DISCURSO DE BENEDICTO XVI EN EL ENCUENTRO ECUMÉNICO EN NUEVA YORK

BENEDICTO XVI DEFIENDE LA UNIVERSALIDAD DE LOS DERECHOS HUMANOS EN LA ONU

BAN KI-MOON DESTACA PAPEL DE LA FE EN EL TRABAJO DE LA ONU

ORACIÓN DEL PAPA CON LA QUE IMPLORARÁ EN LA ZONA CERO PAZ PARA UN «MUNDO VIOLENTO»

HOMILÍA DE BENEDICTO XVI EN LA MISA CELEBRADA EN EL «NACIONALS STADIUM»DE WASHINGTON

EL PAPA Y BUSH CONSTATAN LA NECESIDAD DE UNA POLÍTICA HUMANA DE INMIGRACIÓN

FIESTA DE CUMPLEAÑOS PARA EL PAPA EN LA CASA BLANCA

OCHO DE CADA DIEZ CATÓLICOS ESTADOUNIDENSES, SATISFECHOS CON EL PAPA

EL PAPA PROMUEVE EL DESARME PARA PROMOVER EL DESARROLLO

EPISCOPADO ESPAÑOL PUBLICA UN CATECISMO PARA LOS MÁS PEQUEÑOS

APOYO DE ORIHUELA-ALICANTE A SUS MISIONES DIOCESANAS

LAS RELIGIOSAS Y RELIGIOSOS QUE "LUCHAN CONTRA EL SIDA" REUNIDOS EN ROMA

LA COMUNIDAD RELIGIOSA, OFERTA PARA UNA VIDA PLENA

EL SENTIDO DEL DOLOR EN EL HOMBRE

CONMEMORACIÓN DEL XXV ANIVERSARIO DE LA ERECCIÓN DE LA PRELATURA DEL OPUS DEI


DISCURSO DE BENEDICTO XVI EN EL ENCUENTRO ECUMÉNICO EN NUEVA YORK

NUEVA YORK (ZENIT.org).- Publicamos las palabras que pronuncióBenedicto XVI en la tarde deL viernes durante el encuentro con unos 250 representantes de otras confesiones cristianas en la Iglesia de San José, en Nueva York.

TEXTO ÍNTEGRO

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Mi corazón rebosa de agradecimiento a Dios, "Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo" (Ef 4,6), por esta feliz oportunidad de encontrarme esta tarde rezando con ustedes. Agradezco al Obispo Dennis Sullivan su cordial bienvenida, y saludo con afecto a todos los representantes de las comunidades cristianas diseminadas por los Estados Unidos. La paz de nuestro Señor y Salvador esté con todos ustedes.

Por medio de ustedes quisiera expresar mi sincero aprecio por la obra inestimable de todos los que están implicados en el ecumenismo: el National Council of Churches, el Christian Churches Together, el Catholic Bishops's Secretariat for Ecumenical and Interreligious Affairs, y otros muchos. La aportación ofrecida al movimiento ecuménico por los cristianos de los Estados Unidos es notoria en todo el mundo. Les aliento a todos a perseverar, confiando siempre en la gracia de Cristo resucitado, al que nos esforzamos en servir para obtener "la obediencia de la fe... para gloria de su nombre" (cf. Rm 1,5).

Acabamos de escuchar el texto de la Escritura en el que Pablo, "el prisionero por Cristo", formula una vehemente invitación a los miembros de la comunidad cristiana de Éfeso: "Les ruego, escribe, que anden como pide la vocación a la que han sido convocados... esforzándose en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz" (Ef 4,1-3). Por tanto, al final de su apasionada invitación a la unidad, Pablo recuerda a sus lectores que Jesús, una vez ascendido al cielo, ha derramado sobre los hombres todos los dones necesarios para la edificación del Cuerpo de Cristo (cf. Ef 4,11-13).

Hoy la exhortación de Pablo resuena con mayor fuerza. Sus palabras nos infunden la certeza de que el Señor no nos abandonará jamás en la búsqueda de la unidad. Nos invitan, además, a vivir de modo que podamos dar testimonio "pensando y sintiendo lo mismo" (cf. Hch 4,32), que ha sido siempre la característica de la koinonia cristiana (cf. Hch 2,42), y la fuerza que atrae a los que están fuera para entrar a formar parte de la comunidad de los creyentes, y que también ellos puedan compartir la "riqueza insondable que es Cristo" (Ef 3,8).

La globalización ha colocado a la humanidad entre dos extremos. Por una parte, el sentido creciente de interrelación e interdependencia entre los pueblos, incluso cuando, hablando en términos geográficos y culturales, están distantes unos de otros. Esta nueva situación ofrece la posibilidad de mejorar el sentido de la solidaridad global y compartir responsabilidades para el bien de la humanidad. Por otra parte, no se puede negar que las rápidas mutaciones que suceden en el mundo presentan también algunos signos desagradables de fragmentación y de repliegue en el individualismo. El uso cada vez más extendido de la electrónica en el mundo de las comunicaciones ha comportado paradójicamente un aumento del aislamiento. Muchos, jóvenes incluidos, buscan por esta razón formas más auténticas de comunidad. También es fuente de grave preocupación la difusión de la ideología secularista, que socava e incluso rechaza la verdad trascendente. La misma posibilidad de una revelación divina, y por tanto de la fe cristiana, se ha puesto a menudo en discusión por tendencias de pensamiento muy difundidas en los ambientes universitarios, en los medios de comunicación y en la opinión pública. Por estas razones, es necesario más que nunca un testimonio fiel del Evangelio. Se pide a los cristianos que den razón de su esperanza con claridad (cf. 1 Pe 3,15).

Con mucha frecuencia los no cristianos, al ver la fragmentación de las comunidades cristianas, quedan confundidos con razón sobre el mensaje mismo del Evangelio. A veces las creencias y comportamientos cristianos fundamentales son modificados dentro de las comunidades por las así llamadas "acciones proféticas", basadas en una hermenéutica no siempre en consonancia con la Escritura y la Tradición. Como consecuencia, las comunidades renuncian a actuar como un cuerpo unido, y prefieren en cambio actuar según el principio de "las opciones locales". En este proceso, se pierde la necesidad de una koinonia diacrónica -la comunión con la Iglesia de todos los tiempos- precisamente en el momento en el que el mundo ha perdido su orientación y necesita testimonios comunes y convincentes del poder salvador del Evangelio (cf. Rm 1,18-23).

Frente a estas dificultades, en primer lugar, debemos recordarnos que la unidad de la Iglesia deriva de la perfecta unidad de la Trinidad. El Evangelio de Juan nos dice que Jesús ha rogado al Padre para que sus discípulos sean uno, "como tú... en mí y yo en ti" (cf. Jn 17,21). Este pasaje refleja la firme convicción de la comunidad cristiana primitiva de que su unidad era fruto y reflejo de la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Esto, a su vez, muestra que la cohesión recíproca de los creyentes se fundaba en la plena integridad de la confesión de su credo (cf. 1 Tm 1,3-11). En todo el Nuevo Testamento vemos cómo los Apóstoles fueron llamados reiteradamente a dar razón de su fe, tanto ante los gentiles (cf. Hch 17,16-34) como ante los judíos (cf. Hch 4,5-22; 5,27-42). El núcleo central de su argumentación fue siempre el hecho histórico de la resurrección corporal del Señor de la tumba (Hch 2,24-32; 3,15; 4,10; 5,30; 10,40; 13,30). La eficacia última de su predicación no dependía de "palabras rebuscadas" o de "sabiduría humana" (1 Co 2,13), sino más bien de la acción del Espíritu (Ef 3,5), que confirmaba el testimonio autorizado de los Apóstoles (cf. 1 Co 15,1-11). El núcleo de la predicación de Pablo y de la Iglesia de los orígenes no fue otro que Jesucristo, y "éste, crucificado" (1 Co 2,2). Y esta proclamación debía de ser garantizada por la pureza de la doctrina normativa expresada en las fórmulas de fe, los símbolos, que articulaban la esencia de la fe cristiana y constituían el fundamento de la unidad de los bautizados (cf. 1 Co 15,3-5; Ga 1,6-9; Unitatis redintegratio, 2).

Mis queridos amigos, la fuerza del kerigma no ha perdido nada de su dinamismo interior. Sin embargo, debemos preguntarnos si no se ha atenuado toda su fuerza por una aproximación relativista a la doctrina cristiana similar a la que encontramos en las ideologías secularizadas, que, al sostener que solamente la ciencia es "objetiva", relegan completamente la religión a la esfera subjetiva del sentimiento del individuo. Los descubrimientos científicos y sus realizaciones a través del ingenio humano ofrecen a la humanidad sin duda nuevas posibilidades de mejora. Esto no significa, sin embargo, que lo que "puede ser conocido" ha de limitarse a lo que es verificable empíricamente, ni que la religión esté confinada al reino cambiante de la "experiencia personal".

La aceptación de esta línea errónea de pensamiento conduciría a los cristianos a la conclusión de que en la exposición de la fe cristiana no es necesario subrayar la verdad objetiva, porque no hay más que seguir la propia conciencia y escoger la comunidad que más concuerde con los propios gustos personales. El resultado de esto se puede observar en la continua proliferación de comunidades, que con frecuencia evitan estructuras institucionales y minimizan la importancia de la vida cristiana en el contexto doctrinal.

También en el movimiento ecuménico, los cristianos se muestran reacios a afirmar el papel de la doctrina por temor a que esto sirva sólo para exacerbar, más que para curar, las heridas de la división. A pesar de esto, un testimonio claro y convincente de la salvación que Cristo Jesús ha realizado en favor nuestro debe basarse en la noción de una enseñanza apostólica normativa, esto es, una enseñanza que realmente subraye la palabra inspirada de Dios y sustente la vida sacramental de los cristianos de hoy.

Solamente "manteniéndose firmes" en la enseñanza segura (cf. 2 Ts 2,15) lograremos responder a los retos que nos asaltan en un mundo cambiante. Sólo así daremos un testimonio firme de la verdad del Evangelio y de su enseñanza moral. Éste es el mensaje que el mundo espera oír de nosotros. Igual que los primeros cristianos, tenemos la responsabilidad de dar un testimonio transparente de las "razones de nuestra esperanza", de manera que los ojos de todos los hombres de buena voluntad se abran para ver que Dios ha manifestado su rostro (cf. 2 Co 3,12-18) y nos ha permitido acceder a su vida divina a través de Jesucristo. Sólo Él es nuestra esperanza. Dios ha revelado su amor a todos los pueblos mediante el misterio de la pasión y muerte de su Hijo, y nos ha llamado a proclamar que ha resucitado verdaderamente, que está sentado a la diestra del Padre y que "de nuevo vendrá en la gloria a juzgar a vivos y muertos" (Credo niceno).

Que la palabra de Dios que hemos escuchado esta tarde inflame de esperanza nuestros corazones en el camino de la unidad (cf. Lc 24,32). Que este encuentro de oración sea un ejemplo de la centralidad de la plegaria en el movimiento ecuménico (cf. Unitatis redintegratio, 8); pues, sin plegaria, las estructuras, las instituciones y los programas ecuménicos quedarían despojados de su corazón y de su alma. Demos gracias a Dios por los progresos realizados por la acción del Espíritu, y reconozcamos con gratitud los sacrificios espirituales ofrecidos por tantos como están presentes y por cuantos nos han precedido.

Caminando tras sus huellas y poniendo la confianza sólo en Dios, espero que -haciendo mías las palabras del Padre Paul Wattson- alcanzaremos la "unidad de esperanza, de fe y de amor", la única que puede convencer al mundo de que Jesucristo es el enviado del Padre para la salvación de todos.

Gracias a todos.

[Traducción distribuida por la Santa Sede© Copyright 2008 -- Libreria Editrice Vaticana]


BENEDICTO XVI DEFIENDE LA UNIVERSALIDAD DE LOS DERECHOS HUMANOS EN LA ONU

Se basan en la ley natural inscrita en el corazón del hombre

NUEVA YORK (ZENIT.org).- Al visitar la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, Benedicto XVI ilustró en la mañana de este viernes el fundamento de los derechos del hombre, defendiendo su universalidad ante las interpretaciones relativistas. La visita de tres horas que realizó el Papa al «palacio de cristal» buscaba celebrar el sexagésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, documento fundacional de la ONU. Tras la introducción del secretario general, Ban Ki-moon, el Papa tomó la palabra ante la asamblea general --como ya lo hicieran antes que él Pablo VI y Juan Pablo II-- para afirmar que los derechos humanos se basan «en la ley natural inscrita en el corazón del hombre». En sus palabras a los tres mil asistentes, el pontífice comenzó constatando que «los derechos humanos son presentados cada vez más como el lenguaje común y el sustrato ético de las relaciones internacionales».

«Al mismo tiempo, la universalidad, la indivisibilidad y la interdependencia de los derechos humanos sirven como garantía para la salvaguardia de la dignidad humana», siguió indicando. «Sin embargo --aseguró--, es evidente que los derechos reconocidos y enunciados en la Declaración se aplican a cada uno en virtud del origen común de la persona, la cual sigue siendo el punto más alto del designio creador de Dios para el mundo y la historia». «Estos derechos se basan en la ley natural inscrita en el corazón del hombre y presente en las diferentes culturas y civilizaciones», subrayó.

Por eso, alertó el obispo de Roma, «arrancar los derechos humanos de este contexto significaría restringir su ámbito y ceder a una concepción relativista, según la cual el sentido y la interpretación de los derechos podrían variar, negando su universalidad en nombre de los diferentes contextos culturales, políticos, sociales e incluso religiosos». «Así pues, no se debe permitir que esta vasta variedad de puntos de vista oscurezca no sólo el hecho de que los derechos son universales, sino que también lo es la persona humana, sujeto de estos derechos».Por este motivo, recalcó «cómo el respeto de los derechos y las garantías que se derivan de ellos son las medidas del bien común que sirven para valorar la relación entre justicia e injusticia, desarrollo y pobreza, seguridad y conflicto».

«La promoción de los derechos humanos sigue siendo la estrategia más eficaz para extirpar las desigualdades entre países y grupos sociales, así como para aumentar la seguridad». Es cierto, reconoció, que «las víctimas de la opresión y la desesperación, cuya dignidad humana se ve impunemente violada, pueden ceder fácilmente al impulso de la violencia y convertirse ellas mismas en transgresoras de la paz». Sin embargo, «el bien común que los derechos humanos permiten conseguir no puede lograrse simplemente con la aplicación de procedimientos correctos ni tampoco a través de un simple equilibrio entre derechos contrapuestos».

Para el Papa, «la Declaración Universal tiene el mérito de haber permitido confluir en un núcleo fundamental de valores y, por lo tanto, de derechos, a diferentes culturas, expresiones jurídicas y modelos institucionales». «No obstante, hoy es preciso redoblar los esfuerzos ante las presiones para reinterpretar los fundamentos de la Declaración y comprometer con ello su íntima unidad, facilitando así su alejamiento de la protección de la dignidad humana para satisfacer meros intereses, con frecuencia particulares». La Declaración, recordó, fue adoptada como un "ideal común" (preámbulo) y «no puede ser aplicada por partes separadas, según tendencias u opciones selectivas que corren simplemente el riesgo de contradecir la unidad de la persona humana y por tanto la indivisibilidad de los derechos humanos».

Para Benedicto XVI los derechos humanos no son simples medidas legislativas o decisiones normativas tomadas por quienes están en el poder. «Cuando se presentan simplemente en términos de legalidad, los derechos corren el riesgo de convertirse en proposiciones frágiles, separadas de la dimensión ética y racional, que es su fundamento y su fin», indicó. Por el contrario, la Declaración Universal ha reforzado la convicción de que «el respeto de los derechos humanos está enraizado principalmente en la justicia que no cambia, sobre la cual se basa también la fuerza vinculante de las proclamaciones internacionales». Por eso, recordó, a los derechos les siguen también deberes, algo que el Papa explicó citando a uno de sus autores favoritos, Agustín de Hipona, quien decía «no hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti» y esto, aclaró recordando al obispo africano del siglo V, «en modo alguno puede variar, por mucha que sea la diversidad de las naciones».


BAN KI-MOON DESTACA PAPEL DE LA FE EN EL TRABAJO DE LA ONU

Al recibir a Benedicto XVI en la sede de la organización

NUEVA YORK, (ZENIT.org).- La Organización de las Naciones Unidas es una institución laica pero su lenguaje es la fe, afirmó este viernes el secretario general, Ban Ki-moon, al presentar a Benedicto XVI ante la Asamblea General. En la ONU tenemos seis idiomas oficiales pero no una religión oficial. No tenemos una capilla, pero sí una sala de meditación, agregó Ban según recoge el servicio de información de las Naciones Unidas. «Pero si usted nos pregunta a quienes trabajamos para las Naciones Unidas cuáles son nuestras motivaciones, muchos responderemos en un lenguaje de fe. En la ONU, vemos nuestra labor no sólo como un empleo, sino como una misión. De hecho, ésta es la palabra que usamos para describir nuestro trabajo alrededor mundo, sea éste de paz y seguridad, de desarrollo o de derechos humanos», subrayó.

El secretario general destacó las coincidencias de la ONU y la Iglesia católica en apreciaciones como la urgencia de combatir la pobreza, evitar la proliferación de armas nucleares, respetar los derechos humanos y velar por la buena gestión de los recursos naturales. «Usted ha hecho un llamamiento a la confianza y el compromiso con las Naciones Unidas. Ha dicho que la ONU es capaz de auspiciar un diálogo y entendimiento genuinos que reconcilie diferentes visiones y desarrolle políticas y estrategias multilaterales capaces de afrontar los desafíos de nuestro complejo mundo de hoy», recordó Ban. Para terminar su discurso, el titular de la ONU insistió en los objetivos compartidos por Naciones Unidas y la Iglesia católica y abogó por la prevalencia de la fe en la tarea diaria del personal de la Organización.


ORACIÓN DEL PAPA CON LA QUE IMPLORARÁ EN LA ZONA CERO PAZ PARA UN «MUNDO VIOLENTO»

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- Uno de los momentos más intensos de la visita de Benedicto XVI a los Estados Unidos se vivirá en el último día, el domingo 20 de abril, con su visita a la Zona Cero, el cráter en el que surgían las Torres Gemelas. Publicamos la oración que el Papa elevará en recuerdo de las víctimas de los atentados del 11 de septiembre:

ORACIÓN DEL PAPA

Oh Dios de amor, compasión y sanación,

míranos, personas de muchos credos y de diferentes tradiciones,

que se reúnen hoy en este lugar,

escenario de increíble violencia y dolor.

Te pedimos en tu bondad

que concedas luz eterna y paz

a todos los que murieron aquí,

comenzando por quienes lo hicieron heroicamente:

nuestros bomberos, policías,

trabajadores de los servicios de emergencia, y

personal de la Autoridad Portuaria,

junto con todos los hombres y mujeres inocentes

que fueron víctimas de esta tragedia

simplemente porque su trabajo o servicio

les condujo aquí el 11 de septiembre de 2001.

Te pedimos, en tu compasión

que otorgues la curación a aquellos

que, debido a su presencia aquí, en aquél día,

sufren heridas y enfermedad.

Cura, también, el dolor de las familias que todavía están en duelo

y a todos aquellos que perdieron a seres queridos en esta tragedia.

Concédeles fuerza para continuar sus vidas

con valor y esperanza

Recordamos también

a aquellos que sufrieron muerte, heridas, y pérdidas

el mismo día en el Pentágono y en

Shanksville, Pennsylvania.

Nuestros corazones son uno con ellos,

mientras que nuestra oración abraza su dolor y sufrimiento.

Dios de paz, concede tu paz a nuestro mundo violento:

paz a los corazones de todos los hombres y mujeres

y paz entre las naciones de la tierra.

Orienta hacia tu senda de amor

a aquellos cuyos corazones y mentes

que están consumidas por el odio.

Dios de comprensión,

abrumados por la magnitud de esta tragedia,

buscamos tu luz y guía

para afrontar tan terribles eventos.

Concede que aquellos cuyas vidas se perdieron

puedan vivir de manera que las vidas perdidas aquí

no se hayan perdido en vano.

Confórtanos y consuélanos,

fortalécenos en la esperanza,

y danos la sabiduría y valor

para trabajar sin descanso por un mundo

donde la verdadera paz y amor reinen

entre las naciones y en los corazones de todos.

[Traducido del inglés por Nieves San Martín]


HOMILÍA DE BENEDICTO XVI EN LA MISA CELEBRADA EN EL «NACIONALS STADIUM»DE WASHINGTON

WASHINGTON (ZENIT.org).- Publicamos la homilía de la misa que presidió Benedicto XVI en el «Nationals Stadium» de Washington en la mañana de este jueves.

[En inglÉs:]

Queridos hermanos y hermanas en Cristo

"Paz a ustedes" (Jn 20,19). Con estas palabras, las primeras que el Señor resucitado dirigió a sus discípulos, les saludo a todos en el júbilo de este tiempo pascual. Ante todo, doy gracias a Dios por la gracia de estar entre ustedes. Agradezco en particular al Arzobispo Wuerl por sus amables palabras de bienvenida.

Nuestra Misa de hoy retrotrae a la Iglesia en los Estados Unidos a sus raíces en el cercano Maryland y recuerda el 200 aniversario del primer capítulo de su considerable crecimiento: la división que hizo mi predecesor el Papa Pío VII de la Diócesis originaria de Baltimore y la instauración de las Diócesis de Boston, Bardstown, ahora Louisville, Nueva York y Filadelfia. Doscientos años después, la Iglesia en América tiene buenos motivos para alabar la capacidad de las generaciones pasadas de aglutinar grupos de inmigrantes muy diferentes en la unidad de la fe católica y en el esfuerzo común por difundir el Evangelio. Al mismo tiempo, la Comunidad católica en este País, consciente de su rica multiplicidad, ha apreciado cada vez más plenamente la importancia de que cada individuo y grupo aporte su propio don particular al conjunto. Ahora la Iglesia en los Estados Unidos está llamada a mirar hacia el futuro, firmemente arraigada en la fe transmitida por las generaciones anteriores y dispuesta a afrontar nuevos desafíos -desafíos no menos exigentes de los que afrontaron vuestros antepasados- con la esperanza que nace del amor de Dios derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. (cf. Rm 5,5).

En el ejercicio de mi ministerio de Sucesor de Pedro he venido a América para confirmaros, queridos hermanos y hermanas, en la fe de los Apóstoles (cf. Lc 22,32). He venido para proclamar de nuevo, como lo hizo san Pedro el día de Pentecostés, que Jesucristo es Señor y Mesías, resucitado de la muerte, sentado a la derecha del Padre en la gloria y constituido juez de vivos y muertos (cf. Hch 2,14ss). He venido para reiterar la llamada urgente de los Apóstoles a la conversión para el perdón de los pecados y para implorar al Señor una nueva efusión del Espíritu Santo sobre la Iglesia en este País. Como hemos oído en este tiempo pascual, la Iglesia ha nacido de los dones del Espíritu Santo: el arrepentimiento y la fe en el Señor resucitado. Ella se ve impulsada por el mismo Espíritu en cada época a llevar la buena nueva de nuestra reconciliación con Dios en Cristo a hombres y a mujeres de toda raza, lengua y nación (cf. Ap 5,9).

Las lecturas de la Misa de hoy nos invitan a considerar el crecimiento de la Iglesia en América como un capítulo en la historia más grande de la expansión de la Iglesia después de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. En estas lecturas vemos la unión inseparable entre el Señor resucitado y el don del Espíritu para el perdón de los pecados y el misterio de la Iglesia. Cristo ha constituido su Iglesia sobre el fundamento de los Apóstoles (cf. Ap 21,14), como comunidad estructurada visible, que es a la vez comunión espiritual, cuerpo místico animado por los múltiples dones del Espíritu y sacramento de salvación para toda la humanidad (cf. Lumen gentium, 8). La Iglesia está llamada en todo tiempo y lugar a crecer en la unidad mediante una constante conversión a Cristo, cuya obra redentora es proclamada por los Sucesores de los Apóstoles y celebrada en los sacramentos. Por otro lado, esta unidad comporta una "expansión continua", porque el Espíritu incita a los creyentes a proclamar "las grandes obras de Dios" y a invitar a todas las gentes a entrar en la comunidad de los salvados mediante la sangre de Cristo y que han recibido la vida nueva en su Espíritu.

Ruego también para que este aniversario significativo en la vida de la Iglesia en los Estados Unidos y la presencia del Sucesor de Pedro entre vosotros sean para todos los católicos una ocasión para reafirmar su unidad en la fe apostólica, para ofrecer a sus contemporáneos una razón convincente de la esperanza que los inspira (cf. 1 P 3,15) y para renovar su celo misionero al servicio de la difusión del Reino de Dios.

El mundo necesita el testimonio. ¿Quién puede negar que el momento actual sea decisivo no sólo para la Iglesia en América, sino también para la sociedad en su conjunto? Es un tiempo lleno de grandes promesas, pues vemos cómo la familia humana se acomuna de diversos modos, haciéndose cada vez más interdependiente. Al mismo tiempo, sin embargo, percibimos signos evidentes de un quebrantamiento preocupante de los fundamentos mismos de la sociedad: signos de alienación, ira y contraposición en muchos contemporáneos nuestros; aumento de la violencia, debilitamiento del sentido moral, vulgaridad en las relaciones sociales y creciente olvido de Dios. También la Iglesia ve signos de grandes promesas en sus numerosas parroquias sólidas y en los movimientos vivaces, en el entusiasmo por la fe demostrada por muchos jóvenes, en el número de los que cada año abrazan la fe católica y en un interés cada vez más grande por la oración y por la catequesis. Pero, al mismo tiempo, percibe a menudo con dolor que hay división y contrastes en su seno, descubriendo también el hecho desconcertante de que tantos bautizados, en lugar de actuar como fermento espiritual en el mundo, se inclinan a adoptar actitudes contrarias a la verdad del Evangelio.

"Señor, manda tu Espíritu y renueva la faz de la tierra" (cf. Sal 104,30). Las palabras del Salmo responsorial de hoy son una plegaria que, siempre y en todo lugar, brota del corazón de la Iglesia. Nos recuerdan que el Espíritu Santo ha sido infundido como primicia de una nueva creación, de "cielos nuevos y tierra nueva" (cf. 2 P 3,13; Ap 21, 1) en los que reinará la paz de Dios y la familia humana será reconciliada en la justicia y en el amor. Hemos oído decir a san Pablo que toda la creación "gime" hasta a hoy, en espera de la verdadera libertad, que es el don de Dios para sus hijos (cf. Rm 8,21-22), una libertad que nos hace capaces de vivir conforme a su voluntad. Oremos hoy insistentemente para que la Iglesia en América sea renovada en este mismo Espíritu y ayudada en su misión de anunciar el Evangelio a un mundo que tiene nostalgia de una genuina libertad (cf. Jn 8,32), de una felicidad auténtica y del cumplimiento de sus aspiraciones más profundas.

Deseo en este momento dirigir una palabra particular de gratitud y estímulo a todos los que han acogido el desafío del Concilio Vaticano II, tantas veces repetido por el Papa Juan Pablo II, y han dedicado su vida a la nueva evangelización. Doy las gracias a mis hermanos Obispos, a los sacerdotes y diáconos, a los religiosos y religiosas, a los padres, maestros y catequistas. La fidelidad y el valor con que la Iglesia en este País logrará afrontar los retos de una cultura cada vez más secularizada y materialista dependerá en gran parte de vuestra fidelidad personal al transmitir el tesoro de nuestra fe católica. Los jóvenes necesitan ser ayudados para discernir la vía que conduce a la verdadera libertad: la vía de una sincera y generosa imitación de Cristo, la vía de la entrega a la justicia y a la paz. Se ha progresado mucho en el desarrollo de programas sólidos para la catequesis, pero queda por hacer todavía mucho más para formar los corazones y las mentes de los jóvenes en el conocimiento y en el amor del Dios. Los desafíos que se nos presentan exigen una instrucción amplia y sana en la verdad de la fe. Pero requieren cultivar también un modo de pensar, una "cultura" intelectual que sea auténticamente católica, que confía en la armonía profunda entre fe y razón, y dispuesta a llevar la riqueza de la visión de la fe en contacto con las cuestiones urgentes que conciernen el futuro de la sociedad americana.

Queridos amigos, mi visita en los Estados Unidos quiere ser un testimonio de "Cristo, esperanza nuestra". Los americanos han sido siempre un pueblo de esperanza: vuestros antepasados vinieron a este País con la expectativa de encontrar una nueva libertad y nuevas oportunidades, y la extensión de territorios inexplorados les inspiró la esperanza de poder empezar completamente de nuevo, creando una nueva nación sobre nuevos fundamentos. Ciertamente, ésta no ha sido la experiencia de todos los habitantes de este País; baste pensar en las injusticias sufridas por las poblaciones americanas nativas y de los que fueron traídos de África por la fuerza como esclavos. Pero la esperanza, la esperanza en el futuro, forma parte hondamente del carácter americano. Y la virtud cristiana de la esperanza -la esperanza derramada en nuestro corazón por el Espíritu Santo, la esperanza que purifica y endereza de modo sobrenatural nuestras aspiraciones orientándolas hacia el Señor y su plan de salvación-, esta esperanza ha caracterizado también y sigue caracterizando la vida de la comunidad católica en este País.

En el contexto de esta esperanza nacida del amor y de la fidelidad de Dios reconozco el dolor que ha sufrido la Iglesia en América como consecuencia del abuso sexual de menores. Ninguna palabra mía podría describir el dolor y el daño producido por dicho abuso. Es importante que se preste una cordial atención pastoral a los que han sufrido. Tampoco puedo expresar adecuadamente el daño que se ha hecho dentro de la comunidad de la Iglesia. Ya se han hecho grandes esfuerzos para afrontar de manera honesta y justa esta trágica situación y para asegurar que los niños -a los que nuestro Señor ama entrañablemente (cf. Mc 10,14), y que son nuestro tesoro más grande- puedan crecer en un ambiente seguro. Estos esfuerzos para proteger a los niños han de continuar. Ayer hablé de esto con vuestros Obispos. Hoy animo a cada uno de ustedes a hacer cuanto les sea posible para promover la recuperación y la reconciliación, y para ayudar a los que han sido dañados. Les pido también que estimen a sus sacerdotes y los reafirmen en el excelente trabajo que hacen. Y, sobre todo, oren para que el Espíritu Santo derrame sus dones sobre la Iglesia, los dones que llevan a la conversión, al perdón y el crecimiento en la santidad.

San Pablo, como hemos escuchado en la segunda lectura, habla de una especie de oración que brota de las profundidades de nuestros corazones con suspiros que son demasiado profundos para expresarlos con palabras, con "gemidos" (Rm 8,26) inspirados por el Espíritu. Ésta es una oración que anhela, en medio de la tribulación, el cumplimiento de las promesas de Dios. Es una plegaria de esperanza inagotable, pero también de paciente perseverancia y, a veces, acompañada por el sufrimiento por la verdad. A través de esta plegaria participamos en el misterio de la misma debilidad y sufrimiento de Cristo, mientras confiamos firmemente en la victoria de su Cruz. Que la Iglesia en América, con esta oración, emprenda cada vez más el camino de la conversión y de la fidelidad al Evangelio. Y que todos los católicos experimenten el consuelo de la esperanza y los dones de la alegría y la fuerza infundidos por el Espíritu.

En el relato evangélico de hoy, el Señor resucitado otorga a los Apóstoles el don del Espíritu Santo y les concede la autoridad para perdonar los pecados. Mediante el poder invencible de la gracia de Cristo, confiado a frágiles ministros humanos, la Iglesia renace continuamente y se nos da a cada uno de nosotros la esperanza de un nuevo comienzo. Confiemos en el poder del Espíritu de inspirar conversión, curar cada herida, superar toda división y suscitar vida y libertades nuevas. ¡Cuánta necesidad tenemos de estos dones! ¡Y qué cerca los tenemos, particularmente en el Sacramento de la penitencia! La fuerza libertadora de este Sacramento, en el que nuestra sincera confesión del pecado encuentra la palabra misericordiosa de perdón y paz de parte de Dios, necesita ser redescubierta y ralea propia de cada católico. En gran parte la renovación de la Iglesia en América depende de la renovación de la regla de la penitencia y del crecimiento en la santidad: los dos es inspirado y realizadas por este Sacramento.

"En esperanza fuimos salvados" (Rm 8,24). Mientras la Iglesia en los Estados Unidos da gracias por las bendiciones de los doscientos años pasados, invito a ustedes, a sus familias y cada parroquia y comunidad religiosa a confiar en el poder de la gracia para crear un futuro prometedor para el Pueblo de Dios en este País. En el nombre del Señor Jesús les pido que eviten toda división y que trabajen con alegría para preparar vía para Él, fieles a su palabra y en constante conversión a su voluntad. Les exhorto, sobre todo, a seguir a siendo fermento de esperanza evangélica en la sociedad americana, con el fin de llevar la luz y la verdad del Evangelio en la tarea de crear un mundo cada vez más justo y libre para las generaciones futuras.

Quien tiene esperanza ha de vivir de otra manera (cf. Spe Salvi, 2). Que ustedes, mediante sus plegarias, el testimonio de su fe y la fecundidad de su caridad, indiquen el camino hacia ese horizonte inmenso de esperanza que Dios está abriendo también hoy a su Iglesia, más aún, a toda la humanidad: la visión de un mundo reconciliado y renovado en Jesucristo, nuestro Salvador. A Él honor y gloria, ahora y siempre. Amén.

[En espaÑol:]

Queridos hermanos y hermanas de lengua española:

Deseo saludarles con las mismas palabras que Cristo Resucitado dirigió a los apóstoles: "Paz a ustedes" (Jn 20,19). Que la alegría de saber que el Señor ha triunfado sobre la muerte y el pecado les ayude a ser, allá donde se encuentren, testigos de su amor y sembradores de la esperanza que Él vino a traernos y que jamás defrauda. No se dejen vencer por el pesimismo, la inercia o los problemas. Antes bien, fieles a los compromisos que adquirieron en su bautismo, profundicen cada día en el conocimiento de Cristo y permitan que su corazón quede conquistado por su amor y por su perdón.

La Iglesia en los Estados Unidos, acogiendo en su seno a tantos de sus hijos emigrantes, ha ido creciendo gracias también a la vitalidad del testimonio de fe de los fieles de lengua española. Por eso, el Señor les llama a seguir contribuyendo al futuro de la Iglesia en este País y a la difusión del Evangelio. Sólo si están unidos a Cristo y entre ustedes, su testimonio evangelizador será creíble y florecerá en copiosos frutos de paz y reconciliación en medio de un mundo muchas veces marcado por divisiones y enfrentamientos. La Iglesia espera mucho de ustedes. No la defrauden en su donación generosa. "Lo que han recibido gratis, denlo gratis" (Mt 10,8).

[Traducción distribuida por la Santa Sede© Copyright 2008 -- Libreria Editrice Vaticana]


EL PAPA Y BUSH CONSTATAN LA NECESIDAD DE UNA POLÍTICA HUMANA DE INMIGRACIÓN

Hablan de paz en Oriente Medio, así como de la defensa de la vida

WASHINGTON, (ZENIT.org).- La acogida de los inmigrantes latinoamericanos, la defensa de la familia y la vida, y la paz en Oriente Medio fueron algunos de los temas centrales de la conversación cara a cara que mantuvieron este miércoles en la Casa Blanca Benedicto XVI y el presidente George Bush. Así lo ha confirmado un comunicado conjunto emitido por la Santa Sede y por el gobierno estadounidense, tras el encuentro con el que los Estados Unidos como nación felicitaron en el día de su cumpleaños al Papa por sus 81 años. El Santo Padre y el presidente, afirma la nota, analizaron «la situación en América Latina, haciendo referencia, entre otras cuestiones a los inmigrantes, y a la necesidad de una política coordinada sobre inmigración que tenga en cuenta especialmente su trato humano y el bienestar de sus familias».

El comunicado revela que los dos representantes «dedicaron un tiempo considerable de sus discusión a Oriente Medio, en particular, a la solución del conflicto israelo-palestino en línea con la visión de dos estados que vivan uno junto a otro en paz y seguridad, su mutuo apoyo a la soberanía e independencia del Líbano, y su preocupación común por la situación en Irak y, en particular, por la precaria situación de las comunidades cristianas allí y en el resto de la región».

«El Santo Padre y el Presidente expresaron su esperanza por el final de la violencia y por una rápida y global solución de las crisis que afligen a la religión», explica la nota. Los temas discutidos por el Benedicto XVI y Bush se concentraron en intereses comunes, «incluyendo consideraciones morales y religiosas en las que ambas partes están comprometidas». En particular, la nota menciona «el respeto de la dignidad de la persona humana; la defensa y la promoción de la vida, del matrimonio y de la familia; la educación de las generaciones futuras; los derechos humanos y la libertad religiosa; el desarrollo sostenible y la lucha contra la pobreza y las pandemias, especialmente en África». «En relación con este último argumento, el Santo Padre mostró su satisfacción por las importantes contribuciones financieras de los Estados Unidos a esa área».

«Ambos reafirmaron su rechazo total del terrorismo, así como de la manipulación de la religión para justificar actos inmorales y violentos contra inocentes. Posteriormente abordaron la necesidad de afrontar el terrorismo con los medios adecuados que respeten a las personas humanas así como sus derechos». El Papa trajo de Roma un regalo para el presidente: un mosaico en el que se representa la Plaza de San Pedro del Vaticano, ambientada en el siglo XIX, de 60x35 centímetros, realizado por artistas del Estudio del Mosaico Vaticano en el año 2007.


FIESTA DE CUMPLEAÑOS PARA EL PAPA EN LA CASA BLANCA

El presidente Bush felicita a Benedicto XVI por sus 81 años

WASHINGTON, (ZENIT.org).- Benedicto XVI celebró este miércoles su cumpleaños en una celebración sin precedentes organizada por el presidente George W. Bush, en los jardines de la Casa Blanca. Más de 9.000 personas participaron en el acontecimiento. Ayudaron a crear ambiente el sol y un cielo azul, después de que se calmara considerablemente el viento que había azotado, en la tarde del día anterior, el aterrizaje del vuelo papal al aeropuerto de la Base Aérea de Andrews. «Hoy es su cumpleaños», dijo Bush al Santo Padre al darle la bienvenida. «Los cumpleaños se celebran normalmente con amigos cercanos, de manera que toda la nación se siente conmovida y honrada por el hecho de que usted haya decidido pasar este día con nosotros». La famosa soprano Kathleen Battle cantó el Padrenuestro y 21 salvas de cañón saludaron al huésped. La Banda del Cuerpo de la Marina ejecutó el himno nacional y los presentes no pudieron resistir a la tentación de cantar en dos ocasiones, a lo largo de la ceremonia, el «Happy Birthday». «Que Dios bendiga América», respondió el Papa.

Pronto llegó el momento de los dos discursos. Bush comenzó, presentando el país que el Santo Padre visitará hasta el próximo domingo. «Sobre todo --dijo--, encontrará en los Estados Unidos a un pueblo cuyos corazones están abiertos a su mensaje de esperanza. Y los Estados Unidos y el mundo necesitan este mensaje». Por su parte, el obispo de Roma habló sobre la responsabilidad que se deriva de la libertad. «Ya desde los albores de la República», dijo, «la búsqueda de libertad de Estados Unidos ha sido guiada por la convicción de que los principios que gobiernan la vida política y social están íntimamente relacionados con un orden moral, basado en la señoría de Dios Creador».

«Los redactores de los documentos constitutivos de esta Nación se basaron en esta convicción al proclamar la "verdad evidente por sí misma" de que todos los hombres han sido creados iguales y dotados de derechos inalienables, fundados en la ley natural y en el Dios de esta naturaleza», añadió. Tras los discursos, el «Himno de batalla de la República» fue interpretado por el coro de la Armada estadounidense, un tema que pone a Dios como testigo de los cimientos de los Estados Unidos.

Además de los miembros del ejército, en el jardín se podían ver a Boy Scouts y Girl Scouts, así como representantes de los Caballeros de Colón, y de Legatus, organización de hombres de negocios católicos. Benedicto XVI se convirtió así en el segundo Papa en visitar la Casa Blanca, después de Juan Pablo II, quien fue recibido por el presidente Jimmy Carter en 1979.

Tras la ceremonia, el Papa y el presidente entraron en la residencia presidencial para partir el pastel de cumpleaños y luego comenzar el encuentro cara a cara en el Estudio Oval. Un comunicado conjunto emitido por el Vaticano y por el gobierno estadounidense informó que los líderes hablaron sobre el «el respeto de la dignidad de la persona humana; la defensa y la promoción de la vida, del matrimonio y de la familia; la educación de las generaciones futuras; los derechos humanos y la libertad religiosa; el desarrollo sostenible y la lucha contra la pobreza y las pandemias, especialmente en África».

Cuando el Papa abandonó la Casa Blanca para regresar a la nunciatura apostólica (la embajada de la Santa Sede) donde se hospeda en Washington, a través de la Avenida Pennsylvania, en papamóvil, miles de personas le esperaban en las calles tratando de verle unos instantes y de recibir su saludo y bendición. El almuerzo de su cumpleaños lo celebró con los cardenales estadounidenses, con la presidencia de la Conferencia Episcopal, así como con el séquito que le acompaña desde Roma, en la embajada vaticana.

Por Carrie Gress y Kathleen Naab


OCHO DE CADA DIEZ CATÓLICOS ESTADOUNIDENSES, SATISFECHOS CON EL PAPA

Una encuesta revela similitud entre los más jóvenes y los mayores en la Iglesia

WASHINGTON (ZENIT.org).- Una encuesta revela que más de ocho de cada diez católicos estadounidenses están satisfechos con la manera en que ejerce su ministerio Benedicto XVI, quien llega a este país en este 15 de abril. Un informe del Centro de Investigación Aplicada al Apostolado (CARA), con sede en la Universidad de Georgetown, revela los resultados de una investigación entre 1.007 autoidentificados católicos adultos realizada en el mes de febrero. El estudio compara las respuestas de católicos en una serie de grupos de edad.

«Sacramentos hoy: creencia y práctica entre católicos estadounidenses» dividió a los católicos entre pre-Vaticano II, Vaticano II (nacidos entre 1943 y 1960), post-Vaticano II (nacidos entre 1961 y 1981) y del milenio, y encontró que entre aquellos que van a misa al menos una vez al mes, los católicos más jóvenes y los mayores comparten un fervor religioso similar. Entre los católicos que van a misa al menos una vez al mes, los del milenio son precisamente los que con más probabilidad creen que Cristo está realmente presente en la Eucaristía así como los católicos pre-Vaticano II.

Nueve de cada diez asistentes semanalmente a misa (91%) dicen que creen que Jesucristo está realmente presente en la Eucaristía, comparados con dos tercios de quienes van a misa menos de una vez a la semana pero al menos una vez al mes (65%), y cuatro de cada diez de quienes van a Misa algunas veces al año o menos. Los del milenio permanecen aparte al decir qué sacramento es más significativo para ellos personalmente. Entre los católicos en general, el 39% dijo que el bautismo es el más significativo; el 43% de los del Milenio dijo que es el matrimonio.

El conocimiento de las enseñanzas y obligaciones de la Iglesia es usualmente más alto entre los católicos mayores, pero el conocimiento de la Biblia es normalmente mayor entre las generaciones más jóvenes, revela el informe. Aunque muchas características de la fe de la generación más joven dan esperanza, el sondeo también reveló algunas estadísticas preocupantes: Un poco menos de un tercio de los católicos de Estados Unidos va a misa semanalmente. Y sólo el 2% recibe el sacramento de la reconciliación una vez al mes o más. CARA estima que hay más de 51 millones de católicos adultos en Estados Unidos, en torno al 22-23% de los adultos del país.

Traducido del inglés por Nieves San Martín


EL PAPA PROMUEVE EL DESARME PARA PROMOVER EL DESARROLLO

Mensaje a un seminario internacional sobre «Desarme, desarrollo y paz»

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org. Por Jesús Colina).- Benedicto XVI está convencido de que promover el desarme a escala mundial podría ser una clave para promover el desarrollo. Así lo explica en un mensaje enviado a los participantes en el seminario sobre el tema: «Desarme, desarrollo y paz. Perspectivas para un desarme global», celebrado en Roma el 11 y 12 de abril. La iniciativa, promovida por el Consejo Pontificio «Justicia y Paz», cuyo presidente es el cardenal Renato Martino, ha congregado a economistas, políticos, juristas, representantes de organizaciones internacionales y de las religiones para promover sinergias que promuevan el desarme, basándose en el desarme del corazón del hombre.

En su mensaje, Papa subraya la «íntima relación entre desarme y desarrollo» con estas palabras: «Los ingentes recursos materiales y humanos empleados para los gastos militares y para los armamentos son, de hecho, disipados en vez de destinarlos a los proyectos de desarrollo de los pueblos, especialmente de los más pobres y necesitados de ayuda». «Y esto va contra lo que afirma la misma Carta de las Naciones Unidas --advierte--, que compromete a la comunidad internacional, y a los Estados en particular, a "promover el establecimiento y mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales con la menor desviación posible de los recursos humanos y económicos del mundo hacia los armamentos"» (artículo 26).

Recuerda que ya el Papa Pablo VI, en 1964, había pedido a los Estados que reduzcan los gastos militares y que creen «con los recursos ahorrados un fondo mundial para destinarlo a proyectos de desarrollo de las personas y de los pueblos más pobres y necesitados».

AVANZA LA CARRERA DE ARMAMENTOS

Por el contrario, denuncia el pontífice, se «está registrando que la producción y el comercio de armas están en continuo crecimiento y están asumiendo un papel de arrastre en la economía mundial». «Es más --advierte--, se da una tendencia a sobreponer la economía civil a la militar, como demuestra la continua difusión de bienes y conocimientos de "doble uso", es decir, el civil y el militar». «Este riesgo es grave en los sectores biológico, químico y nuclear, en los cuales los programas civiles no serán nunca seguros si no se da el abandono general y completo de los programas militares y hostiles». Por este motivo, el obispo de Roma renueva su llamamiento para que «los Estados reduzcan los gastos militares en armamentos y tomen en seria consideración la idea de crear un fondo mundial para destinarlo a los proyectos de desarrollo pacífico de los pueblos».

DESARROLLO Y PAZ

El Papa constata asimismo la relación entre desarrollo y paz, en un doble sentido: «Pueden desencadenarse guerras de las graves violaciones de los derechos humanos, de la injusticia y de la miseria, pero no hay que descuidar tampoco el riesgo de las auténticas "guerras del bienestar", es decir, las causadas por las voluntad de expandir y conservar el dominio económico en detrimento de los demás». «El bienestar material, sin un coherente desarrollo moral y espiritual, puede cegar al hombre hasta llevarle a matar a su propio hermano --reprocha el mensaje pontificio--. Hoy, de manera aún más urgente que en el pasado, es necesaria una opción decidida de la comunidad internacional a favor de la paz».

LEGÍTIMA DEFENSA

Ahora bien, hablando en el marco de principios morales, el pontífice reconoce que en estos momentos están justificados los gastos militares de los países para defender a sus ciudadanos. «Mientras se dé el riesgo de un ataque, el armamento de los Estados será necesario por razones de legítima defensa que es un derecho entre los inalienables de los Estados, al estar también ligado al deber de los mismos Estados de defender la seguridad y la paz entre los pueblos».

Ahora bien, no es lícito, según el Papa, «cualquier nivel de armamento», de manera que «todo Estado puede poseer únicamente las armas necesarias para asegurar su propia legítima defensa». La violación de este principio, reconoce, «lleva a la paradoja, según la cual, los Estados amenazan la vida y la paz de los pueblos a los que tratan de defender, de garantía de paz corren el riesgo de convertirse en una trágica preparación de la guerra».

LA GUERRA NUNCA ES INEVITABLE

En tiempos de terrorismo y de numerosos conflictos armados, el Papa reconoce que parecería poder admitirse «un justificado desconsuelo y resignación». Sin embargo, recalca, «la guerra nunca es inevitable y la paz es siempre posible. Más aún, ¡es un deber! Ha llegado por tanto el momento de cambiar el curso de la historia, de recuperar la confianza, de cultivar el diálogo, de alimentar la solidaridad». «El futuro de la humanidad depende del compromiso de todos --señala--. Sólo si se persigue un humanismo integral y solidario, en cuyo contexto asume una naturaleza ética y espiritual el tema del desarme, la humanidad podrá caminar hacia la deseada paz auténtica y estable».


EPISCOPADO ESPAÑOL PUBLICA UN CATECISMO PARA LOS MÁS PEQUEÑOS

MADRID (ACI).- Los niños españoles entre 6 y 10 años de edad podrán desde este año conocer los principios de la fe católica con una herramienta adecuada a los nuevos tiempos. Se trata del nuevo catecismo "Jesús es el Señor", editado por la Conferencia Episcopal Española (CEE) para los niños que acuden a catequesis y tienen edad de participar por primera vez en el sacramento de la Eucaristía.Según informó la CEE, el texto "está dirigido a las familias, a los sacerdotes, a los catequistas y a los responsables de la pastoral educativa en su misión de transmitir la fe a los más pequeños".

En la carta que los obispos escribieron a los niños para presentarles el catecismo sostienen que "es más que un libro, es un tesoro, pues contiene la Buena Noticia que la Iglesia nos enseña: Dios nos ha entregado su amor por medio de su Único Hijo, Jesús, nacido de la Virgen María. Los Obispos os entregamos este catecismo. Guardad en vuestro corazón sus enseñanzas. Leedlo atentamente en familia y con vuestros catequistas".

El texto fue presentado por Mons. Javier Salinas, presidente de la subcomisión de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española (CEE), quien explicó que con la catequesis "no hacemos algo que no tenga nada que ver con la sociedad" pues al contrario, al trasmitir este "conjunto de valores y de verdades de la fe estamos constituyendo una persona que está dotada de aquellos elementos que le hacen más capaz de ser buen ciudadano: respetuoso, solidario, próximo a los demás, con sentimientos capaces de dejarse conmover por el sentimiento ajeno y con capacidad de tener esperanza para afrontar las dificultades". El nuevo catecismo sustituye al texto publicado en 1982. Esta nueva obra considera la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica en 1992, y "las nuevas exigencias, dados los cambios sociales, culturales y religiosos, en el campo de la evangelización y la catequesis".


APOYO DE ORIHUELA-ALICANTE A SUS MISIONES DIOCESANAS

ALICANTE (OMPRESS-) La Diócesis de Orihuela-Alicante recordó de una manera especial el domingo 6 de abril a los misioneros y misioneras que han nacido en esta tierra y que se encuentran en la actualidad esparcidos por el mundo prestando servicio a las comunidades más necesitadas. El principal objetivo de esta Jornada Diocesana Misionera, que en esta ocasión tenía como lema "Desde nuestras parroquias, para el mundo", era apoyar sus proyectos diocesanos.

Desde la Fundación Diocesana "Misión y Promoción" se han enviado a las misiones cerca de medio millón de euros desde 2003, dinero que ha servido para promover medio centenar de proyectos. En el 2007 con los 73.240 euros recaudados desde las diferentes comunidades parroquiales de Orihuela-Alicante se ha dado respuesta a 12 proyectos concretos liderados por los misioneros. Entre ellos destaca la creación de aulas de formación profesional en El Cañar (Ecuador), el desarrollo de un programa de apoyo, higiene y prevención de enfermedades para presos en la República del Congo, la implantación de panaderías parroquiales en Zapallal (Perú) o el apoyo a la residencia de ancianos de Casma (Perú).

La labor de los misioneros de esta diócesis es excepcional ya que suman más de un centenar repartidos prácticamente por todo el mundo. Un 65% trabaja en diferentes países de América, destacando Perú, Puerto Rico, Venezuela y las zonas más conflictivas de USA. Por otro lado un 20% vive en África con presencia en 13 países. El 10% se encuentra dividido por Asia, concretamente en Filipinas, India y Japón y el 5% en Europa (Rumanía, España e Italia). La mayor parte de los misioneros diocesanos son sacerdotes o religiosos y religiosas de alguna congregación. Pero también hay un 10% de laicos, como es el caso de Silvia Heredia que lleva varios años en Honduras o Juana Valverde, instalada en Perú.

Con la Jornada anual del Misionero Diocesano que celebra la Diócesis todos los años se pretende fundamentalmente recordar y dar a conocer el trabajo que están llevando a cabo los misioneros y misioneras por las zonas más necesitadas del mundo. En este sentido la labor de las parroquias y la colaboración de la gente desde la diócesis está siendo vital para dar respuesta y ofrecer una valiosa ayuda económica a los proyectos humanitarios que están liderando.


LAS RELIGIOSAS Y RELIGIOSOS QUE "LUCHAN CONTRA EL SIDA" REUNIDOS EN ROMA

ROMA (OMPRESS-) Vidimus Dominum, el órgano oficial de la Unión de Superiores Generales (USG) y de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG) ha informado de la próxima reunión de religiosas/os comprometidos en la lucha contra el Sida que tendrá lugar del 3 al 5 de mayo en Roma. En diciembre de 2005, 40 religiosos y religiosas procedentes de varios países y de diferentes congregaciones religiosas se reunieron en Roma para un encuentro bajo el título: "Los religiosos/as en el mundo de la pandemia HIV/AIDS, entre compromiso, desafíos y profecía". A partir de ese encuentro, organizado por la Comisión de Salud de las dos uniones de Superiores Generales UISG y USG, nació la idea de realizar una búsqueda entre las religiosas y religiosos con el fin de resaltar su participación en este servicio a la vida, llevado a cabo en muchas partes del mundo y, a menudo, desconocido.

La próxima reunión, que se tendrá del 3 al 5 de mayo de 2008, volverá a reunir a los principales protagonistas de la primera reunión y a otros que, poco a poco, se han ido agregando. Su objetivo es ver y analizar los datos recogidos en 600 diferentes programas de prevención y tratamiento de los enfermos de VIH/SIDA tomados en consideración. Además, se requerirá a los participantes, entre los que también se prevé la presencia de expertos en el ámbito de Naciones Unidas y de universidades, estudiar nuevas vías de futuro para la cooperación entre todas las fuerzas presentes, el trabajo en red, sensibilización de la Iglesia y de la sociedad civil, formación del personal sanitario y de atención pastoral, y la búsqueda de apoyo económico para nuevos proyectos. El Foro tendrá lugar en Roma, en la Casa de las Hermanas de la Inmaculada Concepción de Ivrea, Via di Valcannuta, 200.


LA COMUNIDAD RELIGIOSA, OFERTA PARA UNA VIDA PLENA

La revista Todos Uno, de la CONFER, analiza qué piden y cómo ven los jóvenes la vida en comunidad

MADRID (IVICON).- Con el título "Jóvenes y comunidades religiosas", acaba de aparecer el último número de la revista Todos Uno, que edita la Conferencia Española de Religiosos (CONFER). Partiendo de la premisa de que la vida en comunidad es uno de los rasgos peculiares y significativos de la Vida Religiosa, la publicación plantea la necesidad -"urgente"- de crear comunidades "atractivas -sin que signifique rebajar sus exigencias-, vivas y en diálogo con el mundo joven".

Alfonso Rovira, religioso del Espíritu Santo y director del Área de Pastoral Juvenil Vocacional, presenta un estudio en el que analiza la "lejanía que se va dando de la vida consagrada y los jóvenes", y aboga por "comunidades acogedoras, abiertas y libres", comunidades que reflexionen sobre su "estilo de vida, relaciones fraternas, ocio, ritmo de trabajo, para que sean accesibles a los jóvenes de hoy".

Partiendo de una pequeña encuesta realizada entre jóvenes religiosos, Rovira presenta algunos "sueños" de los jóvenes sobre la comunidad. Así señala los sueños de fraternidad, de comunión, basada en la contemplación y la escucha del Espíritu, en la que se acoge al otro y se celebra la vida común; sueños de compromiso, de participación en la Iglesia, a favor de los más pobres, para convertirse en "agentes multiplicadores de esperanza"; sueños de celebración, que esté integrada en la vida, compartida en la eucaristía y, finalmente, sueños de formación, que sitúe a los miembros de comunidad en procesos de formación permanente, unificada con la vida de cada religioso, y que facilite el conocimiento del mundo y la realidad.

Además, en este número, la publicación ofrece una serie de testimonios de religiosos y religiosas jóvenes que cuentan la propia experiencia de vida en comunidad. Expectativas que se llevan a la Vida Religiosa, y realidad que se va encontrando en este aspecto. Se subraya la comunidad como espacio donde vivir y desarrollar la propia vocación y como lugar donde "vivir el sueño de Dios".

La revista Todos Uno ofrece, también, una serie de materiales para reflexionar sobre el tema de la comunidad, fichas de trabajo para examinar dónde y con qué actitud se sitúa cada uno en ella, oraciones, textos bíblicos elegidos para iluminar la reflexión sobre la vida común y dinámicas para analizar la marcha de la propia comunidad religiosa.


EL SENTIDO DEL DOLOR EN EL HOMBRE

Un centenar de expertos presentará alternativas a la eutanasia durante las 9ª Jornadas de Voluntariado Social en Torreciudad

HUESCA (Aragón, España) (OIT).- Casos recientes como la muerte de Chantal Sébire, mujer que solicitó a la justicia francesa la eutanasia o el voto a favor del parlamento de Luxemburgo a una ley que permite su práctica, han reabierto el debate social sobre las vías legítimas para paliar el dolor y sufrimiento de las personas. Juan Martínez-Ortiz, presidente de la Asociación Cooperación Social, organizadora del simposio en Torreciudad, señala que “detrás de la presión ejercida por los grupos a favor de la muerte asistida hay una equivocada comprensión del valor del padecimiento y la compasión hacia los enfermos”.Para analizar las razones de este nuevo resurgir de la ‘cultura de la muerte’, numerosos representantes de organizaciones sociales, instituciones públicas, universidad y colectivos de voluntarios se reunirán los próximos 19 y 20 de abril, en las 9ª Jornadas de Voluntariado Social que organiza Cooperación Social en el Santuario de Torreciudad.

Cuestiones como los últimos avances en atención integral a personas con enfermedades avanzadas, neurodegenerativas y necesitadas de cuidados paliativos, o las demandadas ayudas a las familias, serán algunos de los temas a tratar por medio de autoridades en la materia como Javier Cabanyes Truffino, profesor de Psicopatología de la Universidad Complutense de Madrid y Manuel González Barón, director de la Cátedra de Cuidados Paliativos de la Universidad Autónoma de Madrid.

Durante las jornadas, además, se desarrollarán varias mesas redondas en las que se debatirá el papel del ‘Voluntariado frente al dolor físico’, ‘Experiencias con el dolor moral’ y ‘La soledad y el dolor’, con la intervención directa de representantes de colectivos como Basida, Cruz Roja, Cáritas, Provida y la Hospitalidad de Lourdes, entre otros.

I DÍA DEL VOLUNTARIO

Paralelamente al simposio, el Santuario de Torreciudad acoge en esta edición el primer Día del Voluntario, un encuentro dirigido a todas las personas que realizan cualquier actividad de voluntariado, a través de asociaciones sin ánimo de lucro. “De esta manera –avanzó el rector del santuario oscense- se pretende alumbrar los senderos para la cooperación y profundizar en la verdad de los planteamientos vigentes del voluntariado, mediante un intercambio de ideas y experiencias, cauce principal de la labor solidaria”. Se trata, por tanto, de una jornada abierta a todo aquel que quiera participar en un día festivo, de contenido espiritual, y dirigida a las personas que quieran hacerlo a título personal o bien por medio de sus asociaciones y ONGs.


CONMEMORACIÓN DEL XXV ANIVERSARIO DE LA ERECCIÓN DELA PRELATURA DEL OPUS DEI

Cardenal Herranz: “Juan Pablo II fue el pionero en la configuración de las Prelaturas personales queridas por el Concilio”

MADRID (OPPOD) El cardenal Julián Herranz, presidente emérito del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, disertó ayer sobre “Los trabajos preparatorios de la constitución apostólica Ut Sit, con motivo del XXV aniversario de la erección de la Prelatura del Opus Dei en el campus del IESE de Madrid. En su intervención, el cardenal Herranz aludió al discurso de Benedicto XVI que no pudo pronunciar en la Universidad La Sapienza de Roma y destacó que en la ciencia del derecho “se trata de dar justa forma a la libertad humana, que es siempre la libertad en la comunión”.

Haciendo un repaso de los comienzos de la erección de la Prelatura del Opus Dei agradeció la elaboración de la Constitución Ut Sit, que proporcionaba una “justa configuración jurídica” para que se diera una justa armonía entre el carisma fundacional y la configuración jurídica institucional del Opus Dei, como lo habían manifestado Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II, y relató el interés por crear una prelatura personal. Así, señaló que San Josemaría Escrivá de Balaguer dijo en alguna ocasión que “el Opus no era ni podía ser una forma evolutiva de un estado canónico de perfección” sino que la acción del Opus Dei se inserta en un terreno muy distinto para la vida de la Iglesia. Para llevarlo a cabo, se creó una Comisión técnica compuesta por tres representantes de la Congregación para los Obispos y por otros representantes del Opus Dei. “Consistía –dijo- en realizar colegialmente el estudio necesario para determinar con precisión todos los aspectos de la cuestión a examen y sopesar las eventuales dificultades de orden doctrinal o práctico y proponer las relativas soluciones”.

Para el cardenal Herranz, la petición a la Santa Sede y al dicasterio debía hacerse informando bien sobre la situación de hecho y las necesidades pastorales del ente que solicitaba ser erigido como prelatura personal”. En este sentido, destacó los más de setenta mil fieles laicos asistidos por más de mil sacerdotes en cientos de diócesis de los cinco continentes y los fieles unidos por un mismo carisma fundacional, es decir, familias religiosas, movimientos compuestos por asociaciones laicales… y la “sólida unidad en la formación para alcanzar las metas comunes y la especifica asistencia espiritual dada por los propios sacerdotes procedentes del Opus”. De ahí, expresó, que “parecía necesario proveer a una unidad de régimen o de jurisdicción, de la que hiciese cabeza un Ordinario propio, capaz de salvaguardar la estructura orgánica y la asistencia pastoral de esa peculiar entidad apostólica, como también capaz de garantizar su armónica inserción en la pastoral de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares”.

Remitiéndose a febrero de 1981, el cardenal Herranz destacó las 25 sesiones de estudio, trabajo intenso y denso para concluir la Ut Sit y explicó que, tras superar algunos prejuicios, se envió una Nota informativa en la que se ponían de manifiesto las conclusiones de la Comisión, examinadas por cardenales y aprobadas por el Santo Padre. En ellas, los responsables se declararon “unánimemente favorables a la posibilidad y a la concreta modalidad de transformación del Opus Dei en Prelatura Personal”. Era el 7 de noviembre de 1981.

La citada nota, que señaló que “se refería tanto a la actividad pastoral del prelado y del clero en la asistencia al laicado incorporado a la Prelatura como a la común y orgánica actividad apostólica ad extra del clero y del laicado en las estructuras propias de la vida secular, siempre con la venia de los obispos diocesanos y en delicada comunión con ellos”, fue enviada a 2084 obispos de 34 naciones y sólo 32 respuestas pusieron ciertas dificultades. “Sirvió –dijo- para espantar fantasmas “porque se habían dado informaciones equivocadas de lo que Prelatura iba a ser”.

A este propósito, comentó que el Papa quedó satisfecho con las respuestas y aconsejó que se respondiera a las observaciones negativas aclarando que el temido conflicto jurisdiccional no podía darse por tres principales razones: “la naturaleza de la potestad ordinaria del Prelado, limitada a lo que se refiere al fin específico de la Prelatura y la modalidad de su ejercicio que procediendo del laicado de la Prelatura no se sustrae al de ninguna Iglesia particular, y la condición de los laicos que, aún incorporándose a la Prelatura, permanecen siendo fieles a las Diócesis en las que cada uno tiene su domicilio”.

El nuevo Código de Derecho Canónico y la Ut sit “han tenido por autor a un mismo legislador”. Así, el cardenal Herranz recordó que Juan Pablo II había seguido personalmente la preparación de ambos documentos “con un vivo y especial interés”. Precisamente, estos dos actos legislativos fueron promulgados con una distancian en el tiempo de apenas dos meses (el nuevo Código se promulgó el 25 de enero de 1983). Pero, se preguntó: “¿Significa esto que la Constitución apostólica ha sido instituida con posterioridad a la promulgación o institución de la nueva legislación universal de la Iglesia?” Respondió que algunos canonistas se habían hecho anteriormente esta pregunta y la explicación, según señaló, “es muy sencilla”: “se trató de una cuestión de procedimiento”. En realidad, los actos tuvieron lugar en tiempos diferentes.

El cardenal Herranz, destacó, asimismo, el empeño de Juan Pablo II puesto en el seguimiento de las varias fases de estudio de las normas con las que debía de ser sancionado y promulgado el derecho particular de la Prelatura del Opus Dei. “Puedo asegurar –afirmó- que el Legislador estuvo siempre inmediatamente bien informado a lo largo de todo aquel periodo sobre la normativa en preparación del nuevo Código de Derecho Canónico y concretamente, sobre la relativa a las prelaturas personales”. Incluso, subrayó que cuando el Santo Padre sufrió el atentado el 13 de mayo de 1981 en la Plaza de San Pedro, se suspendió la audiencia prevista para comentar el desarrollo de la Prelatura y cuando se recuperó el Papa quiso que se finalizara el estudio.

Respecto a las dudas sobre la relación jurídica de los fieles laicos en las Prelaturas personales, en general, y en la del Opus Dei en concreto, mantuvo que la Ley universal establece forma genérica que “los laicos pueden dedicarse a las obras apostólicas de la prelatura personal mediante acuerdos pero califica esta dedicación apostólica de los laicos no como incorporación a la Prelatura sino como “cooperación orgánica”. Sin embargo, la legislación particular afirma la dedicación contractual de los laicos a las actividades apostólicas de la Prelatura, pero precisa ulteriormente la forma de esta dedicación y cooperación orgánica”.

Así, sostuvo que esta dedicación y cooperación orgánica “se configura en verdadera incorporación a la misma Prelatura de cuyo cuerpo forman parten en consecuencia los fieles laicos, si bien permanecen contemporáneamente siendo fieles de las Iglesias particulares a las que pertenecen”.

En este sentido, consideró necesario añadir que esta norma del derecho particular, la de la incorporación de los laicos, no ha de interpretarse como contrapuesta o yuxtapuesta a la norma universal pero tiene aspectos importantes en la constitución y organización de cada una de las Prelaturas: obra social, modo de nombramiento del Prelado, régimen de gobierno, formación del propio clero…

Finalmente, concluyó que el acto es “un verdadero recordar, en el profundo significado latino de la expresión”. Así, en este acto pontificio dijo que vienen a la memoria los nombres de personas que la “Divina Providencia quiso unir espiritual y físicamente” y citó: Juan Pablo II, “pionero como ha sido de tantos nuevos caminos y horizontes pastorales de la Iglesia, quien dio ese modo de actuación concreta a la nueva figura canónica de las Prelaturas personales queridas por el Concilio Vaticano II”; San Josemaría Escrivá de Balaguer, “padre de una nueva generación que supo caminar durante largos años “in spe contra spem”, siempre convencido de que la misericordia divina y la dulce intercesión de María habrían de preparar el camino seguro”; Cardenales Pericle Felici y Sebastiano Baggio; Arzobispo Rosalio José Castillo Lara y monseñor Willy Onclin; Cardenal Popedda, arzobispo Oles, monseñores de Fuenmayor y de Ayala. Por último recordó de manera singular al primer Prelado del Opus Dei, monseñor Álvaro del Portillo, quien quiso tener en su escudo episcopal el lema “Regnare Christum volumus”.

El cardenal Rouco recuerda que “el Opus Dei es una gran aportación de la Iglesia en España a la historia universal”

El arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, cardenal Antonio María Rouco Varela, presidió ayer la clausura de la sesión conmemorativa del XXV aniversario de la erección de la Prelatura del Opus Dei, donde destacó que es bueno recordar con gratitud al Señor la forma y el modo como se traduce la vocación y el carisma recibido, “como un servicio a la Iglesia y a la sociedad en el siglo XX”

El cardenal Rouco, aprovechó su intervención para expresar su “alegría” de que este acto se celebrase en Madrid y hubieran pensado en esta ciudad para “conmemorar el XXV aniversario de la Prelatura personal”, y señaló que, aunque San Josemaría Escrivá de Balaguer naciera en Aragón, “el Opus Dei nació en Madrid”. “Simultáneamente –añadió- hay que afirmar que el Opus Dei nació en España, un dato más en esa historia de grandes aportaciones de la Iglesia en España y de la Iglesia universal, que ha marcado toda la historia de nuestro país desde su nacimiento”.

Tras saludar públicamente a algunos de los asistentes como al Nuncio de Su Santidad en España, monseñor Manuel Monteiro de Castro, al secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española, además obispo auxiliar de Madrid, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, al vicario general para la Prelatura, a personalidades del mundo civil y canonistas ilustres, profundizó en que los 25 años de Prelatura le “obligan” a “arrojar una mirada a los frutos pastorales de la obra del Opus Dei que han llegado hasta el presente de la Iglesia en Madrid y en España”.

En esa circunstancia histórica, marcada por las dos guerras mundiales, se hiciese una propuesta viva y sentida como de santidad de que todo cristiano tenía que vivir su vida cristiana como una sentida vocación era una propuesta histórica y que los seglares en la Iglesia debían de asumir un papel ejemplar para constituir una sociedad que Europa y el mundo necesitaba, igualmente”.

En este sentido, destacó que el hecho de que San Josemaría Escrivá incorporase a su obra, con un carisma especial del Señor, “esa verdad fundamental de la vida y experiencia cristiana en el tiempo en que lo hace tenía mucho de profético”. Así, señaló que las primeras décadas del siglo XX “eran décadas muy atormentadas”. Para el cardenal, “se daba una antropología doliente donde habían nacido frases curiosísimas sobre el hombre, primero la muerte de Dios, pero también social, cultural y políticamente pues habían inventado una figura de super-hombre, que desde una perspectiva puramente imanentista de la historia, iba a ser el Salvador del mundo”. A este propósito, recordó que “se había definido el hombre como “un ser para la muerte”.

Por todo ello, el arzobispo de Madrid destacó que “en esa circunstancia histórica, marcada por las dos guerras mundiales, se hiciese una propuesta viva y sentida como de santidad de que todo cristiano tenía que vivir su vida cristiana como una sentida vocación era una propuesta histórica y que los seglares en la Iglesia debían de asumir un papel ejemplar para constituir una sociedad que Europa y el mundo necesitaba, igualmente”.

Destacó, además, que una vez caído el muro de Berlín, “es la hora de llamar la atención sobre la contribución de católicos en la Iglesia para superar los grandes problemas de aquella sociedad macada por la lucha de clases, nuevos estados sociales democráticos de derecho”. “Es ahora –dijo- hora de hacerlo”. “Benedicto XVI lo hace”, apostilló. En ese contexto, expresó que es bueno recordar con gratitud al Señor la forma y el modo como se traduce la vocación y el carisma recibido, “como un servicio a la Iglesia y a la sociedad en el siglo XX”.

También, quiso agradecer al cardenal Herranz su ponencia.”Lo que si es claro manifestó- es que una Prelatura Personal es una formula feliz, buena y adecuada para recoger el servicio Opus Dei a la iglesia”.

Recordó, asimismo, cuando siendo ya obispo se le preguntó en una reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española sobre esa propuesta de creación de una Prelatura. Comentando que su percepción fue “positiva”, afirmó que tras 25 años, y a la luz de la experiencia recogida, se puede decir que de los aspectos más significativos y característicos de la labor apostólica del Opus Dei en la Iglesia son el servicio de los sacerdotes de la Prelatura en el campo de la espiritualidad seglar, en la educación de los seglares para realizar su vocación apostólicamente vivida en un contexto de vida espiritual cuidadosa con una invitación al compromiso en el empeño de la dedicación a las vocaciones temporales, el fomento de las vocaciones sacerdotales y vida consagrada, el compromiso con los jóvenes y el mundo de educación, “que ofrece un panorama rico de servicio a la iglesia que tenemos que agradecer”.

Finalmente, subrayó que “ser arzobispo de Madrid supone una relación más estrecha con el Opus Dei a seguir por el camino señalado” y consideró que “se logra la renovación cuando uno se convierte al mundo, no cuando es aceptado por el mundo”. En este contexto, se refirió a que cuando dicen que las encuestas “dan muy bajo”, no recogen la participación de la Iglesia en los cambios de vida, en los jóvenes, las familias o la sociedad. “La encuesta que da San Pedro es la que vale”, bromeó. A su juicio, “las fuerzas espirituales ayudaron a recomponer Europa y mundo después de 1945. Esa es la ley que sigue vigente y esperamos que siga inspirando la vida del Opus Dei”.