Domingo XXIX del Tiempo Ordinario
21 de octubre de 2007

MONICIÓN DE ENTRADA

Iniciemos alegres esta celebración de la Eucaristía. Antes de nada desearos la bienvenida más cordial a esta Asamblea de hermanos y hermanas que se reúnen en el nombre del Señor Jesús, quien nos envía, a todos, a difundir su palabra hasta los confines del mundo. Y eso, precisamente, es lo que pretende la fiesta especial de hoy, el DOMUND, domingo de la propagación de la Palabra a nivel mundial o global, como ahora se dice. Añadimos que Jesús de Nazaret en el presente domingo 29 del Tiempo Ordinario nos pide que recemos mucho y muy seguido, constantemente. Y nos enseña con la parábola de juez inicuo, personaje malvado que se rindió ante la insistencia de una pobre viuda. Oremos, pues, unidos para que la Palabra de Dios sea conocida por todos.


MONICIÓN SOBRE LAS LECTURAS

1.- En el fragmento del capitulo 17 del Libro del Éxodo –que es nuestra primera lectura de hoy—se nos muestra que Moisés no rezaba solo. Le acompañaban Aarón y Jur, quienes sujetaban los brazos del profeta para que pudiera continuar con su plegaria. No estamos solos en la oración. Nos acompañan siempre los hermanos. Y hemos de tener en cuenta que hemos de rezar siempre. Dios espera nuestra oración, aunque no la necesite.

S.- El Salmo 120 está incluido entre los que se llamaban de las “subidas”. Es decir de la llegada de los peregrinos a Jerusalén que, como se sabe, está en lo alto. Levantar los ojos a los montes es mirar al Templo. Para nosotros, hoy, es un canto de alabanza al Señor que siempre guarda nuestros caminos y nuestros trabajos, dada su continua generosidad para con sus criaturas.

2.- Nuestra segunda lectura se sigue construyendo con fragmentos de la Segunda Carta del Apóstol Pablo a Timoteo, que hemos venido leyendo a lo largo de los últimos domingos. Y hoy Pablo aconseja a Timoteo que insista siempre en la oración y en la enseñanza de la Palabra. Todos tenemos que estar bien preparados ante la venida de Jesús de Nazaret, el cual, ciertamente, llega aquí todos los días gracias al portentoso milagro que se produce en la Eucaristía. Es bueno pensar siempre en esa presencia de Jesús siempre que celebramos la Eucaristía. No debemos olvidarlo.

3.- La narración de la parábola del juez inicuo –presentada en el evangelio de San Lucas-- tiene, incluso, su buena dosis de sentido del humor. En palabras de Jesús, el malvado juez satisface las demandas de una pobre viuda “no vaya a ser que acabe pegándome en la cara”. ¿Os lo imagináis? Está claro que Jesús de Nazaret utilizaba esta parábola para enseñar a rezar en toda hora y en toda ocasión, insistiendo sin tregua ante el Padre Dios. Es lo que hacía el mismo Jesús. Y es el consejo importante, muy importante, que hoy Nuestro Señor nos da. Tengámoslo en cuenta.

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

Esta oración a la virgen Maria es muy antigua, su autor es Fray Luis de Granada y nos ha parecido especialmente apropiada para estos momentos de paz y quietud

MEMORARE

No me desampare tu amparo,

no me falte tu piedad,

no me olvide tu memoria.

Si tú, Señora, me dejas, ¿quién me sostendrá?

Si tú me olvidas, ¿quién se acordará de mí?

Si tú, que eres Estrella de la mar

y guía de los errados, no me alumbras,

¿dónde iré a parar?

No me dejes tentar del enemigo,

y si me tentare, no me dejes caer,

y si cayere, ayúdame a levantar.

¿Quién te llamó, Señora, que no le oyeses?

¿Quién te pidió, que no le otorgases?


Exhortación de despedida

Salgamos de la Eucaristía, contentos y felices. Dios, que se ocupa de nosotros, nos pide que recemos, que le hablemos, constantemente. Nunca se cansa de escucharnos. Le gusta el sonido de nuestra voz. La longitud de onda de nuestros pensamientos.