1.- VIVIR LA PASCUA

Hay una cierta unanimidad en varios textos del presente número de Betania, correspondiente al II Domingo de Pascua. Y responde al deseo de que todos vivamos la Pascua en armonía y perfecta alegría. Con el Señor Resucitado todos nuestros ideales y anhelos se han hecho realidad. Y si nos dispusimos a vivir la Semana Santa y, por supuesto, el Triduo Pascual con toda la dedicación necesaria, pues esto debe seguir durante la Pascua. Tiempo en que celebramos ese prodigio básico del cristianismo, que Jesús al resucitar venció a la muerte, que Él es el primero de todo y todos, pero que después todos nosotros –los de ayer, los de hoy, los de mañana—resucitaremos venciendo a la muerte.

San Pablo lo ha dicho con contundencia. Y no es otra cosa que si “Cristo no resucitó nosotros seríamos los más infelices de la tierra, los más estúpidos, nuestra fe sería vana y no tendríamos futuro alguno. Pero Él resucitó en la Santa Mañana de la Pascua y desde entonces nosotros resucitamos con él cada vez que celebramos la Eucaristía en espera del día definitivo en que todos volveremos a la Vida y con nuestro cuerpo glorificado “seremos semejantes a los ángeles”, como explicaba Jesús a los saduceos.

Conviene tomar consciencia de la importancia del tiempo de Pascua y de la necesidad de vivirlo con alegría y como profundización a nuestra conversión como hombres y mujeres que siguen al Resucitado.

 

2.- LA FIESTA DE LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR

Tal como se explica en la monición y homilías correspondientes a dicha solemnidad, este año la solemnidad de la Anunciación del Señor, la celebramos el lunes 31 de marzo, que es el primer día libre, tras la Semana Santa y la Octava de Pascua. La fecha habitual es el 25 de marzo, pero este año era Viernes Santo. Es lógico situar la fiesta de la Anunciación el 25 de marzo, nueve meses antes del nacimiento de Jesús, el 25 de diciembre. Ya en el siglo III un autor opinaba que el Verbo se encarnó en el equinoccio de primavera, en el mismo día que nació Adán. Y Jesús siempre ha sido considerado como el nuevo Adán. Se decía también. Esta fiesta es una solemnidad del Señor y de la Virgen y que, clamorosamente, no se les puede separar en la celebración.

No importan mucho estas precisiones cronológicas sobre el “primer momento” de la Encarnación del Verbo Salvador, que fue, precisamente, cuando el Arcángel San Gabriel visitó a María de Nazaret. Sus fechas han ido cambiado con los tiempos. Así antes estaba dentro del ciclo de Navidad y hoy, todavía, la Iglesia de Siria le dedica dos domingos anteriores a la Navidad. En Occidente, la liturgia ambrosiana, situaba la fiesta en el sexto domingo de Adviento, que era el anterior a también la Navidad. Y sabemos que fue la liturgia hispánica la que introdujo la primera fiesta dedicada la Virgen, en toda la Iglesia, y que se celebraba el 18 de diciembre.

La Misa de la Anunciación la hemos situado en la página de Reportaje y tiene todos sus elementos y hasta dos homilías. Asimismo, David Llena ha escrito su artículo de Opinión referido a dicha Solemnidad.