IV Domingo de Pascua
13 de abril de 2008

La homilía de Betania


1.- ¡PASTOR Y GUÍA!

Por Javier Leoz

2.- LA PREOCUPACIÓN POR LA VIDA DE LOS DEMÁS

Por Gabriel González del Estal

3.- CAMINO DE AMOR Y DE LEALTAD

Por Antonio García-Moreno

4.- PARA EL SEÑOR SOMOS ÚNICOS, IRREPETIBLES

Por José María Maruri, SJ

5.- ASÓMATE AL REBAÑO

Por Gustavo Vélez, mxy

6.- UNA PUERTA ABIERTA

Por José María Martín OSA

7.- “EL SEÑOR ES MI PASTOR, NADA ME FALTA”

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


EL PASTOR

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- ¡PASTOR Y GUÍA!

Por Javier Leoz

Celebramos, en el ecuador de esta Pascua 2008, el domingo conocido como el domingo del Buen Pastor.

1.- Claro está que, hablar de “pastor” en una sociedad abanderada por la industria y los servicios, es difícil hacer un paralelismo entre Jesús (Buen Pastor que nos conduce hacia valles llenos de vida) y el pastor que, con su rebaño por delante o por detrás, intenta lo mejor para él. ¿Dónde han quedado los rebaños de hoy? Contemplar la figura de un pastor rodeado de cientos de ovejas es hoy, poco menos que un privilegio de unos pocos.

Aún así, la figura del Buen Pastor, por ser una de las más antiguas en la iconografía cristiana sigue teniendo una irresistible atracción y con unas connotaciones muy profundas:

*Jesús, cada domingo, nos preside la Eucaristía. A su alrededor nos encontramos aquellos que, perdidos o centrados, caminamos detrás de El porque sabemos que sus Palabras no nos dejan indiferentes. Y, entre otras cosas, porque caminar a la sombra de su cayado es saber que problemas, inquietudes, desesperanzas y mil ansiedades tienen solución y respuesta, al igual que en los discípulos de Emaús, con Jesús.

*Por otro lado, en una sociedad tan colapsada y confundida por palabras interesadas y maquilladas en falsas apariencias, el Buen Pastor habla como nadie y con sinceridad al corazón de cada persona. ¿Cuál es, además, su originalidad? Pues, ni más ni menos, que lo hace para cada persona y para cada situación. El Buen Pastor, no solamente tiene palabras de vida eterna, es que además tiene mensajes personales. Esa voz que, cuando uno la escucha llega a concluir: esto, Jesús, lo ha dicho por mí y para mí.

*Además, Jesús, como Buen Pastor quiere no un rebaño de borregos (creyentes que viven al amparo de su fe pero no se comprometenni piensan en su causa). El Señor quiere un equipo de personas que, avanzando en la misma dirección, trabajen por hacer presente el Reino que El nos trajo con su nacimiento, y que rubricó impresionantemente con su pasión, muerte y resurrección.

2.- Para ello, claro está, la Eucaristía es el mejor alimento con el que, los creyentes, tonificamos el espíritu, fortalecemos el corazón y entramos en comunión con Aquel que se ofrece, se parte y comparte su existencia con los que creen y esperan en El. ¿Sentimos la eucaristía como el alimento que el Pastor pone a disposición de su rebaño? ¿Conocemos la vida, la historia, la grandeza de Aquel que va por delante indicándonos el camino que conduce hasta el Padre? ¿Nos dejamos conocer por El? ¿Intentamos que nuestra vida sea traspasada por ese lenguaje de vida y de verdad que es el Evangelio?

Hoy, un cristiano sin un conocimiento auténtico y radical de Jesucristo, corre el riesgo de tener una fe pendiente de cuatro hilos de simple formalismo, tradición o ritos. Jesús, si pronuncia nuestros nombres, si conoce la verdad o la mentira de nuestra existencia, si nos conoce de arriba abajo… ¿no merece también un tiempo y un interés por nuestra parte? ¿No merece que, su persona, sea conocida, seguida, reverenciada, amada y respetada?

Que el Buen Pastor, Aquel sobre el que descansan nuestras vidas y se amortiguan nuestros temores, nos ayude a dar y cumplir con esa hoja de ruta que no es otra que el camino de una vida nueva traspasada por la alegría de la Pascua.

Que el Buen Pastor, referencia de todos los sacerdotes (débiles pero probados pastores que intentan asemejarse a Cristo) nos anime también a trabajar, potenciar, rezar y presentar en nuestras comunidades cristianas la vida sacerdotal, como necesaria e interpelante a un mundo que necesita menos líderes y personas más sacrificadas, entregadas y que se desvivan contracorriente a favor de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

3.- ¿QUIERES SER NUESTRO PASTOR, SEÑOR?

Gracias, Señor, por conducirme hacia valles tranquilos

mi alma, y también mi corazón, cuando de Ti

necesitan un poco de paz y de sosiego.

Gracias, Señor, porque me siento uno de los tuyos

Porque no soy ni más ni menos importante que los demás

Porque, aún siendo amigo tuyo,

camino junto a muchos de mis hermanos

para conocerte y verte cada día más cerca.

¿Me dejas, Señor, seguirte?

¿Me aceptas a pesar de desviarme de tus senderos?

¿Me amas aún a sabiendas de que me distraigo

con otros pastos y que bebo de otras fuentes?

Gracias, Señor, porque me aceptas como soy

Porque, Tú Buen Pastor, animas al sano

pero también recoges y esperas al herido

Porque empujas al que puede andar por sí mismo

y cargas, sobre tus hombros, al que no puede

o no quiere avanzar, exhausto o desencantado

¿Quieres, Señor, conocerme?

¿Aceptas, Señor, mi interior confuso y convulsionado?

Mira, Señor, que aún siendo de los tuyos

aún siendo oveja de tu rebaño

con mis palabras y acciones

a veces tengo la sensación de dispersar

lo que Tú, con mano providente y pacientemente

unes en el amor, la vida y la caridad

¿Me permites, Señor, conocerte?

Hoy, Señor, te confieso que quiero seguirte

Que quiero formar parte de tu equipo

Que, lejos de ser un borrego,

quiero tener el criterio que nace del Evangelio

Que quiero dejarme llevar por la Gracia de Dios

para que no me arrastren los vientos del mundo

Hoy, Señor, Buen Pastor de toda mi existencia

quiero darte las gracias porque das tu vida por mí

Porque ante Ti no puedo esconderme

Porque respetas mi libertad para seguirte

Porque tu voz es potente,nítida y única

Gracias, Señor, porque Tú, Buen Pastor

conoces mejor que yo

aquello que para mis días

más o menos me convienen

Amén


2.- LA PREOCUPACIÓN POR LA VIDA DE LOS DEMÁS

Por Gabriel González del Estal

1.- No hace falta demostrar que casi todos vivimos muy preocupados por nuestra propia vida. La salud, el dinero, el amor, el éxito, la fama, y tantas otras cosas, nos tienen la mayor parte del día muy ocupados en nosotros mismos. Sí, nuestra preocupación primera casi siempre está dirigida a nosotros mismos. Pero hoy, en este domingo del Buen Pastor, se nos propone como modelo de vida a una persona que, olvidándose de sí mismo, vivió para los demás y murió no para salvarse a sí mismo, sino para salvarnos a los demás. Este Buen Pastor es, claro está, el mismo Jesús de Nazaret, la persona humana en la que Dios quiso encarnarse. Si nosotros, los que nos llamamos discípulos y seguidores suyos, queremos seguirle e imitarle, deberemos orientar nuestra vida de tal manera que nuestra ocupación y nuestra preocupación primera sean los demás. Esto, realmente, es muy difícil, porque el egoísmo es como el esqueleto que vertebra nuestra vida psíquica y social. Desde que nacemos hasta que morimos vivimos protegiéndonos y cuidándonos a nosotros mismos: defendemos nuestra salud, nuestro dinero, nuestro puesto de trabajo, nuestras relaciones sociales, el éxito de nuestra empresa; defendemos, en definitiva, nuestra vida. En este domingo del Buen Pastor nuestro propósito principal, como cristianos, debe ser este: voy a preocuparme un poco más por la vida de los demás: por la salud de los demás, por el puesto de trabajo de los demás, por el amor o la falta de amor de los demás... Sólo así podremos llamarnos seguidores del Buen Pastor y ovejas de su rebaño.

2.- La promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y, además, para todos los que llame el Señor, aunque estén lejos. La promesa a la que se refiere aquí San Pedro es la promesa de una salvación universal, dirigida a todos los que, creyendo en Cristo, se conviertan, se bauticen en su nombre y se hagan auténticos discípulos suyos. Ya no se trata de una promesa dirigida sólo al pueblo judío, porque la redención de Cristo llega hasta los que estén más lejos, sin distinción de raza, lengua o nación. El Buen Pastor quiere que toda la humanidad forme un solo rebaño, una sola comunidad en el que la regla suprema de comportamiento sea la fraternidad y el amor universal. Para esto vivió el Buen Pastor, por esto murió y para esto resucitó: para salvar la vida de los demás, aunque tuviera que ser a costa de su propia vida.

3.- Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. San Pedro sigue insistiendo, en esta carta, en la misma idea de la primera lectura: que Él murió para que nosotros vivamos. Él no merecía morir, porque era puro e inocente, pero aceptó morir por nosotros, para redimirnos de nuestros pecados, para que nosotros siguiéramos vivos. Este mensaje, el de dar la vida por los demás, si así nos lo exigiera nuestro compromiso cristiano, fue el mensaje que animó a muchos mártires de todos los tiempos a vivir y a morir por los demás. Este fue el mensaje que entendió San Maximiliano Kolbe cuando se decidió a pedir que le mataran a él, para que siguiera viviendo aquél padre de familia polaco a quien tanto necesitaban sus hijos. San Maximiliano Kolbe fue un auténtico discípulo del Buen Pastor.

4.- Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante. La puerta de Cristo se abre siempre a la vida, no a la muerte. Los que rompen la puerta, o saltan por donde deben, para matar, para robar, para aprovecharse de la vida de los demás, son mercenarios, no auténticos pastores. Por desgracia, en nuestra sociedad, nos sobran mercenarios y nos faltan auténticos pastores. Quizá siempre haya sido así, porque el camino del egoísmo y del mal es un camino más fácil de andar que el camino de la generosidad y del bien. Ya los pastores del tiempo de Jesús de Nazaret tenían muy mala fama, porque el pueblo les consideraba egoístas, aprovechados y tramposos; por eso la figura de un pastor bueno, de un Buen Pastor, les resultó a los discípulos y a los seguidores de Jesús una figura maravillosa y entrañable. Un pastor que era capaz de dar la vida por sus ovejas era, sin duda, un pastor excepcional y casi milagroso, un Buen Pastor.


3.- CAMINO DE AMOR Y DE LEALTAD

Por Antonio García-Moreno

1.- Palabras valientes.- Ya en la primera intervención pública de Pedro, se puso de manifiesto su valentía y sinceridad. En efecto, ante aquella muchedumbre exclamó: "Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías" (Hch 2, 15). Palabras valientes de Pedro, que afronta la cuestión con decisión y claridad. Era muy atrevido decirles que Jesús de Nazaret, al que ellos habían crucificado cruelmente, al que habían negado, ese es, nada menos, el Señor, el Mesías prometido por los profetas. Palabras valientes que se van a repetir con audacia ante los más diferentes auditorios. Palabras que siguen resonando con fuerza y con decisión.

Cristo Jesús es el mismo Dios encarnado, la segunda Persona de la Santísima Trinidad que, sin dejar su naturaleza divina, asumió también la naturaleza humana, uniendo una y otra naturaleza en su única Persona divina. Misterio de Cristo, misterio de la Trinidad Santa. Realidades que sobrepasan a nuestro entendimiento y que aceptamos por la fe, incondicionalmente, generosamente, totalmente, tal como nos lo enseña nuestra santa Madre la Iglesia, tal como sigue resonando en labios del sucesor de Pedro. Palabras valientes que proclaman el mensaje de Cristo, sin mirar el qué dirán de los hombres, buscando sólo cumplir con el mandato de Dios.

"Estas palabras les traspasaron el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: ¿Qué tenemos que hacer, hermanos?" (Hch 2, 37). Lo lógico hubiera sido una reacción violenta. Aquellas palabras eran una terrible acusación. Se les venía a decir con claridad que ellos habían asesinado al Rey de Israel, a ese que tanto tiempo habían esperado y deseado. Se les decía que Dios hecho hombre había venido a los suyos y que los suyos no le recibieron, le rechazaron violentamente, le cosieron a una cruz.

Y he aquí que estas palabras les atraviesan al corazón, les llegan hasta lo más profundo de su ser, provocando un dolor sincero, un arrepentimiento auténtico. ¿Qué hemos de hacer?, preguntan ansiosos, dispuestos a todo, sea lo que sea... Señor, tu palabra sigue resonando valiente en el magisterio de la Iglesia, en lo que dice el Papa, en lo que la Jerarquía enseña a través de los altos organismos de la Santa Sede. Pero ya ves, Señor, a veces hay quienes no reciben el magisterio de Roma con visión de fe, recortan su contenido, lo interpretan según su conveniencia, protestan y firman escritos contestatarios. Ayúdanos, Señor, y da fuerza a los que hacen cabeza para que sigan hablando con claridad y energía. Y gracias porque la inmensa mayoría responde al magisterio de la Iglesia con fidelidad a veces heroica, a pesar de esa minoría bullanguera y protestona.

2.- Cristo es la puerta.- La puerta, lo mismo que el camino, es un símbolo que, en la Biblia, significa algo más hondo de lo que a primera vista pudiera parecer. Son imágenes que hacen referencia a unos principios morales, a un modo determinado de comportamiento. Por eso Jesús afirma: Yo soy la puerta. Es decir, yo soy el modelo que hay que imitar, el ejemplo claro que hay que seguir para poder entrar en el rebaño. El que trate de copiar otro modelo, el que entre por otra puerta, ese es un salteador, un bandido, un ladrón. Por eso los pastores que no se identifiquen con Jesucristo, nuestro Buen Pastor, son pastores falsos, mercenarios que sólo buscan el provecho personal y no el bien del rebaño.

Sus palabras eran sencillas y claras, pero los oyentes no acababan de entender. Jesús tiene paciencia con ellos, con nosotros también, pues tampoco acabamos de entender y aceptar. Los que vinieron antes, les explica el Maestro, eran unos ladrones y unos bandidos. Por eso las ovejas no les escucharon. Oyeron sí cuanto les decían, pero se daban cuenta de que en el fondo latía el engaño y la mentira.

En cambio, a Cristo, el Buen Pastor, las ovejas le reconocieron por la voz y le siguieron. Él marcha delante del rebaño, al estilo palestino, no detrás de las ovejas, sino delante; conduciéndolas no a pedradas o a gritos, o con la ayuda de los perros, sino que les marca el camino con su propio caminar, haciendo transitable y andadero el sendero de la salvación.

Con razón se nos dice muchas veces en los evangelios que los discípulos y las multitudes seguían a Jesús. El Maestro mismo le decía al elegido: Ven y sígueme. Era una forma práctica de enseñarles un modo de conducta, indicándoles que siguieran la suya propia. Caminar por los mismos senderos que Él caminó, pasar por su mismo camino hecho de abnegación y de servicio gustoso, de esfuerzo y de entrega generosa. Camino de amor y de lealtad, camino que en ocasiones se hace cuesta arriba, muy cuesta arriba quizá, pero al final la dicha es grande y segura, la felicidad cierta y eterna.


4.- PARA EL SEÑOR SOMOS ÚNICOS, IRREPETIBLES

Por José María Maruri, SJ

1.- “Hagámonos pastores, Sancho amigo” le dijo el Quijote en un sentido, y se lo dicen a si mismos todos los que mandan o quieren mandar, para los que tener borregos a su cargo es el ideal. Decidme a mi que son para un político esos miles de gentes que gritan entusiasmados en un mitin, para él no tienen nombre, no tienen cara, ni familia, ni problemas, ni enfermos en casa… son un mero número para las urnas.

Pero hay otros que mandan también en la sociedad, cambia la estación del año, y allí van todos, ellos y ellas, vestidos y adornados exactamente igual (como borregos) y con la sensación de ser muy originales y si es unisex la moda impuesta se pierde la originalidad de ser hombre o mujer para pasar a ser “eso”.

Vienen unos melenudos –o pelados del todo-- a llenarnos de gritos estentóreos nuestros estadios gritando como locos por una música impuesta por los pastores del rebaño.

Se está perdiendo la personalidad de tal manera que ya vosotros y yo no somos más que un número del DNI o del NIF (**) para los que nos mandan y conste que no digo que nos gobiernan.

2.- Jesús, que arrastrado por la tradición del Antiguo Testamento, tuvo un malísimo gusto al llamarse a si mismo pastor, hoy no se hubiera presentando así, pero no se me ocurre como se hubiera presentado.

En su tiempo vio a la gente como ovejas desperdigadas, como ovejas sin pastor, y hoy nos verá buscando un ideal de sinceridad en que las promesas se cumplan; de honradez en que nadie se lleve lo ajeno, y haya hombres que no se vendan al mejor postor; de imparcialidad en que no pesen los carnés políticos, ni las ideas religiosas, ni del color de la piel; de preocupación bien, no solamente de una minoría que usa el rodillo de la apisonadora, sino el de todos y cada uno, porque no se considera a nadie borrego, sino ser humano.

Desde luego que si hoy Jesús se nos presentase así, volvería a repetirse el Viernes Santo, porque hubo un Ghandi y lo mataron, hubo un Kennedy y lo mataron, hubo un Luther King y lo mataron. Y en general la gente honrada no ha triunfado en nuestra sociedad.

3.- Lo que el Señor nos quiere decir es que Él no trabaja en serie, que cada uno de nosotros somos obra de artesanía sin moldes, que sí somos de verdad artículo exclusivo, que para Él no hay más que ése que soy yo.

Que Él nos conoce por nuestro nombre, reconoce de lejos nuestra cara, nos enmarca en nuestras propias circunstancias y se sabe de memoria nuestros problemas, no porque se los hayamos dicho muchas veces, sino porque Él es el único que no nos dice “eso es problema tuyo”, sino que nos dice “tus problemas son mis problemas”.

María Magdalena reconoció a Jesús junto al sepulcro en aquel hombre que ella creía era el jardinero, cuando Jesús la llamó por su nombre: “María”, porque Él sabe nuestros nombres y cuando estamos atentos también nosotros por el tono de voz. Como cuando nos llama por teléfono un amigo y no hace falta que nos diga su nombre porque el timbre de voz le reconocemos. “¡Oye, María!”. ¡Di, sí, Fernando!”. No hace falta nada más.

4.- Para el Señor somos únicos irrepetibles, y tenemos un hueco en su corazón, que nadie puede ocupar, como cada hijo ocupa un lugar en el corazón de los padres y cuando ese hijo muere allí queda siempre vacío ese lugar.

Si es verdad que nadie es indispensable en este mundo, porque siempre habrá otro médico, otro empresario, otro sacerdote, otro Papa, pero como personas somos indispensables para Dios.

El Señor no se sienta a la mesa familiar si no están todos los suyos, para la alegría general cada uno es indispensable.

Hagámonos pastores, Sancho amigo, como lo es el Señor, que cada uno de los que nos rodean sean únicos, indispensables.


5.- ASÓMATE AL REBAÑO

Por Gustavo Vélez, mxy

“Dijo Jesús: Yo soy la puerta de las ovejas. Quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir y encontrará pastos”. San Juan, Cáp. 10.

1.- Al hombre de las cavernas le bastaba una laja de piedra, para cerrar su cueva por las noches. Pero más adelante, cuando los pueblos sedentarios edificaron sus viviendas con mayor solidez, las puertas de sus casas adquirieron importancia y jerarquía. En los castillos eran fuertes y seguras, adornadas con los blasones de sus dueños. En las antiguas catedrales ellas se volvieron catecismos, por sus historias religiosas en relieve para los analfabetos. De otra parte los predicadores, apoyados en el Apocalipsis, describieron al pueblo con detalles, cómo eran las puertas de los Cielos.

Los bandidos y las fieras nocturnas han sido siempre los enemigos del rebaño. Demasiado prosaicas, las puertas del aprisco en tiempos de Jesús, apenas unos maderos toscos. Defendían sin embargo las ovejas. Aunque el evangelista apunta que los ladrones a veces saltaban por encima del vallado.

El Maestro, quien había crecido en un ambiente pastoril, un día les dijo a sus discípulos: “Yo soy la puerta de las ovejas”. Este nombre se daba también a un portal bajo las murallas de Jerusalén, por donde entraba el ganado menor destinado a los sacrificios.

2.- Jesús explica enseguida por qué se da a sí mismo ese apelativo: El dueño de las ovejas entra siempre por la puerta. Desde allí llama a sus ovejas, las cuales reconocen su voz y logran encontrar verdes prados y frescas aguas. “Yo soy la puerta de las ovejas”. Una invitación a todos nosotros, para que permanezcamos, en todo momento, unidos a Él.

En la liturgia de la Misa desde tiempos atrás, hay un corto párrafo que reúne la piedad de los fieles, y todas las plegarias que le preceden, con el vigor de tres preposiciones, que indican cercanía y adhesión al Señor: “Por Él, con Él y en Él, a ti Dios Padre omnipotente”…Descubrimos aquí una herramienta precisa, para evaluar cada elemento de la profusa feria religiosa que hoy se ofrece: Movimientos, devociones, apariciones, modas. Si Jesús es la puerta, mi cristianismo será auténtico en la medida en que yo cuente, a cada paso, con su presencia. Si sus criterios son los míos. Si mi estilo de vida se asemeja al suyo, de modo manifiesto. Lo demás es accesorio, trivial y pasajero. Nos lo enseña la historia de la Iglesia.

3.- “Yo no sé orar, decía un hombre angustiado. Lanzo mis pensamientos hacia Dios, pero siento que caen en el vacío.” “No importa” --le respondió un sabio maestro-- ensaya algo distinto. Asómate por esta ventana y verás allá abajo el aprisco que, apretujado, se dispone a pasar la noche bajo las estrellas. Todas las ovejas parecen iguales, pero en realidad no lo son. Detrás de ese vallado hay un pastor, que las conoce por sus nombres. El presente y el futuro de las ovejas están su corazón y en sus manos. Siéntete una de ellas. Con tu difícil historia personal, pero intensamente amado”. Y el texto de san Juan agrega: “El que entra por la puerta es el pastor. A éste le abre el guarda y las ovejas atienden su voz y él las va llamando por sus nombres”.


6.- UNA PUERTA ABIERTA

Por José María Martín OSA

1.- El mensaje de Jesús es muy claro: Él es la puerta para ir al Padre y también para ir al hermano. Pero no es una puerta estática, sino una puerta que se abre para nosotros. Y no sólo eso, Jesús es a la vez la puerta y el pastor que nos ayuda a entrar por ella. La imagen bucólica del pastor no es la que encarna Jesús en este evangelio. Él es el Buen Pastor "que da la vida por las ovejas". Como señala la Primera Carta de Pedro, Jesucristo, sin haber cometido pecado, sufre la pasión por nosotros, carga con nuestros pecados, subió al leño para curarnos. Entrar por la puerta es seguir a Cristo, que "nos guía por el sendero justo". No hay otro guía que nos conduzca por verdes praderas. Preguntémonos, ¿a quién seguimos?, ¿quién es nuestro pastor?, ¿qué voces seguimos? El Señor nos advierte sobre los falsos pastores, que se aprovechan del pueblo, se apacientan a sí mismos. Por sus frutos les conoceréis.

2.- Entrar por la puerta es identificarse con Cristo, empaparse de sus sentimientos y actitudes, vivir los valores del Evangelio. Para ser pastores de los hermanos tenemos que intentar amar como Cristo, estar dispuestos a entregarnos como Él, desbordar generosidad a raudales. No cerremos la puerta que Cristo nos abre. Menos condenas y más acogida, menos poder y más servicio, menos orgullo y más generosidad, sólo así podemos ser signo en el mundo de hoy.

3.- En este IV domingo de Pascua la Iglesia celebra la jornada Mundial de Oración por las vocaciones. El lema de este año es “las vocaciones al servicio de la Iglesia-misión”. Las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada sólo nacen en un terreno que se cultiva bien espiritualmente. Las comunidades religiosas deben ser siempre misioneras, nunca deben encerrarse en sí mismas. La vocación es un don de Dios y a El nos dirigimos para pedirle que surjan nuevas vocaciones que sepan afrontar los retos del mundo moderno. No hay que desanimarse porque haya disminuido el número, pues Dios sigue llamando ysurgirán nuevas formas de seguir a Jesús con radicalidad. Nuestra Iglesia debe ser "casa de santidad", pero con una puerta muy grande para que todos puedan entrar. Jesús, "Buen Pastor" guíanos, llévanos de la mano, no nos alejaremos de ti, pues sabemos que sólo contigo tenemos la vida, y vida abundante.


7.- “EL SEÑOR ES MI PASTOR, NADA ME FALTA”

Por Ángel Gómez Escorial

1.- No siempre es el salmo la pieza bíblica más comentada en las homilías. Pero este salmo 22 que es, sin duda, uno de los más bellos del salterio y emerge este cuarto domingo de pascua como una estrella de extraordinario brillo. Y es que el Señor nos lleva hacia fuentes tranquilas y con Él nada nos va a faltar. La lectura de sus versos se presenta en nuestro tiempo como un remedio anti-estrés o contra la depresión o desánimo que muchas veces nos inunda. Tenemos miedo a caminar por las cañadas oscuras de esta vida y esos caminos, real o aparentemente, llenos de dificultad, nos angustian y nos comunican sufrimiento. Además es frecuente que muchos cristianos utilicen el primer verso del salmo como jaculatoria: “El Señor es mi Pastor, nada me falta”, lo cual es formidable. Pero, en fin, el Salmo es un acompañamiento más del resto de cada una de las tres lecturas del domingo. Y este cuarto de Pascua el evangelio de Juan nos cuenta que Jesús se declara como el Buen Pastor y lanza gravísimas acusaciones contra los falsos pastores.

El ejemplo pastoril es útil y muy descriptivo en sociedades agrícolas y ganaderas. Hoy lo es menos. Pero no podemos negar que todavía en muchas partes del mundo –incluso en los países desarrollados—se pueden contemplar a los rebaños con sus respectivos pastores. No ha desaparecido la práctica de buscar alimento en pleno campo para ovejas y cabras, porque, también, tiene un principio altamente ecológico. Además de limpiar los campos de los restos de la recolección anterior, sirve para mejorar la calidad de esos ganados. La cuestión es que la idea del pastor como protector y guía del rebaño es perfectamente entendible por nosotros hoy, aunque, por lejanía, no tenga el dramatismo que infiere Jesús de Nazaret a sus palabras en el relato evangélico de San Juan.

2.- Y esa es la parte nuclear del mensaje de Cristo de hoy. Pues el que no entra por la puerta del aprisco y salta la cerca es ladrón. El robo de ganado era frecuente –y lo sigue siendo—en esas comunidades ganaderas. Hay, sin duda, en las palabras del Señor una advertencia hacia los salteadores del espíritu. Dicen que los políticos engañan mucho y que solo buscan votos con sus programas electorales, para, luego, no cumplir nada. Pero, ¿no es más peligroso el embaucador religioso? Sí, porque cuando alguien cree profundamente en algunas de las verdades básicas que comporta el ejercicio de cualquier religión está inerme, está muy dispuesto a creer y seguir el camino de quien le habla. Los dramas humanos que se viven en las sectas son enormes. La tendencia al abuso, incluso al robo, de los líderes falsamente religiosos es muy frecuente. Y, probablemente, lo produce esa falta de capacidad de defensa del individuo ante algo que supone que es lo mejor.

Está claro que Juan evangelista prevenía ya a sus contemporáneos contra los abusos sectarios que en seguida surgieron en el entorno de la vida de la primitiva Iglesia. San Juan se batió el cobre contra la herejía gnóstica que negaba la humanidad de Jesucristo y condenaba la existencia normal de hombres y mujeres ya que ponía en un segundo plano lo corporal, cuando, en realidad, todo individuo es un conjunto armónico de cuerpo y alma. Pero es obvio también que ha surgido muchas disputas –demasiadas—en el seno y en la cercanía de la Iglesia por diferencias de criterios, algunos, que vistos ya a la luz de la historia, nos parecen hoy nimios, aunque, obviamente, otros no; otros son de una gravedad y de una mentira manifiesta.

3.- La enseñanza de Jesús es completa y nada equívoca. Él es la puerta. Él rodea y abarca con sus brazos amorosos todo el perímetro de la cerca del aprisco. No podemos equivocarnos. Y está claro que la Iglesia, aún con sus fallos humanos, al narrar bien la enseñanza de Cristo conforma los límites de la cerca que protege al rebaño. Luego, cada uno de nosotros, debe sentirse discípulo del Maestro y oveja del Pastor. El sentimiento ha de ser individual y colectivo. Ciertamente, un rebaño es lo más gregario que hay, pero sin el convencimiento personal, individual, no es posible formar parte libremente de nada.

4.- Tanto la primera lectura como la segunda nos presentan en estos domingos de Pascua a Pedro, el primer Papa, como protagonista. En los Hechos de los Apóstoles se van desgranando esos aconteceres que a partir de Pentecostés lanzaron a la Iglesia a su empresa milenaria, eterna. Las Cartas de Pedro son las primeras encíclicas y si leen con una cierta atención veremos como los sucesores de Pedro, en cierta medida, siguen en el fondo y en la forma esas exhortaciones petrinas. Este tiempo de Pascua nos comunica, por tanto, el inicio de la singladura eclesial. En este caso, y como no ha podido ser de otra forma, Pedro en su primera Carta nos habla del pastor y del guardián de nuestras vidas, ya no somos ovejas descarriadas.

Este tiempo de Pascua va llegando a su mitad. En la lejanía se nos presenta la Ascensión y Pentecostés como metas que van estando más cerca. Y es todo una secuencia. Jesús ascendió al cielo y nos dejó al Espíritu que iba a enseñarnos todos. El Espíritu lanza a la Iglesia a su actividad misionera permanente. Y hoy merece la pena recordar como se extendió su acción y doctrina tan rápido y por tantos lugares. Ahora que pensamos que todo en la Iglesia y en los católicos va lento y sin tono, deberíamos tomar el ejemplo de lo que se nos narra en estos domingos. Deberíamos abandonar nuestro pesimismo y nuestras pretensiones personales excesivas y confiar con fuerza, pero con sencillez, que el Señor Jesús es nuestro Único Pastor y que el Espíritu sigue siendo nuestro mejor caudal de conocimiento y formación.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


EL PASTOR

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Muchos de vosotros, mis queridos jóvenes lectores, desconoceréis, sin duda, como son los pastores y en qué consiste el pastoreo. Tuve la fortuna, cuando era pequeño, de encontrar rebaños y de hablar con algún mayoral. Me explicaron algo de su oficio y me acercaron sus ovejas. He de reconocer que el pastor tiene una manera de ser muy especial. Se trata, la suya, de una ocupación muy antigua. Podríamos decir que después de abandonar la vida de recolector de frutos y huevos, amén de aprovisionarse de caza, el hombre descubre dos caminos de subsistencia: el cultivo de algunos vegetales y el cuidado de animales capaces de ser domesticados. Estas dos ocupaciones se complementan. Se complementan sí, pero a la vez rivalizan. El pueblo de Israel era de ascendencia beduina, Abraham, origen de su linaje, era pastor. Aunque vivieran al margen de la población, en tiempos de Cristo, sentían las gentesadmiración hacia el pastor, puesto que sacrificaba sus días viviendo a la intemperie, dispuesto a defender del lobo y otras alimañas, a su ganado. Desconocerían la ocupación, pero esta gozaba de prestigio. De aquí que Jesús, al querer definir la actitud de su interioridad, escoja su imagen.

2.- En el fragmento del evangelio de este domingo, el Señor no saca a relucir sus conocimientos, sus estudios, sus propiedades, o su dinero. Habla de sí mismo explicando su postura ante la vida y su actitud respecto a los hombres, de aquí que se defina como pastor. Como os contaba al principio, recuerdo muy bien que al atardecer, llegaban a aquel pueblo vallisoletano, desde los cuatro puntos cardinales, los diferentes rebaños que habían pastado durante toda la jornada por los campos. Mi tío abría la puerta para que entrara el suyo. Me enseñaba el pastor los más pequeños corderitos, con un cariño que contrastaba con la rudeza de sus modales en otros momentos. Me mostraba cual era su madre, ¡cordera!, la llamaba con cariño. Y la oveja obedecía a su voz y se acercaba dócilmente. El chico de ciudad que yo era, descubría el amor que había en el corazón de aquellas gentes, que habían pasado el día en solitario acompañados solo por aquellos mansos animales. Otras imágenes, mucho más recientes, permanecen en mí. Son de los beduinos con rebaños, sumergidos en los desiertos de Judá, del Neguev o del Sinaí. Han pasado, en algún caso, muchos años, pero los recuerdos permanecen como si fueran de antesdeayer y os los he querido contar, ya que la mayoría de vosotros no habrá tenido nunca trato personal con pastores. Los que escuchaban a Jesús, sabían mucho más de lo que sé yo de esta materia. Observad, de todos modos, que no acababan de entenderle. La generación posterior, acepto de buena gana la comparación y de aquí que la figura del Buen Pastor, pintada en las paredes de las catacumbas o hecha escultura, sea una de las primeras representaciones del Señor.

3.- Si queréis, mis queridos jóvenes lectores, captar el mensaje del evangelio de hoy, precisaréis de ciertos recuerdos vuestros, y de imaginación. Quien no llama a la puerta de la casa, pero se mete furtivamente dentro, es un agresor o un ladrón. Quien viene acompañado de una tropa de chiquillos que le siguen entusiasmados, es un buen monitor. Merece confianza, están seguros a su lado y les ayuda a progresar en la vida por buenos caminos.

Os lo advierto ahora, seguramente tratarán de captar vuestra atención, de interesaros, de entusiasmaros, personas que al cabo de un tiempo, se descubre que tenían malas intenciones. Eran capaces de arrastrar, pero traicionaban más tarde. Eran simpáticos, tenían muchas cualidades, pero el tiempo descubrió que pretendían satisfacer su vanidad, o ganarse adeptos, para escalar en la sociedad. En una palabra, eran egoístas, con apariencia de líderes generosos. Mientras les conviniera disponer de un gran auditorio, eran capaces de prestarles atención. Después, cuando ya no les resultaban útiles, los abandonaban. Con Jesús nunca pasa así, Él nunca traiciona, ni se aprovecha de sus amigos, todo, en todo y siempre, es amor.

4.- El ejemplo del pastor, pese a ser acertadísimo, puede resultarle extraño a algunos de vosotros, de aquí que en la Iglesia, también se hable de buenos sentimientos del Maestro y se exprese esto, con la imagen del “Sagrado Corazón de Jesús”. Tal vez os guste más así, o lo entendáis mejor. Otra afirmación paralela de origen más reciente. Es frecuente que de personas buenas afirmemos que tienen buen corazón. O que, como ocurre en la actualidad, os guste una pintura que se propaga por doquier, con el mensaje que la acompaña. Estoy hablándoos de la devoción a la Divina Misericordia, fiesta muy querida por Juan-Pablo II, que hemos celebrado recientemente.

5.- No se enfadará el Señor, si no os gusta el pastoreo y si del corazón solo queréis saber que es una simple víscera, sin otro valor simbólico. Lo que importa es que estéis convencidos de que junto a Él, siendo sus amigos, gozáis de protección y libertad. Tendréis vida y gozaréis de ella, porque por cada uno de los hombres siente un inmenso cariño. Mis queridas jóvenes lectoras, tal vez vosotras seáis más sensibles al amor, a vosotras, pues, os digo: Jesús ama con una inmensa ternura. Y a vosotros, chicos, os aseguro si ahora estas aparentes menudeces, la de que el Amor del Señor está lleno de cordialidad, no os importan, en llegando a la edad de abuelos, sabréis apreciarlas.