EL MAL USO DE LOS ESTADOS DE ÁNIMO

Por Ángel Gómez Escorial

Mi lamento de la semana pasada tuvo poco eco –no lo buscaba—pero el producido fue de enorme entidad. Me acompañó, con cosas que no son para publicar, el Padre Leoz. Hizo algo parecido el padre Ynaraja. Y también un lector de México que me ha reñido. Este dice que estoy deprimido y que rezo poco. Y, tal vez, tenga razón. Siempre he sido muy sincero con mis lectores. Y la semana pasada, cerrando muy tarde, surgió el desánimo. Pero deprimido, no. Es posible –seguro—que tenga que rezar más. Lo único que se me ocurre decir ahora es que nos es bueno usar mal los estados de ánimo, porque eso puede preocupar en demasía a los que uno tiene alrededor.

Sin embargo, la preocupación sobre la continuidad de Betania sigue ahí. Y también sobre la actual forma de trabajo en la web. Demasiado trabajo para mí. Pero no lo resuelvo. Tal vez es más fácil trabajar que buscar gente. Necesito un apoyo en edición y tendré que buscarlo. Bueno, pues, una más… Supongo que algún otro día tendré un atisbo más de desconsuelo, son cosas que pasan. Pero Dios y los hermanos siempre ayudan. Siempre.