LA IGLESIA: MISTERIO Y MISIÓN

Diez lecciones sobre la eclesiología del Concilio Vaticano II

Por Pedro Rodríguez

Ediciones Cristiandad, Madrid, España

Antes que nada decir que Pedro Rodríguez –querido y respetado amigo mío—es “Escritor Betania del Año”, en su edición de 2002, y ha mantenido durante cerca de dos años, una colaboración suya, muy especial, en nuestra página de Homilías. Y todo ello nos hace ver cualquier obra suya con emoción y afecto. Y, sinceramente, estas no son palabras de obligada cortesía. Son, sencillamente, sinceras. Naturalmente, don Pedro es muchas más cosas y, entre ellas, doctor en Teología y en derecho y profesor emérito de la Universidad de Navarra.

Bien, el volumen que presentamos hoy en la sección de “El Libro de la Semana” –La Iglesia: misterio y misión”—contiene, en su versión completa, las lecciones que impartió don Pedro Rodríguez en el Curso de Actualización Teológica de la Chacra (Bella Vista, Buenos Aires, República Argentina). Y como dice el propio autor en su introducción asistieron un centenar de sacerdotes de diversas diócesis y se produjo en el invierno austral de 2006, en agosto. El curso se producía, además, cuando el fallecimiento de Juan Pablo II estaba todavía muy cercano –hacía algo más de un año –y se había producido por tanto la elección del cardenal Ratzinger como Papa también en tiempo muy reciente. Pero es que además Juan Pablo II y Benedicto XVI -son –lo expresa Pedro Rodríguez-- hombres del concilio Vaticano II por su presencia y participación Karol Wojtyla fue padre conciliar, Joseph Ratzinger, teólogo del Concilio. Y ellos, en diferentes situaciones, vivirían el primer postconcilio en Polonia y en Alemania (años setenta), y en Roma los juntó el Señor en el segundo postconcilio (años setenta-ochenta) como Pontífice, en el caso de Karol Wojtyla, y como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, a Joseph Ratzinger. Y ambos estarán muy presentes en las explicaciones del profesor Rodríguez a lo largo de las diez lecciones. En fin, todo lo anterior esta muy oportunamente condensado en la introducción del volumen que, sin duda, sirve de gran ayuda para la lectura del libro.

Vamos a dar someramente un esquema del libro que, sin duda, ayudará a mejor entender la obra que, tras su lectura por mi parte, considero de gran importancia y enorme transcendencia en la compresión global del Vaticano II y su efecto –por así decirlo—en la Iglesia. La lección introductoria se enmarca en el análisis que va desde la encíclica “Ecclesiam Suam” hasta la constitución conciliar “Lumen Gentium”. La primer parte del volumen contiene la exposición de cuatro lecciones del curso: El misterio del Pueblo de Dios, Communio: hacia una “definición” esencial de la Iglesia. Sacerdocio común de los fieles y sacerdotes. El sucesor de Pedro: el ministerio cetrino en perspectiva ecuménica. Luego la segunda parte reunirá a las lecciones restantes de la quinta a la décima. Y que son: Sacramentun Salutis: la eclesialidad de la salvación. Un pueblo para Dios: Teología del culto cristiano. Los Pastores del Pueblo de Dios: la predicación del Evangelio. El mundo, responsabilidad de los Cristianos. Pastores y laicos en la vida pública: Doctrina Social de la Iglesia. Actitudes humanas ante Cristo. Tiene además un epílogo, titulado, “Hombres y mujeres normales”. Y se añade, asimismo, un Índice de Autores.

Y si decíamos que la introducción era una gran ayuda para adentrarse en la lectura de “La Iglesia: misterio y misión” el epílogo quiere ser –es—el resumen de aplicación, en roman paladino, de lo vertido en todo el curso, aun con concreciones para la vida ordinaria de hombres y mujeres de nuestro tiempo. En fin, la ventaja de este libro es que su texto fue creado para enseñar y, por tanto, todo su contenido es directo y claro. Es posible que ante una obra para, digamos, uso de la ciencia teológica el estilo podría variar. La cuestión, de todos modos, que hay resaltar es la facilidad de lectura de la totalidad de la obra. Creemos que estamos ante un libro de especial utilidad para todos aquellos que quieran conocer mejor la historia y los efectos del bienaventurado Concilio Vaticano II.

 

Ángel Gómez Escorial