Ofrecemos la versión hecha del Via Crucis moderno, según las indicaciones del anterior pontífice, Juan Pablo II, escrito por nuestro colaborador habitual, el sacerdote colombiano, don Gustavo Vélez. A su vez publicamos, también, una Catequesis de Cuaresma, redactada por don Antonio Pavía, asimismo, colaborador nuestro que, en la actualidad ofrece en la sección “Orar para y con Jesús” unos comentarios sobre el Libro de la Sabiduría. Dicha catequesis va ilustrada con unas estampas que ha creado el propio padre Pavía y ha editado Editorial Paulinas. Las cuales se pueden obtener en librerias religiosas especializadas.


1.- Via Lucis

Por Gustavo Vélez mxy

El Via Crucis rememora aquel itinerario del Señor, desde el prendimiento en el huerto de Getsemaní, hasta su muerte en la cima del Calvario. Pero al recordar la pasión de Jesús, nos quedamos anclados en los dolores y en la muerte de Jesús, muy lejanos quizás de su triunfo y su gloria. Por esta razón, hemos querido orientar esta devoción hacia la mañana de la Resurrección, llamándola VIA LUCIS, el Camino de la Luz.

Nota: Hace algunos años el papa Juan Pablo II sugirió ajustar esta práctica piadosa a los textos del Evangelio. Por esta razón se han cambiado algunos elementos del texto tradicional. Asimismo, el llamado Cántico que aparece al final de cada estación debe leerse, con especial entonación por un buen lector. Muy despacio y con sentimiento.


I Estación

Jesús en el huerto de Getsemaní

Del Evangelio según san Lucas (22, 39-46)

“Jesús salió y se dirigió, como de costumbre, al Monte de los Olivos. Los discípulos lo siguieron. Cuando llegaron a ese lugar, les dijo: Orad, para no exponeros a la tentación.

Y se separó de ellos a distancia como de un tiro de piedra, se arrodilló y empezó a orar diciendo: ¡Padre, por favor, aparta de mí este amargo cáliz! Sin embargo, que no se haga mi voluntad sino la tuya. Entonces se le apareció un ángel del cielo para darle fuerzas. Y se apoderó de él una angustia mortal, pero él hacía oración con más intensidad. Y su sudor era como gotas de sangre que caían hasta el suelo.

Cuando terminó de orar, fue a donde estaban los discípulos y los encontró dormidos en su tristeza. Entonces les dijo: ¿Por qué estáis durmiendo? Levantaos y orad, para no exponeros a la tentación”.

REFLEXIÓN

Primer problema de Adán en el paraíso: La soledad. Y nos pasamos la vida luchando contra ella de todos modos, hasta que la muerte nos sorprende también solos.

Te has retirado, Señor, a orar y tus amigos se dejaron vencer por el sueño. Allí estás en el huerto, solo con tu soledad. Solamente acompañado por tu angustia y tu confianza en el Padre: Abbá, si es posible, aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.

Me sorprende un Dios tan humano. Igual a mí en todo diría san Pablo, menos en el pecado. El Maestro tiene pavor ante la muerte. Pero a la vez, un Dios así alienta mi esperanza.

Que yo sienta tu presencia cuando me agobian tantas soledades y los miedos me destrozan el alma.

CÁNTICO

Yace el divino dueño por tierra derribado,

el cáliz ha aceptado por nuestra redención.

Oh pecador ingrato, mira a tu Dios rendido,

ven a llorar herido de humilde contrición.


II Estación

Jesús, traicionado por Judas, es arrestado

Del Evangelio según san Lucas (22, 47-53).

“Estaba Jesús hablando cuando llegó un tropel de gente. Uno de los Doce, que se llamaba Judas, iba delante de ellos y se acercó a dar un beso a Jesús. Pero Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre? Los que estaban con Jesús, viendo lo que iba a suceder, le dijeron: Señor, ¿atacamos con las espadas?

Y uno de ellos atacó al sirviente del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Pero Jesús replicó: ¡Basta! ¡Ya no más! Y le tocó la oreja y lo curó. Entonces les dijo a los sumos sacerdotes, a los oficiales del templo y a los ancianos que habían ido a buscarlo. ¿Venís con espadas y palos contra mí, como si yo fuera un bandido? Diariamente estaba con vosotros en el templo y no me detuvisteis. Pero ésta es vuestra hora, cuando imperan las tinieblas”.

REFLEXIÓN

“Amigo, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?”

Nueve palabras que encierran una doble tragedia: La del corazón humano, capaz de traicionar a su Señor. La de tu amargura ante el apóstol que, por dinero, te entrega al enemigo.

¡Tanta gente que sigue comerciando con la inocencia ajena! Los que fabrican armas, o se enriquecen a costa de la droga. Quienes aquí y allá promueven la violencia contra los más débiles. Aquellos que en las instituciones o en la política, mienten todos los días en favor de sus propios intereses

“Amigo”, es tu palabra que pretende cambiar a Judas. “Amigo”, vuelve Dios a decirle.

Señor Jesús: Fortalece mi amistad contigo, líbrame de toda ambición y cobardía.

CÁNTICO

Por la traición de Judas, Jesús es arrestado;

así desde el pecado nos alza a la salud

¿Mortales qué otro exceso pedimos de clemencia?

No más indiferencia no más ingratitud.


III Estación

Jesús es condenado por el Sanedrín

Del Evangelio según san Lucas 22, 54. 63-71

“Pusieron preso a Jesús y se lo llevaron a la casa del sumo sacerdote. Los hombres que tenían preso a Jesús empezaron a burlarse de él y a golpearlo; le tapaban los ojos y le preguntaban: «Profeta, adivina quién fue el que te golpeó». Y lo injuriaban diciéndole muchas otras cosas.

Cuando amaneció, se reunió el senado del pueblo, es decir, los sumos sacerdotes y los escribas y lo llevaron al lugar donde se reunían y le dijeron: «Si tú eres el Mesías, dínoslo».

Él les respondió: «Si os lo digo, no me vais a creer; y si yo os pregunto, no me vais a responder. Pero de ahora en adelante estará el Hijo del hombre sentado a la derecha de Dios Todopoderoso».

Todos le preguntaron: «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?» Él les respondió: «Vosotros mismos decís que sí». Ellos replicaron: «¿Qué necesidad tenemos ya de testimonios? Nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca».

REFLEXIÓN

Abundan los sinónimos: Decimos reo, criminal, delincuente, condenado. Y todo eso eras tú, Señor, aquel día, ante el sanedrín que pedía tu muerte. Fue mayor entonces aquel dolor interior que sabía a traición, a ruina, a fracaso.

Comprendo tu derrota, porque a veces también me he sentido rechazado. Por muchos de los que me rodean y de pronto también por mi conciencia. Yo era uno de los que no tienen remedio. Que ya no tienen motivos para la más elemental esperanza.

Entonces me animó saber que sólo Dios sabe de justicia, porque Él es justo por esencia. Me ayudó recordar que tu condena fue la salvación de todos. Y aprendí a llevar mi cruz de cada día y a morir lentamente, para alcanzar la vida eterna.

CÁNTICO

Por mí, Señor, inclinas el cuello a la sentencia,

que a tanto la clemencia pudo llegar de Dios.

Oye el pregón, oh Madre, llevado por el viento

y al doloroso acento ven del amado en pos.


IV Estación

Jesús es negado por Pedro

Del Evangelio según san Lucas 22, 54-62

“Pedro iba siguiendo a desde lejos a los hombres que llevaban preso a Jesús. En medio del patio hicieron fuego y se sentaron. Pedro se sentó entre ellos.

Y cuando una sirvienta lo vio sentado junto al fuego, se quedo mirándolo fijamente y dijo: «Éste también andaba con él». Pero Pedro lo negó diciendo: «¡Mujer, ni siquiera lo conozco!» Poco después lo vio otro y dijo: «Tú también eres de esa gente». Pero Pedro dijo: «¡Hombre, que no soy!» Y como una hora más tarde otro siguió insistiendo: «Claro que este también andaba con ese hombre, pues también es galileo». Y Pedro respondió: «¡Hombre, no sé de qué estás hablando!»

Y en el mismo instante en que decía esto, cantó un gallo. El Señor se volvió, miró a Pedro y Pedro se acordó de lo que le había dicho el Señor: Que esa misma noche, antes que cantara el gallo, lo negaría tres veces. Y salió de allí y lloró amargamente”.

REFLEXIÓN

Duele y golpea la traición del amigo. Y uno se pregunta: ¿Por qué? ¿En qué he fallado? Jesús padeció idéntica experiencia. En la hora suprema, sus amigos lo abandonaron Pedro, el más cercano, quien lo miró transfigurado en la cima del Tabor, juró después que no le conocía, ante una empleada de servicio. Es tan versátil el corazón del hombre. Pero el Maestro lo volvió a llamar junto al lago, para confirmarlo en la fe, diciéndole: Apacienta, mis ovejas.

Señor, así como reconciliaste a Pedro, échame a mí también una cuerda de salvación. Si alguien me ha abandonado, lo comprendo. Es tan endeble toda amistad humana. Pero ayúdame, Señor, a continuar amando y haciendo el bien, sin esperar recompensa.

CÁNTICO

Oh noche cruel y oscura, cuando el amigo niega

al Salvador, que entrega su vida en oblación.

Perdón a tanta ofensa la gratitud pedía;

sana ya, Madre mía, mi ingrato corazón.


V estación

Jesús es juzgado por Pilatos

Del Evangelio según san Lucas 23, 1-16

“Entonces Pilatos llamó a los sumos sacerdotes, a los jefes civiles y al pueblo y les dijo: «Vosotros me trajisteis a este hombre, alegando que alborota al pueblo. Pero yo lo interrogué delante de vosotros y en ninguna de las acusaciones que presentáis contra él he encontrado razón para condenarlo. Herodes tampoco, porque nos lo devolvió. Veo, pues, que no ha hecho nada por lo que merezca la pena de muerte. De manera que voy a castigarlo y después lo dejaré en libertad».

REFLEXIÓN

El inocente es condenado a morir. A él, a Jesucristo, unimos todas nuestras inexplicables tragedias, buscando pacificar el corazón. Que no germine en nosotros el odio. No añadamos más dolor al océano que inunda la tierra.

No condenemos, a pesar de los males que nos hieren. Pongamos nuestras armas en las manos en las manos de Dios. El único sabio y justo. El único poderoso. El que puede leer en lo interior de cada ser humano.

Jesús sufre un juicio político. Al poder político nunca le interesan las pruebas de una condena, sino si el reo le incomoda. Lo demás sólo serán pretextos. Condenamos la verdad porque no se ajusta a nuestros intereses, la libertad porque no aceptamos a nuestros hermanos, la justicia porque nos da miedo perder nuestros derechos.

Haz, Señor, que como enseña José Luis Perales, queramos ser palomas antes que fieros cazadores.

CÁNTICO

Está el divino Dueño ante el pretor juzgado;

deteste yo el pecado deshecho en contrición

Oh Virgen, pide amante, que borre tanta ofensa

misericordia inmensa, pródiga de perdón.


VI Estación

Jesús es flagelado y coronado de espinas

Del Evangelio según san Juan 19, 1-6

“Pilatos se llevó a Jesús y lo hizo azotar. Además los soldados trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza y lo vistieron con un manto rojo. Y se le acercaban y le decían: «¡Viva el rey de los judíos!» Y le daban bofetadas. Entonces salió Pilatos otra vez y les dijo a los judíos: «Mirad: Aquí os lo traigo. Quiero que os deis cuenta de que no encuentro en él razón para condenarlo».

Y salió Jesús con la corona de espinas y el manto rojo. Pilatos les dijo: «!Ahí tenéis al hombre!» Apenas lo vieron los sumos sacerdotes y los sirvientes, gritaron: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!» Pilatos les dijo: «Lleváoslo vosotros y crucificadlo. Porque yo no encuentro en él razón para condenarlo».

REFLEXIÓN

Cada hora y cada día un dolor nuevo, una preocupación que nos tortura el alma. Y continúa la vida por áridos caminos, a dónde no se asoma la esperanza. ¿Vale la pena haber venido al mundo?

Muchos solucionan su conflicto vital por caminos erróneos, como el vicio, la violencia, la amargura sistemática, el suicidio.

Sin embargo, quienes creemos en Cristo tenemos otra visión de la historia, porque aprendimos a mirarla al trasluz, para adivinar también sus espacios iluminados.

Cada dolor es entonces un sendero para encontrar a Dios. Y cada herida, una condecoración que certifica nuestro valor en los combates de la fe.

Señor, enséñame a sufrir sin amargar a los demás. Despojado el corazón de toda angustia. Confiado solamente en tu amor.

CÁNTICO

Tu imagen, Padre mío, ensangrentada y viva

mi corazón, reciba sellado con la fe.

Oh Reina, de tu mano imprímela en mi alma

y a la gloriosa palma contigo subiré.


VII Estación

Jesús es cargado con la Cruz

Del Evangelio según san Juan 19, 16-17

“Entonces Pilatos se lo entregó para que lo crucificaran. Se llevaron, pues, a Jesús. Y cargado con la cruz, salió de la ciudad hacia el llamado lugar de la Calavera o en hebreo Gólgota”.

REFLEXIÓN

Pequeñas. Enormes. Honrosas. Humillantes. Momentáneas. Permanentes. Así son nuestras cruces. Las que nos resistimos a llevar. Esas cuyo valor tal vez no hemos descubierto.

Sin cruz es imposible vivir sobre la tierra. Lo dijo Tomás de Kempis. Pero ella se vuelve más liviana cuando la llevamos con amor. Cuando la convertimos en un puente, una escalera, un trampolín, para alcanzar a Cristo. Conviene mirar alrededor: No somos ni los más doloridos. Ni tampoco los más crucificados.

Ayúdame Señor a llevar mi cruz cada día, con cariño e ilusión. Y también con elegancia. Sabiendo que el Señor va delante. Mirando siempre hacia la cima. Poniendo nuestros pasos sobre las huellas de sangre y de gloria de Cristo, el triunfador sobre el pecado y la muerte.

CÁNTICO

Esconde, oh justo Padre, la espada de tu ira

y al monte humilde mira subir el dulce bien.

Y tú, Señora, gime cual tórtola inocente,

que tu gemir clemente le amansará también.


VIII Estación

Jesús es ayudado por el cireneo a llevar la cruz

Del Evangelio según san Lucas 23, 26

“En el camino obligaron a un tal Simón de Cirene, que llegaba del campo, a cargar la cruz, para que la llevara detrás de Jesús”.

REFLEXIÓN

Los egoístas somos multitud. Cubrimos toda la superficie de la tierra. Pero también es infinito el número de los cireneos. De quienes ayudan esforzadamente a los prójimos. Como Simón, el cual por accidente le puso el hombro a la cruz del Señor, camino del Calvario. El nos da ejemplo de disponibilidad para aliviar las cargas ajenas. De generosidad que no espera dividendos. Que no exige cita previa a quien nos necesita.

Jesús nos da lección de sencillez para aceptar ayuda de gente que parece menor. Porque en todos los niveles el dolor en compañía se divide y el triunfo, al compartirlo se multiplica.

Es hora de extender nuestra mano al necesitado, de poner el hombro para que las cruces ajenas pesen menos, de volvernos cireneos conscientes. Para que más hermanos caminen por caminos de nobleza y dignidad.

CÁNTICO

Toma la cruz preciosa, me está el deber clamando.

Sé generoso cuando delante va el Señor.

Voy a seguir constante las huellas de mi dueño;

manténgame el empeño, Señora, tu favor.


IX Estación

Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén

Del Evangelio según san Lucas 23, 27-31

“Lo seguía también un gran gentío y en especial mujeres que lo compadecían dándose golpes de pecho y lanzando lamentos. Jesús se volvió a ellas y les dijo: «Mujeres de Jerusalén, no lloréis por mí. Llorad, más bien, por vosotras mismas y por vuestros hijos, porque están para llegar días en que se dirá: “¡Felices las mujeres estériles y las que no han dado a luz ni han tenido que criar hijos!” Entonces la gente deseará que las montañas les caigan encima y que las colinas los sepulten. Porque si esto hacen con el árbol verde, ¿qué no harán con el seco?»

REFLEXIÓN

Mujer: Una hermosa palabra que contiene mil significados. Una remota historia femenina que comenzó desde las soledades del varón. Vio Dios que éste estaba solo y quiso darle una dulce y amable compañía. Porque mientras los hombres dictamos las leyes, las mujeres fabrican las costumbres.

También el dolor de Jesús, en el camino hacia el Calvario, recibe la presencia bondadosa de muchas hijas de Jerusalén. ¿Y para mí mujer qué significa? Ante todo quiere decir madre. Madre y mujer, dos palabras que sólo se diferencian por dos letras. Sin embargo, cuando el mal nos opaca la mente, mujer equivale a objeto, vedette, spot publicitario, sexo débil. Y también mercancía.

Sin embargo hombro a hombro, paso a paso, hombres y mujeres de hoy podremos construir desde el Evangelio, un mundo más limpio. Más hermosos y feliz. Señor, purifícanos la mente y el corazón.

CÁNTICO

Matronas doloridas que al justo lamentáis

¿por qué si os lastimáis la causa no llorar?

Y pues la cruz le dimos todos los delincuentes,

broten los ojos fuentes de angustia y de pesar.


X Estación

Jesús es crucificado

Del Evangelio según san Juan 19, 16, 19.

“Tomaron pues a Jesús y él cargando con su cruz salió hacia el lugar llamado Calvario que en hebreo se llama Gólgota y allí le crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio. Pilatos redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz: Jesús, el Nazareno, el Rey de los judíos”.

REFLEXIÓN

Las cruces nos persiguen. Nos doblegan. Algún día vencemos una de ellas, pero enseguida otra más pesada nos aplasta. Una tarde las arrojamos todas al mar. Y a la siguiente mañana están allí, atormentando nuestros hombros, obstinadas, crueles, agobiantes.

Parece que el único remedio es aceptar la cruz. Dejarnos clavar en ella mansamente. Como lo hizo el Señor. Entonces ya no la soportamos. Ella nos soporta. Nos fija en un lugar. Pero a la vez nos alza de la tierra, invitándonos a mirar - con ojos muy abiertos - todo el panorama del mundo.

Jesús se convierte en el centro de un macabro espectáculo. El golpe de los martillos, los clavos, los lamentos de los piadosos son un cuadro de violencia y crueldad. Pero aquel leño de la cruz se convierte en signo segur de vida y redención.

CÁNTICO

El manantial divino de sangre está corriendo;

ven pecador, gimiendo, ven a lavarte aquí.

Misericordia imploro al pie del leño santo,

Virgen, mi ruego y llanto acepte Dios por ti.


XI Estación

Jesús promete su Reino al buen ladrón

Del Evangelio según san Lucas 23, 39-43

“Uno de los malhechores crucificados lo insultó diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro lo reprendió diciéndole: «Sufriendo la misma pena que él ¿no tienes temor de Dios? Nosotros la sufrimos justamente, porque recibimos el castigo merecido, pero él no ha hecho nada malo». Y añadió: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Él le respondió: «Yo te aseguro: Hoy estarás conmigo en el paraíso».

REFLEXIÓN

Tal vez haya un patrón, un protector en el cielo para quienes ya perdimos la esperanza. Para los fracasados definitivamente, los triturados por el odio, los neuróticos empedernidos, los enfermos terminales. Sí lo hay. Aquel ladrón que agonizaba junto a Jesús, cuando ya la tierra se negó a soportarlo.

Pero este salteador de caminos, desde sus escombros, echó a volar al cielo su esperanza, como una paloma mensajera: “Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu reino”. Y el Señor le responde: “Hoy estarás conmigo en el paraíso.” Cuatro palabras de seguridad, explicará san Agustín. Hoy Dimas nos aguarda en ese Reino, reconstruido por la muerte y resurrección del Maestro, donde se acoge a los arrepentidos.

CÁNTICO

Para el ladrón que llora su culpa, están las puertas

del paraíso abiertas; te espera Dios allí.

Levántame a tus brazos, oh bondadoso Padre,

ve de la tierna Madre llanto correr por mí.


XII Estación

Jesús en la Cruz, su madre y el discípulo

Del Evangelio según san Juan 19, 25-27

“Junto a la cruz de Jesús estaban también su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena. Al ver a su madre y cerca de ella al discípulo que él tanto amaba, Jesús le dijo: «Mujer, este es tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Esta es tu madre». Y desde aquel momento el discípulo la recibió como su propia madre”.

REFLEXIÓN

Frente a tanto dolor, una mirada amable y compasiva. Nuestra Señora - al fin y al cabo mujer - y madre siempre, estaba allí. Sin nimbo ni aureola. Sólo como alguien inocente, arrastrado también por la borrasca.

Junto a mi cruz. Muy cerca de mi viacrucis, también se encuentra Ella. “Madre a un tiempo del reo y del juez”, le decía una vieja canción religiosa. Porque detrás de cada desastre hay un dolor limpio. Dolor que sabe a salvación. Martirio que redime.

Los cristianos no somos nunca huérfanos: Descubrimos en nuestro entorno a la Madre de Jesús que a la vez es la Madre de la Iglesia. Aquella que anhelamos encontrar con los brazos abiertos, en el umbral de la muerte.

CÁNTICO

Cercadla, serafines, no acabe en desaliento,

no muera en el tormento la rosa virginal.

Oh acero riguroso, deja tu pecho amante,

vuélvete a mí cortante que soy el criminal.


XIII Estación

Jesús muere en la Cruz

Del Evangelio según san Lucas 23, 44-49

“Era alrededor del mediodía. El sol dejó de brillar y se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, con voz potente, dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y dicho esto expiró.

El centurión, al ver lo sucedido, dio gloria a Dios diciendo: «Este hombre era de veras inocente». Y toda la muchedumbre que había acudido a semejante espectáculo, al ver lo que había pasado, regresaba dándose golpes de pecho. Todos los conocidos de Jesús se quedaron a distancia y de lejos miraban también las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea”.

REFLEXIÓN

Ese pensum humano, que el Maestro acepta por salvarnos, termina así: En la crucifixión. Cruz que equivale a deshonra. Fracaso total. Y el abandono de casi todos los amigos. Muerte que quiere decir naufragio. Muerte amarga, mucho más que las muertes de los mortales.

Pero como Jesús es Dios, aquellos poderes enemigos pudieron reinar solamente unas horas. Se aliaron con la noche, pero a la segunda mañana perdieron la batalla.

Todo cuanto se contagia de Dios puede eclipsarse un día, pero no muere definitivamente. Aviso para tantos hombres y mujeres cuya esperanza se derrumba, para cuantos creyeron que vivir en la tierra es un engaño. Un doloroso absurdo.

Aquel Padre presente en todas las horas de su Hijo, también lo está en este cruel momento, porque tiene poder de transformarlo todo.

CÁNTICO

Muere la vida nuestra pendiente del madero

¿Y yo cómo no muero de amor o de dolor?

¡Ay! Casi no respira la triste madre yerta.

Del cielo abrir la puerta bien puedes ya, Señor.


XIV Estación

Jesús es colocado en el sepulcro

Del Evangelio según san Lucas 23, 50-56

“Llegó entonces un miembro del sanedrín, llamado José, originario de la ciudad judía de Arimatea, hombre recto y justo, que esperaba el reinado de Dios y no había estado de acuerdo con la decisión y con la conducta de los otros y fue a ver a Pilatos para pedirle el cuerpo de Jesús. Y después de bajarlo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro cavado en la roca, donde nadie había sido sepultado. Era víspera del sábado y brillaba ya el lucero de la tarde. Entonces las mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea bajaron con José y vieron el sepulcro y la forma como colocaron el cuerpo y luego se retiraron a preparar perfumes y ungüentos. Y el sábado guardaron el descanso mandado por la Ley”.

REFLEXIÓN

En comunión perfecta con la tierra de la cual fuimos hechos, Jesús grita un mensaje irrebatible: Nadie tiene amor mayor que quien da la vida por sus amigos.

De pronto, alguno de nosotros no se siente aludido. Porque nunca sintió aquella seguridad dulce y fuerte de ser amigo de Dios. Entonces que comprenda algo más: Jesús rompió la marca que se propuso un día, al entregar su vida por quienes se creen sus enemigos. Por cuantos se defienden de su amor con una cruel indiferencia, con un ingrato olvido.

Cristo al ser encerrado en el sepulcro se entierra en el silencio de la tumba, la cual es antesala de su triunfo. Dormido allá, estremece con su vigor toda la tierra.

Que Jesús nos despierte del prolongado aturdimiento donde nos ha confinado el egoísmo. Donde morimos por no morir por El.

CÁNTICO

Al Rey de las virtudes pesada losa encierra,

pero feliz la tierra ya canta salvación.

Sufre un momento, Madre, la ausencia del amado;

presto de ti abrazado le tendrás al corazón.


XV Estación

Jesús se alza glorioso del sepulcro

Del Evangelio según san Lucas 24, 1-6

“El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Ellas no sabían qué pensar de todo esto, pero de repente se les presentaron dos personajes con vestiduras relumbrantes. Como las mujeres no se atrevían por temor a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que esta vivo? No está aquí, resucitó”.

REFLEXIÓN

“Todo está consumado” ha dicho el Señor. Y muchos discípulos sintieron que todo había terminado para ellos. Le habían entregado a Jesús sus vidas y sus aspiraciones.

Pero al tercer día, todo empieza a vestirse de luz y a transformarse. Las mujeres lo vieron. Era Él mismo, aunque ya era distinto. Los apóstoles comieron con Él. Unos discípulos que regresaban a Emaús, lo descubrieron al compartir el pan.

Y hoy nosotros elevamos nuestra fe, desde las vendas y el sudario que Juan vio en el sepulcro, hacia un convencimiento indestructible: Jesús ha resucitado de entre los muertos.

Si Cristo ha resucitado, no es vana nuestra fe. Nunca será vacía nuestra esperanza. Y continúa habiendo razones para amar y para confiar en el Señor.

CÁNTICO:

Al Dios que se hizo hombre la tumba ya no encierra;

alegrase la tierra, bañada en redención.

Jesús, el gran Viviente regresa hasta la gloria,

¿dónde está tu victoria, oh muerte y tu aguijón?


2.- Cuaresma: conversión, vuelta del hombre a Dios

Por Antonio Carlos Pavía Martín-Ambrosio, Misionero Comboniano

Inmersos como estamos en el espíritu de la cuaresma, quisiera lanzar una pregunta al aire: ¿Qué es lo realmente propio de la cuaresma? Planteo esta pregunta porque este maravilloso tiempo litúrgico, en el que las llamadas a la conversión se multiplican en nuestras asambleas, puede no ser bien comprendido y, por lo tanto, escasamente aprovechado.

Normalmente se asocia la cuaresma a todo un ritmo de ayunos, sacrificios y multiplicación de actos de piedad. Por supuesto que todo ello es bueno pero no define de forma específica lo que es el espíritu de la cuaresma, de la misma forma que tampoco provoca categóricamente la conversión del hombre a Dios.

La conversión, como su mismo nombre indica, significa e implica un cambio de dirección, un volverse hacia un objetivo concreto. Conversión con respecto a Dios supone e implica volverse a Él. Implica una vuelta a Dios, ya que si estamos de espaldas a El, por mucho que nos hable, su Palabra no es efectiva, no es eficaz para nuestra vida espiritual, para nuestro crecimiento en la fe, puesto que rebota en nuestras espaldas.

Los profetas denunciarán en múltiples ocasiones la incapacidad de Israel para convertirse debido a su actitud de vivir su espiritualidad de espaldas a Dios. Al pueblo en general, incluidos sus dirigentes, le interesa y conviene más hacer sacrificios y oraciones que situarse cara a cara con Dios para escuchar le. Oigamos, por ejemplo, la denuncia de Jeremías: "Así dice Yahvé, el Dios de Israel... Cuando yo saqué a vuestros padres del país de Egipto, no les hablé ni les mandé nada tocante a holocaustos y sacrificios. Lo que les mandé fue esto otro: Escuchad mi voz y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y seguiréis todo camino que yo os mandare, para que os vaya bien. Mas ellos no escucharon ni prestaron el oído, sino que procedieron en sus consejos según la pertinacia de su mal corazón, y se pusieron de espaldas, que no de cara" (Jr 7,21-24).

Este situarse de espaldas a Dios coloca al hombre, por mucho que rece, en un espacio de lejanía con respecto a Él. Más aún, estando de espaldas es absolutamente imposible que se pueda producir el mutuo conocimiento entre el hombre y Dios. Perseverando en esta actitud, el hombre vive una relación servil e infantil con Dios, -la relación propia de quien ha oído hablar de Él pero no le conoce.

En la misma línea podemos sondear la denuncia del autor del salmo 81. Este fiel israelita formula una acusación inaudita que alcanza a todo aquel que no hace más que rezar con sus labios pero que desprecia la palabra que sale de la boca de Dios. A estos falsos fieles de Dios, el salmista les llama impíos. Oigámosle: "Al impío Dios le dice: ¿Qué tienes tú que recitar mis preceptos, y tomar en tu boca mi alianza, tú que detestas la doctrina, ya tus espaldas echas mis palabras?" (SI 50,16-17).

MIS PENSAMIENTOS Y MIS CAMINOS

Ante esta situación, recurro al profeta Isaías ya que en él podemos entender por qué el hombre debe volverse a Dios. A la luz del profeta, se entiende que la vuelta de un ser humano a Dios no es un problema que se resuelva desde un planteamiento moral. Es un hecho que incide neurálgicamente en nuestra existencia, en nuestra identidad, como seres que llevamos en nuestro espíritu la huella, la imagen y semejanza de nuestro creador: Dios.

Dios proclama por medio de Isaías la absoluta necesidad que tiene el hombre de volverse a El, y dice el por qué: resulta que hay un abismo entre sus pensamientos y caminos y los nuestros: "Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos. Porque cuanto aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los vuestros y mis pensamientos a los vuestros" (Is 55,8-9).

Lo que Dios está proclamando con urgencia es la necesidad imperiosa de que los hombres se vuelvan a sus pensamientos y a sus caminos; que sin esta vuelta sincera y leal, todos los holocaustos y sacrificios son vanos. Es una llamada al hombre para situarle en la Verdad. Una llamada a tomar conciencia de que, más allá de su piedad más o menos afectada o nacida de la costumbre, necesita situarse cara a cara con su Palabra para así apropiarse de los pensamientos de Dios y poder enderezar sus pasos en su camino. A pesar de tantas llamadas de Dios a Israel para que se volviese a Él, siempre se resistió a obedecer, como podemos observar en el siguiente texto: "Escucha, pueblo mío, yo te conjuro, ¡ah Israel, si quisieras escucharme! No haya en ti dios extranjero, no te postres ante dios extraño... Pero mi pueblo no escuchó mi voz, Israel no me quiso obedecer" (SI 81,9-12).

A la luz de estos textos, no hemos de sacar la conclusión de que Israel sea un pueblo perverso e indolente. Israel es un reflejo de lo que es el hombre, engañado por el príncipe de la mentira. El pueblo santo no es más que un botón de muestra de lo que somos todos los hombres; tenemos una capacidad innata de vivir bajo la droga ensoñadora de la mentira en nuestra relación con Dios. Somos rápidos para mover nuestros labios en nuestras múltiples oraciones, al tiempo que consideramos normales e inamovibles los dioses, los ídolos que hemos entronizado en nuestro corazón. Damos culto en siete santuarios -los siete pecados capitales- que hemos levantado con mimo en lo más profundo de nuestro ser; y, al mismo tiempo, nos deshacemos en rezos en el Templo del Dios vivo.

Ante esta nuestra situación, ante esta nuestra mentira y carencia, Dios nos miró con compasión, con misericordia, con el dolor de vernos engañados y sometidos. Decidió entonces Él mismo ponerse cara a cara con nosotros: se encarnó, se hizo Emmanuel, Dios con nosotros. Hizo posible así que el hombre dejara sus pensamientos y sus caminos, para volverse a los pensamientos y caminos del que le amó hasta morir por él con muerte y muerte de cruz

MARÍA, IMAGEN DEL DISCÍPULO QUE SE VUELVE A DIOS

Dentro del acontecimiento necesario para la plenitud del hombre que es en sí la Encarnación Dios suscita a María de Nazaret como primicia de la nueva humanidad. María es aquella en quien los caminos y pensamientos de Dios coinciden con los suyos. Vamos a ver dentro del Evangelio cómo se dio el proceso por el que María asimiló en todo su ser los pensamientos y los caminos de Dios.

Encuadramos la imagen del nacimiento del Hijo de Dios. María, como todo fiel israelita, participaba de la ilusión de todo el pueblo que .esperaba con ansias la venida del Mesías. ¡Cuántas oraciones, ruegos y súplicas salían de la boca de los judíos en el Templo de Jerusalén y en todas las sinagogas diseminadas por el país clamando por la venida del Mesías! ¡Cómo se encendían los corazones de los asistentes a las asambleas litúrgicas clamando por el Ungido de Dios que había de venir!

Pues bien, vino el Ungido de Dios, nace el Mesías, y María vive el acontecimiento fervientemente esperado por todo el pueblo en la más absoluta soledad. Nace el Salvador del mundo y ni siquiera ponen a su disposición una casa a su madre para dar a luz dignamente. El cortejo de bienvenida estaba formado por unos simples pastores. No era una representación del pueblo santo muy digna. De hecho los pastores tenían prohibida la entrada en el Templo.

Ante un hecho así tan desconcertante, ¿qué hace María?, ¿cómo reacciona? Es más que evidente que la realidad que se impone ante sus ojos supera por completo toda capacidad de comprensión. Estamos ante un hecho real y palpable en el que los pensamientos y caminos de Dios divergen ampliamente de los pensamientos y caminos del ser humano, en este caso María. Ante una situación así, tan descarnada, ¿qué hace la Madre del Hijo de Dios? Oigamos lo que nos dice el Evangelio: "María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón" (Le 2,19).

Analicemos sin prisas la actitud/respuesta de María ante esta realidad que le desborda y descoloca. Medita en su corazón 10 que está aconteciendo. Es el término meditar el que nos interesa en este momento, y vamos a profundizar en él desde la cultura y espiritualidad de un israelita. Para nosotros, que tenemos una mentalidad latina, occidental, el término meditar hace más bien relación a un trabajo de la mente. Si acaso, una vez que la mente ha meditado algo, le damos un contenido afectivo con el corazón.

Para un israelita, el verbo meditar es algo mucho más rico. Implica a la persona en su totalidad. En última instancia significa hacer suyo lo que está meditando, significa apropiarse de ello. A nivel de crecimiento en la fe, meditar la Palabra implica hacerla tuya; meditar el Evangelio significa hacerlo tuyo. Aunque no lo entiendas en su inmediatez, Jesucristo te lo va haciendo entender en la medida en que te lo apropias, lo haces tuyo. Esto es lo que hace María, medita la Palabra y los acontecimientos que rodean el nacimiento del Mesías. Aparentemente son incomprensibles, pues poco tienen que ver con lo que el pueblo decía creer y profesar. Nace el Hijo de Dios en estas extrañas circunstancias y María se hace gigante en la fe: medita y "se vuelve" a los pensamientos y caminos de Dios mostrándonos a todos cuál es la conversión que realmente agrada a Dios.

A LOS PIES DE JESÚS

Encontramos otra María en los evangelios que también nos indica la auténtica actitud de quien quiere verdaderamente convertirse, volverse a Dios. Me refiero a María, la hermana de Marta, quien "sentada a los pies de Jesús escuchaba su Palabra" (Le 11 ,39b). Sentada, así, sin prisas, con el oído abierto a lo que escuchaba. Sentada y a los pies de su Maestro, es decir, dispuesta a obedecer la Palabra que brota del Hijo de Dios. Así es como se prepara para acoger los pensamientos y caminos de Dios por encima de los suyos, que siempre, repito, siempre, son otros. Ante esta actitud suya, Jesús proclamó con énfasis: "María ha elegido la parte buena, que no le será quitada" (Lc 10,42b).

María escoge la parte buena: escoge la elección de Dios. Escoge ser discípula. María es imagen de la Iglesia que recibe la sabiduría de parte de Dios, la Vida que lleva consigo su Palabra para poder así alimentar al hombre a fin de que pueda alcanzar su plenitud, la que no tiene techo, pues consiste en la vida eterna. Este recibir el alimento para poder saciar a la humanidad es una de las imágenes más diáfanas que el Evangelio nos ofrece acerca de la Iglesia. Lo vemos en el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Ante una multitud hambrienta, Jesús multiplicó los panes y los peces, y dio este alimento primeramente a los discípulos y, a su vez, éstos saciaron a la multitud: ''Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente. Comieron todos hasta saciarse" (Lc 9,16-17).

Los discípulos, aquellos que se sacian del Dios vivo y sacian a sus hermanos, llevan en su alma el sello de las Bienaventuranzas: son pobres de espíritu, lloran a causa del mal del mundo, son mansos como corderos, promueven la paz, derraman misericordia..., son hijos del Evangelio y, por tanto, de Dios. Conversión, volverse a Dios, situarse cara a cara con su Palabra, con su Evangelio; saciarse y saciar a los que tienen el espíritu hambriento y desfallecido. Ésta es la cuaresma de los discípulos del Señor Jesús.