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FELICITAR A BETANIA

Querido Ángel:

El otro día cuando entré en Betania para preparar el 1º Domingo de Adviento y ver que material ponías, por cierto muy bueno y lo utilicé para la corona de adviento, también veía que son 11 años los que cumple Betania. Me propuse mandarte este correo aunque en ese momento no disponía de tiempo y ahora que me he acordado lo hago. Felicitaciones, por ese magnífico trabajo evangelizador. Yo creo que es uno de los primeros de incorporar los nuevos medios al campo de la evangelización, y además siendo punteros en número de entradas y visitas a tu página. Recuerdo con cariño las conversaciones que manteníamos y las preocupaciones sobre la continuidad de Betania y cómo darle una estabilidad y mantenimiento para que no dependiera única y exclusivamente de tu persona, por lo que pudiera pasar. El Señor te está bendiciendo y estoy seguro que encontrarás la salida para tus preocupaciones. Te animo a seguir adelante aunque soy muy consciente del trabajo y dinero que te cuesta y que lo sufre tu familia también. Recibe un fuerte abrazo y de nuevo felicitaciones.

Recibe tú y tu familia un abrazo

P. Joaquín Carlos

Párroco de Orihuela Playas, Alicante

España

NOTA DEL EDITOR.- Agradecemos muy especialmente a don Joaquín Carlos sus buenas palabras y le deseamos muchas venturas en su nuevo destino pastoral. Joaquín Carlos es un gran amigo.


CARTA DEL CONDOLENCIA

Hola amigos:

Estoy desesperada, necesito una hacer una carta de condolencia a un amigo que acaba de perder a su abuelo, que es como su padre, justo hoy el día de sus 15 años y quisiera remitirle una carta de condolencia, pero a la vez de fortaleza para aguantar este amargo trance que le toca enfrentar, pero lo quisiera hacer desde un punto de vista cristiano, quizás con lido escrito al respecto. Mucho ya busqué y no lo estoy hallando, esperando que me ayuden me despido de uds. en la paz del Señor y la bendición de nuestra madre Santísima.

Lidia Almirón

Paraguay

NOTA DEL EDITOR.- Este editor contestó a vuelta de correo: “Pero eso que has escrito es la mejor carta que puedes escribir. Nadie sabe escribir una carta de condolencias sin sentimientos. Escribe lo que te salga”. Y nos contestó dando las gracias


PROBLEMAS DE CONEXIÓN CON MÉXICO

Padre Leoz:

Le escribo desde México. Nos nutrimos nuestras predicaciones consultando su página de usted y la de Betania. Esta semana nos fue imposible entrar a betania y nos informan que la página requerida no se encuentra o que fue removida o suprimida o no existe... Tenemos años de consultar betania y nos extraña este aviso. Usted escribe en Betania y nos agradó mucho sus reflexiones dominicales y la de todos los padres.¿ Nos podria Vd. informar qué es lo que sucede, betania cambio de dirección o de página? ¿Si es así cómo la podemos encontrar de nuevo? Le agradecemos mucho su atención, no quisiéramos prescindir de sus valiosas aportaciones a nuestras homilías

atentamente :

P. Enrique Jean SJ

México

NOTA DEL EDITOR.- El Padre Jean ha escrito, desde hace años, a Betania. El Padre Leoz nos remitió su correo y nos pusimos en contacto con él sin obtener respuesta. Comprobamos el nivel de los contactos sin que pareciera que hubiera problema. Y el contador Nedstat nos daba entradas procedentes de México. Pero, si tal vez, habríamos notado una disminución de los contactos. Y ello se producía cuando teníamos en la red, y aún lo tenemos, el formulario sobre la Misa de la Virgen de Guadalupe. En fin que sirva este correo para ver si alguien desde México nos dice si tienen problemas en la conexión. Cuantos más datos nos den mejor.


AQUÍ SI FUE LO DEL F-5

Buenos días, soy Julia, del equipo de Liturgia de la Parroquia de Santa Ana de Madrid. Utilizo frecuentemente su página para la preparación de las Eucaristías, pues me gusta mucho su formato y los contenidos que en ella se incluyen, de lectura amena y clara. Hoy , no se si por un problema de mi ordenador o de la configuración de la página, no tengo acceso a la Eucaristía del día de la Inmaculada Concepción. Se lo pongo en su conocimiento , por si pudiera solventarse el problema.

Un saludo muy cordial.

Julia

Madrid, España

NOTA DEL EDITOR.- Recomendamos a Julia que pulsara la tecla F-5. Ya se sabe que, a veces, los ordenadores no limpian la memoria caché y tienden a poner los archivos de la semana anterior. Es el problema más frecuente que se observa desde Betania.


EL BREVIARIO EN LATÍN

Estimado Ángel:

Respondo al P. Juan Miguel Bagatella Bermúdez a propósito del breviario en latín. He encontrado el siguiente enlace en Internet: http://www.ecclesiacatholica.com/breviarium%20romanum/index%20breviarii.htm.

No sé si está completo. Y es la edición vigente antes del Vaticano II, con adiciones hechas durante el pontificado de Juan XXIII.

Por otra parte, también me quería sumar a las felicitaciones por los 11 años de “ciberediciones” de Betania. Deseo de corazón que el proyecto no sólo siga adelante, sino que aumente sus frutos y se desarrolle para bien de todos. Finalmente, quería preguntar cómo va la idea de la asociación. Da la impresión de que no acaba de arrancar. Desde aquí reitero mi disposición a colaborar en lo que pueda.

Muchas gracias por todo y un abrazo,

Anxo Pazos Viña

Hungría

NOTA DEL EDITOR.- Anxo Pazos vive ahora en Hungría y nosotros no lo sabíamos. Nos alegra mucho su comentario y esperamos que la dirección del breviario en latín sea útil al padre Juan Miguel Bagatella. Gracias, Anxo.


¿LA SOLIDARIDAD LLEGA CON LOS FRIOS?

Ahora que estamos metidos de lleno en el invierno y nos quejamos porque llegan las primeras heladas pasado el día de San Andrés (30 de Noviembre), me viene a la memoria aquellos días de mi pasada juventud, cuando nuestras tierras sufrían grandes temporales de lluvia, de hielos y de un cielo que amenazando nieve, dejaba caer los primeros copos sobre los tejados de las casas, en los patios y en las calles. Y por supuesto con temperaturas que marcaban bajo cero grados en los termómetros.

Aquellos, sí que eran inviernos crudos, difíciles de soportar. Recuerdo que en las casas con menos condiciones que las actuales para combatir el frío, las madres dedicaban todo su esfuerzo para que las bajas temperaturas no afectaran en exceso a la familia.

Y para ello, calentaban las frías sábanas de la cama, con un calentador, que era un recipiente de latón o de cobre con una tapa agujereada y un largo mando de madera, después de haber sido llenado de ascuas de la lumbre o con el brasero de la mesa camilla de la sala de estar, dejando la cama calentita para que sus hijos se metieran en ella y no tiritasen en las frías noches del invierno.

Pero había algo más, que yo recuerdo cuando era muchacho. Aquellos inviernos casi interminables, nos traían, además de mucho frío, la solidaridad y el amor hacía los demás, reflejados en auténticas campañas de recogidas de ropas, alimentos, mantas y de todo cuanto pudieran necesitar, los que carecían de lo más mínimo para vivir.

Y toda la Ciudad aportaba tanto lo que no necesitaba, como a veces lo que si necesitaba. Toda la Ciudad se convertía en esa época del año, en un solo voluntario que recorría la Ciudad socorriendo a los más débiles, haciendo una gran piña, de hombres, mujeres, niños y adolescentes, parroquias e instituciones benéficas, que no regateaban esfuerzos, para ayudar a los que no habían tenido la misma suerte en la vida que nosotros. Y aquello resultaba tan hermoso y bello que ahora casi cincuenta años después, todavía queda en mi recuerdo y más cuando los meteorólogos nos anuncian que posiblemente estas fiestas navideñas, vengan cargadas de fríos.

Afortunadamente ahora los inviernos, debido al célebre cambio climático, no llegan con temperaturas extremadamente bajas, aunque bien es verdad que actualmente no quejamos por nada. Apenas llegan unos días de frío nos ponemos a decir que esto es imposible y que no hay quien lo aguante. Tal vez nos hayamos acostumbrado demasiado a la calefacción y al confort actual de nuestras casas.

Y lo peor del caso, es que cuando llegan los fríos y las nieves, solo nos preocupamos por los familiares que puedan estar de viaje o de nuestros hijos que andan ¡quien sabe por donde¡ por si llevan o no cadenas para el coche.

Por eso, siempre recordaré aquel viejo profesor de filosofía, cuando en una de sus hermosas lecciones sobre la convivencia humana, nos decía: “El amor se expresa en pequeños detalles del día a día. Y ayudar a los demás es posiblemente el mejor de ellos, aunque existan momentos en nuestra vida en los que creamos que prestar ayuda se encuentra en ese mundo lejano y complicado, al que nos cuesta sudores acercarnos”.

Y es por ello, que uno no llega a entender, cuando las autoridades de las grandes ciudades, pregonan a bombo y platillo que a partir de tal fecha y debido a las fuertes heladas que se prevén para este invierno, han decidido comenzar la campaña contra el frío, habilitando varias instalaciones para así evitar que los inhumanamente llamados “los sin techo”, dejen de dormir en la calle.

Y lo más triste, son las cifras que manejan los informes publicados que calculan que existen alrededor de seis mil personas “sin hogar”, de las cuales el 80% son hombres con una media de edad entre los 41 o 42 años, que son atendidos en esos centros de asistencia, donde se les proporciona comida y cama.

Y esto, sin contar con toda esa gente que duermen en las estaciones del Metro (que generosamente les ceden las autoridades en los crudos inviernos) o en pequeños refugios callejeros, cubiertos con cartones o plásticos y recogiendo para alimentarse, cualquier clase de desperdicios que encuentran en los contenedores de basuras.

Quizás por todo esto, los cristianos parece que hemos dejado nuestra solidaridad en manos de los gobernantes, para en cierto modo descargar nuestra conciencia y responsabilidad, sin darnos cuenta de que por no poder combatir los intensos fríos, algunos hermanos “sin hogar”, pueden morir y eso es terrible. La muerte siempre es terrible pero más cuando llega por falta de solidaridad de un mundo desarrollado, que vive feliz evitando mirar a ese otro mundo, que también existe, que esta ahí, cerca de nosotros, donde impera la miseria.

Y es que es tan difícil ser humano y vivir derramando amor y consuelo, como vivió Jesús, que a veces pensamos que imitamos a Cristo, aunque seamos más felices comprando en el Corte Inglés, que intentando socorrer a esas miles de personas, pobres, desvalidas e incluso enfermas. Personas sin hogar, algunas sin familia y los más, olvidados y empujados a la calle por miles de problemas, que deambulan por las ciudades sin rumbo fijo, en un caminar lento e inseguro hacia ninguna parte.

Mientras, nosotros en nuestros confortables hogares, a veces, se nos escapa un suspiro de piedad por esos pobrecitos que pasan frío, cuando nos dirigimos hacia la caldera para subir el termostato de la calefacción.

Sin embargo, ante este grave problema de solidaridad y amor al prójimo, uno piensa, como juzgará Dios a este mundo inquietante, inseguro y falto de auténtica fe, sabiendo que Jesús a través de su vida pública nos pone al descubierto, innumerables gestos humanos a realizar, para que los hombres contemplemos al Dios que amamos o despreciamos, en la persona de nuestro prójimo.

Jesús nos habla de atender a ese prójimo, sea de nuestra nación o no, amigo o enemigo, para no caer en la indiferencia de las desgracias de nuestros hermanos marginados y hambrientos, sin apoyarnos en los gobiernos de forma general.

Y es Mateo (25. 34,ss) en esa última parábola de su Evangelio, quien nos pone de manifiesto ese juicio final, en el cual el Dios de Jesús, nos mandará alejarnos de El, porque tuvo hambre y no le dimos de comer; porque tuvo sed y no le dimos de beber; era forastero y no le recibimos en nuestra casa. No tenía ropa y no le vestimos; estuvo enfermo y no fuimos a visitarle.

Y ante nuestra pregunta de cuando le vimos hambriento, sediento, desnudo o forastero, enfermo o encarcelado y no le ayudamos, El nos contestará, que siempre que no lo hicimos con uno de esos más pequeños que encontramos en los sectores de nuestra vida, en los ambientes más indiferentes y más incrédulos y que son mis hermanos, tampoco conmigo lo hicisteis, por que Yo me encontraba entre ellos.

Por todo ello, todas estas reflexiones una vez más me hacen llegar al triste convencimiento de que la falta de responsabilidad de muchos cristianos, es un simple problema de falta de fe y de amor sencillo pero sincero, hacía nuestro prójimo.

Por otra parte se ve que, cuando vivimos más cómodos, nos volvemos menos solidarios y más egoístas. Posiblemente sea porque los tiempos han cambiado. ¿Y los cristianos también?

José Guillermo García Olivas

Madrid, España

NOTA DEL EDITOR.- Interesante trabajo de José Guillermo. Como de costumbre deseamos que sea del interés de nuestros lectores. Enviado como en dos entregas, hemos preferido publicarlo en una, aunque resulte un poco más largo.