LAS ELECCIONES EN ESPAÑA

Un lector –ver la página de Testimonios—nos pide que demos una opinión sobre las elecciones en España del próximo domingo, día 9 de marzo.. Más exactamente nos pide que orientemos el sentido del voto respecto, sobre todo, a los dos partidos principales que se presentan a los comicios: el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido popular (PP). Nos hemos pensado un poco esta posibilidad, aunque finalmente vamos a hacerlo, aunque pensamos no hacerlo.

Antes, sin embargo, habría que decir que Betania no es una publicación política y que tampoco es una publicación generalista, aunque de sentido y pensamiento cristiano. En los últimos tiempos Betania va a especializándose en liturgia, porque, obviamente, con el “subtitulo” de Hoja Dominical del Espacio Cybernético”, está claro que, siempre, se dirigió por ese camino. Es cierto, no obstante que en una época trató más de política y el mismo lector que nos escribe recuerda los numerosos trabajos sobre la historia española de la democracia cristiana y sobre el sentido cristiano de la política. También, nos recuerda una larga polémica mantenida en Betania sobre la Teología de la Liberación…

Bien, la cuestión de la orientación del voto es algo muy delicado. Los obispos –y nos parece bien—han tendido siempre a hablar en tiempos de elecciones. Digamos, asimismo, que, en tiempos de la Transición política española, la Iglesia jugó en España un papel muy importante en cuanto a la reconciliación entre los españoles, después de 40 años de dictadura y, sobre todo, apoyó con fuerza la nueva situación democrática española. Estamos hablando de finales de la década de los setenta y primeros años de los ochenta. Desde entonces, la Iglesia y su organismo colegiado de obispos, la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha mantenido un apoyo total a la realidad democrática, a la Monarquía Constitucional y a la defensa de los derechos humanos. Y esto que parece muy obvio hay que aclararlo pues en los últimos tiempos se ha querido ver en algunas posiciones de la Iglesia católica española, o en la de alguno de sus obispos, posturas contrarias al principio democrático, al respeto de la Constitución Española y a el mantenimiento del total respeto a la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

ESCENARIO POLARIZADO

Dicho todo esto nos enfrentamos en España a un escenario muy polarizado en lo dialéctico entre izquierda y derecha, aunque, en puridad, apenas hay diferencias en los programas del PSOE y del PP en cuestiones relativas a la propiedad privada, al llamado liberalismo económico y, en general, a la sociedad que basa sus flujos económicos en la libertad de mercado, que, sin duda, es lo fundamental del ordenamiento global que supone la realidad de la Unión Europea. Digamos, pues, que en términos económicos y sociales las posiciones son muy parecidas, por no decir idénticas. La “necesaria” deferencia se ha polarizado, como decíamos, en los últimos tiempos, en cuestiones de nuevos derechos de los ciudadanos –admitidos por unos y discutidos por otros—y en valoraciones sobre la llamada defensa de la unidad de España que está en contraposición con el nacionalismo tradicional en Cataluña, Galicia y País Vasco que busca, por medios pacíficos y cuando sea posible, separarse de España. Es obvio que el Partido Popular no transige sobre este aspecto y el PSOE cree que se pueden abrir nuevas posibilidades de los derechos de los ciudadanos de esos territorios de España sin temor a la ruptura de la unidad nacional. Una negociación fallida con la banda terrorista ETA por parte del Gobierno ha producido muchas tensiones en todo el país. Y es uno de los temas recurrentes de fricción entre el PSOE y el PP.

EL VOTO CATÓLICO

Los dos partidos nacionalistas más importantes de España, el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y la coalición catalana Convergencia i Uniò, tienen hondas raíces cristianas en sus orígenes. Se puede hablar de que son dos agrupaciones democristianas. De hecho, tanto en la Iglesia catalana como en la Iglesia vasca hay grandes sintonías con el nacionalismo. Por ejemplo, el monasterio de Montserrat, en las montañas barcelonesas, es el centro religioso y político de Cataluña. Y esto viene a cuento porque, obviamente, los obispos –tal vez no todos—de esas dos zonas de España van a recomendar que se vote a las formaciones nacionalistas. Esto se pone a modo de ejemplo, pero no hay que el olvidar que el lector que “motiva” ese comentario habla de la unidad de España como una de las cuestiones decisorias para el voto. Como se ve nada hay uniforme.

De todos modos, el Gobierno socialista –diríamos mejor el PSOE—ha ejercitado una cierta tendencia a la velada amenaza sobre la continuidad, o no, de los acuerdos del Estado español con la Santa Sede –el famoso Concordato—que regula esa relación entre las dos instituciones y abarca muchas cuestiones. Los socialistas han acusado a la Iglesia de mantener privilegios lo cual está por ver y, desde luego, es un tanto difuso. Pudo arreglarse “pacíficamente” la cuestión de la financiación estatal de la Iglesia, aunque tanto en la Iglesia como en el PSOE se han levantado voces contrarias a esos acuerdos.

En el PP hay muchos militantes reconocidamente católicos. Sin embargo, el PP se desmarcó de las reclamaciones y posiciones que tres cardenales de la Iglesia Española –Cañizares, García Gasco y Rouco Varela—plantearon en la conocida, famosa e importante manifestación de finales de diciembre en Madrid que marcó el punto de fricción más alto entre Gobierno e Iglesia. En esa manifestación el PP no estuvo, prácticamente, presente y eludió definirse sobre la derogación –en caso de que ganaran las elecciones—de leyes relativas al matrimonio homosexual y el divorcio expres.

QUE VOTAR

El tema del aborto es el más espinoso y que enfrenta a dos partes de la sociedad española. Para nosotros los católicos es una forma de homicidio. Algunos utilizan la palabra asesinato. Para otra parte de la sociedad es un derecho de las mujeres a decidir sobre la continuidad de su gestación. Claramente decimos que, aquí en Betania, creemos que hay vida, con sus contenidos transcendentes, desde la fecundación. Por tanto, el aborto es una forma de homicidio. Las nuevas normas del derecho expres, que facilitan la ruptura de manera extraordinaria, impide un tiempo de reflexión antes de llegar a la separación definitiva. Aquí la realidad es que, en la mayoría de los países desarrollados de occidente –y entre ellos los de la Unión Europea—temas como el divorcio y el aborto están presentes en sus legislaciones desde hace muchos años, aunque, por supuesto, la Iglesia no está de acuerdo.

Una cosa de la que se habla poco por parte de los católicos, y, tal vez, no la tienen en cuenta a la hora de decidir su voto es la cuestión social. Jesús de Nazaret luchó por los pobres y los marginados. Las sociedades modernas tienen muchos sistemas de luchar contra la pobreza y la marginación, pero, obviamente, prevalecen las durísimas normas del mercado, que, a veces, no es otra cosa que la ley del más fuerte. Poco se habla de esto entre los católicos, condensando más las cuestiones que llamaríamos de tipo moral. Y, sin embargo, el amor a los pobres por parte de Jesús fue evidente. La Iglesia, sin duda, atiende a los pobres pero no dirige el foco ante la exigencia de una justicia social rigurosa, que parece –hoy tampoco lo es—solamente defendida por los partidos de izquierda.

ALGUNA CONCLUSIÓN

No será lo mismo para un católico, cercano a su jerarquía, la “cuestión de la unidad española” si vive en Cataluña o en Euskadi –ahí la Iglesia o sus miembros no son ni siquiera neutrales—que si vive en el resto de España. Pero, a su vez, parece que un prelado de otras provincias españolas, no entenderá ese principio de diferenciación total e, incluso, de derecho a la independencia de esas regiones. Es obvio que en el tema del aborto, todos estamos de acuerdo, pero el PP –que parece más cercano a algunos planteamientos de algunos prelados—tampoco derogará las leyes relativas al divorcio y el aborto, que, por otro lado, están consideradas como derechos en otros ámbitos y, entre ellos, en el del Parlamento Europeo.

Hay católicos muy identificados con la lucha contra la pobreza y la desigualdad, no solo a nivel español, sino en una dimensión global. Pero no es compartido por otros católicos y algunos prelados. Por tanto ahí tampoco es fácil. Creemos que lo fundamental es defender los derechos fundamentales, los de las libertades y, entre ellos, la libertad religiosa. Pero muchos de estos parámetros están basados en el antiguo liberalismo. Y en el interior de la Iglesia hay ahora posiciones muy contrarias al llamado pensamiento liberal.

Sabemos que este largo editorial no va a satisfacer la demanda de nuestro lector, pero, al menos, le haremos pensar que es de lo que se trata.