V Domingo de Pascua
20 de abril de 2008

La homilía de Betania


1.- OÍMOS Y VEMOS A DIOS

Por José María Maruri, SJ

2.- CREED EN LAS OBRAS

Por Gabriel González del Estal

3.- ESE PUNTO DE APOYO

Por Gustavo Vélez, mxy

4.- TODO CAMINO HUMANO PUEDE SER DIVINO

Por Antonio García-Moreno

5.- ¡NI CAMINO, NI VERDAD, NI VIDA! LO NUESTRO… CLARO

Por Javier Leoz

6.- SEGUIR EL CAMINO ADECUADO

Por José María Martín OSA

7.- ¿SEGUIMOS SIN CREER A JESÚS?

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILIA MAS JOVEN


CORAZÓN ABIERTO Y ESPERANZA

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- OIMOS Y VEMOS A DIOS

Por José María Maruri, SJ

1.- “El que me ve a Mí, ve al Padre…” Esta frase da vértigo, mirando a ese Jesús, carne de nuestra carne y hueso de nuestros huesos, vemos a nuestro Padre Dios. Estábamos acostumbrados a pensar que el que oye al Señor Jesús oye a Dios, pero ahora nos dice más, que en Él vemos al Padre Dios…Oímos y vemos…

El Señor, que hace pocos domingos nos decía que Él era la puerta, en realidad debió decirnos que era la ventana, el mirador levantado sobre el acantilado, por el que más que ver, volamos sobre el inmenso mar de la divinidad, como quien nos arrastra a contemplar desde el faro costero el mar que no tiene fin.

El Padre que ya era objeto de nuestros oídos por la palabra de Jesús, se hace objeto de nuestros ojos en ese mismo Jesús esplendor de Dios, esa belleza que canta San Juan de la Cruz

Mil gracias derramando,

pasó por estos setos con presura

y yéndolos mirando

con sola su figura

vestidos los dejó de su hermosura.

2.- La imagen de Dios, el rostro de Dios a través de siglos había sido deformado por los hombres que lo representaban con rostro sangriento, deseoso de víctimas inocentes. Dios terrible y vengativo, Dios violento que reina en el terremoto y en el trueno, que antepone la justicia a la bondad y a la misericordia.

Y el buen Padre Dios quiso manifestar sensiblemente su verdadero rostro a los hombres para que a través de lo visible llegáramos al amor de lo invisible. “El que me ve a Mí, ve al Padre.

Y ahí tenemos a un Jesús que mira con compasión a la adúltera, que acoge con cariño a los pecadores, que abraza y bendice a los niños, que mira con amor al joven rico, que llena de lágrimas sus ojos por el amigo Lázaro arrebatado por la muerte. Ojos de Jesús que sólo se llenan de ira mirando a los hipócritas.

Y en ese rostro de Jesús reconocemos el verdadero rostro del Padre Dios y por eso nos dice Jesús que Él es la Verdad, es la verdad del rostro de su Padre, nos muestra el verdadero rostro de Padre y nuestro Padre.

3.- ¿Sabéis cuál es la luz, el resplandor de la Verdad? ¿Lo bello, lo hermoso? Y en nuestros tiempos porque no sabemos gozar de lo bello, hemos perdido el norte de lo que es la verdad y nuestra brújula anda mareada entre la verdad y la mentira.

Hemos prostituido lo bello, como hemos prostituido el amor. Lo chabacano, lo vulgar, la carnaza insolente y pintarrajeada para disimular las arrugas del tiempo. Y con eso hemos vuelto a embadurnar el rostro de ese Dios que nos miraba desde la grandeza del mar, la pureza del cielo, la blancura de la nieve, la frescura del arroyo, la delicadeza de la flor del campo, los ojos inocentes de los niños, el rostro afable de los ancianos.

4.- Hoy más que nunca tenemos que volver los ojos a ese Jesús que es el rostro bello, sonriente y cariñoso de nuestro Padre Dios. Como han hecho los santos en los momentos de mayor corrupción de de la historia, como lo hizo el enamorado de Cristo, San Francisco de Asís, o Santa Teresa que no encontró el camino a Dios hasta que se encontró con la Humanidad del Señor Jesús. Como nos enseña Ignacio de Loyola que nos lleva a la contemplación de Dios en todas las cosas a través de las contemplaciones de la vida del Señor Jesús en la tierra.

Volvamos a Jesús, verdadero rostro del Padre Dios, y volveremos a gozar de la verdadera belleza de las cosas y de los hombres.


2.- CREED EN LAS OBRAS

Por Gabriel González del Estal

1.- Cristo les dice a sus discípulos que el Padre permanece en él y que su Padre, Dios, es el que realmente actúa en él. Es este un buen motivo de reflexión para nosotros, los cristianos, que nos decimos ser imitadores y discípulos de Cristo. ¿Realmente nuestras obras son obras de Dios? Es decir, ¿actuamos siempre movidos y dirigidos por el Espíritu de Dios? ¿O dejamos que sea nuestro egoísmo, nuestra vanidad o nuestros deseos materiales y mundanos los que dirijan y encaucen nuestras acciones? ¿Nos atreveríamos a decir nosotros a los que nos preguntan por el Dios en el que decimos creer que miren nuestras obras y así descubrirán al verdadero Dios, es decir, al Dios que se manifestó en Cristo Jesús? Es triste, pero es cierto que uno de los mayores reproches que nos hacen actualmente a los cristianos es que nuestra manera de actuar se parece muy poco a la manera de actuar de Jesús de Nazaret. Nuestras obras, nos dicen, son muy distintas y, a veces, hasta antagónicas, a las obras que hizo Jesús de Nazaret. Él predicó pobreza y fue pobre, humildad y fue humilde, espíritu de servicio y no quiso ser rey, ni buscó los primeros puestos, sino que prefirió vivir sirviendo a los demás, predicó paz y actuó con la mansedumbre de un cordero, predicó amor y comprensión y vivió amando y hasta se dejó matar perdonando a sus enemigos. ¿Esta imagen que ven en nosotros los no cristianos se parece en algo a la imagen que ellos dicen ver en Jesús de Nazaret? ¿Por qué las obras de los cristianos de hoy, sobre todo las obras más públicas y solemnes, no invitan a los que nos miran a creer en el Dios que se encarnó en Jesús de Nazaret? ¿Nuestras obras parecen realmente obras de Dios? Porque de una cosa podemos estar seguros: de que si los que nos juzgan no pueden creernos por nuestras obras, mucho menos nos van a creer por nuestras palabras.

2.- Crecía mucho el número de los discípulos. El relato que hace aquí Lucas de la primera comunidad cristiana (Hechos, 6, 1-7) es menos idílico y más realista que el que nos hizo en los capítulos 2 y 4. Porque, aun aceptando que “todos los cristianos tenían una sola alma y un solo corazón y que nadie pasaba necesidad”, comprobamos ahora que sí tuvieron sus problemas y sus dificultades para llevar adelante su santo propósito. Pero lo maravilloso de este relato es que nos demuestra que los primeros cristianos supieron resolver sus problemas con auténtico espíritu cristiano. Lucas nos dice que se reunieron todos en oración y dentro de un clima de amor y fraternidad decidieron lo que el Espíritu les dijo que era mejor para todos. “La propuesta les pareció bien a todos” y el problema de la desigual distribución de los bienes comunes quedó resuelto de una vez para siempre. Por eso tuvo que ser creo yo por lo que crecía mucho el número de discípulos, porque las obras de los primeros cristianos sí les parecían a los no cristianos obras de Dios.

3. - También vosotros entráis en la construcción del templo del Espíritu. San Pedro habla aquí a cristianos que han creído en la resurrección de Jesús y les aplica a ellos las mismas palabras que en el Antiguo Testamento se aplican al pueblo de Israel. Realmente, les dice, vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios. Los que están unidos a Cristo forman parte del cuerpo místico de Cristo, son piedras vivas del templo del que Cristo es la piedra angular. Esto debe animarnos a nosotros, a los cristianos de todos los tiempos, a vivir nuestra fe dentro de una comunidad cristiana, de una Iglesia, gobernada y dirigida por el Espíritu de Cristo.

4. - Yo soy el camino, la verdad y la vida... para ir al Padre. Es la persona misma de Cristo la que nos lleva al Padre; si vivimos en comunión con él, donde él esté estaremos también nosotros. No nos llevan al Padre nuestras creencias, ni nuestra sabiduría, ni nuestros rezos, ni siquiera nuestras buenas obras por sí mismas; al Padre sólo nos puede llevar Cristo, si vivimos en comunión con él. Naturalmente que nuestra comunión con Cristo se manifestará necesariamente en obras de misericordia y de justicia, en una fe, en una esperanza y en un amor a Dios y al prójimo, inquebrantables. Pero será siempre el mismo Cristo el que nos lleve al Padre, nosotros solos no podríamos nunca conseguirlo; por eso debemos vivir con alegría, sin perder la calma, porque Cristo no nos va a fallar nunca y mientras creamos en él y vivamos en comunión con él, viviremos también en comunión con el Padre.


3.- ESE PUNTO DE APOYO

Por Gustavo Vélez, mxy

“Dijo Jesús: No se inquiete vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí. Yo soy el camino, la verdad y la vida”. San Juan, Cáp. 14.

1.- Sería muy peligroso mantener quieto el corazón, como dice Jesús. Aunque la ciencia de ese entonces ignoraba la diástole y la sístole. Pero entendemos que el Maestro habla en un sentido figurado, cuando consuela a sus angustiados discípulos, la víspera de su muerte, invitándolos a apoyarse en la fe. Fe en el Señor, aquella que como hijos de Abraham, profesaban. Y fe en él, que muchas veces se les había mostrado como el Hijo de Dios.

Este apoyarse en alguien fue un elemento esencial del judaísmo. Para un pueblo sojuzgado en Egipto, peregrino por el desierto, desterrado, pobre, y en muchas ocasiones huérfano de profetas, creer era poner su toda su confianza en Yahvé. Y tal actitud perseverante los sacó adelante. Por esto los rabinos insistían en la sinagoga: Recordemos las maravillas que el Señor ha hecho a favor nuestro.

2.- Podemos preguntarnos si la angustia que hoy a tantos y tantas aflige, no nacerá de una cruel soledad interior. Arquímedes de Siracusa afirmó un día: “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”. “Todo lo puedo en aquel que me conforta”, escribía san Pablo. El progreso, la tecnología, las comodidades no han podido vencer esa sensación de desamparo que padecen, aun muchos cristianos practicantes. Con la fatal consecuencia de una psicología averiada definitivamente.

Unos dirán que están pagando un karma. Otros, que alguien les ha hecho un maleficio. Otros, que la sociedad todo lo corrompe. Otros se creerán víctimas sobre las cuales un dios extraño descarga sus furores. De otro lado, una religión mal enseñada agrega no pocos elementos negativos a tal situación. Añade a esta vida tan ardua, el miedo a un Dios contabilista que exigirá cuentas “aún de los pecados ignorados”. ¿Tenía entonces razón quien definió esta tierra como un valle de lágrimas?

3.- Pero el proyecto de Jesús no ha fracasado. Y quienes, entre tantos dolores y tragedias, procuramos llevar una vida serena no conformamos una oligarquía de creyentes. Sólo que día y noche nos apoyamos en Cristo Jesús, quien nos ha dicho: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

Lo dicen los psicólogos: Todos necesitamos un soporte en medio de tantas tempestades. Añaden los maestros de Espíritu: Jesucristo es la piedra angular. La que nos brinda seguridad y equilibrio. No es lo mismo padecer cuando sabemos que hay Alguien con nosotros. Que ese Alguien nos ama y es todopoderoso. Así entendemos, poco a poco, que el mal es relativo y pasajero. Que esta vida es ensayo y preludio de otra definitiva y mejor. De lo contrario la actitud más lógica, frente a los problemas, será el odio, la rebeldía contra el propio destino, la droga o el suicidio.

3.- San Ignacio de Loyola, mortal y sufriente, como todos nosotros, nos presenta su esfuerzo por apoyarse en Dios, en una súplica de hondo sentir: “Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis, a vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro, disponed según vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que ésta me basta”.


4.- TODO CAMINO HUMANO PUEDE SER DIVINO

Por Antonio García-Moreno

1.- Discordia. La liturgia de Pascua sigue poniendo ante nuestra consideración textos del libro de los Hechos de los Apóstoles, retazos de la vida de los primeros cristianos. Ya hemos visto cómo vivían todos unidos con un solo corazón y con una sola alma, cómo se ayudaban los unos a los otros en todo lo que podían, moral y materialmente.

Sin embargo, hoy vemos que ya entonces hubo dificultades en la convivencia, roces entre unos y otros, opiniones encontradas. Entonces eran los cristianos de lengua griega contra los cristianos de lengua hebrea. No están conformes con su actuación y protestan, llegando a decir que es injusta, poco imparcial.

Los Apóstoles serán los encargados de dirimir la cuestión, serán los árbitros y jueces cuya decisión se aceptará incondicionalmente. Y como entonces, también luego, muchas veces a lo largo de los siglos, serán los sucesores de los Apóstoles, con el Papa a la cabeza, los que solucionen las cuestiones debatidas, los que digan la última palabra. A nosotros sólo nos queda aceptar con espíritu de fe lo que sea, estemos o no de acuerdo.

Ante las quejas por la imparcialidad en la atención a las viudas necesitadas, los Apóstoles responden: "No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para dedicarnos a la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la Palabra" (Hch 6, 2-4).

Era lo propio de ellos, rezar y predicar. Lo otro, el atender a los pobres, con ser una cosa muy buena e imprescindible, no era propiamente lo suyo. Ellos habían de tener tiempo para la oración y para proclamar el mensaje de Cristo. Por eso deciden que propongan a siete hombres de buen espíritu y de buena formación, para que atiendan al servicio de beneficencia.

Son los primeros diáconos. Es digno de notar cómo son los Apóstoles los que les imponen las manos, consagrándolos para la misión que se les encomienda. El pueblo fiel sólo los propone, y eso porque los Apóstoles así lo determinan. Es un detalle más de la condición jerárquica, no democrática, de la Iglesia. Cristo mismo lo quiso así, y por mucho que soplen los aires de una fácil demagogia, la Iglesia no podrá cambiar sus estructuras, las que el Señor instituyó.

2.- Jesús es el camino. Son muchas las ocasiones en que Jesucristo anima a los suyos, exhortándolos a que no tengan miedo, a que no pierdan la calma. En otras ocasiones les echa en cara su falta de fe, su actitud apocada o temerosa. Para un hombre que cree en el poder y el amor de Dios, no es concebible el miedo y la angustia. En esta ocasión que consideramos, las palabras de Jesús fueron pronunciadas en la última Cena, en la víspera de su pasión y muerte. Por eso tienen un mayor significado y valor.

Hay muchas moradas en la mansión del Padre, les dice, hay sitio para todos. Algunos han interpretado estas palabras como reconocimiento de que hay múltiples formas de caminar hacia Dios, y que pueden ser divinos todos los caminos de la tierra. Desde luego, es cierto que Dios, al querer libre al hombre, permite muchas maneras de amarle y de servirle. Esto nos ha de animar a caminar por nuestro propio sendero, con alegría y con decisión, conscientes de que si lo recorremos con la mirada puesta en Dios, amándole con toda el alma, nuestro camino, sea el que sea, nos llevará hasta la meta ansiada, hasta la salvación eterna de nuestra alma.

Todo camino humano, por tanto, puede ser divino. Para ello es preciso recorrerlo, decíamos, con la mirada puesta en Dios, queriéndole sobre todas las cosas. Jesús nos lo especifica y aclara todavía más, nos señala sin titubeos el camino, diciéndonos que él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida. Por eso es necesario que todos los caminos humanos, para ser divinos, han de pasar de una forma u otra por Cristo mismo. Es decir, en nuestro caminar de cada día hemos de procurar imitar a Cristo, ser fieles a su doctrina de paz y de gozo, de esfuerzo y de lucha.

De aquí la importancia de contemplar con frecuencia la vida de Cristo, de escuchar y de meditar sus palabras, de tratarle en la oración, de recibirle en nuestra alma en la Sagrada Comunión, limpios y fortalecidos con la recepción frecuente del sacramento de la Penitencia. Hay que vivir con el afán constante de no apartarnos nunca de Cristo y de estar pendiente de él, hagamos lo que hagamos. De ese modo nos iremos pareciendo más y más a Jesús, llegaremos a identificarnos con el, hasta el extremo de que su camino sea nuestro propio camino.


5.- ¡NI CAMINO, NI VERDAD, NI VIDA! LO NUESTRO… CLARO

Por Javier Leoz

1.- Si, amigos, el ritmo que llevamos tiene de todo, menos vida; las palabras que escuchamos contienen cualquier cosa menos una íntegra verdad y…los senderos por los que decimos alcanzar la felicidad, lejos de ser vías que nos lleven a ella, nos conducen hacia el objetivo contrario o a una ansiedad permanente.

Los griegos, y también los romanos, acudían a las plazas para escuchar de los eruditos y filósofos grandes disertaciones sobre la verdad. Y, cada uno, a la verdad le daba su propio color. También, Jesús, en su vida pública ha salido a los caminos y a las plazas de la humanidad, no para disertar sobre la verdad sino para decirnos que El es la verdad, el camino y la vida. No es un camino… ¡El es el Camino!

¿Dónde el camino? ¿Cuándo la verdad? ¿Y la vida? Estos tres interrogantes tienen una respuesta: Jesús. Aquello del Jubileo del Año 2000 sigue teniendo total vigencia y recobra actualidad en este domingo V de la Pascua: ¡Cristo ayer, hoy y siempre!

Jesús, cuando se convierte en el centro de la existencia de sus amigos, muda en un auténtico vergel su vivir. ¿Qué existen contradicciones, discusiones, diferencias? Pues bien; cuando nacen del deseo de avanzar y de hacer más auténtica nuestra fe, son legítimas y hasta comprensibles. Pero cuando son fruto del simple personalismo, de un querer vivir una fe a la carta o de un modo totalmente descafeinado, esas discrepancias son demoledoras para una vivencia cristiana y para una cohesión de todos los cristianos.

Jesús, aun en las diferentes maneras de vivir, se inserta como uno más. Sabe de antemano que somos de barro; que puede mucho en nosotros el afán de notoriedad, la debilidad o que, el cansancio, surge por los cuatro costados de la vivienda de nuestro ser cristiano cuando, El, no es el fuerte de nuestra película.

Precisamente por eso, porque está al tanto, sigue desvelándose por nosotros: en la Eucaristía, como pan de vida; en la Palabra, como voz que ilumina, dirige, orienta y fortalece; en la oración, como amistad o vitalidad que garantiza su presencia hasta el fin de los tiempos. Es en Jesús en donde encontramos el rostro auténtico del Padre. ¿Tan ciegos estamos? ¿Tan obsesionado está el mundo que, encerrado en sí mismo, ha dejado como imposible el luchar y el alcanzar no “su verdad” sino la Verdad, no “su camino”, sino El Camino, y no “su vida” cuanto la Vida Auténtica.

2.- A punto de asomarnos a la solemnidad de la Ascensión, no podemos consentir que el Señor se nos vaya sin haber descubierto los rasgos de un Dios que ha hablado por El y en El, que ha bendecido por Jesús, que ha curado por Jesús y que ha traído su Reino a la tierra por Cristo y con Cristo. Sólo así, cuando vivimos a Jesús como la presencia viva, humana, divina y real de Dios, es cuando podemos transformarnos; cuando podemos sentir a Dios no como a un personaje lejano, sino cercano a nosotros, encarnado y comprometido con la causa del hombre.

¿Que nuestra vida no es vida? ¿Qué la verdad está amañada y empañada por muchos intereses? ¿Qué mil caminos se cruzan delante de nosotros y son rutas que no van ni dan a ninguna parte? ¡Agarrémonos a Jesús!

Que nuestra vida, sea la de Cristo: optar por El conlleva seguir las numerosas pistas que El nos dejó para descubrir la voluntad de Dios

Que nuestra verdad, sea la Verdad de Cristo: no podemos servir a dos señores, no podemos encubrir nuestras mediocridades con las verdades a medias

Que nuestros caminos, sean construidos y allanados por la mano de Jesús. ¿Por qué será que, sabiendo lo que nos conviene y lo que nos degrada, nos lanzamos como locos por autopistas en las que corremos demasiado, pero en las que disfrutamos poco o casi nada?

4.- Si Jesús está en el Padre, nosotros no podemos estar permanentemente en las nubes. Si Jesús nos descubre a Dios, no podemos seguir mirando hacia otro lado. ¿Y todavía decimos que no conocemos a Jesús?

Cambiemos el “chip”, la forma de pensar (para andar en la verdad), la velocidad en nuestro caminar (para descubrir el camino que mejor nos encaja) y la forma de vivir (para intentar hacerlo con bríos renovados).

¡Feliz camino! ¡Feliz verdad! ¡Feliz vida!...con Jesús, claro¡¡

¡5.- TE QUIERO, PORQUE ME HACES FALTA!

 

Sí, Jesús;

Hace mucho tiempo que me abandoné y hasta me perdí

por caminos aparentemente llanos,

y, al recorrerlos, me di cuenta

que eran inciertos, inseguros y con final oscuro.

Miré, y comprobé que caminabas a mi lado.

 

¡Gracias, Señor!

Un buen día, comencé a creerme

lo que, a mí mismo, me decía,

olvidé tus Palabras, dejé de escucharlas.

Me interesaban aquellas otras rojas y blancas

verdes y amarillas que se sostenían

en el altavoz del escaparate del engaño.

Afiné mi oído, Señor, y quedé desnudo

ante la VERDAD de tu persona.

Eres amor que no engaña

Eres amigo que no falla.

Miré, y comprobé, que mi vida era una gran mentira

 

No sé cómo ni cuando,

pero una tarde pensé en la vida y en la muerte,

reflexioné sobre la muerte y la vida,

y, al mirarme a mí mismo,

comencé a sentir llagas de preocupación

heridas de sufrimiento

cicatrices de dolores y de debilidad.

Levanté mis ojos a tu cruz, Señor,

y me quedé asombrado de la VIDA de tu VIDA

de la fuerza de tu VIDA

del amor de tu VIDA.

 

Por eso, Señor, no puedo menos en este día

que decirte y pregonar a los cuatro vientos:

TÚ, SI QUE ERES CAMINO, VERDAD Y VIDA.

Y, ¿sabes, Señor?

En mi camino, mi verdad y mi vida,

siempre me haces falta.

Amén


6.- SEGUIR EL CAMINO ADECUADO

Por José María Martín OSA

1.- Búsqueda. Los seres humanos siempre estamos siempre en la búsqueda de tres cosas básicas para ser feliz: el camino, la verdad y la vida. Esto está todo incluido en una sola Persona: se llama Jesucristo. El lo declaró en Juan 14:6, pero el hombre no lo entiende, parece como si no lo hubiera escuchado, pues debiera ser para él gozo y regocijo escuchar estas palabras del Aquel que ha vencido a la muerte y nos da nueva vida.

2- La respuesta. Gran parte de la humanidad está buscando una vía donde se puedan sentirse satisfecho y feliz. Lo busca en la filosofía, fiesta, libros, diversiones, religiones, etc., pero no lo encuentra. A eso vino precisamente el Señor: a darle a la humanidad la respuesta: “Yo soy el Camino”, dice Jesús. Parece muy sencillo para algo tan complicado según el hombre, pero es así: Jesucristo Es y no hay que ir a ningún otro lado donde el hombre pueda encontrar la paz. Entonces, si eso es cierto, ¿cómo es que está extraviado? La respuesta está en que no han escuchado porque se requiere un oído espiritual, que se obtiene a través de la fe en Jesucristo. En nuestra vida nos encontramos con muchos caminos. Unos se empeñan en caminar por tierras pantanosas. Aunque sea en pleno día y con la mejor luz del sol, se hace muy difícil avanzar, casi imposible. Si no hay suelo firme, te hundes y tus fuerzas se vienen abajo. Por el contrario, al que camina por senda firme, con buen cemento, aunque parezca que es de noche le será fácil caminar. Jesús nos dice hoy cuál es el camino verdadero: El mismo es "el camino, la verdad y la vida". El nos conduce al Padre, porque quien le ha visto a El ha visto al Padre, responde a Felipe. Aquí culmina el evangelista Juan toda su "catequesis sobre el camino". Jesús es el agua viva (diálogo con la samaritana), es la luz (curación del ciego de nacimiento), es el pan de vida (multiplicación de los panes y los peces), es la puerta, es el Buen Pastor..... Hoy nos damos cuenta de qué quería decirnos. Sólo con El, en El, por El se puede conseguir la vida que todos buscamos. Es preciso solamente dejarse guiar y seguirle.

3.- Verdad y vida. Cada persona razona con unas bases que llevan a diferentes verdades, guerras y religiones. ¡Encuentre hoy la verdad!, es el mensaje publicitario. La verdad no es una ciencia, no es una religión, no es una filosofía, ni una información, la verdad es el Ser más maravilloso que existe: La verdad es Jesucristo. “El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá ( Juan 11,25). La vida en Jesucristo es una vida que trasciende a la lógica humana, ya que aunque haya muerto, vive. Jesucristo no es una forma de vida, El es la Vida. Esto es lo busca el hombre, pero por el camino equivocado, la vida no está en la satisfacción del corazón de tener una buena casa, un vehículo ultimo modelo o en viajar a diferente parte del mundo y aunque esto no tiene nada de malo, si ha obtenido todo esto, habrá notado que su corazón no está satisfecho, porque no tiene la Vida, que es Jesucristo.

4.- Resolución de conflictos. Los Doce, según narra el libro de los Hechos, convocaron al grupo de los discípulos y les comunicaron su decisión: que escogiesen a "siete hombres de buena fama y llenos de espíritu de sabiduría", para asumir la misión de atender a los necesitados. Surge así el ministerio del diaconado, cuya misión, como indica su etimología, es "servir". El "diakono" es un servidor de la comunidad. Hoy se ha mantenido como uno de los tres ministerios ordenados, pero ha cambiado su función: ahora sirven a la palabra, celebran el sacramento del bautismo y el matrimonio. Desde el Concilio Vaticano II se impulsó la ordenación de diáconos permanentes casados. Es una pena que no se haya extendido adecuadamente la posibilidad de servir al pueblo de Dios desde este ministerio. También sorprende el modo en que son designados los primeros diáconos, pues son elegidos por los propios discípulos, es decir por la comunidad. San Agustín, cuya conversión celebramos precisamente el 24 de abril nos cuenta cómo fue precisamente la comunidad de Hipona quien le presentó al obispo Valerio como sacerdote y después, a la muerte del obispo, fue aclamado popularmente para asumir la sede de la capital norteafricana. Hace falta imaginación, confianza en Dios y buena voluntad para resolver los conflictos. Así lo hizo la Iglesia a lo largo de la historia. Seguro que no perderá el tren para adaptarse a los "nuevos tiempos", sin perder la esencia de la fe.


7.- ¿SEGUIMOS SIN CREER A JESÚS?

Por Ángel Gómez Escorial

1.- El Evangelio de San Juan que se ha proclamado hoy es como una declaración fuerte y precisa del Salvador. Proclama su divinidad: "Quien me ha visto a mí ha visto al Padre"; se ofrece de guía para nuestra vida: "Yo soy el camino y la verdad y la vida". Nos espera junto al Padre y es mediador para el género humano. Las moradas del Cielo están acondicionadas por el mismo Jesús. Y nuestra felicidad futura será inefable porque la ha preparado la Segunda Persona de la Trinidad. Pero se nos olvida y nos enredamos y perdemos nuestro tiempo y multitud de venalidades o de perversos procederes. Estamos, pues, como los fariseos de tiempos de Cristo, preguntando lo que ya sabemos porque Jesús nos lo ha referido.

Es muy útil que la liturgia de este tiempo pascual, preparatorio del Pentecostés, para cuando el Señor nos envíe el Espíritu, marque perfectamente el perfil de las cosas que debemos saber. El Evangelio de Juan escrito ya cuando las primeras herejías habían hecho mella en alguna comunidad cristiana tiene que afirmar inequívocamente circunstancias que los otros evangelistas al darlas por sabidas e incuestionables no enfatizaban tanto. A la postre, el hombre histórico --de todas las épocas-- con muy poca fe en Dios y con ínfimo aprecio a la condición humana, discute siglo tras siglo la doble naturaleza de Cristo. El Señor Jesús es Dios y Hombre Verdadero. Resucitó al tercer día y está en cuerpo glorioso, sentado junto al Padre, como le vio el primer mártir, Esteban. Y es esto lo que no se admite, para aceptar otras cosas que, también, desde un punto de vista racionalista y "natural" son muy difíciles de admitir. Pero se tenderá a hacer --por soberbia disfrazada de perspicacia inteligente-- una religión a la medida. Jesús, una vez más dice la verdad, pero nadie le cree...

2.- Muchos, en la historia, ya desde los fariseos han “perseguido” a Jesús por no desvelar su verdadera naturaleza, su condición de Mesías. El siempre habló con claridad, pero esos muchos jamás le han creido. ¿No nos pasará lo mismo a nosotros? ¿No seguiremos dando vueltas a un asunto que no tiene vuelta de hoja? ¿No hizo lo mismo el Apóstol Felipe?, lo que provocó la respuesta precisa de Jesús:

--¿Hace tanto --dice el Señor-- que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe?

Llevamos ya mucho tiempo a su lado y parece que no lo conocemos. Va añadir el Maestro: "Quien me ha visto a mí ha visto al Padre". Pero hay muchos cristianos fuera de la Iglesia Católica que no aceptan la divinidad de Jesús y formulan varios supuestos insólitos que limitan el poder y la libertad de Dios.

3.- La lectura continuada de los Hechos de los Apóstoles nos presenta episodios de esos primeros años de la vida de la Iglesia. En fin, que los fieles han crecido en numero y es necesario que los Apóstoles se encarguen de la transmisión de la Palabra. La atención a los fieles más débiles debe ser ejercida por otros. Y así se designan siete diáconos. El diaconado aparece ya y continuará hasta nuestros días en los que se reverdece la opción de los diáconos permanentes. Y esa siembra fue prodigiosa. De ella, saldrá el primer mártir de la Iglesia, Esteban, apedreado y muerto por su fe, por su bondad y su belleza espiritual. También "nacerá" un predicador que emulará a los Apóstoles en su labor de explicar la Escritura y la Palabra: Felipe.

4.- La Primera Carta de Pedro hace referencia a las piedras vivas que somos todos los creyentes y que con ellas se construye el verdadero edificio de la Iglesia, pues es antes espiritual que material. La mejor construcción es la que hace el Espíritu en la Iglesia y para los espíritus de sus hijos. Jesús fue la piedra angular rechazada por los arquitectos de su tiempo. Y lo que pasó el Maestro ocurrirá a los discípulos: el mundo actual no se basa en las piedras vivas inspiradas por el Espíritu Santo. Este mundo nuestro de ahora vive en pos del dinero, del poder, del éxito material. Y, sin embargo, cada vez necesita más el basamento que es la palabra y el ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo. Pedro es también piedra y fue, según la promesa de Cristo, la piedra hoy completamente viva sobre la que se erige la Iglesia de Dios. Su sucesor, el Papa, continua la labor de mantenimiento de una estructura de amor, se servicio, de entrega a los hermanos, mientras que se ejerce un sacerdocio de adoración a Dios. Se instituye el sacerdocio común de los todos los bautizados. La Ascensión del Señor y Pentecostés ya están cerca. Caminamos hacia la más alta cota que el Tiempo Pascual nos puede traer. Pero esperamos tranquilos y confiados. El Espíritu que nos va a enseñar lo que no sabemos todavía, nos ayudará a seguir el camino que Jesús siempre ha querido para nosotros.


LA HOMILIA MAS JOVEN


CORAZÓN ABIERTO Y ESPERANZA

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- A poca edad que tengáis, mis queridos jóvenes lectores, habréis observado que con frecuencia surgen rivalidades entre grupos que se asemejan. Para solucionarlo, se recurre a gestores o logistas, como queráis llamarlos, sin que acostumbren a conseguir gran cosa. Pues bien, en el Jerusalén de aquellos días, existían dos comunidades paralelas. Íntimamente relacionadas y en muchos aspectos muy unidas, pero entre las que el enojo no les era ajeno en algunas ocasiones, como la que se nos cita en el texto de los Hechos de los Apóstoles. En la capital, obviamente, residían sus vecinos, las fuerzas romanas de ocupación, amén de judíos que acudían periódicamente en sus peregrinaciones rituales, y muchos y heterogéneos grupos dispares: comerciantes, banqueros y ganaderos, entre otros muchos. Dos lenguas diferentes hablaban, que correspondían a dos culturas paralelas. La que el texto llama hebrea, que en realidad el arameo era su lengua, y la griega, que se expresaba en esta lengua, pero que sus miembros podían proceder de muy diversos lugares, desde Roma a Alejandría, sin descuidar la misma Grecia, Creta y Chipre. Eran judíos que habían hablado hebreo en lejanos tiempos, pero que al salir de su tierra e incorporarse a otros lugares, habían aceptado expresarse en la lengua más común de las tierras mediterráneas.

2.- La diáspora de los israelitas empezó unos cinco siglos antes de nuestra era. Ahora bien, la división no era únicamente por los idiomas, su manera de ser también difería, sin dejar por ello ambos grupos, de sentirse judíos de pura cepa. Hubo conflicto con la excusa de que la administración de los bienes no se hacía bien. Resolvieron los Apóstoles escoger responsables de la tarea. Fueron estos: gente de vida correcta y piedad probada, a los que les impusieron las manos. No eran simples gestores, sino administradores de los bienes de la incipiente Iglesia, destinados a los pobres y, una tal función, requería la Gracia divina. No se podía cargar a los discípulos la dirección de todas las responsabilidades, pero tampoco se podía acudir a simples gestores que con técnicas ajenas al espíritu cristiano, administrasen la caridad visible de la comunidad. Fue el origen de nuestra tal benemérita Caritas y del orden del diaconado. Cada uno debe de cumplir el papel que le han asignado. Y de esta manera, la Iglesia fue creciendo. Nunca una diversidad lingüística debe dividir a una comunidad cristiana, cosa que, a veces se olvida.

3.- Jesús, en el fragmento evangélico del presente domingo, nos comunica un mensaje muy actual. Afirma que en la casa de su Padre hay muchas estancias. Muchas, sí, no es pequeñito el Cielo. Hay sitio en él para todo aquel que quiera, pueda acudir y esté capacitado para entrar. En la tierra ahora, los hombres podemos escoger según nuestros gustos, o responder a lo que el Señor nos invita. Si somos fieles al programa del Maestro tendremos lugar reservado en alguna de estas mansiones. (Utilizo, como el Señor mismo, un lenguaje metafórico, el Cielo claro está, no es ningún castillo material). La casa del Padre, si queréis otra comparación, es un bello jardín, donde las flores variadas se combinan. No son unas mejores que las otras, ni deben invadir terreno o ahogar a las otras plantas. Si queréis otra comparación, se parece a un ejército, donde las diferentes armas: infantería, artillería, marines o aviación, se complementan. Cada una es necesaria. Cada grupo, cada orden, cada movimiento es útil si es fiel a su cualidad y respeta la fidelidad y cualidades de los demás. Obrando así se sirve a los ciudadanos. Unos no deben olvidarse de los otros. Vivir satisfecho, si se es fiel a la propia elección, a la propia vocación, y admirar y simpatizar con las otras elecciones, las otras vocaciones, colaborar si es oportuno, respetarlas, aunque no sea la suya propia, aunque no pretenda uno pasarse a su terreno: este es el ideal cristiano.

4.- Da el Señor, mis queridos jóvenes lectores, en el evangelio de hoy, también, unas orientaciones, sin lugar a dudas, de incomparable utilidad para todos, pero más especialmente para los que os iniciáis en la vida. Seguramente ya habéis sido testigos de cuanta falsedad existe, de cuanto engaño se vocifera, de cuanta desorientación se siembra. En una situación así, seguramente os preguntáis ¿a quien debo creer yo? No temáis, el Señor viene en vuestra ayuda. Él es la verdad suprema y nunca engaña. Os dice a cada uno: soy aquello que tanto precisas. Tantas teorías escuchas predicadas, proclamadas y vociferadas, para después comprobar que otro las contradice con igual ímpetu, o ellos mismos al cabo de un tiempo, sin saber tu donde esta lo cierto. No te dejes deslumbrar. En mi Evangelio descubrirás las verdades que precisas para progresar, sin destruir por ello tu brújula interior. Quieres iluminación, pues, junto a mí la encontrarás. Observarás que el mismo evangelio que iluminó la vida de los primeros discípulos, es el que ahora aclara la de los misioneros, la de los sacrificados servidores de los pobres, la de los valientes profetas que reclaman justicia. El mismo que da sentido a la vida de los monjes, lo da a los matrimonios. El que entusiasma a jóvenes como tu y da conformidad a enfermos y a ancianos. Nunca, si me sigues, te sentirás errado. Soy la verdad, que puedes convertir en tu verdad.

5.- Os preguntáis ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo escoger? ¿Cuándo debo decidirme? Jesús os responde: yo soy el camino. Sigue mis huellas. Viví unos cuantos años, tuve amigos y enemigos, fui admirado y despreciado, triunfe unas veces y fracasé en otras. Al fin aunque mi muerte, creyeron algunos, fuera derrota, mediante ella resucité y resultó ser mi triunfo y el de los que a mi se incorporan. Tu vida pasará por situaciones semejante. Estúdialas, aprende de ellas. Sígueme, soy tu camino. Desconoces por donde te llevaré, pero no te perderás. Tu ruta no será aburrida, no serás un simple acompañante. Te quiero mi compañero. Juntos viviremos la aventura de la vida. Tú y yo iremos cumpliendo los planes del Padre. Te necesito a ti, sin que renuncies a ti mismo. Me necesitas a mí, sin que a mí me hagas falta. Soy el camino por donde puedes proseguir, sin miedo a perderte.

6.- Quieres disfrutar de la vida. Vivirla a grandes bocanadas, pero a veces te da miedo. La muerte acecha a algunos, y se los lleva en cualquier accidente o cruel enfermedad. El desespero tienta a otros y los arrastra por los senderos de la droga, sea ilegal, suave o fuerte, o sea legal, llamémosla alcoholismo. Te preguntas angustiado, porqué estás en esta vida, si a ti nadie te consultó. Desearías desaparecer, dejar de existir. En algún momento tu decepción, tus fracasos o errores, te han llevado a imaginar el suicidio como solución a aquel mal trago que estás pasando. Sabes que algunos jóvenes lo han llevado a término. No es que no quisieran vivir, es que la vida que arrastraban no les satisfacía. Se avergonzaban de ella y no se veían capaces de cambiarla por otra. Jesús nos da oportunidad de adquirir una vida nueva. El perdón y la Gracia, cambian la existencia personal. No lo olvides, no seas cobarde, da un paso adelante: Él es la vida. Es la plenitud de Dios, que he venido a comunicártela. Vive conmigo y nunca recelarás de tu existencia, te estará diciendo, a poco que trates de escucharle. Vivirás en plenitud y no temerás que un día se acabe, porque, junto a mí, el final, la muerte, solo es un cambio.

7.- Si te gusta mi historia, si la conoces y la admiras, te lo aseguro, tú también gozarás de semejantes éxitos. Pasarás por la duda, como a mí me corroyó en Getsemaní. Por el dolor, como lo sufrí yo, en el Pretorio y el Calvario. Llorarás por el abandono de los tuyos, como me pasó a mí. No notarás progreso en tus proyectos, pero no te alarmes, recuerda que morí prácticamente solo y, ya lo ves, ahora sois muchísimos los que formáis la Iglesia, los que de tantas maneras lucháis por conseguir un mundo mejor, donde no haya tantos desniveles, donde la Fe aliente a muchos, donde el Amor llene de gozo a cada uno. Te desanimarás, pero no te desalientes. Vive junto a mí, que yo compartiré tus penas. Vuelvo a repetírtelo: soy el camino, te ofrezco mí camino, la verdad, la que necesitas ilumine tus días, la vida, la que debes gozar a pleno pulmón.