Domingo III de Adviento
16 de diciembre de 2007

La homilía de Betania


1.- ¿TAMBIÉN A NOSOTROS NOS DECEPCIONA DIOS?

Por José María Maruri, SJ

2.- MISTERIO RESERVADO SÓLO A LOS SENCILLOS

Por José María Martín OSA

3.- LA PRUEBA REINA

Por Gustavo Vélez, mxy

4.- JUAN, TESTIGO FIEL

Por Antonio García Moreno

5.- LA VIDA COMO CAMINO

Por Gabriel González del Estal

6.- ¡QUE NO CUNDA EL DESÁNIMO!

Por Javier Leoz

7.- UN ADVIENTO PARA CONVERTIRSE

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


HONRADEZ O, SI SE QUIERE LLAMAR DE OTRA MANERA, HONESTIDAD, DE JESÚS Y JUAN.

Por Pedrojosé Ynaraja


LECTIO DIVINA: EVANGELIO Y ORACIÓN


ALEGRAOS, EL SEÑOR ESTÁ CERCA (13-XII-1959)

Por Pedro Rodríguez


1.- ¿TAMBIÉN A NOSOTROS NOS DECEPCIONA DIOS?

Por José María Maruri, SJ

1.- ¡Dichoso quien no se siente defraudado por mí!... ¿Sentía Juan la angustia de la decepción que se abría paso a paso en su corazón? Motivos tenía Juan para sentirse decepcionado por Jesús. Juan se sentía contento con disminuir con tal que Jesús creciera. Pero las noticias que se filtraban a través de los gruesos muros de su prisión de Maqueronte eran que Jesús no tenía el menor deseo de crecer, huía de los que le proclamaban Rey, se decía siervo de los demás, aconsejaba no ser como reyes y señores de este mundo… Aquello no era para crecer, era sólo para disminuir.

--Juan había puesto en las manos de Jesús la hoz para la siega y Jesús hablaba de sementera, le preocupaba la pequeña semilla que un día daría fruto. La siega sería de otros.

--Juan le había profetizado con el bieldo en la mano separando el trigo y la paja. Y Jesús ni siquiera quería separar la cizaña del trigo, no quiere dividir a los hombres en buenos y malos. Come y bebe con los etiquetados como pecadores, se hacen discípulas suyas las públicas pecadoras

--Juan ha prestado a Jesús un hacha para que corte de raíz los árboles podridos. Y Jesús dice que no quiere acabar de chascar la caña quebrada que se inclina casi sin vida al suelo.

--Juan, que se siente seguro del tiempo del Mesías, no sabe qué pensar del modo con el que el Mesías, Jesús, se presenta… y pregunta.

--Y Juan muere, decapitado en la cárcel, sin haber visto crecer a Jesús, pero confortado con sus palabras: “dichoso el que no se decepciona de mí”.

2.- También a nosotros nos decepciona Dios…

**nos decepciona porque no castiga ante nuestros ojos a los que llamamos malos, nos decepciona porque no participa de nuestra ira.

**nos decepciona cuando le pedimos un milagrito y no nos lo concede.

**nos decepciona cuando parece hacerse el sordo a nuestras oraciones.

**cuántas veces sentimos ganas de enmendarle la plana, aunque no nos atrevamos a formularlo en palabras, cuantas veces sentimos que Dios hubiera cometido menos errores si nos hubiera consultado a nosotros.

**nos decepciona Dios porque nos hemos fabricado un Dios con nuestros mismos gustos, sentimientos, y aversiones, y de esa manera Dios no sabe ser Dios, porque cuando nos hacemos un Dios demasiado semejante a nosotros, protector de nuestros gustos e intereses, amparador de nuestros colores políticos, hacemos de Dios una caricatura y fomentamos el ateismo de los demás, que se avergüenzan de admitir no un Dios verdadero, sino ese Dios que nosotros adoramos.

3.- Dios lleva muchos años opositando ante nuestro tribunal para conseguir la plaza de Dios y no se la concedemos.

4.- “Mis planes no son vuestros planes y mis caminos no son vuestros planes”, nos dice el Dios verdadero Dios:

+vine a salvar al mundo y nací niño indefenso

+no nací en Roma sino en la desconocida Belén

+viví escondido 30 años en Nazaret donde de donde nada bueno puede salir

+me gané el odio de los representantes del Dios verdadero y fui ejecutado como un

malhechor.

“Mis caminos no son vuestros caminos…”

5.- Seamos felices con Él

--Feliz el que no se decepciona de un Dios distinto al que pensamos

--Feliz el que apuesta por un Dios que es amor

--Feliz el que a pesar de todo, sigue confiando en un Dios Padre de todos que hace llover sobre justos y pecadores.

--Feliz el que no se decepciona de un Dios que no ama a nuestros enemigos.

--Feliz el que con terror se lo juega a la carta de un Dios al que no entendemos

Dejémosle a Dios ser Dios y no nos decepcionemos de que lo sea.


2.- MISTERIO RESERVADO SÓLO A LOS SENCILLOS

Por José María Martín OSA

1.- Jesús responde con las obras. Sorprende la pregunta de Juan Bautista: "¿eres tú el que debe venir o tenemos que esperar a otro?". En el momento del bautismo de Jesús la voz que venía de lo alto dijo: “Este es mi Hijo muy amado”. Es la manifestación de la misión de Jesús. ¿Por qué necesita Juan confirmar quién es Jesús? Quizá lo que quería es que sus discípulos descubrieran por sí mismos a Jesús. La respuesta de Jesús son sus obras. Cristo puede ser encontrado y definido sólo de una manera: Él es la liberación de los pobres, la evangelización de los sencillos, es la transformación de la humanidad enferma, marginada y sufriente, es la verdad que nos permite ver que el Mesías ha venido y está en medio de nosotros. Jesús, respondiendo al Bautista y a sus enviados, hace referencia explícitamente a un fragmento que pertenece al llamado "Apocalipsis Menor" de Isaías (capítulos 34-35). Esta perícopa, obra de un profeta anónimo del exilio en Babilonia (VI siglo AC), canta el feliz retorno del Israel perseguido, de los campos de concentración y de cárceles de Babilonia, hacia el hogar nacional en Palestina. La marcha de liberación se transforma en una procesión coral, semejante a aquel peregrinar tan deseado, que transportaba por un tiempo a los hebreos desde las tierras en donde se encontraban dispersos, a su inolvidable Jerusalén. Al llegar este anuncio de libertad el desierto de la existencia humana es recorrido por una corriente de vida y de alegría casi contagiosa. Las expresiones de felicidad se atropellan en los labios del profeta: "gozad, alegraos, floreced, sed fuertes, no temáis, venid a Sión con cantos, con gozo indestructible sobre el rostro, gloria y alegría se reúnen." Hoy a nosotros nos vienen bien estas palabras para que recuperemos la esperanza y, con ella, la alegría. Hoy precisamente es el domingo “laetare”, de la alegría

2.- La esperanza da vida. Necesitamos la fe para dar sentido a nuestra vida, pero sólo la esperanza puede darnos ánimo para seguir el camino. Sin ella nos falta la fuerza para mantener viva la ilusión. Somos salvados por la esperanza ha dicho el Papa Benedicto XVI en su segunda encíclica, una esperanza que es confianza en la salvación que llega. Vivir con esperanza no es ninguna utopía, nuestra esperanza está fundada en la fidelidad de Dios, que no puede fallarnos, porque es amor. Los cuerpos débiles, mutilados y dolientes son atravesados por la transformación radical de la esperanza. Pena y aflicción se alejarán para siempre, dice el profeta Isaías. El profeta anuncia la vuelta del exilio y el comienzo de los tiempos mesiánicos. Lo primero se produjo a partir del siglo VI a. C. con el rey Ciro de Persia, considerado el “Ungido” para muchos, que permitió el regreso de los repatriados y la reconstrucción de la religión judaica. Lo segundo sólo llegará con Jesús: los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. Es lo mismo que leyó Jesús en la Sinagoga de Nazaret. Pero El añadió: “Hoy se cumple la Escritura que acabáis de oír”.

3.- Esperar con paciencia .Juan es el mayor y el último de los profetas del Antiguo Testamento, no ha nacido de mujer uno más grande que El. Sin embargo, “el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él”. Dios prefiere a los pequeños, a los sencillos. Para penetrar y comprender esta lógica de Dios es necesario quitar tantos esquemas mentales adquiridos hasta hoy, aún por los hombres de Iglesia y por los creyentes más fervorosos. Cristo en el evangelio de este tercer domingo de adviento reserva especialmente una bienaventuranza al "que no se escandaliza de él" y de su estilo de vida y de opción. Los más cercanos a él por parentela o conocimiento "se escandalizaban por su causa", anota Mateo durante la visita de Jesús a Nazaret (Mt. 13, 57). Sin embargo, los pobres y humildes le reconocen y alcanzan la felicidad.

¿Por qué estará tan relacionada la sencillez con la alegría? El misterio de este Mesías que viene al mundo en un nacimiento tan pobre, junto a figuras que ocupaban el último peldaño de la escala social, es necesario acogerlo con la intuición típica del "profeta". En efecto la pareja verbal "oír y ver" que Jesús recuerda a los discípulos del Bautista, evoca la capacidad de lectura profunda de la realidad característica del profeta que, bajo la superficie de las cosas, sabían intuir el dinamismo profundo y misterioso del actual salvador de Dios. También Santiago en su carta "pastoral" reclama esta misma claridad de visión. Es la "paciencia" de los profetas, que aun viviendo en los modos contradictorios de los sucesos humanos, han comprendido y sentido que "la venida del Señor está cercana". A pesar de estar viviendo en el panorama sofocante de las injusticias de las opresiones y de la violencia, han visto en los pobres el signo de que "el juez está a la puerta" (5,9). Como el simple campesino que "espera pacientemente el precioso fruto de la tierra", que espera las "lluvias de otoño y de primavera", el creyente-profeta, sabe esperar con paciencia la llegada del Salvador. Es un misterio que sólo pueden comprender los sencillos.


3.- LA PRUEBA REINA

Por Gustavo Vélez, mxy

1.- “Por aquel tiempo, Juan que estaba en la cárcel, envió dos discípulos a preguntar a Jesús: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”. San Mateo, Cáp.11. ¿Jesús y su pariente el Precursor, tendrían algún encuentro previo para planear estrategias? No consta en los evangelios. Sólo se dice que el carpintero de Nazaret bajó en busca de Juan, para hacerse bautizar, como muchos de sus paisanos. Un acontecimiento que los evangelistas presentaron luego, desde la fe, como una teofanía. Es decir, una solemne manifestación de Dios: Se abre el cielo, desciende una paloma, y una voz de lo alto anuncia que Jesús es el hijo predilecto del Señor.

Pero ha corrido el tiempo. Se ha realizado aquel deseo del Bautista: “Conviene que Él crezca y que yo disminuya”. Ahora el Precursor está preso en Maqueronte, la fortaleza reconstruida por Herodes Antipas en las orillas del mar Muerto, como cárcel y palacio de invierno. No es fácil comprender el estado de ánimo de este hombre rudo, que le entregó su vida a la causa del Maestro y ahora siente que su fin está próximo.

2.- Los discípulos que lo visitan, cuentan sobre las obras que realiza el nuevo profeta que vino de Galilea. ¿Entonces qué? ¿Si es el Mesías no podría liberarlo? ¿Dudaba de Jesús el Bautista, o más bien sus discípulos? De otra parte, el estilo de vida que mostraba Jesús no correspondía del todo con aquel anunciado por el hijo de Zacarías. Nada de cortar de una vez los árboles estériles, ni separar de inmediato el trigo de la paja. Por el contrario, Jesús acostumbraba juntarse con publicanos y pecadoras.

Entonces Juan manda preguntar a Señor con algunos de sus allegados: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”. No explica ningún evangelista dónde encontraron a Jesús aquellos mensajeros. ¿Los recibiría pausadamente? ¿Les preguntaría con detalles sobre la situación de su precursor? San Mateo se atiene a lo esencial. El Maestro responde sobre un texto, donde Isaías explica la misión del futuro Mesías: “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: Los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios…A los pobres se les anuncia la Buena Noticia”.

3.- Esta es la prueba reina que acredita al Señor como Mesías. Alguien que no trabaja entre las nubes, sino sobre circunstancias concretas. Su respuesta colocaba, según la tradición bíblica, a los pobres, a los humildes, a los necesitados, como los preferidos en su programa. Ellos nos garantizan que Jesús es el Hijo de Dios. Y dan fe de nuestra condición de discípulos.

Cuando llega diciembre, una nueva alegría nos inunda, pero además muchas perplejidades nos asedian. Conviene entonces preguntarnos si para nosotros Jesús es de veras el Salvador. A lo cual no respondemos de forma suficiente con bonitos pesebres, ruidosas celebraciones, emoción compartida en estas fechas. Jesús es el Mesías, y nosotros sus discípulos, de acuerdo a lo que hacemos a favor de los necesitados. Si proyectamos transparencia en nuestro entorno. Si somos responsables en la familia y en la empresa. Si con nuestro esfuerzo hemos logrado que alguien camine, que alguien vea, que alguien quede limpio de su lastimoso pasado. Que alguien se sane de su pobreza y de su soledad.


4.- JUAN, TESTIGO FIEL

Por Antonio García Moreno

1.- Nuestra tierra se alegrará. Canta el profeta Isaías las grandezas de los tiempos mesiánicos. En medio de las dificultades, en medio de las tinieblas que envuelven su época, brota su palabra luminosa, llenando los corazones de alegría, disipando miedos y colmando el alma de paz… Aquellos campos áridos, aquellos paisajes desnudos, aquella tierra seca, tierra mostrenca, estéril como la arena. Un día se obrará el prodigio. Florecerá, reverdecerá, dará copiosos frutos, ubérrimos frutos. Será un bosque de cedros altos como los del Líbano, brotarán flores, como en el valle del Sarón, como en el monte Carmelo.

Tierra nuestra, vida nuestra, tan seca a veces, tan estéril, tan árida. Esta sensación de inutilidad, esta impresión de estar sin nada que presentar ante Dios y ante los hombres, este miedo a no haber hecho casi nada por él, nada que tenga realmente valor a la hora de la verdad. Tierra nuestra, seca y pobre, un día Dios realizará, también contigo, el prodigio de una maravillosa primavera, un florecer prometedor de ricos frutos. Y ya no quedarás baldío, y no sentirás el temor de pasar toda la vida sin pena ni gloria.

El profeta insiste en animarnos. Sin embargo tenemos las manos desfallecidas, las rodillas vacilantes, el corazón apocado. Miedo y timidez, aprietos del alma, angustia del corazón. Sentimientos indefinidos que a veces atenazan el espíritu, que ahogan hasta robar la tranquilidad. Siempre el hombre ha vivido entre peligros y apuros, entre riesgos y pesares, entre prisas e incertidumbres. Sin embargo, es un hecho irrefutable que el ritmo de la vida ha crecido notoriamente, es indudable que el bullicio del vivir, la vorágine de la existencia humana ha aumentando.

Y paralelamente aumentan las neurosis, los infartos de miocárdico, los complejos, los miedos, las dudas, esa angustia vital que arrastra mecánicamente a los hombres, siempre con prisas... ¡Valor! No temáis, he ahí a nuestro Dios. Viene la venganza, viene la retribución, viene Dios mismo y nos salvará. No té intranquilices, no te apures, no te angusties. Ten confianza en el amor y en el poder de Dios. Que son tan grandes, tan grandes que se alargan hasta el infinito. Y siempre puedes estar seguro del Señor, sin que nada rompa el equilibrio de tu vida, sin que nada te preocupe seriamente, sin que nada te robe el sueño.

2. La violencia de los signos. Siempre ha sido arriesgado decir la verdad. Por esta razón los profetas solían ser perseguidos y encarcelados, incomprendidos y objeto de burla... La liturgia de Adviento nos vuelve a presentar la figura del Bautista. Hoy lo vemos metido en prisión por mandato del rey Herodes. Su vida disoluta y sobre todo sus amoríos con la mujer de su hermano habían provocado la denuncia abierta del Precursor. El rey al parecer le tenía cierto respeto, le escuchaba aunque luego no le hiciera caso alguno. Pero Heroidas no podía soportar que aquel hombre, surgido del pueblo, la insultara impunemente. Día llegará en que pueda vengarse y eliminarlo de una vez... Sólo la muerte pudo apagar la voz de Juan que decía la verdad.

Hoy también hay hombres y mujeres que son perseguidos y encarcelados por defender y pregonar la verdad. Hoy también hay sonrisas y palabras de burla ante los voceros de Dios, insultos descarados o encubiertos al paso de un sacerdote que no tiene reparo en aparecer como lo que es, un signo ostensible, incluso llamativo, que proclama con sólo su presencia un mensaje divino de perdón y de misericordia, que ofrece abiertamente el camino de la salvación eterna. En un mundo paganizado y desacralizado, viene a decir el Papa, es preciso dar relieve a cuanto significa un vestigio de lo sobrenatural.

No podemos avergonzaron de ser cristianos, no podemos camuflar nuestras ideas, no podemos traicionar nuestra fe, ni nuestra esperanza, ni nuestra caridad. El Evangelio es un mensaje que exige ser proclamado, que no es compatible con el silencio, o con una anuencia conformista. Es cierto que no hay que provocar situaciones límites de tensiones inútiles, es verdad que nunca podemos ser cerriles ni fanáticos, pero también lo es que no podemos conformarnos con lo que contradice a nuestro Credo, ni aceptar como bueno, o como indiferente, lo que desdice de la Ley de Dios. Y hay que obrar así aunque se nos señale con el dedo, aunque vengamos a ser un signo molesto, o incluso chirriante y que crispa a quienes opinan lo contrario.

Juan fue un testigo fiel, un signo claro de la verdad que proclamaba. Por eso Jesús elogia su fortaleza en el cumplimiento de su misión. Nada pudo doblegarlo, ante nadie se inclinó. Fue recto y consecuente, prefirió la persecución, la cárcel y la muerte, antes de claudicar. El Reino de los cielos, nos dice Jesús, sufre violencia y sólo los violentos podrán conseguirlo. A primera vista podría parecer que el Señor justifica y aconseja la violencia como tal. Pero no es ese el sentido de sus palabras. Por el contexto podemos decir que Juan es un ejemplo claro de lo que significan las palabras del Señor. La violencia del Precursor fue la de sus palabras, la que ejerció contra sí en una vida penitente y austera, la violencia de la persuasión y de la inmolación del propio egoísmo, la violencia de los signos que él no ocultaba.


5.- LA VIDA COMO CAMINO

Por Gabriel González del Estal

1.- Eso es el adviento; eso es la vida toda. No un camino de barro o de asfalto, quieto e inamovible, sino un caminar activo, a través del barro o del asfalto, haciendo nosotros nuestro propio camino. El que no anda, el que no hace camino, no va a ninguna parte, permanece estéril, no camina al encuentro del Señor. El adviento es un caminar al encuentro del Señor que ya llega. Está viniendo hacia nosotros desde el momento mismo en que nacimos, está queriendo encontrarse con nosotros todos los días. Pero frecuentemente somos nosotros los que no vamos hacia él, los que nos tapamos la cara o desviamos los pasos para no encontrarle. Él viene como mensajero del amor, de la justicia, de la paz, de la vida. Y nosotros nos empeñamos en seguir odiándonos, en seguir matándonos, en no oír los gritos del pobre, de tantos millones de personas que se mueren de hambre, de injusticia y de dolor. No vamos al encuentro del Señor, caminamos en dirección equivocada. Pero, afortunadamente, también hay en nuestro mundo profetas de la esperanza, mensajeros del amor y de la paz, muchas mujeres y muchos hombres que nos demuestran con su ejemplo que sí es posible hacer de nuestra vida un verdadero camino, un adviento que nos conduzca al encuentro del Señor. Esto es lo que pidieron a los hombres de su tiempo los grandes profetas, como Isaías y como Juan el Bautista. Esto es lo que siguen pidiéndonos hoy a nosotros los verdaderos profetas de nuestro tiempo, esto es lo que nos pide hoy y ahora el mismísimo Jesús de Nazaret.

2.- Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes. El apóstol Santiago escribe a los primeros cristianos, pidiéndoles paciencia, porque la venida gloriosa del Señor no acababa de llegar. Nosotros no esperamos ahora que el Señor vaya a venir de un momento a otro para instaurar pública y gloriosamente un Reino de santidad y de gracia, de verdad y de vida, de justicia, de amor y de paz. Sabemos que, mientras vivimos, somos nosotros los que debemos intentar, con la ayuda y en nombre del Señor, construir un reino, una sociedad en la que Dios pueda nacer y sentirse a gusto. Pero, cuando miramos a nuestro alrededor, vemos que aún hemos conseguido muy poco. Y también a nosotros puede entrarnos el desánimo, también nosotros podemos perder la paciencia un día sí y otro también. Por eso, nos viene muy bien a nosotros tener en cuenta las palabras del apóstol Santiago. También Santa Teresa nos decía que la paciencia todo lo alcanza. Vamos a hacer, una vez más, un acto de fe en el cumplimiento de la palabra del Señor, vamos a mantenernos firmes luchando cada día contra el mal, para que la santidad y la gracia, la verdad y la vida, la justicia, el amor y la paz puedan nacer y quedarse a vivir definitivamente entre nosotros.

3.- Sed fuertes, no temáis; mirad a vuestro Dios que viene en persona a salvaros. Y pone el ejemplo del labrador que espera pacientemente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. El buen labrador no se echa a dormir, despreocupado, durante los duros meses del invierno. Sigue cuidando la tierra, abonándola, librándola de las malas hierbas. Todo lo hace con la esperanza de que esa misma tierra le devolverá agradecida, en la sementera, el ciento por uno de los granos que sembró. Cuenta con la lluvia temprana y tardía que el Señor de la tierra le enviará, como gracia generosa, a su debido tiempo. La esperanza en la tierra y en el Señor de la tierra es la que mueve sus brazos y sus pies, la que le permite mantenerse firme y fuerte en la dura labor de cada día. ¡Que no nos falte nunca a nosotros la fe y la esperanza en el Señor que viene; que no dejemos de caminar cada día en dirección hacia él!

4.- Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo. La mejor prueba de la verdad de Jesús de Nazaret no fueron sus palabras, fueron sus obras. Él está haciendo lo que el Dios del profeta Isaías vendría a hacer a su pueblo: está despegando los ojos del ciego, abriendo los oídos del sordo, limpiando a los leprosos, resucitando a los muertos, anunciando el evangelio a los pobres. También entre nosotros las palabras han perdido, en gran parte, su fuerza original. La gente nos pide obras, nos dice que a las palabras se las lleva el viento, que obras son amores. Sí, obras de verdadero amor es lo que pide la sociedad actual a los cristianos y a todas las personas que decimos hablar y actuar en nombre de Dios. En la tarde última de nuestra vida, nuestro Dios nos preguntará antes que por nuestras palabras, por nuestras obras de amor. Porque también en nuestra sociedad existen muchas personas necesitadas, a las que nosotros podemos ayudar. Vivamos de tal manera que los que no son cristianos puedan creer en nosotros y en nuestro Dios, más por lo que en nosotros ven que por lo que de nosotros oyen.


6.- ¡QUE NO CUNDA EL DESÁNIMO!

Por Javier Leoz

1.- A muy pocos días de la Navidad, la liturgia de este día, nos empuja y nos invita a que nos abramos a la alegría más grande: Jesús. Hoy es un día de júbilo por muchas razones:

-Viene, Dios, a salvarnos. ¿Quién no se alegra cuando, en el incierto o negro horizonte, aparece una voz amiga o un rostro dispuesto a echar una mano?

-Viene, Dios, y nuestras tristezas y llantos, tendrán un final. ¿Cómo no vamos alegrarnos cuando, ante nosotros, se levanta todo un muro de incertidumbres, problemas, impaciencia o dificultades?

-Viene el Señor, y como canta un Himno litúrgico “Mas entonces me miras…y se llena de estrellas, Señor, la oscura noche”.

Domingo del regocijo. En el mundo, desgraciadamente, no abundan las buenas noticias. Para una que viene envuelta en alegría, surgen otras tantas que nos sobresaltan y nos hacen morder el polvo de nuestra realidad: queremos pero no podemos ser totalmente felices. Lo intentamos, pero con todo lo que tenemos ¡y mira que tenemos! nos cuesta labrar y conquistar un campo donde pueda convivir el hombre; vivir el pobre o superarse a mejor el ser humano.

Por ello mismo, la cercanía de Jesús, nos infunde optimismo e ilusión. Todo queda empapado, si no permitimos que otros aspectos se impongan al sentido navideño, por el gusto del aniversario que se avecina: la aparición de Jesús en la tierra.

2.- ¿Deseamos de verdad esa visita del Señor? ¿En qué estamos pensando? ¿En quién estamos soñando? Porque, para celebrar con verdad las próximas navidades, hay que tener –no hambre de turrón ni sed de licor- cuanto apetito de Dios. Ganas de que, su llegada, inunde la relación y la reunión de nuestra familia; motive e inspire los villancicos; que, su inmenso amor, mueva espontáneamente y en abundancia nuestra caridad o que, el silencio en el que se acerca hasta nosotros, haga más profunda y sincera nuestra oración.

Este Domingo de la alegría nos hace recuperar el brillo de la fe. Las ganas de tenerle entre nosotros. El deseo de que venga el Señor. La firme convicción de que, Jesús, puede colmar con su nacimiento la felicidad y las aspiraciones de todo hombre.

Porque el Señor se revela, y su llanto ya se escucha al fondo de las calles de Belén, ya no tenemos derecho al desaliento ni al pesimismo. ¡Nos queda mucho por hacer! Y, teniendo tanto por hacer, Dios se hace hombre para compartir con nosotros todo intento de que el mundo pueda recuperar la alegría de vivir; la justicia con los más necesitados o la fe para todo aquel que la ha perdido.

3.- Amigos: ¡sigamos preparando los caminos al Señor! Y, si podemos, lo hagamos con alegría. Sin desencanto ni desesperación. El Señor, no quiere sonrisas postizas pero tampoco caras largas. El Señor, porque va a nacer, necesita de adoradores con espíritu y joviales. ¿Seremos capaces de ofrecerle a un Dios humillado y humanado, el regalo de nuestra alegría por tenerle entre nosotros? ¿No canta un viejo adagio aquello de “a un amigo agasájale sobre todo con la alegría de tu corazón”? ¿No es Jesús un amigo dispuesto a compartirlo todo con nosotros?

4.- Un padre, contento y dichoso, convocó a sus hijos para comer alrededor de una mesa vacía. Los hijos, asombrados, le preguntaron: “padre; ¿por qué estás tan alegre si, en la mesa, no hay ningún alimento todavía y faltan más de 4 horas para comer? A lo que el padre les contestó: “quiero, que conmigo, disfrutéis anticipadamente el gran manjar que nos aguarda”. Padre e hijos, disfrutaron –mientras llegaba la comida- hablando, soñando y rumiando…con el gusto que tendría el gran banquete que les iba a ser servido.

Que nosotros, ya desde ahora, celebremos, gocemos, saboreemos y nos alegremos del gran banquete del amor que, en tosca madera y por el Padre Dios, va a ser servido en un humilde portal.

Desde ahora, amigos, disfrutemos y gocemos con nuestra salvación. Y, como Juan, ojala que a esa gran alegría, por ser los amigos de Jesús, respondamos –más que con palabras- con nuestras obras. Es decir, con nuestra vida.

5.- ¿QUIÉN ERES TÚ, SEÑOR?

Decimos que eres el esperado

pero... ¡esperamos a tantos y tantas cosas!

Decimos que haces ver a los ciegos,

pero nos cuesta tanto mirar por tus ojos

Decimos que haces andar a los paralíticos,

pero se nos hace tan difícil caminar por tus senderos¡

 

¿QUIÉN ERES TÚ, SEÑOR?

Vienes a limpiar nuestras conciencias,

y nos preferimos caminar en el fango

Sales a nuestro encuentro para darnos vida,

y abrazamos las cuerdas que nos llevan a la muerte

Te adelantas para enseñarnos el camino de la paz,

y somos pregoneros de malos augurios.

 

¿QUIÉN ERES TÚ, SEÑOR?

Porque tenemos miedo a cansarnos

Porque, a nuestro paso, sale el desánimo

Porque, en la soledad, otros dioses vencen y se imponen

Porque, las falsas promesas, se hacen grandes cuando Tú no estás

 

¿QUIÉN ERES TÚ, SEÑOR?

Como Juan, queremos saberlo, Señor

Como Juan, quisiéramos preparar tu llegada, Señor

Como Juan, aún en la cárcel en la que a veces se convierte el mundo

levantamos nuestra cabeza porque queremos que Tú nos liberes

 

¿QUIÉN ERES TÚ, SEÑOR?

Si eres la alegría, infunde a nuestros corazones júbilo

Si eres salud, inyéctanos tu fuerza y tu salvación

Si eres fe, aumenta nuestro deseo de seguirte

Si eres amor, derrámalo en nuestras manos

para, luego, poder ofrecerlo a nuestros hermanos.

 

¿QUIÉN ERES TÚ, SEÑOR?

Quien quiera que seas…sólo sé que el mundo te necesita

Que el mundo requiere de un Niño que le devuelva la alegría

Que la tierra, con tu Nacimiento, recobrará la paz y la esperanza

Por eso, Señor, porque sabemos quién eres Tú…

¡Ven y no tardes en llegar…Señor!


7.- UN ADVIENTO PARA CONVERTIRSE

Por Ángel Gómez Escorial

1.- La enseñanza del Evangelio de Mateo, dentro de este tercer domingo de Adviento, tiene una dirección muy directa con los hitos o pasos que llevan a la conversión. Y de conversión merece la pena hablar mucho en Adviento. La meta es que lleguemos al día en que aparece el Niño Dios más hechos, más convertidos, más cristianos, más seguros de nuestra fe, incluso admitiendo la proverbial fragilidad que tiene todo ser humano.

Juan había recibido desde muy dentro de sí, impulsado, sin duda, por el Espíritu Santo, la “noticia” de que el Mesías, el Ungido de Dios, estaba ahí y se manifestaría para la salvación del pueblo. Confirmó su llamada interior con la impresionante teofanía acontecida a orillas del Jordán. La voz del Padre expresaba que aquel que acaba de bautizar era su preferido y el Espíritu, en forma de paloma, se posó sobre Él. Ya habríamos deseado muchos –ahora y antes—que nuestra fe se tradujera en una confirmación semejante. Pero hay que ser humildes –antes y ahora—y esperar la voluntad de Dios, se manifieste como se manifieste. Pero, en fin, Juan llevaba ya mucho tiempo en la cárcel. Hay que hacerse idea como eran las prisiones de entonces, en la mayoría de los casos, las celdas no eran otra cosa que un agujero en el suelo, sin más. Eso puede con el ánimo de cualquiera. Además, siempre hubo una rivalidad de los antiguos discípulos de Juan con los seguidores de Jesús. Y no solo porque algunos “se hubieran pasado de bando”. Es que muchos de esos discípulos de Juan coincidían con el mismo Precursor sobre una ortodoxia rigurosa y era, sin embargo, esa ortodoxia lo que llevaba a Juan a llamar a fariseos y saduceos “raza de víboras”.

Pero es verdad que Jesús de Nazaret no adoptaba ninguna de las posiciones soñadas que tendría que asumir el Mesías según la idea del pueblo de Israel de entonces. Era sencillo, cordial, hablaba con todo el mundo, incluidos los pecadores y las pecadoras. Comía con ellos en un gesto que jamás un judío típico podría aceptar. Sus mensajes eran de paz y de amor. “Corregía” incluso algunas de las condiciones que la Ley de Moisés incluía. Y, entonces, Juan sujeto a la fuerte depresión que produce la cárcel, quiso preguntar al Maestro, si era Él el Mesías o habría que esperar a otro. Jesús le respondió con lo que estaba haciendo que era, sobre todo, atender a los más débiles y enfermos. E hizo, además, un gran elogio público de Juan, probablemente el más alto que jamás habría pronunciado respecto a un hombre. No sabemos que le contestó Juan y si esos argumentos fueron suficientes para tranquilizarle. Poco después moriría ejecutado por la extraña promesa de un loco, de un loco poderoso que, sin embargo, le tuvo, alguna vez, un cierto respeto: el rey Herodes.

2.- Es obvio que el comportamiento de Jesús, su misma doctrina resultaba extraña y paradójica para sus coetáneos. Hoy mismo, el amar a los enemigos, poner la otra mejilla y regalarle el abrigo a uno que demanda solo una chaqueta, no es admitido, ni seguido por casi nadie. Ni siquiera por los que nos llamamos seguidores de Él, y tenemos siempre su nombre llenando nuestra boca, aunque luego no seamos sus imitadores. A veces parece que los cristianos aceptan sólo en parte la doctrina de Jesús o asumen solamente aquello que les es cómodo y concuerda con su forma de vida o con sus compromisos adquiridos en la sociedad en que viven. Pero, ¿poner la otra mejilla…? ¡No, hombre, no! ¡Eso no! Y es que resulta más que probable que no hayamos entendido o aceptado ese principio fundamental en el que Jesús --“corregía”—ampliaba el alcance del primer mandamiento dado a Moisés en el Sinaí: “Amad a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a vosotros mismos. El amor a Dios ha de estar personificado en el amor a los hermanos. Y hemos de ver el rostro de Dios en el rostro de los hermanos y hermanas que más sufren. Pero eso no nos gusta mucho. Por que si Dios nos ama –pensamos—tendrá que darnos todo a nosotros, antes que otros. En fin estamos muchos perfectamente prediseñados en el hermano envidioso de la parábola del Hijo Pródigo. Y no puede ser así.

3.- El Adviento nos lleva a la Navidad y en esos días ampliamos nuestra solidaridad e intentamos ayudar a los que menos tienen. Sería formidable que a partir de este Adviento todos los días fueran Navidad. Tuviéramos siempre la alegría visible porque celebramos la venida y la presencia de Dios y, asimismo, practicáramos a diario esa cercanía y ayuda para todos, comenzando por los que menos tienen. Nuestra conversión estará colmada el día que admitamos eso de “amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos”. Que no se nos pase este adviento sin acercarnos más y más a Dios y a los hermanos por amor.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


HONRADEZ O, SI SE QUIERE LLAMAR DE OTRA MANERA, HONESTIDAD, DE JESÚS Y JUAN.

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Como es mi costumbre, y para aportar a estas páginas algo que sé y que tal vez mis ilustres compañeros desconocen, voy a daros para empezar, mis queridos jóvenes lectores, algunos detalles de los lugares geográficos que aparecen en las lecturas del presente domingo.

Las montañas del Líbano sólo las he observado de lejos. He estado a pocos metros de la nación que lleva su nombre, pero nunca atravesé su frontera. Viajando por el norte de Israel, he visto casi siempre cerca de las cúspides de la cordillera, nieve en forma de heleros. Debo advertir que me he desplazado, casi siempre, en pleno verano. A los pies de la sierra, en el Antilíbano, junto a Cesarea de Felipe o Tel Dan, me he paseado por senderos maravillosos, de una frondosidad y abundancia de corrientes de agua, nunca vistos. No extraña que el profeta se sirva de estos paisajes para expresar la esperanza que se le avecina al Pueblo escogido.

2.- El Carmelo es una larga loma de unos 20 Km. La punta que se levanta sobre Haifa, al lado del mar, está densamente poblada. Hoteles de las mejores cadenas mundiales allí se levantan. Múltiples carreteras la cruzan. No obstante, el clima no ha cambiado y he disfrutado, en una ocasión, durmiendo al raso en jardines de los buenos frailes carmelitas, bajo algún espléndido algarrobo. Hacer vivac en Tierra Santa es cosa insólita, a mí se me ha concedido. En la otra punta de la sierra, al Este, las edificaciones no abundan, el paisaje que uno divisa se extiende por la llanura de Esdrelón, hasta Nazaret. Carmelo significa jardín en palestino o viñedos de Dios, en hebreo. En la Biblia esta montaña es una referencia poética. El Sarón es una fértil llanura al Sur del Carmelo. Abundan los frutales y he visto grandes plantaciones de algodón que, evidentemente, en tiempos bíblicos no existían.

3.- En cuanto al lugar donde estaba prisionero el Bautista, el texto no lo menciona pero Flavio Josefo sitúa su muerte en la fortaleza de Maqueronte. Seguramente, pues, es donde Herodes lo tendría prisionero con antelación. Hoy en día son ruinas arqueológicas situadas en Jordania, entre la capital, Amán, y la famosa Petra. La distancia que le separaba de Jesús era por tanto muy superior a 100 Km. Juan se había dado a conocer en la ribera del Jordán, a la altura de Jericó. En sus orillas ahora crecen sauces y cañaverales en abundancia, seguramente que en aquellos tiempos también.

4.- Os he contado esto, mis queridos jóvenes lectores, para que nunca escuchéis la narración, como si ocurriera en un lugar de fantasía, algo así como la tierra de jauja. Nuestra cultura está enferma de esperanza. Uno piensa a veces que es una pandemia incurable. Lo piensa, cuando observa y sufre el panorama espiritual que contempla. Pero como siempre ocurre cuando uno mira a través del anteojo de la Revelación, lo que ve es diferente. Habla el texto de Isaías de gozo pleno, de satisfacción total. Santiago, en la segunda lectura que la liturgia nos ofrece hoy, nos dice que no debemos ser impacientes. Yo sé que esta recomendación os es difícil de aceptar, que esperáis resultados inmediatos, acostumbrados como estáis a operaciones y cálculo de velocidad increíble, que efectúan nuestros cacharritos informáticos. Pero la realidad mas profunda es otra. Hay que recordar que Dios no tiene prisa, dispone de la eternidad para otorgarnos su amor

5.- Se nos ofrece la ilusión de la Navidad eterna y no debemos olvidar la nuestra temporal que se avecina. Ya sabéis que para algunos son días de nostalgia, añoran seres queridos que ya han muerto. Para otros, no creyentes, días de engaño. Para muchos, temporada de consumo excesivo. ¿Por qué la Iglesia, pues, nos estimula a que esperemos con ilusión la Navidad? Porque también se atreve a enseñarnos con sinceridad radical lo que en realidad es. Vaya por delante que el sabor de la Navidad no lo encontraréis en bebidas, ni en comidas selectas, ni en golosinas. Que nadie por allí lo busque. El sabor de la Navidad es la Eucaristía. Los medios nos invitan a que llenemos nuestras despensas de exquisitos manjares y hasta se han atrevido a predecir el dinero que gastaremos durante estas fiestas. Os aseguro que en mi caso, se han equivocado totalmente. La Iglesia, con el ejemplo de Juan Bautista, nos invita a que acumulemos virtud. Dejadme, mis queridos jóvenes lectores, que me detenga un momento y os hable de los aspectos en los que se fijan hoy los textos.

6.- En primer lugar, Juan, que había tenido notoriedad, no se acongoja por su situación de prisionero. Es un hombre humilde, no presume de saberes, ni simpatías. Tampoco se exhibe como joven atractivo. Desconfiad de los que vienen a vosotros satisfechos de sus cualidades, tratando de conquistaros con ellas. Sólo Jesús tiene total atractivo. Juan lo sabe bien, él, que está en la cárcel, no les dice que se queden, haciéndole compañía. Conviene que Él crezca y yo disminuya, les dijo a sus amigos. Aunque deban caminar largas distancias les manda ir para que conozcan a Jesús. Es consciente de la importancia que esto tiene. Para nosotros también este encargo sirve. Pero, lamentablemente, se viaja a lejanos países para aprender su lengua, se permanece en ellos mucho tiempo y se vuelve hablándola con fluidez, pero desconociendo al Salvador que se nos da a conocer gratuitamente. No lo olvidéis, al entrar en el Cielo, os examinarán de Amor y de Fe, no de lengua inglesa. Es preciso, pues, también, que nos examinemos de humildad. En segundo lugar fijémonos en el proceder del Maestro. Tampoco es vanidoso. Hace el bien. Esta es la prueba de su realidad mesiánica. Es tan evidente el texto que excuso más comentarios al respecto.

7.- Os he dicho que en las orillas del Jordán, allí donde el Bautista había predicado, crecían cañas. Contrastan con la robustez de las acacias del desierto, que por allí también hay. Juan no tiene la volubilidad de una caña. Hay gente que se sitúa siempre ante el sol que más calienta, él no. Su vida, como la de Jesús, es consecuente con lo que proclama. En Maqueronte, no tuvo un escenario para pasearse cantando, gritando y recibiendo aplausos. Fue honrado y honesto hasta el final. Cuando voy a Sebastiye, a once kilómetros de Nablus, donde dicen que está su tumba, medito estas enseñanzas y le pido su intercesión.

Quisiera para acabar, que comparaseis estos procederes con los de los ídolos de las gentes de hoy. Y vosotros mismos sacarais conclusiones. Preguntad a vuestros mayores quienes eran los de su época, para vosotros son ahora carrozas. Consultad revistas de hace unos años, las fotos de sus portadas os resultarán propias de anticuario. Los discos microsurco, los cassettes que apreciasteis, ahora ya no sabéis qué hacer con ellos. Pero el Evangelio continúa sin perder actualidad.


LECTIO DIVINA: EVANGELIO Y ORACIÓN


ALEGRAOS, EL SEÑOR ESTÁ CERCA (13-XII-1959)

Por Pedro Rodríguez

Evangelio dominical meditado y escrito para la prensa hace (casi) cincuenta años, en la época de Juan XXIII. Hoy es un testimonio de la continuidad de la liturgia y de la meditación del Evangelio en el tránsito del Misal de San Pío V al de Pablo VI. La fecha que se hace constar es la del domingo en que se publicó en los periódicos.

DOMINGO III DE ADVIENTO

San Juan 1, 19-28:

Éste es el testimonio de Juan, cuando desde Jerusalén los judíos le enviaron sacerdotes y levitas para que le preguntaran: “¿Tú quién eres?”.

Entonces él confesó la verdad y no la negó, y declaró:

—Yo no soy el Cristo.

Y le preguntaron: .

—¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?

Y dijo:

—No lo soy.

—¿Eres tú el Profeta?

—No —respondió.

Por último le dijeron:

—¿Quién eres, para que demos una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?

Contestó:

—Yo soy la voz del que clama en el desierto:“Haced recto el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías.

Los enviados eran de los fariseos. Le preguntaron:

—¿Pues por qué bautizas si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el Profeta?

Juan les respondió:

—Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis. Él es el que viene después de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de la sandalia.

Esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

Alegraos, el Señor está cerca (13-XII-1959)

El pasado domingo, empujados por la liturgia de la Iglesia, hicimos una firme profesión de fe: Verdaderamente, Señor, Tú eres el que ha de venir y no debemos esperar a otro. Nuestros corazones —porque ésta ha sido la petición de la Iglesia durante la semana— se han abierto a los caminos del Señor. Y esta decisión, confirmada con las obras de la fe —fe viva—, ha inundado de paz la vida de los cristianos. El Dios de la Esperanza va haciendo su obra en las almas...

Y la Iglesia, que vive en tensión la expectativa de Adviento, hoy ya no puede más y estalla con el Apóstol en clamores de júbilo. “Gaudete in Domine semper, iterum dico, gaudete”. “Alegraos siempre en el Señor; os lo repito: ¡alegraos!”. Y hay una sorpresa en la Misa: un color que raras veces contemplamos en la liturgia: el color rosa. Quiere decir penitencia pero con alegría. Y la Iglesia, adornada de rosas, nos dice: No estéis tristes, sino alegres. Y después, suavemente, nos da la razón de esa alegría: “Dominus enim prope est”, ¡porque el Señor está cerca!

La Iglesia, de ver a Cristo que viene, se alegra. El Cuerpo de Cristo, extendido por toda la faz de la Tierra canta el “Gaudete in Domino!”. También la Iglesia del silencio, la iglesia perseguida está alegre en medio de sus cadenas, porque viene el Señor. En China, en Hungría y en Polonia, los sacerdotes de Dios clamarán en el altar las mismas palabras que cantaremos en nuestras iglesias: “Gaudete in Domino semper; iterum dico, gaudete”. Y aunque en los rostros de los sacerdotes y de los fieles pueda leerse el sufrimiento, sobre ellos cae hoy una alegría sobrenatural, que es don de Dios en medio de las persecuciones.

Tan cerca está Cristo, que Juan Bautista en el Evangelio de hoy nos lo pone ya presente entre nosotros. A los fariseos, que preguntan a Juan “¿tú quién eres?, él contesta con la verdad —“confesó y no negó”—, y después les dice: “Pero en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis: éste es el que ha de venir”. En medio de vosotros, es decir, en la Eucaristía, en los sagrarios del mundo entero.

“He aquí que estoy a la puerta y llamo”, leemos en el Apocalipsis. Ya está en medio de vosotros. Aquel a quien Juan Bautista —el más grande de los nacidos de mujer— no es digno de desatar la correa de su zapato, está a la puerta de cada hombre, esperando que le abran...

Y la Iglesia, al verle llegar, se alegra. Y a la luz de su alegría, nosotros reflexionamos sobre el sentido que debe tener la nuestra.

Nuestra alegría es “in Domino”. La Iglesia nos recuerda lo que sabían muy bien los primeros cristianos: que la verdadera alegría está “en el Señor”. Viene de arriba y de dentro (de Dios y de la fe), no de fuera: no está a merced de los acontecimientos, no depende de los vaivenes de la vida. Tiene sus raíces en Dios mismo: es el lado humano de la virtud teologal de la Esperanza. “Alegraos siempre en el Señor”.

Por eso el cristiano debe meter alegría divina en las cosas humanas, una alegría que ellas de por sí no pueden dar. Por eso el mundo está triste: porque pide a las cosas algo que sólo se encuentra “in Domino”. “La alegría que debes tener —escribe Mons. Escrivá de Balaguer— no es ésa que podríamos llamar fisiológica, de animal sano, sino otra sobrenatural, que procede de abandonar todo y abandonarte en los brazos amorosos de nuestro Padre-Dios (Camino, 659). La alegría de Adviento es la alegría cristiana de siempre: “porque el Señor está cerca”.