1.- A PESAR DE TODO: CONVENCER Y NO IMPONER

Nadie puede dudar que se están produciendo muchos ataques –de diverso calado—contra la Iglesia católica en los medios de comunicación y en ciertas zonas de la sociedad española. También, se han politizado en exceso los puntos de vista sobre algunas posiciones de la Iglesia, las cuales no son otras que las siempre expresadas siempre por el Magisterio y la doctrina, sin que antes se le diera esa derivación política “ofensiva”. Ante ello, comienzan a salir una buena cantidad de respuestas airadas de prelados, sacerdote y fieles que, con razón en su principio, no parecen muy de acuerdo con esa idea de que es mejor convencer que imponer.

NI ENEMIGOS, NI ADVERSARIOS

Elegir y dictaminar que alguien es ya nuestro enemigo es dar profundidad a la polémica. No se dice aquí que se aguanten los errores y las calumnias y que no se respondan a ellas. No es eso. Pero nunca se debe olvidar que, tal vez, alguno de los que atacan, convencido, un día, pueda alinearse con la generalidad de las ideas católicas. Ante la frase de “tú eres tal”, la respuesta del “y tu más”, no es muy católica. Se da, pues, a los adversarios como materia perdida y ni siquiera se abre una vía para el perdón y la reconciliación. La idea de Jesús de “poner la otra mejilla” no reina en exceso, aunque hay que admitir que ciertas instancias gubernamentales y políticas mantienen sistemáticas campañas de hostilidad manifiesta contra la Iglesia española.

A veces, de todos modos, la delicadeza, la concreción, cargarse de razones, polemizar con sencillez puede sorprender mucho al adversario. Lo contrario le anima a seguir con la batalla. Y esa suavidad y objetividad de trato no puede dejar fuera la posibilidad de convencer, aunque, de momento, parezca una misión imposible.

CAPAS SEPARADAS

Es obvio, por otro lado, que muchas capas de la sociedad española están muy separadas de la realidad precisa de lo que es la Iglesia Católica. Incluso, en el sector más joven se experimentó un desconocimiento de la historia y de la doctrina del cristianismo que se acerca ya a lo que llamaríamos carencias de cultura general. El viejo acerbo de conocimiento de cuestiones y datos cristianos –incluso entre los “contrarios”—se ha perdido. Sin duda, esos jóvenes sufren una paganización evidente y un alejamiento que estremece a cualquier católico.

También es más que obvio que la mies es mucha y los operarios son pocos. Pero si algunos de esos operarios están tan enfadados con una parte –muy difícil, desde luego—de esa mies, difícilmente acudirá a atenderlos, a no ser que se rindan sin condiciones y acudan a la vera de los enfadados, de rodillas y cantando una canción penitencial.

SITUACIÓN ACTUAL

Es bueno reflexionar sobre la situación actual de la Iglesia en España. Las encuestas arrojan un distanciamiento cualitativo y cuantitativo que, por lógica, no sólo se produce por los ataques exteriores. Alguna culpa vendrá desde dentro. Es posible que en la Iglesia católica se este produciendo una dicotomía entre el éxito –sin duda relativamente pequeño—de algunos movimientos y agrupaciones de fieles y el fracaso de la vida parroquial. Y es posible, por ello, que algunos prelados se aferren a esos éxitos minoritarios y no contemplen los alejamientos que vienen de la parte más importante. La re-evangelización de la que hablaba el siempre querido y recordado Juan Pablo II no era cuestión dirigida al mundo de las misiones de alejados, países y personas; si no más bien referido al cogollo de lo que hasta hace poco eran zonas de fieles.

El resumen no puede ser otro que el siguiente: ninguna actitud del cristiano debe olvidar lo esencial de su fe. Y sobre esta base, habrá –sin duda—que defenderse pero más desde el convencimiento que la bronca o la imposición.

 

2.- GAYMONIO, LA FUERZA DE LA RAZÓN

Según publicaba el “El País”, en un diccionario de terminología gay que acaba de publicarse con, al parecer, un cierto éxito, la palabra gaymonio es utilizada por el colectivo gay para llamar a los matrimonios homosexuales y así no confundirse con los matrimonios de heterosexuales. Como se sabe, existió la opinión entre los católicos de no llamar igual a las uniones civiles entre homosexuales y heterosexuales. En un artículo memorable que el sacerdote Vicente Sánchez Gómez publicó en Betania, mucho antes de que se conociera tal terminología, propuso la palabra gaymonio como alternativa.

El Gobierno no aceptó tal cosa por suponer que era una merma de derechos de los homosexuales. Hoy, parece, se ha impuesto la fuerza de la razón, pues, lógicamente, en el lenguaje corriente habrá tendencia a diferenciar a las dos uniones. E, incluso, puede que dentro de ese colectivo gay el termino matrimonio parezca muy tradicional, muy antiguo, y gaymonio más moderno o preciso. Y así diferenciar los dos tipos de uniones.