LA JORNADA DE LAS VOCACIONES

La Iglesia celebra ya desde hace un buen número de años esta Jornada, pontificia y mundial, por las Vocaciones en el Cuarto Domingo de Pascua. Es una jornada oracional en la que debemos pedir a Dios Padre que mueva las voluntades de muchos para que dediquen su vida al sacerdocio. Es cierto que todos somos un pueblo de reyes y sacerdotes, pues así lo quiso Cristo, pero el sacerdocio ministerial tiene una enorme importancia. Por un lado, el Sacramento del Orden imprime carácter y faculta a quien lo recibe a la administración de los Sacramentos. En la Consagración –y por imposición de las manos del obispo—el presbítero recibe la facultad de transformar, gracias al Espíritu Santo, el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Además, ese sacerdocio, asumido por muchos hombres como trabajo principal y en exclusiva, trae la atención preferencial al rebaño. Por supuesto hay muchos otros ministerios consagrados en la Iglesia y todos ellos tienen su importancia.

La jornada pontificia se remonta a 1964, cuando la instituyó el Papa Pablo VI, con lo cual lleva 44 años sirviendo de ejemplo y de guía para una cuestión extraordinariamente importante. El lema de este año es “Las vocaciones al servicio de la Iglesia–misión” y Benedicto XVI ha escrito un magnífico mensaje –publicado el pasado diciembre—en el que centra y pone en tiempo de hoy esta necesidad de orar por las vocaciones. Dice el Papa Benedicto:

“Entre las personas dedicadas totalmente al servicio del Evangelio se encuentran de modo particular los sacerdotes llamados a proclamar la Palabra de Dios, administrar los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Reconciliación, entregados al servicio de los más pequeños, de los enfermos, de los que sufren, de los pobres y de cuantos pasan por momentos difíciles en regiones de la tierra donde hay tal vez multitudes que aún hoy no han tenido un verdadero encuentro con Jesucristo. A ellos, los misioneros llevan el primer anuncio de su amor redentor. Las estadísticas indican que el número de bautizados aumenta cada año gracias a la acción pastoral de esos sacerdotes, totalmente consagrados a la salvación de los hermanos. En ese contexto, se expresa un agradecimiento especial «a los presbíteros fidei donum, que con competencia y generosa dedicación, sin escatimar energías en el servicio a la misión de la Iglesia, edifican la comunidad anunciando la Palabra de Dios y partiendo el Pan de Vida. Hay que dar gracias a Dios por tantos sacerdotes que han sufrido hasta el sacrificio de la propia vida por servir a Cristo… Se trata de testimonios conmovedores que pueden impulsar a muchos jóvenes a seguir a Cristo y a dar su vida por los demás, encontrando así la vida verdadera» (Exhort. apost. Sacramentum caritatis, 26). A través de sus sacerdotes, Jesús se hace presente entre los hombres de hoy hasta los confines últimos de la tierra.”

Oremos pues por las vocaciones religiosas en general, por las vocaciones sacerdotales y por las de las personas de vida consagrada. En este domingo dediquemos un rato de nuestro tiempo a Dios Padre para pedirle que envíe muchos y buenos obreros para recolectar la mies.