JESÚS DE NAZARET

Por Joseph Ratzinger, Benedicto XVI

La Esfera de los Libros, Madrid, España

Sin haber terminado de leer la obra, pues me lanzo, con ardor y una cierta inseguridad, a escribir la reseña de lo que ya se llama en todos los sitios “el Libro del Papa”. Voy a dar por tanto algunas impresiones por si sirven de algo a los lectores de Betania. Bueno, en primer lugar, me agradó que Joseph Ratzinger citara en el prólogo libros –él los leyó en su juventud—biográficos de Jesús de Nazaret que me fueron muy útiles en mi conversión, más reciente que los tiempos de juventud de Benedicto XVI. Hace referencia a Karl Adam, Romano Guardini, Giovanni Papini y otros. Para mi siguen siendo libros de cabecera, sobre todo “El Señor” de Guardini. Luego, yo mismo reflexionaba, y reconocía, que al autor Joseph Ratzinger me había acompañado en esos mis años primeros de cristianismo –al fin y al cabo solo han pasado 16 años y tengo 66—y entendí de él, sus esfuerzos para divulgar que la Iglesia no era –por ejemplo--una organización política. Mi pasión anterior –en lo intelectual—a la religión había sido la política, la democracia, y por eso me ayudó mucho. Pero, con su actual libro, me enzarcé, en el prólogo, en la comprensión de su alegato sobre la fórmula de metodología, que junto a la diatriba del Jesús histórico, ha pesado en la elaboración de su obra… y casi me quedo al margen: cierro el libro. No sé si hago bien, o con ello, puedo ser reo de excomunión, pero yo aconsejaría a los lectores no muy expertos en teología que dejaran el prólogo a un lado, o lo dispusieran para su lectura al final. En fin, no se…

Pero conociendo al autor Ratzinger eso no era posible, el abandono no tenia sentido. No se podía dejar un libro suyo. Digamos, antes de nada, para quien no tenga muchos datos sobre “Jesús de Nazaret” de Josep Ratzinger-Benedicto XVI, que comenzó a escribir esta biografía de Cristo, cuando todavía era cardenal, y que siguió escribiendo después, una vez elegido Papa, que es, asimismo, la primera parte de la obra, que ha prometido terminar. Esta primera parte abarca desde el Bautismo del Señor hasta su Transfiguración. Y el propio autor promete hablar del Evangelio de la infancia en la aludida segunda parte.

Metidos en harina, ya en la introducción aparece esa capacidad de expresión de Joseph Ratzinger llena de novedades. La exégesis general de ciertos autores se parece mucho. Como si hubiera pocas fuentes de comentarios. La de Ratzinger, no. La propia novedad que supuso el tratamiento del amor –de todo el amor—en “Deus Caritas Est” se aprecia aquí desde el primer momento. Y me imaginé que, desde ahora, los argumentos de las homilías de muchos van a cambiar. Y no solo porque produzca respeto un libro escrito –muy bien escrito—por un Papa, sino porque aporta novedades en cada renglón. En la brevísima introducción –no más de siete páginas—ya establece el misterio de Jesús es la cercanía de la figura de Moisés. El capitulo 18 del Deuteronomio habla de que Dios suscitará “un profeta como yo”. Jesús, además de Hijo de Dios, es el profeta esperado. Y a partir de ahí todo se va iluminando.

El primer episodio narrado de la Vida de Jesús es el Bautismo. Y es fácil apercibirse de esa idea –que ya será permanente—de mirar la figura del “Jesús histórico” como la base direccional de la obra. Sin embargo, los comentarios del autor son catequéticos, de enseñanza para quien lo lea. Y todo ello se a ver con mucha más definición óptica en el siguiente capítulo, dedicado a las Tentaciones del Desierto, uno de los más me han gustado, de todo lo que hasta ahora he leído del libro. He llegado hasta el capitulo cuatro, el dedicado al Sermón de la Montaña y, por tanto, a las Bienaventuranzas, y es ahí donde observo ese cambio radical de la exégesis al uso. Donde en el análisis –para el tiempo actual—de las Bienaventuranzas surgen muchas novedades, muchas.

Voy a seguir escribiendo sobre “el Libro del Papa”. No sé todavía si las siguientes entregas se publicaran en esta página del Libro de la Semana –pues habrá que atender a las otras novedades editoriales—o en la Carta, tanto da. La cuestión es que tengo que seguir leyendo y escribiendo. Y recomiendo muy sinceramente a mis lectores, a todos, sin importar, su nivel de formación, que lean este libro y busquen su novedad. Seguro que la encuentran.

 

Ángel Gómez Escorial