Domingo III de Adviento
16 de diciembre de 2007

LA CORONA DE ADVIENTO

La corona de Adviento es la fórmula más habitual y más sencilla de ir iniciando los domingos de Adviento. Y nuestras moniciones como, en otros años, irán reflejando ese hecho. La corona de Adviento tiene cuatro velas de colores diferentes y cada domingo de Adviento se enciende una. En el caso del primer domingo se encenderá la primera y las demás quedarán apagadas. Cuando lleguemos al segundo domingo de Adviento, antes de iniciarse la Eucaristía, ya estará encendida la vela del domingo anterior y, por tanto, se encenderá la segunda. Haremos lo mismo con la tercera y la cuarta. En caso de la tercera, iniciaremos la celebración con las dos velas anteriores ya encendidas y prenderemos la tercera. Para la cuarta, antes de comenzar ya estarán encendidas las tres y completaremos la corona con la cuarta vela encendida.

OTRAS POSIBILIDADES

Pueden presentarse, delante del altar, cuatro cirios grandes, también de colores, situados sobre una pequeña escalera que los sitúe a diferentes alturas. Esa escalera o estructura puede cubrirse con un paño del color morado típico del Adviento. La más baja será la del primer domingo y la más alta la correspondiente al cuarto. Se encenderán de la misma forma.

Otra fórmula interesante es colocar un “misterio”, un gran portal de Belén. Puede servir el que se vaya a destinar después al Nacimiento. Y se irán poniendo imágenes distintas de manera sucesiva. Al estar el portal vacío, la primera colocación puede ser la del pesebre –la cunita—vacía. Más adelante, en el segundo, se completa con los animales. El tercero con los pastores y San José. El cuarto colocar la imagen orante de la Virgen María manteniendo el pesebre vacío pues todavía no ha nacido el Señor.

El uso de las moniciones es parecido y similar a lo que se cita en el caso de las velas. Y en lugar de decir, por ejemplo, “al encender esta vela” pues se cambia por “al colocar esta figura de…”

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Iniciemos este Tercer Domingo de Adviento con alegría. La antífona de entrada de la misa de este día siempre –desde hace muchos siglos—ha dado nombre a este domingo, el de la alegría. Con ese sentimiento de dicha os damos la bienvenida a la Eucaristía y añadimos que debemos redoblar nuestra alegría porque la Navidad ya esta cerca, muy cerca. El calendario de este año nos trae la agrupación de las fiestas litúrgicas navideñas. En efecto, el próximo domingo terminará el adviento, y como es día 23, al día siguiente celebráramos la Nochebuena… Estemos pues alegres. Y solo una consideración: aprovechemos lo poco que queda del Adviento –una semana—para mejorar nuestras vidas, para convertirnos intensamente al Señor, que ya está a punto de llegar.


MONICIÓN SOBRE LAS LECTURAS

1.- El fragmento de Isaías que vamos a escuchar hoy termina con siguiente frase: “Pena y aflicción se alejarán”. Y eso es la alegría. El profeta Isaías sigue presentándonos en estos domingos de Adviento su profecía sobre un mundo de paz en el que nadie luchará contra nadie, ni siquiera en la naturaleza. Y nos pide además que fortalezcamos a los débiles. Es un buen encargo para estos próximos y cercanos momentos de Navidad.

S.- Con este salmo 145 se inicia la doxología –que significa alabanza—final del Salterio. Del 145 al 150 era el tercer “hallel”, oración diaria de los judíos. Utilizamos los últimos versículos de dicho salmo que contiene un buen ejemplo de la ternura y de amor de Dios a sus criaturas.

2.- El apóstol Santiago en su Carta nos dice que nos mantengamos firmes, porque el Señor está cerca. Firmes en nuestra fe y en nuestros propósitos de ser mejores que, sin duda, son los frutos del Adviento. El tiempo se acaba para olvidar nuestros malos momentos y disponernos a vivir los buenos.

3.- Es un evangelio difícil el de hoy, pero lleno de esperanza. Juan Bautista, preso por la maldad de Herodes, recibe noticias contradictorias sobre la actitud del Mesías. Tal vez, Juan esperaba –como otros muchos judíos—ese Mesías capaz de articular un triunfo político. Pero Jesús le responde que se contemple lo que hace como Mesías: los más despreciados de la sociedad, los enfermos, los inválidos recuperan la salud y, sobre todo, a los pobres se les predica la Buena Noticia.

Como solemos citar de vez en cuando, estos textos de moniciones, pueden leerse de uno en uno, antes de cada una de las lecturas. O todo junto antes de la proclamación de las mismas. Se ha redactado para que sirva en ambas posibilidades.

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

Breve oración de Adviento, pero muy bella y que refleja el deseo permanente de conversión. Escuchémosla con alegría y esperanza

ADVIENTO, UNA ORACIÓN

Señor, abre mis oídos a tu Palabra.

Señor, despierta mi corazón a la esperanza.

Tú vienes, vienes siempre a mi encuentro.

Tú vienes siempre con amor.

Haz que me ponga en camino para recibirte.

Te abriré la puerta de mi vida.

Nos daremos el abrazo entrañable.

Y al oír los pasos de tantos caminantes del mundo,

me sentiré hermano de todos

y compartiré con ellos mi paz y mi esperanza.

Amen


Exhortación de despedida

Volvamos alegres a nuestras casas y comuniquemos a nuestros amigos, familiares y vecinos que somos un pueblo alegre, no triste como algunos dicen de nosotros. Y estamos alegres porque el Señor ya esta cerca.