1.- EL CARNET DE IDENTIDAD DEL BUEN PASTOR

Por Javier Leoz

1. Espera con los brazos abiertos para abrazar y bendecir. Espera, por lo tanto, que también nosotros seamos receptivos a su invitación y generosos en apertura hacia los demás.

2. Da la vida por los suyos. No es simple asalariado. La cruz fue la prueba definitiva de su sinceridad y de su verdad.

3. Porque somos hijos de Dios, el Buen Pastor, no quiere que ninguno de nosotros nos perdamos. Siempre va mirando hacia atrás para ver quién se queda fuera del camino o perdido.

4. Jesús, no solamente ama la vida; la defiende, la cuida y –además- la ofrece. Que nosotros, al igual que El, luchemos en contra de la cultura de la muerte. No todo lo que no sirve hay que eliminar.

5. El Buen Pastor conoce a los suyos. Los comprende. No los quiere perfectos pero, eso sí, los quiere conscientes de sus defectos y caminando hacia la perfección.

6. Jesús, resucitado por la mano del Padre, quiere que tengamos vida y en abundancia. El camino para la vida es el Evangelio, la Palabra y la fe que salva.

7. El amor de Jesús es la fuerza de su pastoreo. En la cruz El sufrió, se desangró y murió… pero la cruz no pudo arrancar de El su inmenso amor por el hombre.

8. Cristo dio la vida por nosotros. ¡Pensar que todo esto lo hizo Jesús por mí! ¿Qué hago yo por los demás? ¿Soy pascua para los que me rodean o “les hago la pascua”?

9. El Señor conoce nuestra voz. Por lo tanto, Jesús, está al tanto de nuestras verdades a medias; de nuestros juicios sobre terceras personas. Aún así, el Buen Pastor, va poniendo luces en el camino que une el cielo con la tierra. ¿Lo elegimos?

10. Si Jesús es Buen Pastor, nosotros somos sus ovejas. Personas con criterio propio, pero que deben actuar movidas por una sola razón: el amor que Dios nos tiene.

11. El Buen Pastor es una puerta que, cuando uno la empuja, se abre detrás de ella un horizonte de paz, de consuelo, de alegría y un eterno canto de aleluya: ¡la gloria de Dios!

12. El Buen Pastor es una puerta que, cuando uno la cierra, se pierde lo más grande del ser hijo de Dios: su amistad, su cercanía, su voz, su intimidad, su fuerza y su calor.

13. Jesús es Aquel que nunca desespera. Siempre espera, siempre da una nueva oportunidad. Nadie le es indiferente. Su pretensión no es otra que el llevar a todos los hombres al conocimiento de Dios y hacerles sabedores de su gracia y de su perdón.

14. El Buen Pastor nos invita a no desviarnos de aquel camino que conduce hacia el bien. El secreto del Buen Pastor no es otro que el abrir puertas para llegar al cielo.

15. Su cetro o su cayado, no solamente es seguridad en el camino, es Palabra que corrige, es golpe certero que despierta, es una huella en el suelo que va marcando el ritmo de la fe y de la esperanza de todo creyente.

16. La figura del Buen Pastor es un canto a la salvación y no a la condenación. ¡Todos estamos llamados a contemplar al Padre! ¡Todos tenemos oportunidad de dar con la puerta que conduce a Dios! La misericordia va grabada en su bastón y, el perdón de Dios, en sus sandalias.

17. El Buen Pastor no pide a cambio sino aquello que El mismo da. ¿Qué ofrece? ¡Amor! ¿Qué le podemos brindar a cambio? Lo que El nos da: ¡Amor y más amor!

18. Jesús, como Buen Pastor, es auténtico, radical y exigente. No descuida a los suyos y, sin demora, sale al encuentro de ellos en cada situación y dificultad que están viviendo. Nada ni nadie le es indiferente.

19. Jesús, Buen Pastor, sigue necesitando de otros pastores (que con fragilidades y mil pecados) quieran seguir anunciando el Reino de Dios en un mundo que, en diversas ocasiones, llora perdido. Oremos por los sacerdotes.

20. Cristo, como Buen Pastor, cultiva su relación con el Padre. Sin El…no se entendería su pastoreo. Aprendamos de El a dialogar con Dios, a permanecer en su presencia y a darle gracias porque, con el Buen Pastor, la huella de Dios se sigue percibiendo en la gran playa que es el mundo.

 

2.- CUIDADOS

Por David Llena

Escuchaba hace unos días en la radio, en un programa de entretenimiento, una serie de tratamientos de manicura y pedicura. Unos consejos que iban desde la simple limpieza hasta todo tipo de masaje con todo tipo de sustancia a cual más exótica. Incluso, se aconsejaba dejar descansar las uñas si se utilizaban una serie de colores pues eran más nocivos que otros. Así había que ir alternando el pintado de uñas con periodos sin pintar. Además para que el tratamiento fuese más efectivo para las manos, aconsejaban usar guantes a la hora de fregar los platos, e incluso aquí ponían especial atención en protegerse de la “agresión” de los guantes de goma usando debajo de estos unos de algodón. Al final después del tiempo, dedicación y dinero empleados, era necesario seguir unas pautas casi de por vida para mantener las manos con una salud envidiable.

Y enseguida, mis pensamientos se volvieron hacia el sacramento de la Penitencia. Por un precio mucho más módico, aunque la dedicación y el tiempo empleados en este sacramento deben ser importantes, podemos tener un alma que sea la envidia de todos. Debemos someterla a un tratamiento de choque. Aquellos que han vivido con fervor la recién terminada Semana Santa, vendrán con un alma reluciendo la luz del Resucitado. Algo más que una simple limpieza, nos da este sacramento. Nos reconforta el alma, nos relaja, incluso nos recrea.

Pero luego debemos hacer lo posible por no quedarnos ahí. Debemos proteger nuestra alma de las agresiones del mundo. Pues en el mundo debe estar, pero debemos ser capaces de defenderla de sus agresiones: malas compañías (ciertos programas de televisión y radio, ciertas publicaciones, ciertos ambientes no aconsejables…) cada uno verá en que “fregados” se mete. Y luego y más importante repetir el tratamiento cada dos semanas al menos, ya que la frecuencia de este tratamiento mejora la salud y la belleza del alma.

 

3.- NIEVE

Por Pedrojosé Ynaraja

Leí no hace mucho que había nevado en Arad. La noticia que era de agencia, me la confirmó gente amiga que en aquellos días se movía por Israel. Lo que me dijeron fue que en Jerusalén, y cerca de Jericó, había nevado, dificultando sus andares. Me pareció cosa insólita. Nunca hubiera imaginado que en el Neguev y más concretamente en los interesantísimos restos del templo de Arad, pudiera nevar. Para vergüenza mía, leo estos días en el I de los Macabeos 13,22, que una intensa nevada procuró la retirada de un ejército adversario. La vergüenza me la procura el que este pasaje lo habré leído más de siete veces y ya no lo recordaba, cuando se comunicaba este año lo de la nevada en el desierto. Ambas cosas, y la misma nieve, me estimulan al comentario de hoy.

Somos muchos los que desde pequeños hemos conocido este fenómeno natural. Recuerdo siendo muy joven, en Burgos, como la nevada invernal, que nunca faltaba, era un acontecimiento festivo y gratuito. Pisar la nieve virgen por la mañana es un placer que te remonta a tiempos prehistóricos. Los chiquillos de aquellas milenarias épocas disfrutarían como yo gozaba entonces. A la satisfacción de ir dejando blancas huellas, mientras se escucha un característico chasquido de la nieve que uno va aplastando, se le unía el placer de levantar grandes muñecos, a los que no podía faltar ni el bastón, ni la bufanda, ni el sombrero. Claro que para ello, previamente, era preciso hacer bolas y eso lo acompañábamos de apasionadas batallas entre compañeros de barrio o de colegio.

No en todos los sitios se es así de afortunado. En muchos países nunca nieva y cuando tienen la fortuna de visitarnos en invierno, contemplar montañas blancas y pisar heleros, su alegría es enorme. Y la nuestra al ver como se divierten. Mi última experiencia de este tipo fue con dos hermanos brasileños. Llegamos a un determinado lugar donde en los bordes de la carretera había nieve sucia. La chica, universitaria de farmacia, quería tocarla. Supongo que deseaba comprobar en sus manos lo que había estudiado en la facultad. Yo me negaba a que perdiera el tiempo allí. Pudimos después alcanzar cotas más elevadas, en tierras andorranas. Allí la nieve era como debe ser: blanca y en grandes extensiones, que tapizaban inmensos valles. La alegría de ambos hermanos era desbordante, la de su tío, sacerdote gallego que nos acompañaba, también. En cuanto tuvo un momento para estar sola, la chica, henchida de gozo, quiso compartir alegría con su enamorado, mediante su inseparable teléfono. En medio de ellos, yo, cumpliendo el sencillo oficio de chofer, a quien se me concedió un adelanto del Cielo. Compartir Fe, amistad, asombro ¿no es esto una anticipada experiencia de eternidad feliz?

Recuerdo algo semejante, tratándose esta vez de profesores ecuatorianos. Quedaron tan atónitos ante el fenómeno, que ni siquiera se atrevían a pisar la nieve. Me dijeron que una de sus ilusiones, en un viaje a los EEUU, había sido ver nevar y no habían podido experimentarlo. Desde el avión, la visión de las montañas blancas, no les había satisfecho. Conseguí que pisaran la nieve, que entendieran que hacerlo no era profanarla. Nevó más tarde y lo que para mí era aceptar la dificultad que suponía volver a casa en tales circunstancias, para ellos era aun más alegría. Y hacían bien. Que bueno es gozar de un don de Dios, cuando Él se digna ofrecérnoslo.

En la Biblia la nieve es mencionada 28 veces. La próxima semana hablaré de ello. No quería hoy dejar de hacerlo. Sofía, la ya graduada farmacéutica, se casa uno de estos días, quería hablaros, en simultaneidad con su proeza. Amarse y comprometerse sacramentalmente, es más asombroso y gozoso que ver nevar. Que ya es decir.

(Una amable lectora, Emi Sala, me comunica, para que lo dé a conocer a los lectores, que ha conseguido el DVD: Terra Sancta, en Edizioni Terra Santa – Milano – 18€ info@terrasanta.net, añade más detalles, pero creo estos datos son suficientes. Se lo agradezco sinceramente, en nombre de los interesados)