V Domingo de Pascua
20 de abril de 2008

MONICIÓN DE ENTRADA

Os deseamos la más cordial bienvenida a la asamblea de hermanos que se aman que es la Eucaristía. Y aunque algunos de los presentes no nos conozcamos, el amor de Jesús, que rebosa en esta celebración, nos hace amarnos, aun sin conocernos. A este domingo quinto del Tiempo Pascual se la ha llamado el de los ministerios, porque se nos narra como la Iglesia comienza a crecer y necesita más servidores, más hermanos dedicados especialmente al servicio de los más débiles. Y, en fin, como ya os decíamos el domingo pasado seguimos avanzando hacia las grandes conmemoraciones de la Ascensión y de Pentecostés. Iniciemos, pues, nuestra Eucaristía con alegría y entusiasmo.


MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- En la primera lectura, tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles, se suscita el primer problema "administrativo" en la Iglesia. El número de fieles aumentaba y los Apóstoles tenían la necesidad de emplearse a fondo en la transmisión de la Palabra de Dios. Y así se decide nombrar siete diáconos para atender al servicio de los fieles. Aparece el diaconado, pues, en la historia de la Iglesia. De ellos, Esteban se convertiría en el primer mártir de la Iglesia y Felipe predicaría con la misma intensidad que los Apóstoles.

S.- El salmo 32 es extenso y la liturgia ha tomado unos cuantos versos para la proclamación. El versículo responsarial está tomado del final, del último verso. Y el primero que cantaremos es tambien el primero del salmo. La elección es adecuada y refleja la esencia de este salmo considerado por los judíos contemporáneos de Jesús como un himno dirigido al Dios poderoso y providente. Y, en efecto, es una oración dirigida a Dios que vela por nosotros y que como respuesta –utilizando el salmo—reflejamos nuestro deseo ardiente de amar a Dios y de que todos nosotros –todos los hermanos y hermanas—le amen por encima de todo.

2.- La segunda lectura se hace continuando el relato de la Primera Carta del Apóstol San Pedro que leemos en estos domingos de Pascua. Y la epístola del Primer Papa de la Iglesia de Cristo consagra la condición sacerdotal de todo el pueblo elegido de Dios. Pocos textos de la Sagrada Escritura condensan tan bien esa condición del sacerdocio compartido por todos los bautizados.

3.- El Evangelio de San Juan que leemos hoy establece la identidad trinitaria entre el Padre y el Hijo, cuando Felipe, el Apóstol, pregunta a Jesús que le muestre al Padre la respuesta es inequívoca: quien ha visto a Jesús a visto al Padre. Además de la respuesta a Tomás, Jesús, mostrará el camino nuevo para todos los hombres y mujeres también de manera muy concreta. Porque Él es el Camino, y la Verdad, y la Vida.


Lectura de Postcomunión


MONICIÓN

Este precioso poema, auténtica plegaria que narra el amor que el Señor Jesús nos tiene, la compuso el genio de la literatura española del Siglo de Oro, Lope de Vega. Nos ha parecido muy indicada para estos momentos de paz y de quietud.

¿QUÉ TENGO YO, QUE MI AMISTAD PROCURAS?

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?

¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,

que a mi puerta, cubierto de rocío,

pasas las noches del invierno oscuras?

 

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,

pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,

si de mi ingratitud el hielo frío

secó las llagas de tus plantas puras!

 

¡Cuántas veces el ángel me decía:

«Alma, asómate ahora a la ventana,

verás con cuánto amor llamar porfía»!

 

¡Y cuántas, hermosura soberana,

«Mañana le abriremos», respondía,

para lo mismo responder mañana!


Exhortación de Despedida.

Jesús nos ha mostrado hoy que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Es una enseñanza importante, que da profundidad a nuestra existencia. Salgamos alegres del Templo porque sabemos que Jesús nos acompaña en nuestro camino, sea fácil o difícil.