III Domingo de Pascua
6 de abril de 2008

MONICIÓN DE ENTRADA

Recibid nuestra más cordial bienvenida a esta Eucaristía del Tercer Domingo de Pascua. Seguimos nuestro camino de fe, esperanza y amor hacia la Ascensión del Señor, hacía Pentecostés. Ydeseamos que mientras tanto, la alegría de la Pascua permanezca en nuestros corazones para hacernos felices. Hoy solo pedimos a Dios Padre que nos encontrarnos al Señor Jesús y que podemos reconocerle enseguida, antes incluso que los discípulos de Emaús. ¡Qué no le dejemos pasar del largo! Sabemos que Él parte sobre el altar el pan que es su cuerpo, entregado por amor. Es Él. Lo sabemos. Tenemos que ser capaces de verle en los más pobres, en los más despreciados, en todos aquellos que necesitan de nuestro amor y de nuestra atención. Y como decíamos antes: qué no lo dejemos pasar de largo. Sería un gran fracaso para nosotros.


MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- La primera lectura de hoy, sacada del Libro de los Hechos de los Apóstoles recoge el primer discurso de Pedro dirigido a los habitantes de Jerusalén, sobre la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret y, sobre todo, habla Pedro de la misión de Jesús como Mesías, pues la esperanza mesiánica estaba muy arraigada entre el pueblo judío. A nosotros nos sirve de esperanza y de alegría por la resurrección del Señor.

S.- Este Salmo 15 era considerado por los judíos de tiempos de Jesús como de religión personal, no ritual. Y expresa una aceptación sin limitaciones y apasionada a Yahvé y lo que significa el Dios Único frente a los ídolos. Para nosotros, hoy, se trata de un canto de esperanza y de confianza amorosa a Dios, Padre de todos y todo.

2.- Seguimos leyendo, en el espacio de la segunda lectura, la primera Carta del Apóstol Pedro. Y en esta primitiva encíclica se recomienda a los contemporáneos del primer Papa de la Iglesia una forma de entender el seguimiento de Cristo, lejos del culto cerrado y formal del Templo y más cerca de lo espiritual que lo de lo puramente formal o ritual.

3.- El Evangelio de Lucas narra el encuentro de Jesús Resucitado con los discípulos de Emaús. Es, sin duda, uno de los más bellos relatos de todos los Evangelios. Y como decíamos en la monición de entrada, ojalá sepamos reconocer al Señor Jesús enseguida, al partir el pan y en el rostro sufriente de muchos hermanos.

 


Lectura de Postcomunión


MONICIÓN

Esta preciosa oración anónima nos la envía el Padre Leoz, de Peralta, Navarra, España, y nos ha parecido –y aunque sea, tal vez, un poco larga—muy adecuada para estos momentos finales de la Eucaristía. Estos momentos de paz y de sosiego

ORACIÓN DE ALABANZA: EMAÚS

Camino de Emaús van dos discípulos,

huyendo de la angustia, el desencanto,

buscando en la distancia y el olvido

alivio al desconcierto y al fracaso.

 

Quisieran olvidar, pero no pueden,

la imagen del profeta malogrado

se impone todavía, y la nostalgia;

caminan recordando, cabizbajos.

 

Un nuevo caminante está con ellos,

interpela y enseña, disfrazado,

los reprende, los urge, los enciende;

-¡oh Dios, qué forastero más cercano!

 

Quédate con nosotros, que ya es tarde,

quédate, compañero, a nuestro lado,

quédate con nosotros ángel bueno,

ángel de los caminos encontrado,

comparte nuestros pobres alimentos,

y goza con nosotros del descanso.

 

El huésped tomó el pan y lo bendijo,

ardiendo el corazón, nuevo Cenáculo,

y parte el pan, benditas manos, sigue

partiendo el pan y bendiciendo,

-¡oh Dios!, ¡pero si es él, Jesús resucitado!

 

Ya no está. ¿Dónde estás, Jesús Mesías?

Está en el corazón iluminado,

está partiendo el pan entre los pobres,

está resucitando en cada hermano.


Exhortación de Despedida

Salgamos al camino a hacernos encontradizos con el Señor. Esperemos de Él que siempre nos parta su Pan. Y comuniquemos nuestra alegría a nuestros hermanos. ¡También, hemos visto nosotros al Señor!