BENEDICTO XVI HABLARÁ EN LA ONU SOBRE EL FUNDAMENTO DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE

EL PAPA RECORDARÁ A LOS CATÓLICOS ESTADOUNIDENSES LA UNIVERSALIDAD DELA IGLESIA

POBREZA Y HAMBRE SON UNA «OFENSA A LA DIGNIDAD HUMANA», DENUNCIA LA IGLESIA ENLA ONU

BENEDICTO XVI Y EL «EVANGELIO DE LA MISERICORDIA» ANTE ABORTO Y DIVORCIO

EL PAPA REITERA SU CERCANÍA AL PUEBLO VENEZOLANO

LOS TRES OBISPOS DE MADRID DECLARAN QUE IGLESIA ESTÁ SIEMPRE EN MISIÓN

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "UN MISIONERO ESPAÑOL EN CHILE"


BENEDICTO XVI HABLARÁ EN LA ONU SOBRE EL FUNDAMENTO DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE

En el sexagésimo aniversario de la Declaración Universal, revela el portavoz vaticano

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org.Por Jesús Colina).- En su visita a la sede de las Naciones Unidas en Nueva York se espera que Benedicto XVI hable sobre el fundamento de los derechos del hombre, ha revelado el portavoz de la Santa Sede. El padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, ofreció detalles sobre la visita que el Papa realizará al «palacio de cristal» por invitación tanto del antiguo como del actual secretario general, Kofi Annan y Ban Ki-moon respectivamente.

La visita del Papa a la sede de la ONU, que tendrá lugar en la mañana del viernes, 18 de abril, con unas tres horas de duración, celebrará el sexagésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Según explicó en un briefing a los periodistas el portavoz vaticano, «se puede esperar que el discurso esté centrado en el tema de los derechos del hombre, de su fundamento, y de su unidad, de su carácter indivisible. Son temas muy sentidos por Benedicto XVI».

Nada más llegar a la sede de la ONU, procedente de Washington, el Papa tras la acogida en la entrada del edificio, se dirigirá al piso 38 para mantener un encuentro privado con el secretario general, el coreano Ban Ki-moon. Luego descenderá a la sala de la asamblea general para pronunciar su esperado discurso, que será escuchado por unas tres mil personas, representantes de los 192 estados miembros, informó el padre Lombardi. A continuación el Papa saludará a los representantes de las delegaciones, y mantendrá encuentros privados con el presidente de la asamblea, con el presidente del Consejo de Seguridad, y con 60 funcionarios de las Naciones Unidas.

Mientras tanto, las tres mil personas que escucharon las palabras del Papa dejarán la sala para que puedan entrar en ese mismo lugar unos tres mil trabajadores de la ONU. Acto seguido, el Papa dirigirá en la sala de la asamblea general un discurso a estos empleados de la organización internacional. Al final, el Papa visitará la «Sala de Meditación» («Meditation Room»), en la que también se habían recogido en silencio los Papas que ya habían visitado este edificio, Pablo VI y Juan Pablo II.

La Santa Sede no es miembro con derecho a voto de las Naciones Unidas, sino que tiene el estatuto de observador permanente. Este estatuto le da el derecho a participar en los debates de la asamblea general; el derecho a responder; el derecho a hacer circular sus comunicaciones como documentos oficiales de la Asamblea, y el derecho a copatrocinar borradores de resoluciones o decisiones que hagan referencia a la Santa Sede. En Nueva York, el Papa se alojará en la residencia del observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, el arzobispo italiano Celestino Migliore.


EL PAPA RECORDARÁ A LOS CATÓLICOS ESTADOUNIDENSES LA UNIVERSALIDAD DELA IGLESIA

El arzobispo Wuerl declara que desafiará a los fieles a vivir el Evangelio

ROMA (ZENIT.org).- El arzobispo de Washington considera que la inminente visita de Benedicto XVI a Estados Unidos recordará a los católicos de su país que forman parte de la Iglesia universal. «Esperamos con impaciencia la visita del Santo Padre --explica el arzobispo Donald Wuerl a Zenit en una entrevista-- porque confirmará nuestra fe y pienso que nos desafiará a vivir el Evangelio tan plenamente como deberíamos; de manera estamos impacientes esperando el momento en el que Pedro venga y esté con nosotros».

El arzobispo añade que los fieles de Estados Unidos también «esperan con impaciencia la explicación sobre el gran vínculo en el que participan gracias a él, por la tradición apostólica, pues somos parte de la Iglesia». Con el Papa, aclara, estarán unidos a todos los fieles del mundo. La visita del Papa, del 15 al 20 de abril, permitirá a Benedicto XVI dirigirse a diferentes audiencias. Hablará al presidente George Bush cuando visite la Casa Blanca el 16 de abril, y luego el mismo día participará en un servicio de oración y un encuentro con los 350 obispos del país.

Al día siguiente, el Papa celebrará la misa en el nuevo estadio Nationals Park en Washington, se encontrará con los directivos de más de 200 universidades católicas en la Universidad Católica de América, y luego se reunirá con líderes interreligiosos en el Centro Cultural Juan Pablo II. Del viernes 17 al domingo 20, en Nueva York, el Santo Padre pronunciará un discurso en las Naciones Unidas, asistirá a un servicio de oración con líderes cristianos de varias denominaciones, celebrará la Eucaristía con sacerdotes, diáconos y religiosos en la catedral de San Patricio, se reunirá con jóvenes en el Seminario de San José en Yonkers, visitará Ground Zero y presidirá la Misa final en el Yankee Stadium.

Aunque el mensaje que Benedicto XVI dirigirá al pueblo estadounidense no ha sido divulgado, el arzobispo especula: «Sospecho que cuando esté en el Nationals Park, hablará sobre todas las cosas en las que necesitamos ser animados a vivir. Creo que hablará sobre la importancia de nuestra fe». «Espero que diga algo sobre las familias, la vida familiar. Creo que dirá algo sobre el valor de la dignidad de la vida; nos desafiará y nos conducirá al Evangelio».

Mientras que los reportajes de los medios subrayan las divisiones y tensiones de la Iglesia en Estados Unidos, el arzobispo Wuerl se muestra en desacuerdo. Afirma que tiene la «sensación de que la Iglesia empieza a renovarse. Hay siempre problemas, porque somos un país muy secular y muy, muy, material, pero al mismo tiempo estoy viendo en muchos, muchos, jóvenes un sentido de recuperación del aprecio del Evangelio y del aprecio de la voz de la Iglesia, la enseñanza de la Iglesia». «De manera que pienso que podría ser un momento de gran gracia»

El calendario del Papa durante su viaje a Estados Unidos incluye cuatro etapas dedicadas a promover el diálogo interreligioso. Tras la reunión con líderes interreligiosos en Washington, y con líderes ecuménicos en Nueva York, Benedicto XVI se encontrará con representantes judíos para presentarles su felicitación por la fiesta de la Pascua Judía, que empieza para el pueblo judío el 19 de abril.

El arzobispo Wuerl explicó que el diálogo interreligioso es una prioridad no sólo para Benedicto XVI sino para todos. «Pienso que es importante que seamos capaces de construir buenas relaciones con todas las religiones a nuestro alrededor, esto se hace con el diálogo y con la conversación». «Hay sensación de comprensión mutua y de ahí viene el respeto mutuo. Y este es el modo correcto de construir un mundo mejor». Respecto a los logros del Papa Juan Pablo II en al área del diálogo interreligioso, afirma: «Pienso que el Papa Juan Pablo II demostró una gran apertura al diálogo; dedicó mucho tiempo al diálogo con religiones de todo el mundo, de manera que creo que dejó un buen ejemplo».

Traducido del inglés por Nieves San Martín


POBREZA Y HAMBRE SON UNA «OFENSA A LA DIGNIDAD HUMANA», DENUNCIA LA IGLESIA ENLA ONU

Dijo el observador vaticano en la Asamblea General

NUEVA YORK (ZENIT.org).- La pobreza y el hambre son «una ofensa a la dignidad humana», ha explicado la Santa Sede ante las Naciones Unidas. El arzobispo Celestino Migliore, nuncio apostólico y observador permanente vaticano, intervino el día 4 de abril en Nueva York, en la 62 sesión de la Asamblea General de la ONU, durante el debate sobre el tema «Reconocer los éxitos, afrontar los desafíos y recuperar el rumbo para el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio en 2015».

En su discurso, el arzobispo recordó que se está ya a mitad de camino desde cuando, en el año 2000, jefes de Estado y de Gobierno se pusieron de acuerdo sobre «una serie ambiciosa pero necesaria de objetivos para el desarrollo global a alcanzar en 2015».Si mucho se ha hecho para lograr estos fines, reconoce, «la extrema pobreza, el hambre, el analfabetismo y la falta de la más fundamental asistencia sanitaria están todavía muy extendidas, e incluso empeoran en algunas regiones».Autorizados estudios, explicó, demuestran que a pesar del notable crecimiento económico en muchos países en vías de desarrollo, el objetivo global de reducir el hambre y la pobreza «ha permanecido inalcanzable».

La Santa Sede, recordó el representante del Papa, sigue estando activamente empeñada en aliviar estos problemas, «que son una ofensa a la dignidad humana» y «no dejará de subrayar tales necesidades fundamentales, de modo que permanezcan en el centro de la atención internacional y sean afrontadas como una cuestión de justicia social».En este sentido, la delegación vaticana considera necesaria «una mayor solidaridad internacional si se quiere lograr limitar la creciente brecha entre los países ricos y los pobres, y entre los individuos dentro de los países». Aún reconociendo la importancia de las ayudas, el arzobispo Migliore subrayó que es «todavía más decisivo» un «sistema comercial internacional más justo», también afrontando las prácticas que distorsionan el mercado yendo a perjudicar a las economías más frágiles.

Es por tanto fundamental, explicó, «revisar los mecanismos comerciales y financieros por un lado, y poner fin al mal gobierno y a los conflictos intestinos por otro».El arzobispo no omitió los progresos obtenidos hasta este momento, citando aquellos para lograr el acceso universal a la educación primaria, aunque 58 países podrían no conseguir el objetivo en 2015. La educación, constató, «está en la base de todos los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM)» y «es el instrumento más eficaz para hacer que los hombres y mujeres puedan lograr una mayor libertad social, económica y política».

«Los gobiernos y la sociedad civil, el sector privado y el público, los padres y los educadores deben invertir en la educación de las generaciones futuras para prepararlas a afrontar los desafíos de una sociedad cada vez más globalizada». En especial, debe realizarse todo esfuerzo para dar las mismas posibilidades de educación a chicos y chicas, asegurando además que ningún niño sea marginado «por razones puramente económicas y sociales». Desde este punto de vista, recordó que «miles de instituciones educativas de la Iglesia católica están situadas en las ciudades más degradadas y en aldeas remotas, en la periferia de las grandes metrópolis y en lugares en los que los niños están obligados a trabajar para sobrevivir».El prelado subrayó que también los ODM ligados a la cuestión de la salud exigen una «acción colectiva».

A pesar de los progresos en la reducción de la mortalidad infantil, denunció, no se ha hecho mucho por la salud de las madres y para combatir el vih/sida, malaria y tuberculosis, sobre todo por falta de recursos y de acceso también a los servicios sanitarios fundamentales. Por esto, el nuncio aseguró que la Santa Sede, a través de sus instituciones, «seguirá proporcionando asistencia sanitaria de base, con una opción preferencial por los sectores de la sociedad más marginados».

Recordando que 2008 marca el 60 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el prelado indicó que en la base tanto de este importante documento como de los ODM está «el objetivo de un futuro mejor para todos». «Más que conversaciones y cumbres, el logro de este objetivo exige empeño y acción concreta -declaró--. Nuestra lucha global contra la pobreza extrema, el hambre, el analfabetismo y las enfermedades no es simplemente un acto de generosidad y altruismo: es una conditio sine qua non para un futuro mejor en un mundo más justo para todos».

Por Roberta Sciamplicotti, traducido por Nieves San Martín


BENEDICTO XVI Y EL «EVANGELIO DE LA MISERICORDIA» ANTE ABORTO Y DIVORCIO

Intervención ante el congreso «"Bálsamo en las heridas". Una respuesta a las llagas del aborto y del divorcio»

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que Benedicto XVI dirigió el sábado a los participantes del Congreso Internacional (Roma, 4-5 abril) sobre el tema «"Bálsamo en las heridas". Una respuesta a las llagas del aborto y del divorcio», --convocatoria promovida por el Pontificio Instituto Juan Pablo II de Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, de la Pontificia Universidad Lateranense, en colaboración con los Caballeros de Colón (Knights of Columbus)--, a quienes recibió en el Palacio Apostólico del Vaticano.

TEXTO INTEGRO

Señores cardenales, venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, queridos hermanos y hermanas:

Con gran alegría celebro este encuentro con vosotros con ocasión del Congreso Internacional «"Bálsamo en las heridas". Una respuesta a las llagas del aborto y del divorcio», promovido por el Pontificio Instituto Juan Pablo II de Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, en colaboración con los Caballeros de Colón. Me complazco con vosotros por la temática que es objeto de vuestras reflexiones en estos días, más actual que nunca y compleja, y en particular por la referencia a la parábola del buen samaritano (Lc 10, 25-37), que habéis elegido como clave para acercaros a las heridas del aborto y del divorcio, las cuales implican mucho sufrimiento en la vida de las personas, de las familias y de la sociedad. Sí; en verdad los hombres y las mujeres de nuestros días se encuentran a veces despojados y heridos, al margen de los caminos que recorremos, con frecuencia sin nadie que atienda su grito de ayuda y se acerque a su pena para aliviarla y sanarla. En el debate, a menudo puramente ideológico, se crea respecto a ellos una especie de conjura de silencio. Sólo en la actitud del amor misericordioso es posible aproximarse para llevar ayuda y permitir a las víctimas que se levanten y reanuden el camino de la existencia.

En un contexto cultural marcado por un creciente individualismo, por el hedonismo y, con demasiada frecuencia, también por la falta de solidaridad y de adecuado respaldo social, la libertad humana, ante las dificultades de la vida, se ve conducida en su fragilidad a decisiones contrarias a la indisolubilidad del pacto conyugal o al respeto debido a la vida humana recién concebida y aún custodiada en el seno materno. Divorcio y aborto son opciones de naturaleza ciertamente distinta, a veces maduradas en circunstancias difíciles y dramáticas, que comportan a menudo traumas y son fuente de profundos sufrimientos para quien las toma. Golpean también a víctimas inocentes: el niño recién concebido y no nacido, los hijos envueltos en la ruptura de los vínculos familiares. En todos dejan heridas que marcan indeleblemente la vida. El juicio ético de la Iglesia respecto al divorcio y al aborto provocado es claro y de todos conocido: se trata de culpas graves que, en medida diversa y con la salvedad de la valoración de las responsabilidades subjetivas, dañan la dignidad de la persona humana, implican una profunda injusticia en las relaciones humanas y sociales y ofenden a Dios mismo, garante del pacto conyugal y autor de la vida. Y sin embargo la Iglesia, a ejemplo de su Divino Maestro, ve siempre a las personas concretas, sobre todo a las más débiles e inocentes, que son víctimas de las injusticias y de los pecados, y también a los demás hombres y mujeres que, habiendo realizados tales actos se han manchado de culpas y llevas sus heridas interiores, buscando la paz y la posibilidad de una recuperación.

A estas personas tiene la Iglesia el deber primario de acercarse con amor y delicadeza, con premura y atención materna, para anunciar la proximidad misericordiosa de Dios en Jesucristo. Es Él, de hecho, como enseñan los Padres, el verdadero Buen Samaritano, que se ha hecho nuestro prójimo, que vierte el bálsamo y el vino en nuestras heridas y que nos lleva a la posada, la Iglesia, en donde nos hace curar, confiándonos a sus ministros y pagando en persona anticipadamente por nuestra sanación. Sí: el evangelio del amor y de la vida es también siempre evangelio de la misericordia, que se dirige al hombre concreto y pecador que somos para levantarle de cualquier caída, para restablecerle de cualquier herida. Mi amado predecesor, el Siervo de Dios Juan Pablo II, de cuya muerte acabamos de recordar el tercer aniversario, al inaugurar el santuario de la Divina Misericordia en Cracovia, dijo: «No existe para el hombre otra fuente de esperanza fuera de la misericordia de Dios» (17 de agosto de 2002). A partir de esta misericordia la Iglesia cultiva una indómita confianza en el hombre y en su capacidad de recuperarse. Ella sabe que, con la ayuda de la gracia, la libertad humana es capaz del don de sí definitivo y fiel, que hace posible el matrimonio de un hombre y una mujer como pacto indisoluble, que la libertad humana también en las circunstancias más difíciles es capaz de gestos extraordinarios de sacrificio y de solidaridad para acoger la vida de un nuevo ser humano. Así se puede ver que los «noes» que la Iglesia pronuncia en sus indicaciones morales y sobre los cuales a veces se detiene de manera unilateral la atención de la opinión pública, son en realidad grandes «síes» a la dignidad de la persona humana, a su vida y a su capacidad de amar. Son la expresión de la confianza constante en que, a pesar de su debilidad, los seres humanos son capaces de corresponder a la altísima vocación para la que han sido creados: la de amar.

En aquella misma ocasión, Juan Pablo II proseguía: «Es necesario transmitir al mundo este fuego de la misericordia. En la misericordia de Dios el mundo encontrará la paz». Se inserta aquí la gran tarea de los discípulos del Señor Jesús, que se encuentran compañeros de camino de tantos hermanos, hombres y mujeres de buena voluntad. Su programa, el programa del buen samaritano, es «un corazón que ve. Este corazón ve dónde se necesita amor y actúa en consecuencia» (Enc. Deus caritas est, 31). En estos días de reflexión y de diálogo os habéis inclinado sobre las víctimas afectadas por las heridas del divorcio y del aborto. Ante todo habéis constatado los sufrimientos, a veces traumáticos, que golpean a los llamados «hijos del divorcio», marcando su vida hasta hacer su camino mucho más difícil. De hecho es inevitable que cuando se rompe el pacto conyugal lo sufran sobre todo los hijos, que son el signo vivo de su indisolubilidad. La atención solidaria y pastoral tendrá, por lo tanto, que orientarse a que los hijos no sean víctimas inocentes de los conflictos entre los padres que se divorcian, que se asegure en lo posible la continuidad del vínculo con sus progenitores y también esa relación con los propios orígenes familiares y sociales, indispensable para un equilibrado crecimiento psicológico y humano.

Habéis dirigido igualmente vuestra atención al drama del aborto provocado, que deja profundas señales, a veces imborrables, en la mujer que se lo procura y en las personas que la rodean, y que produce consecuencias devastadoras en la familia y en la sociedad, también por la mentalidad materialista que favorece, de desprecio a la vida. ¡Cuántas complicidades egoístas están frecuentemente en la raíz de una sufrida decisión que muchas mujeres han tenido que afrontar solas y de la que llevan en el alma una herida aún sin cerrar! Aunque lo que se ha cometido es una grave injusticia y no es en sí remediable, hago mía la exhortación que se dirige en la Encíclica Evangelium vitae a las mujeres que han recurrido al aborto: «No os dejéis vencer por el desánimo y no abandonéis la esperanza. Antes bien, comprended lo ocurrido e interpretadlo en su verdad. Si aún no lo habéis hecho, abrios con humildad y confianza al arrepentimiento: el Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su perdón y su paz en el sacramento de la Reconciliación. Podéis confiar con esperanza a vuestro hijo a este mismo Padre y a su misericordia» (n. 99).

Expreso profundo aprecio por todas las iniciativas sociales y pastorales que se dirigen a la reconciliación y a la atención de las personas heridas por el drama del aborto y del divorcio. Constituyen, junto a muchas otras formas de compromiso, elementos esenciales para la construcción de esa civilización del amor que más que nunca necesita hoy la humanidad.

Implorando del Señor Dios misericordioso que os asimile cada vez más a Jesús, Buen Samaritano, a fin de que su Espíritu os enseñe a mirar con ojos nuevos la realidad de los hermanos que sufren, os ayude a pensar con criterios nuevos y os impulse a actuar con vigor generoso en la perspectiva de una auténtica civilización del amor y de la vida, a todos imparto una especial Bendición Apostólica.

[Traducción del original italiano por Marta Lago. © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]


EL PAPA REITERA SU CERCANÍA AL PUEBLO VENEZOLANO

Al recibir a la presidencia de la Conferencia Episcopal

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- Benedicto XVI recibió este lunes en audiencia a los integrantes de la presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV). Participaron en el encuentro monseñor Ubaldo Santana, arzobispo de Maracaibo y presidente de la CEV, monseñor Roberto Lückert, arzobispo de Coro y primer vicepresidente; el cardenal Jorge Urosa, arzobispo de Caracas y segundo vicepresidente y monseñor Ramón Viloria, obispo de Puerto Cabello y secretario general.

«En nombre de todos los obispos de Venezuela, presentaron al Papa sus saludos, y le expresaron gratitud, afecto y sentimientos de comunión, y le informaron sobre la unidad de los obispos, sacerdotes y religiosos, y de la Iglesia en general», explica un comunicado emitido por la CEV. Igualmente, añade la nota, «intercambiaron con el Papa algunas reflexiones, en particular sobre la actividad pastoral que se desarrolla actualmente en Venezuela, especialmente el aumento de las vocaciones sacerdotales, la formación del clero y la preparación de la misión continental, para una evangelización más profunda y extensa del país». «El cordial encuentro, que se prolongó por más de 25 minutos, versó también sobre la situación general del país. El Santo Padre reiteró su cercanía a la Iglesia, a los obispos y al pueblo venezolano».


LOS TRES OBISPOS DE MADRID DECLARAN QUE IGLESIA ESTÁ SIEMPRE EN MISIÓN

MADRID (ACI).- Los obispos de Madrid, Alcalá de Henares y Getafe, recordaron a los jóvenes que "la Iglesia está siempre en misión, porque no puede dejar de anunciar que Dios es amor y quiere ser amado por todos los hombres". En una reciente Carta Pastoral titulada: "Volvieron llenos de alegría", por la clausura de la Misión Joven, los prelados indicaron que "la misión que hemos realizado, queridos jóvenes, ha sido sobre todo una acción de Cristo que se ha servido de todos nosotros para vencer el mal y el pecado que existe en nuestro mundo y, especialmente, entre los jóvenes".

Asimismo, señalaron que al terminar esta misión "estamos alegres porque, con nuestras diversas acciones, hemos servido a Cristo en su acción salvadora", le hemos prestado nuestras manos y nuestros pies, nuestras palabras y acciones, nuestra persona entera para ser sus testigos llevando la buena nueva del evangelio, que es, sobre todo, el evangelio del perdón y de la misericordia". En otra parte del documento, los obispo aseguraron que en los encuentros con jóvenes se pudo ver que "la Palabra de Dios es poderosa, capaz de penetrar en el corazón de los jóvenes y convertirlos a Cristo; que su amor vence todo obstáculo y que la mayor desgracia que pueden experimentar los jóvenes de hoy es desconocer a Cristo".

Por ello ahora el Señor "nos invita ahora a la acción de gracias porque Él ha sido grande entre nosotros" pues al "colaborar con Él como enviados suyos, nuestros nombres están en la presencia de Dios", quien "nos conoce y nos ama como discípulos y seguidores de Cristo; nos fortalece en las pruebas y nos consuela con el único premio que no se marchita: el Reino de los cielos", aseveraron. Tras afirmar que misionar es "trasformarnos en Cristo para irradiar su propia vida en nuestra pequeña y humilde existencia", los prelados animaron a los jóvenes a que el amor que Dios tiene a cada uno los dirija lleve a "los hombres de cada generación para que también ellos participen de esta experiencia y amen a Cristo con todas sus energías".

La Misión Joven fue convocada por los obispos de las diócesis de Madrid, Alcalá y Getafe. Tras 3 años apostolado será clausurada el próximo 30 de mayo en el Cerro de los Ángeles de Madrid, donde se realizará la Consagración al Corazón de Jesús como muestra de agradecimiento a Dios los frutos apostólicos obtenidos.


PRESENTACIÓN DEL LIBRO "UN MISIONERO ESPAÑOL EN CHILE"

SANTIAGO DE CHILE (OMPRESS-) El jueves 10 de abril, a las 19:30 horas, en el Edificio Arzobispal (Plaza de Armas 444, Santiago), el ex parlamentario Andrés Aylwin, junto con el Vicario de la Zona Sur, Mons. Cristián Precht, presentarán el libro "Un misionero español en Chile. Mirada desde el pueblo" del sacerdote español Jesús Rodríguez, quien vivió muchos años en la población La Victoria. El libro expone el testimonio de Jesús Rodríguez Iglesias, misionero, que jugó un papel determinante en el movimiento de comunidades cristianas de base en la historia reciente del país, particularmente en los aciagos años del régimen militar. En aquella época también se dedicó a investigar el destino de los desaparecidos, entre los que se encontraban también algún sacerdote.

En su prólogo, el Obispo de Rancagua y presidente del Episcopado chileno, Monseñor Alejandro Goic, señala: "Me conmovió este testimonio del padre Jesús. Es un modelo sacerdotal y cristiano que en mi opinión resulta muy útil para quienes quieran hacer un esfuerzo por ser 'discípulos y misioneros de Jesucristo para que en Él tengan vida', esa vida que la Escritura nos enseña que es vida abundante, vida plena, humana y cristiana, que se proyecta hacia la eternidad".