su voz y guarda su alianza, será para Él “un reino de sacerdotes y una nación santa”. Y es que todos tenemos participación en un sacerdocio común que nos lleva a dedicar nuestra vida a la alabanza del Señor y a la caridad efectiva dirigida a nuestros hermanos. Eso es el amor a Dios y al prójimo. San Pablo, a su vez, nos muestra que la Redención, que la muerte de Jesucristo para reconciliarnos con Dios y poder estar junto al Padre, es otra muestra de generosidad que nos enseña a que las dificultades estarán siempre cerca de nosotros, pero que también Dios estará cercano y presto para marcarnos, una vez más, el camino.

Como veréis todos los textos de la Palabra de Dios de hoy, hasta el Salmo 99 –“Nosotros somos pueblo y ovejas de su rebaño—y, por supuesto, el versículo del canto del Aleluya con lo que iniciaba este comentario—quieren decirnos lo mismo y marcar nuestro camino en el Reino. Y eso es lo que tenemos que aprender hoy y meditarlo continuamente toda la semana –bueno, y toda la vida—para que podamos construir el tiempo feliz que Jesús quiere para nosotros. Pero hemos de saber que lo que nos acerca o lo que nos separa del Reino. Hemos de decidirnos. No es posible seguir como hojas que mueve el viento o como seres sin criterio que aceptan lo que menos interesa para nuestra condición de sacerdotes y santos y se dejan seducir por cualquier canto desafinado de las sirenas de nuestro tiempo.


LA HOMILÍA MAS JOVEN


PROGRAMA DE VIDA, HORIZONTES

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Supongo, mis queridos jóvenes lectores, que nunca habéis estado en el Sinaí. Para empezar, os diré que se trata de una península ocupada por un desierto, que recibe el mismo nombre. Es un desierto inmenso, casi todo él de montañas de roca hiriente. Entre las formaciones que se alzan, se forman amplios valles de superficie arenosa, donde es posible detenerse y, en el caso del pueblo de Israel que huía de Egipto, acampar incluso. Otros no lo son tanto y corre por ellos, en momentos de tempestad, rápidas corrientes de agua, capaces de llevarse por delante todo lo que encuentran. Entre los centenares o millares de montañas que allí hay, se levanta el que recibe el nombre de Gbel Musa o montaña de Moisés, de 2285m de altitud. Lo he subido varias veces. La tradición señala que fue en su cima donde Moisés recibió las piedras en las que estaba escrita la Ley. Llegar a la cúspide supone unas dos horas y media de camino. Se practica por la noche, para no sufrir los rayos de sol, especialmente hirientes en este lugar y para poder contemplar el maravilloso espectáculo de la salida del sol. Poco antes de las seis de la mañana ocurre el fenómeno y van descubriéndose a la vista del peregrino, las inmensas montañas que se colorean de tonos rosáceos o azulados, según varía la incidencia de los rayos solares. Al pie de este monte se extiende una suave explanada donde pudo acampar, por largo tiempo, el pueblo escogido y ser el estadio nacional donde acontecieron tantos prodigios. No fueron competiciones deportivas lo que allí ocurrió. Fue lugar apto para grandes pactos y enseñanzas. He visto volar por el Sinaí alguna águila. Se dice de ella que incita a sus polluelos a saltar desde el nido al vacío, para que pierdan el miedo. Lo que está comprobado es que la madre observa a su hijito y si ve que no sabe volar y se estrellaría, vuela ella rápida y se sitúa debajo, extendiendo las alas para que repose en ellas el inexperto, aterrice suavemente y no muera. Valiéndose de este hecho, en este lugar y refiriéndose a este proceder, como parábola, Dios se declara protector de su pueblo. Un pueblo que recibirá sus favores, pero al que se le exigirá valentía y lealtad. No es un dios protector de holgazanes, ni miedosos. Serán pueblo sacerdotal y nación santa. Si esto se les dijo a ellos, y la historia da fe de que lo fue, mucho más se realizó para nosotros a partir de Cristo. A Él fuimos incorporados y de Él recibimos las mayores dignidades que se puedan imaginar, capaces de atravesar la frontera de la vida y podérnoslas llevar a la eternidad.

2.- En el capítulo décimo de San Mateo, del que este domingo leemos un trozo, se presenta el programa de vida más joven de los que en el Evangelio aparecen. Desearía, y esta semana rezaré especialmente para que sea realidad, que lo analizaseis con valentía. Jesús os invita a contemplar las necesidades que hay en el mundo. Lo hace bajo una imagen sacada de la agricultura. No olvidéis que estas palabras se pronunciaban en Galilea, que era y es, el granero de Israel. Vosotros os lo plantearéis de otra manera. Seguramente apelaréis al hambre, a la falta de alfabetización, a las necesidades sanitarias, a la ignorancia religiosa, a la ausencia de Fe y de Gracia. Una vez conscientes de estas carencias que se sufren, observad que Jesús escoge a algunos. No dice: esto deben iniciarlo y llevarlo a término todos, no. Llama a algunos por su nombre. Hoy hace lo mismo. Nosotros, vosotros mis queridos jóvenes lectores, somos de los elegidos. Nuestros oídos, masculinos o femeninos, deben escuchar su voz. Habla en el silencio y la soledad. Buscad rincones donde haya ambas cosas. Cerrad los ojos. Preguntaos si está pronunciando vuestro nombre. Cuando creáis oírlo, no tengáis miedo a decirle que sí, que estáis presentes y decididos a colaborar con Él.

3.- Olvidad por un rato los futuros que habéis imaginado para vosotros, en los que entraban los triunfos deportivos, las ocupaciones de prestigio, o los sueldos elevados. El éxito de los atletas olímpicos, los galardones de los famosos o el dinero de los mejores ejecutivos, se gasta y desaparece. Muchas veces llevan primero al desencanto, después a la desazón, para acabar en situaciones depresivas. Poneos a vosotros mismos ejemplos conocidos que os lo demuestren. Si pertenecéis a algún grupo cristiano, podríais dedicar alguna reunión a hacer una lista entre todos, de estos conceptos, conjuntamente.

Convencidos de que los logros deportivos, los éxitos populares, o las fortunas más grandes, no procuran la felicidad, empezad la lectura de este capítulo décimo. Leedlo entero. No os limitéis al fragmento inicial de este domingo o a otros de posteriores semanas. Y, mis queridas jóvenes lectoras, recordad que, aunque los nombres de los apóstoles sean, en este capítulo, masculinos, en otros lugares aparecerán algunos femeninos, son aquellas que le acompañaban ayudándole. Sin olvidar a María, la de Mágdala, que llegaría a ser apóstol de los mismos apóstoles, aquellos que en este fragmento son los escogidos.