1.- EL HIJO PRÓDIGO (UNA VISIÓN GLOBALIZADA)

Por David Llena

La idea de esta sublime parábola de Jesús todo el mundo la conoce, un Padre que perdona por encima de todo, a todo aquél que se arrepiente y vuelve a Él. Pero quiero dar una visión no individual, sino plantear como desde hace muchos años, varios siglos, nuestro mundo, nuestra sociedad ha abandonado la casa del Padre, ha ido cambiando sus raíces cristianas por otras ideas, se ha ido con la parte de la herencia que le correspondía y vive lejos de Dios, gastando y malgastando todo lo que recibió de Dios en teorías y vaciedades, que le han ido alejando más y más de Él. Cambió el centro de su vida, dejó de mirar a Dios para mirarse a sí mismo. Dejó de confiar en Dios para confiar en sí mismo. Olvidó la fuerza de Dios para confiar en las propias. Olvidó las leyes de Dios para crear las suyas propias.

Y así nos va, vivimos en ese lejano país donde nos hemos acostumbrado a vivir, o más bien a sobrevivir. Donde entre despilfarros y engaños hemos lapidado la herencia. Ya no recordamos como se vivía en la casa del Padre, andamos desorientados, medrando para sobresalir, pervirtiendo las leyes, cambiándolas a nuestra conveniencia.

No nos damos cuenta que, cuando creemos que vivimos en la felicidad, lo que nos pasa es que sentimos nuestro estómago lleno de algarrobas. Muchos se contentan con ello. Buscando la felicidad inmediata, sin caer en la cuenta lo mal que sientan al estómago las cosas que ingieren. Pero debemos caer en la cuenta que en otro tiempo la sociedad se regía por las normas de Cristo, vivíamos en la casa del Padre. El ambiente cristiano se respiraba por todos lados. Las normas estaban claras, Dios estaba en el centro. La creencia en Él era algo incuestionable y marcaba el ritmo de la vida cotidiana.

Hoy en día, la Iglesia, los cristianos tenemos que poner en pie esta sociedad, sacarla de ese hastío en el que vive, haciéndole ver todos los desatinos a los que ha llegado y recordando, como en la casa del Padre hasta los criados viven mejor que nosotros aquí lejos de Él. Algunos empiezan a darse cuenta del camino equivocado que hemos seguido, lo denuncian pero son incapaces de “ver” el camino correcto. Solo la Iglesia puede mostrar el verdadero Camino.

Tenemos que hacer memoria y recordar a la sociedad que sólo Dios es capaz de hacerle volver a disfrutar de aquello que ansían. Y que debemos volver a Él suplicando que nos deje al menos vivir junto a Él aunque sea como el último de sus criados, aún así viviremos mejor que ahora. Pero antes de eso debemos creerlo nosotros. En estos momentos de resurrección, debemos lanzar el reto. El Padre nos espera, aunque no lo sepamos.

 

2.- DESPLAZAMIENTO DE CARGA

Por Pedrojosé Ynaraja

En mis estudios elementales, aprendí que un cuerpo podía estar en equilibrio estable, inestable o indiferente. El texto iba ilustrado con un cono que podía descansar sobre su base, era estable, sobre su punta, era inestable, o, prosaicamente, de lado y tener equilibrio indiferente. Más tarde aprendí el teorema de Pitágoras, que, por más que lo haya entendido, no modifica mi asombro, cuando contemplo un buque. Una masa tan enorme, piensa uno que ninguna fuerza será capaz de inclinar o mover. Supone que una vía de agua pueda ser el motivo de echarlo a pique, nada más. Recientemente, lee uno a veces, que la desgracia de un carguero o de una simple barcaza de recreo, se ha debido a un desplazamiento de carga. En ocasiones, tratándose de una embarcación de turismo local, la simple concentración de un gran número de pasajeros en un lateral de cubierta, ha llegado a ser el motivo de la tragedia. ¡Dios mío, que parrafada de elemental ciencia náutica, salida de quien no conoce otros barcos que los de papel!

La persona humana, y continúo con el símil, es como un enorme paquebote, que acumula bienes, valores, bellezas, normas, criterios de comportamiento, instrumentos de cálculo, equipos de comunicación, etc. Todo ello bien guardado, permanece en su interior protegido y ordenado. Cada cosa en su sitio, de acuerdo con su densidad, la urgencia que pueda tener su búsqueda, la necesidad diaria que de ella se precise, etc. El combustible, los extintores, el motor, la radio, el agua de consumo humano, los alimentos, deben gozar de preferencias respecto a elementos de puro goce, como puedan ser instrumentos musicales o confitería. Todo importa, pero que esté bien colocado. El desplazamiento de un contenedor muy pesado, situado por encima del centro de gravedad, puede ocasionar una catástrofe.

A lo que iba, que no son precisamente normas de navegación. Se habla con frecuencia de que a nuestros jóvenes les faltan valores. No seré yo quien lo niegue, afirmando empero, que a los adultos educadores también. Hay gente que acumula muchos: ha asistido a buenos colegios, donde les enseñaron disciplinas escolares y extraescolares, se ejercitaron en buenas costumbres en su entorno familiar, recibieron instrucción religiosa de prestigiosos clérigos… y llega un día que su proceder no corresponde a lo que se esperaba de ellos. ¿Por qué abandonan la vida y fidelidad matrimonial, se introducen en el mundo de la droga, son irresponsables, caen en el fraude, etc.? Me temo yo que la carga de su personalidad, no se hizo que el adecuado acierto y son personalidades desestructuradas. Se da importancia, se pone demasiado el acento, en valores a los que les falta densidad. Se les eleva a la categoría de principios fundamentales, cuando no los tienen. Acudo a ejemplos sencillos, pero reales. A la fecha de caducidad, se le da suma importancia. La etiqueta dice que se acaba un determinado día y se tira el producto, aunque se trate de sencillas hierbas adquiridas. Antiguamente se iban a recoger personalmente por los campos y se guardaban para aderezar guisos, sin calcular fechas. O la expresión: cadena del frío, que no hay que “romper”, aunque al alimento se le condene a dudosa conservación. El medio ambiente es concepto elevado a categoría suprema. Tirar papeles en la vía pública, puede traumatizar por ser pecado de incivismo. Abortar una criatura, en cambio, es un derecho reconocido por la ley.

Pienso yo que si tuviéramos bien asimilados los principios cristianos, respetaríamos la naturaleza que es un don de Dios, conservaríamos los alimentos que han de ser provechos personales, se aprenderían lenguas que facilita la capacidad de compartir, se practicaría deporte, que da gozo y enriquece corporal y espiritualmente. Ahora bien, cuando se deja de celebrar cristianamente el domingo porque toca partido de básquet, o se ignora la celebración litúrgica, porque abunda la nieve, son sencillos ejemplos, hay un “desplazamiento de carga” en la personalidad y de un momento a otro, llegará el comportamiento desquiciado.