Domingo XXIII del Tiempo Ordinario
9 de septiembre de 2007

MONICIÓN DE ENTRADA

Sed todos bienvenidos a nuestra Eucaristía. A esta reunión cordial y solidaria, entre hermanos, que celebramos cada domingo. Y debemos estar hoy especialmente atentos. Jesús nos va a pedir un compromiso radical de seguimiento, que no tiene paliativos. Hemos de seguirle, por encima de todo. Incluso por encima de lo que nos parece digno y bueno. La llamada de Jesús no nos debe producir tristeza. Jesús brinda ayuda y sabiduría para saber exactamente lo que tenemos que hacer. Pero hemos de seguirle, sin rodeos, sin excusas, sin mirar atrás.


MONICIÓN SOBRE LAS LECTURAS

1.- Un texto del Libro de la Sabiduría es nuestra primera lectura de hoy. Nos dice que sólo es posible comprender los caminos de Dios cuando el Espíritu Santo ilumina con la fe. Y esas resonancias del Espíritu, que tienen un claro matiz cristiano, ya se expresaban en tiempos de los judíos, lo que nos demuestra la unidad –en el tiempo y en el espacio-- de toda la Palabra de Dios.

S.- El salmo 89 es el primero del Libro Cuarto del Salterio. Y nos muestra la oración de Moisés. Pero es, además, el inicio del reconocimiento del género humano de la existencia de un camino de contrastes entre Dios y el hombre. Se muestra la inconmensurable grandeza de Dios que supera enormemente la débil condición humana, la cual Dios remedia si invocamos su misericordia.

2.- El texto de Pablo a la carta a Filemón –la más breve de todas las del Apóstol-- habla de abolir la esclavitud por uso del amor fraterno. ¿No es esta una buena reflexión para nosotros en estos tiempos donde la emigración y el trabajo precario –dos formas de esclavitud— forman parte de nuestra vida?

3.- El evangelio de Lucas Jesús expresa las duras condiciones de Jesús para aceptar a sus discípulos. Tales exigencias continúan vigentes para nosotros, hoy; con la dificultad añadida de que vivimos inmersos en un mundo que prima el placer y el abandono de todo esfuerzo. La demanda de Cristo, sin duda, nos va extrañar. Pero hemos de asumirla para poder seguirle.

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

Hemos encontrado estas frases en una de las primeras ediciones de Betania, ya hace más de diez años. No sabemos quien es su autor, pero nos han parecido muy interesantes para estos momentos tan especiales del final de la Eucaristía

PETICIONES A MARÍA

Dame tus ojos, Madre, para saber mirar;

si miro con tus ojos jamás podré pecar.

 

Dame tus labios, Madre para poder rezar,

si rezo con tus labios Jesús me escuchará.

 

Dame tu lengua, Madre, para ir a comulgar,

es tu lengua, patena de gracia y santidad.

 

Dame tus labios, Madre, que quiero trabajar,

entonces mi trabajo valdrá una eternidad.

 

Dame tu manto, Madre, que cubra mi maldad,

cubriendo con tu manto al cielo he de llegar.

 

Dame tu cielo, Oh Madre, para poder gozar,

¿si tú me das Cielo, que más puedo anhelar?

 

Dame Jesús, Oh Madre, para poder amar,

esta será mi dicha por una eternidad.


Exhortación de despedida

Duras las palabras que Jesús de Nazaret nos ha dicho hoy, ¿verdad? Seguirle es renunciar a muchas cosas, a casi todas las que el mundo nos propone. Pero, sin embargo, Él nos ha ofrecido una felicidad duradera aquí en la tierra. Su mensaje de felicidad está en las Bienaventuranzas ¿No es cierto que, en cuanto salgamos del templo, volveremos a inquietarnos con nuestros dineros, con los plazos de la hipoteca, con lo mal que nos cae el vecino de enfrente? Dejemos todo eso y en silencio, y con alegría iniciemos –ahora mismo—el mejor camino: el del seguimiento radical de Jesús.