LOS TRABAJOS LITÚRGICOS

Por Ángel Gómez Escorial

Somos muchos aquí en Betania –lectores y colaboradores—que “trabajamos” fuerte durante los días de la Semana Santa y el Triduo Pascual. Además de los sacerdotes, algunos de nosotros –seglares—trabajamos en los equipos de liturgia o somos ministros de la comunión.

Una duda que uno tiene es si la responsabilidad de que las cosas salgan bien en las celebraciones hace que limitemos nuestra “devoción”. Sosiego no es fácil tener, porque hay muchas cosas que hacer. Tanto el Jueves Santo, como el Viernes Santo y, sobre todo, la Vigilia Pascual, tienen necesidad de gran dedicación y de hacer las cosas bien y a punto. Podría parecer que se esta lejos del sosiego y la introspección que, tal vez, necesitarían todas esas fiestas litúrgicas tan importantes.

Pero no es así, “trabajar” para Dios y para los hermanos al mismo tiempo es, sin duda, lo más importante que pueda hacerse. Y si nuestro “confort” religioso y meditativo es menor, hemos de pensar que hemos trabajado para que todo llegue convenientemente a los hermanos. Y a partir de ahí de ese servicio doble, y simultáneo, a Dios y a los hermanos debe surgir nuestra satisfacción y nuestro gozo. Y es obvio que, en esas celebraciones importantes –bueno, en todas, en realidad—la visión desde el presbiterio hacia los fieles es muy interesante. Contemplamos los rostros orantes y entregados de los hermanos. Claro que tampoco hay mucho tiempo para poder observar.

Yo mismo, como ya desde hace unos años, “trabajé” en esos días en la parroquia alicantina de El Altet donde me encuentro, precisamente, con todas esas sensaciones referidas en esta Carta. Me siento feliz de haber participado allí en los trabajos litúrgicos, junto a un cura muy joven, el Padre Pedro Juan, que tiene un gran sentido organizativo. Está bien. Yo he sido feliz. Y ahora cuando unos pocos días después, escribo esto, pues siento ya la nostalgia de unas horas vividas en felicidad y en amor.

¡Feliz Pascua a todos!