Domingo XXIII del Tiempo Ordinario
9 de septiembre de 2007

La homilía de Betania


1.- JESÚS NOS QUIERE LIBRES, NO ESCLAVOS

Por José María Maruri, SJ

2.- SI TÚ ME DICES VEN, LO DEJO TODO

Por Gabriel González del Estal

3.- UN ALTO PRECIO, PERO NO EQUITATIVO

Por Antonio García Moreno

4.- PARA SER DISCÍPULOS

Por Gustavo Vélez, mxy

5.- EL “CHIP” QUE DIOS NOS PUSO

Por Javier Leoz

6.- EL DESPRENDIMIENTO COMO CONDICIÓN PARA SEGUIR A JESÚS

Por José María Martín OSA

7. - DESDE LA SABIDURÍA A LA RENUNCIA

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


ADULA, QUE CONSEGUIRÁS VOTOS

Por Pedrojosé Ynaraja


LECTIO DIVINA: EVANGELIO Y ORACIÓN


“CON CORAZÓN DE CARNE COMO EL TUYO” (18-IX-196O)

Por Pedro Rodríguez


1.- JESÚS NOS QUIERE LIBRES, NO ESCLAVOS

Por José María Maruri, SJ

1. -Entrando en Segovia (*) por la carretera de la Granja se ve –o, al menos se veía hasta hace poco tiempo-- a la izquierda del Acueducto, el armazón de un edificio que de haberse construido hubiera quitado la hermosa vista de una buena parte del Acueducto romano. Ese armazón lleva abandonado muchos años. Nadie dirá que es un edificio a medias. Es simplemente un edificio fracasado y sin esperazas de éxito. No espera más que el día sea echado abajo.

Pues eso es lo que Jesús no quiere de los que le siguen. Quiere seguidores por entero, porque cristianos a medias son como cristianos fracasados sin esperanza de éxito. No se puede servir a Dios y al dinero. Son palabras de Jesús en otra parte.

2. - El hombre con sus grandes ansías de libertad, cuando desorienta su libertad, acaba siendo esclavo del tabú contra el que se rebela. Nos metieron en la cabeza que estábamos reprimidos sexualmente, que necesitábamos libertad sexual y jamás ha existido una sociedad con más complejo sexual que en la que vivimos. Todo se reduce a sexualidad, y no nos dejan otra opción. Tenemos una sociedad esclavizada a la sexualidad –y con perdón de la expresión—él que no se revuelca en el fango, no pertenece a la piara. Se le margina. Esclavos del ídolo de la libertad sexual.

El hombre debería gozar de libertad para el uso de la droga y resulta que hasta naciones enteras están esclavizadas a los narcotraficantes, por no hablar de los que han perdido su libertad individual por el uso de la droga. Esclavos de la libertad de la droga.

La autoridad era una atadura insoportable y se acabó la autoridad en la familia, en el colegio, en el sitio de trabajo, pero todos sometidos a la esclavitud del partido que tenga mayoría absoluta. Esclavos de una y absoluta autoridad.

Por eso cuando uno explota diciendo: “desde ahora voy a hacer lo que me dé la gana”, hay que dudar de si realmente va a hacer lo que realmente quiere su corazón y su conciencia, ¿o ese hacer lo que me da la gana, no será hacer lo que hacen los demás? ¿Dejarse llevar por la corriente, someterse a la voluntad de la sociedad o de los demás?

3. - Jesús nos quiere enteros y libres. Libres del entorno y libres de nosotros mismos, por eso lo de renunciarse a sí mismo: renunciar a lo que tiene. El hombre tiene dos caras. La que mira a sí mismo y la que mira a los demás. Jesús no nos pide renunciar a las dos. Nos pide renunciar a la primera a la que mira a si mismo y a todo aquello que está atado a ese si mismo. Con la otra cara, con la que mira a los demás es con la que realmente seguimos a Cristo.

Jesús nunca se buscó a si mismo, nunca miró por su propio bien. Jesús fue el hombre para los demás y nos quiere a sus seguidores hombres enteramente para los demás.

Jesús nos dice que si en un deseo de ser libres vamos a caer en la esclavitud de algún ídolo, que caigamos en ser esclavos de nuestros hermanos, porque en ese servicio a ellos encontraremos la única y verdadera libertad.

Jesús no perdió su libertad y su señorío poniéndose a los pies de sus discípulos y lavándoselos en la última cena. Aprendamos de Él a ser libres y señores de nosotros mismos, siendo siervos de nuestros hermanos.

(*) Segovia es la capital de la provincia española del mismo nombre y tiene perfectamente conservado un acueducto de tiempo de los romanos, que forma parte del singular paisaje urbano de esa ciudad castellana.


2.- SI TÚ ME DICES VEN, LO DEJO TODO

Por Gabriel González del Estal

1.- En los libros de espiritualidad de hace unos cuantos años se hablaba mucho de la “opción fundamental”. Era algo parecido al tema de la vocación. Si yo creo que Dios me llama a la vida religiosa, o al matrimonio, o a irme a misiones, o a dedicarme a la pintura, o a ser un buen arquitecto, subordino todo lo demás a la consecución de este objetivo primero y fundamental. Es no andar con términos medios, o con paños calientes, o con ambigüedades paralizantes. Una vez que tengo claro lo que quiero ser y lo que debo ser, toda mi vida se orienta en esta dirección, dejando necesariamente a un lado muchas otras cosas que también podría y sabría hacer, pero que no son compatibles con mi “opción fundamental”. El elegir una cosa supone siempre renunciar a otras muchas. Ser libre, en definitiva, es saber decir sí a una cosa, aceptando responsablemente las consecuencias de la decisión libremente adoptada. Las personas volubles, las que caminan al son de sus caprichos momentáneos, suelen ser personas poco eficaces y, desde luego, poco de fiar.

2.- Si alguno se viene conmigo y no pospone a... no puede ser discípulo mío. Las frases que aparecen hoy en este evangelio son frases rotundas y bastante tajantes y duras. Es cierto que hay que entenderlas en el contexto geográfico y cultural en el que fueron dichas. Jesús iba camino de Jerusalén, camino de una muerte casi segura en la cruz. Les dice a los que le acompañaban que se decidan: si quieren seguirle han de dejarlo todo, familia, bienes, cualquier comodidad personal, y seguirle sin dinero y sin alforjas. No tienen otra alternativa: o seguirle a él, dejando todo lo demás, o no seguirle y quedarse con su familia y sus bienes. La palabra <seguir> tiene en este caso un sentido vocacional, geográfico y de riesgo vital. Los que no le sigan en su camino a Jerusalén no podrán llamarse discípulos suyos. No dice que no podrán salvarse, o que serán malditos de su Padre, dice que no podrán ser discípulos suyos, porque él va a continuar, de todos modos, su camino hasta la cruz y, en tiempos de Jesús de Nazaret, los verdaderos discípulos caminaban siempre detrás de su maestro. Si seguimos leyendo el texto evangélico, veremos que no deberemos decir sí alegremente, sin haber examinado antes con realismo nuestras propias fuerzas. Si honradamente creemos que no vamos a poder seguirle hasta el final del camino, es mejor que busquemos otros caminos alternativos que sean también buenos y que estén más adaptados a nuestras reales fuerzas, para no fracasar estrepitosamente.

3.- Quién conocerá tu designio, si tú no le das sabiduría. La ciencia no lleva necesariamente hasta Dios. Hay muchos científicos que son ateos. Hasta Dios nos lleva la sabiduría. En este texto del libro de la Sabiduría, la palabra “sabiduría” podemos traducirla como “Espíritu de Dios”, espíritu santo que Dios envía a los que se lo piden con corazón sencillo y humilde. La experiencia de cada día nos dice que nuestros razonamientos son falibles y nuestros pensamientos mezquinos. Es sabio el que deja que su corazón esté gobernado y dirigido por el Espíritu de Dios, el que busca cumplir en cada momento la voluntad de Dios. No siempre es fácil acertar para hacer todo lo que hacemos según la voluntad de Dios, pero debemos intentar que, al menos, nunca nos falte la intención sincera y decidida de caminar por el camino que creemos que Dios nos marca.

4.- Que lo recobres ahora para siempre no como esclavo, sino como hermano querido. Si los “señores” de todas las edades hubieran tenido en cuenta las frases que Pablo dice a su amigo Filemón, sobre el trato que este debía dar al esclavo Onésimo, seguro que la esclavitud hubiera desaparecido en la sociedad hace ya muchos siglos. Ya sabemos que Pablo no condena como anticonstitucional o legalmente pecaminosa la práctica de la esclavitud. Sería pedir demasiado a una persona del siglo primero. Pero los consejos que Pablo da al “dueño” sobre el trato y el recibimiento con el que debía tratar al “esclavo” son consejos del todo cristianos y, evidentemente, revolucionarios para aquel tiempo. Tratar a los demás no como esclavos, sino como hermanos queridos, es, por desgracia, una realidad poco frecuente aún en las empresas, comunidades y hasta familias de este mundo pecador en el que vivimos. Cristo quiere que seamos más servidores que señores y Pablo, en su comportamiento habitual, gastó y desgastó su vida en servicio a los demás y por amor al evangelio.


3.- UN ALTO PRECIO, PERO NO EQUITATIVO

Por Antonio García Moreno

1.- "¿Qué hombre comprende el designio de Dios, quién comprende lo que Dios quiere...?" (Sb 9, 13) Los planes de Dios, sus intenciones, sus pensamientos están ocultos a los hombres. Los deseos, las motivaciones humanas son más o menos previsibles. Muchas veces sabemos lo que nuestro interlocutor piensa con sólo mirarle a los ojos. Sabemos qué es lo que desea, qué es lo que está buscando. Con Dios no ocurre lo mismo. Él se escapa a nuestras previsiones, está por encima de nuestros cálculos. Y a menudo nos sorprende su forma de actuar, nos extraña quizá su pasividad, su prolongado silencio. Y nos preguntamos, inútilmente, el porqué de las cosas.

Hoy nos dice el sabio inspirado por Dios: Los pensamientos de los mortales son mezquinos y nuestros razonamientos son falibles; porque el cuerpo es el lastre del alma y la tienda terrestre abruma la mente del que medita... Por eso ante Dios sólo nos queda en ocasiones el silencio por respuesta, la aceptación rendida de cuanto Él quiere disponer. Conscientes de que sus planes son siempre justos e inapelables. Contentos al pensar que, además de inteligente como nadie, Dios es sobre todo amor.

"Pues, ¿quién rastreara las cosas del cielo, quien conocerá tu designio?" (Sb 9, 17) Señor, si tus planes están escondidos para los hombres, Tú puedes mostrarlos con el fulgor de tu luz, esa luz que luce en las tinieblas y que las tinieblas no sofocaron, esa luz verdadera que, con su venida a este mundo ilumina a todo hombre.

Sí, la tierra oscura, sumergida en la negra noche, ha visto surgir la luz. El día ha despertado y todo brilla en mil colores y formas. La luz, tu luz nos ha penetrado en el alma, sembrando el gozo y la alegría en nuestros corazones, porque sabemos lo que buscas, lo que intentas desde el principio de los tiempos.

Salvar a los hombres, a todos. Esa es tu voluntad, tu deseo de universal salvación. Y para que esa redención no fuera como una limosna que nos humillase, permites que podamos cooperar a nuestra propia salvación, conquistar con nuestro pequeño esfuerzo, sostenido por tu gracia, ese Reino maravilloso que tú has proclamado.

2.- "Tu reduces el hombre a polvo..." (Sal 89, 3) Así acabaremos todos, convertidos en polvo sucio entre los jirones podridos de una mortaja. Un día u otro la muerte llamará a nuestra puerta y le tendremos que abrir sin más remedio, dejando que nos robe la vida por joven y feliz que sea.

Nuestra vida pasa como una nube que no deja huella en el firmamento, como el humo que el viento disipa y borra. Para Dios, nos dice también el salmo, mil años son como un día que ya pasó, como una vigilia nocturna que acaba con el alba. Nuestro tiempo es como la flor del campo que por la mañana florece y por la tarde se cierra arrugada y marchita ya.

Nos parece que vamos a vivir siempre, o nos parece que todavía nos quedan muchos años por delante. Vivimos sin pensar en la muerte, sin darnos cuenta que el tiempo se nos va para no volver, sin enterarnos que estos años de aquí abajo son tan sólo el tránsito obligado para llegar al puerto definitivo, al destino de nuestro viaje.

"Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato" (Sal 89, 12) Si comprendiéramos el verdadero sentido de nuestra vida, tendríamos un corazón sensato y no este nuestro loco corazón, tan sin rumbo a menudo, volando por derroteros de perdición. Por eso malgastamos neciamente el capital de nuestro tiempo. Y lo que nos habría de servir para alcanzar la felicidad eterna, sólo sirve para arruinarnos en esta vida y en la otra.

Somos como niños inconscientes que tienen entre sus manos diamantes de alto precio que, sin saber lo que valen, los tiran para cortar tangencialmente el agua. Se nos pasan así los días, sin pena ni gloria, caminando con las manos vacías hacia el tribunal de Dios.

Vamos a despertar de nuestra somnolencia, vamos a pensar en lo poco que vale esta vida si no la usamos para ganarnos la otra, esa que nunca acabará y que está hecha de gozo y de paz. Aún estamos a tiempo para vivir como quien ha de morir. Sólo así moriremos como quien entonces va a comenzar a vivir.

3.- "Yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús..." (Flm 9) La carta a Filemón es la más breve de todas las que escribe san Pablo. La más breve y podemos decir que también la más entrañable, la más efusiva, la más llena de ternura. Pablo está prisionero y además se siente viejo, le pesan los años más que las cadenas que le aprisionan.

El Apóstol le habla a Filemón de esta situación personal suya, para que se acuerde de la amistad que les une y así se disponga a concederle lo que le quiere pedir. Algo por otra parte que no es para él mismo. Pablo se olvida de sus necesidades y le pide por Onésimo, el esclavo de Filemón que le fue rebelde y que ahora se ha convertido al cristianismo.

Bonito ejemplo para cada uno de nosotros, interesante lección que hemos de aprender. Olvidarnos de nuestros problemas, no tener en cuenta nuestros pesares y pensar en el modo de aliviar a los demás. Que nunca el peso de nuestro dolor nos aplaste de tal modo que seamos insensibles al dolor de los demás.

"Quizás se apartó de ti para que le recobres para siempre..." (Flm 15)

Pablo no alude a que la esclavitud va contra los derechos humanos, no insinúa una reivindicación de la libertad del esclavo fugitivo. Y sin embargo, sus palabras van muchos más lejos. El Apóstol no usa la fuerza ni la violencia, él recurre a la persuasión del amor, una fuerza mil veces mayor y de gran eficacia. Le explica a Filemón, el amo burlado, que su esclavo Onésimo volverá a la casa de su dueño. Pero volverá bautizado, hecho un hijo de Dios, hermano suyo en la fe... Palabras audaces e inesperadas, palabras llenas de luz que hacen comprender la grandeza de la dignidad humana trascendida por el amor de Dios.

Si yo lo quiero tanto -continúa el anciano encadenado- cuánto más lo has de querer tú, como hombre y como cristiano... Este es el único camino para que no haya esclavos, es la única solución para que la libertad del hombre sea una realidad. Sí, el amor romperá las cadenas de cualquier servidumbre, el amor vencerá al odio, hará imposible la lucha de clases y las liberaciones falsas y violentas.

4.- "Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío" (Lc 14, 26) Como en otras ocasiones, también en la que nos refiere hoy el texto sagrado encontramos a Jesús rodeado de mucha gente. Era fácil seguir al joven rabino de Nazaret, que hablaba con autoridad, amaba a los niños y prefería a los humildes. No obstante, el Señor les dice que para seguirle hay que posponerlo todo a su amor: los padres, la mujer y los hijos, incluso uno mismo ha de estar en segundo plano respecto de Jesucristo. La doctrina no puede ser más clara en lo que respecta a las exigencias que comporta, el Maestro no palió las dificultades, podríamos decir que incluso parece exagerarlas un poco.

De aquí que no hemos de extrañarnos de que a veces nos cueste el ser fieles al Evangelio, que en ocasiones llegue hasta ser heroico cumplir con la voluntad divina. Por otra parte, podemos pensar que quien no nos ha engañado en cuanto a las dificultades, tampoco nos engaña en cuanto a la promesa y el premio para quienes le sean siempre fieles. Es cierto, por tanto, que hemos de luchar con denuedo cada día contra todo aquello que se opone a Dios, contra todo obstáculo que se interponga entre el Señor y nosotros; aunque ese obstáculo sean nuestros seres más queridos, o nuestro propio provecho personal.

El premio es tan grande y tan duradero que exige un precio elevado pero no equitativo, pues por mucho que se tenga que sufrir o sacrificar nunca pagaremos adecuadamente los bienes que el Señor nos ha preparado para toda una eternidad. Por eso estemos persuadidos de que vale la pena sufrir un poco durante unos años, para poder un día gozar mucho y para siempre.

Posponerlo todo al amor de Dios no significa, por otra parte, que uno haya de prescindir del amor a nuestros padres o demás familiares, ni que hayamos de anularnos a nosotros mismos. No se trata de destruir, prescindir o anular, sino de trascender, de sublimar, de elevar a un plano sobrenatural aquello que de por sí es sólo natural. Así, quien se haya entregado al servicio de Dios mediante una consagración a Él, no está exento de querer a sus padres, a los que quizá ha disgustado con su entrega. Tendrá que quererlos y cuidarlos si es preciso, estar atento a sus necesidades y procurar atenderlas. En cuanto a uno mismo, decíamos que Dios no quiere la anulación de nuestra persona sino su perfeccionamiento. Lo que hay que destruir es lo que de malo o torcido llevamos en nuestro interior, todas esas inclinaciones y deseos, claros o larvados, que nos incitan al mal.

Termina diciendo el Señor que quien no renuncia a todos sus bienes, no puede ser su discípulo. El Maestro no se limita a decir claras las cosas, además las repite. Ojalá aprendamos bien su lección y, con la ayuda de lo alto, sepamos dar un sentido nuevo, trascendente y sobrenatural, a cuanto constituye el entramado de nuestra vida.


4.- PARA SER DISCÍPULOS

Por Gustavo Vélez, mxy

1.- “Mucha gente acompañaba a Jesús y él les dijo: Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser mi discípulo”. San Lucas, Cáp. 14. De un santo fraile del siglo XVII leemos: “Asiduo a los ayunos y penitencias, se excedía igualmente en la oración, de tal manera que apenas tenía trato con los hermanos. Sin embargo, algunos lo sorprendieron en su celda, cantando al son de la vihuela que siempre llevaba consigo”.

Parece que el cronista identifica como santidad lo primero de su biografiado y como imperfección lo segundo. Una herencia de aquel dualismo griego y también de la filosofía estoica, que tanto marcaron el cristianismo en tiempos pasados. Se entendía al hombre como un compuesto de cuerpo y alma. Y cuanto contribuyera a rebajar a aquél tratando de liberar el espíritu, era considerado virtuoso. Sin embargo las cosas no son así. Cuando Dios se hizo hombre santificó todo lo nuestro.

2.- Por lo cual aquella enseñanza de Jesús: “Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío”, hemos de asimilarla dentro de un marco plenamente humano. No somos ángeles disminuidos ni animales promovidos, como apunta un autor. Somos sencillamente hombres y mujeres.

Para ser discípulos suyos el Señor nos presenta tres etapas: En primer lugar, tomar la cruz. Los rabinos nunca se refirieron de modo figurado a este “tormento crudelísimo”, que los fenicios inventaron y adoptaron más tarde muchos pueblos.

Fue original de Jesús la comparación de la cruz con nuestro deber diario, el cual, en ciertas circunstancias, pesa enormemente. Además el relato de otros evangelistas nos presenta una segunda condición: “Niéguese a sí mismo”. Aquí el Señor se refiere a un orden de vida. No se trata de rechazar todo lo placentero, pero sí aquellas fuerzas negativas que conducen al mal. Y en tercer lugar Jesús nos invita a caminar detrás de él. Los evangelistas usan aquí un verbo griego que significa literalmente “ser acólitos de Dios”, el cual se repite hasta 79 veces en el Evangelio. Se nos habla de una cercana compañía. De una disposición para servirle en todo momento. Pero ese Cristo invisible se nos descubre en los cristos visibles que son los pobres.

3.- Vale también pensar que en todos los pasajes donde Jesús habla de renuncia, - un término que podríamos traducir por intercambio - no se refiere nunca a destrucción. Nos presenta el negocio de la salvación, para el cual es necesario abandonar aquellos elementos que nos devalúan, para atesorar bienes reales. Dejar de lado ciertos valores inferiores, a cambio de otros excelentes. En cuya elección juega un papel primordial la conciencia.

Es el itinerario de quienes, pobres y frágiles, aceptamos al Señor. Es el proceso de un niño hacia la mayoría de edad. Un día decide economizar dulces para adquirir luego un juguete. Pero más adelante éste no vale, pues aspira a comprar unos patines. Luego podría negociar éstos para hacerse a una bicicleta. Y cuando necesite un costoso libro de química, renuncia a la bicicleta, pues es más importante su carrera. Y así más tarde, cuando abandone el hogar para formar una nueva familia.

Así en la vida de la fe. Nos la pasamos negociando, hasta lograr los bienes definitivos y eternos que el Señor nos promete.


5.- EL “CHIP” QUE DIOS NOS PUSO

Por Javier Leoz

1.- Acostumbrados a nacer bajo el paraguas de una religión determinada (en este caso la católica) podemos olvidar que la fe exige riesgos, condiciones, actitudes, compromisos concretos e incluso alguna que otra renuncia personal.

“Si quieres llegar a la cumbre despójate del peso de tus espaldas” (X. Medium)

Nos mira el Señor y nos dice que, aquel que no deje detrás de sí muchas cosas, no puede ser discípulo suyo. Que tenemos que utilizar y desplegar todos los medios a nuestro alcance para construir su Reino.

En el día de nuestro Bautismo, Dios, sin percatarnos de ello, nos puso un “chip” con un potencial que se irá desarrollando, desvelando a lo largo de nuestra vida: LA FE

Lo cierto es que, con el paso del tiempo, en la medida que vamos configurando nuestro ser y nuestra historia al espíritu del Evangelio es cuando podemos discernir si estamos en “onda” con el satélite de Jesús de Nazaret o si, por el contrario, hace tiempo que nuestra vida cristiana quedó a la deriva y, por lo tanto, ese “chip” quedó fuera de servicio por no haber sido actualizado y cuidado. Siempre que uno adquiere un componente electrónico, junto con él, nos viene el manual de instrucciones en diversos idiomas para ponerlo en funcionamiento.

2.- El cristianismo también tiene una serie de puntos que son imprescindibles para que no quede inservible e inaudible en nuestro mundo y ante los cuales (entre otras muchas) pueden darse las siguientes reacciones:

-A unos no les hace falta echarles ni un vistazo tan siquiera. Son tan listos que se lo saben todo. Se permiten hasta el lujo de decir qué es lo más o menos importantes para vivir el evangelio.

-Otros están tan pendientes de su normativa y de sus leyes (aunque hay que reconocer que cada día son los menos) que no dejan respiro para que cumpla su cometido: la libertad de los hijos de Dios

-Otros más, por otra parte, intentan con sudor y sufrimiento, contrariedades y creatividad que no se pierda el origen, el principio y el fundamento del mismo: actuar y vivir según la mente de Jesús.

-Y, finalmente, hay otros que adquirieron el elemento de la fe pero pronto lo guardaron sin más preocupación como quien guarda un libro, sin leerlo, en la estantería de su casa. Son los que creen que lo importante es estar bautizado pero viviendo de espaldas al compromiso adquirido. Aún recuerdo en un programa televisivo la declaración de un contertulio: “soy socio de la iglesia pero nunca voy a ella”. Como si uno fuera miembro de un equipo deportivo y jamás viese ni asistiese a un solo partido de fútbol.

3.- Luces, sombras, alegrías y cruces se presentan delante de nosotros a la hora de vivir con cierta radicalidad el mensaje de Jesús. Encandila y gusta el personaje de Jesús de Nazaret pero, no sé hasta qué punto, lo que nos dice es acogido y llevado hasta sus últimas consecuencias.

Esa, precisamente, es nuestra cruz: la distancia que nos separa entre lo que queremos y entre lo que vivimos, entre el Evangelio y el otro “evangelio rebajado” en nuestra propia vida: creer no es camino fácil.

Esa es, entre otras muchas, la cruz que llevamos sobre nuestros hombros: saber que siempre es más cómodo el aplauso que la crítica, el halago que el profetismo, el casamiento con el ambiente que la denuncia de todo lo que le corrompe: creer implica ir contracorriente y pedir a Dios fuerza para seguir adelante. “Casi todos vienen a mí para que les alivie la Cruz; son muy pocos los que se me acercan para que les enseñe a llevarla”. San Pío de Pieltrecina

4.- Ante estas dos implicaciones que nos sugiere Jesús (dejar todo atrás y cargar con la cruz) sólo hemos de ver una clara intencionalidad por su parte: estar abiertos a todos despegándonos de lo “mío” o de “lo nuestro”. Y, el “padre o la madre” de los que habla va más allá del mero ámbito familiar: es todo aquello que estorba para dar razón de nuestra fe y quedarnos replegados cómodamente en nosotros mismos.


6.- EL DESPRENDIMIENTO COMO CONDICIÓN PARA SEGUIR A JESÚS

Por José María Martín OSA

1- ¿Qué hombre conoce el designio de Dios? Los sabios de todos los tiempos han buscado la verdad y el sentido de la vida. Los astrólogos han buscado en los astros el destino de los hombres. Hoy se ha puesto de moda de nuevo el ansia de descubrir el propio futuro acudiendo al horóscopo o al adivino de turno que descifra la carta astral. Sabemos que son estafadores que se aprovechan de la ingenuidad y de la falta de seguridad que sufren muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo. También en el siglo I un judío de Alejandría se pregunta ¿quién rastreará las cosas del cielo? El sabio, que utiliza el seudónimo de Salomón, llega a la conclusión de que nuestros razonamientos son falibles, que apenas conocemos las cosas terrenas. Dios es el que nos concede la auténtica sabiduría, iluminando nuestra oscuridad. Cuando descubrimos la verdad aprendemos lo que Dios quiere de nosotros y alcanzamos la felicidad (la salvación). Fue el gran anhelo de San Agustín "Señor, que yo te conozca a Ti que me conoces. Que yo te conozca como soy conocido por Ti". Encontró, después de una larga búsqueda, la verdad y, con la verdad, encontró la felicidad: "La búsqueda de Dios es la búsqueda de la felicidad. El encuentro con Dios es la felicidad misma".

2- Hay muchas dificultades que nos impiden el encuentro con Dios. Jesús nos advierte en el Evangelio de la dificultad que suponen ciertas ataduras para descubrirle y seguirle. Cierto día, el cardenal Wisseman discutía con un filósofo utilitarista sobre la excelencia de Dios. A los contundentes y clarísimos raciocinios del obispo respondía el filósofo con mucha flema: "No lo veo, yo no lo veo...". Wisseman tuvo entonces un rasgo ingenioso. Escribió en un papel la palabra "DIOS" y colocó encima una libra esterlina. El materialista inglés abrió los ojos con sorpresa. Le dice el obispo:

- ¿Qué ve usted?

- Una libra esterlina.

- ¿Nada más?

- Nada más.

Muy tranquilo entonces, Wisseman quitó la libra esterlina y dijo a su compañero:

- ¿Y ahora, qué ve usted?

- Veo "DIOS".

- ¿Qué os impedía ver a Dios?

El filósofo utilitarista se calló como un muerto.

3- El desprendimiento, condición para seguir a Jesús. En el texto original de Lucas se nos pide "odiar al padre, madre, mujer, hijos...". Se trata de una manera de hablar hebraísmo (manera de hablar): Jesús no nos predicó el odio, sino el desprendimiento. Jesús nos pide un compromiso radical con su misión, no le valen las medias tintas. Pero a los que le tienen confianza, El le devuelve cien veces más. Jesús nos deja libertad de elección y nos advierte claramente de los riesgos y dificultades que entraña la aventura de seguirle. No es una decisión que pueda ser tomada a la ligera, en un momento de euforia. Hace falta seriedad, inteligencia, un programa serio y comprometido de vida, aceptación de la cruz. Para poder decidirse hace falta hacer una opción clara por Jesús de Nazaret y con las exigencias del Reino. El texto litúrgico dice que tenemos que "posponer" muchas cosas cuando se opta por Jesucristo. Libertad, disponibilidad, amistad con Jesús, compromiso de vida, radicalidad son las condiciones para seguir a Jesús hoy y siempre. Todo ello debe hacerse con alegría y contando con la ayuda de la comunidad cristiana.

4- El proyecto de Jesús de Nazaret es utópico, pero no imposible ni fantástico. Hay que construir el edificio (la torre), calculando los gastos y todos los pormenores para asentar sólidamente nuestra decisión. Jesús es muy claro: "El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío". Hay que posponerlo todo, los bienes materiales también. hay que poner en práctica el desprendimiento para conseguir la "libertad de espíritu". El filósofo utilitarista estaba cegado por el dinero. ¿Qué es lo que te impide a ti hoy seguir a Jesús?, ¿de qué tienes que desprenderte? Debemos recuperar la utopía en el seguimiento de Jesús. La utopía despierta las aspiraciones y deseos más profundos y desencadena una serie de compromisos concretos que llenan de ilusión el corazón de una persona y dota de una fuerza impresionante. Todo nace del amor a Jesús y de la pasión por la construcción del Reino. El Papa Juan Pablo II subrayó en la "Veritatis splendor" que "seguir a Cristo es el fundamento esencial y original de la moral cristiana". El seguimiento de Jesús no se limita a la aceptación histórica de Jesús --conocimiento--, sino conlleva la identificación con su persona --amor-- y se extiende a la atención compasiva hacia los pobres y marginados --la misión--. Merece la pena seguir a Jesús. El es la fuente de la vida auténtica y de la felicidad plena.


7. - DESDE LA SABIDURÍA A LA RENUNCIA

Por Ángel Gómez Escorial

1. - El texto del Libro de la Sabiduría que leemos en este 23 domingo del Tiempo Ordinario nos puede servir como propósito en septiembre, en que la mayoría --aquí en el hemisferio norte-- ha vuelto de sus vacaciones estivales y se enfrenta con un nuevo curso. Y, también, lo mismo sirve respecto al contenido del Evangelio de Lucas. No podemos entender los designios de Dios sin la ayuda del Espíritu Santo y no debemos "construir nuestra casa" sin antes haber echado cuidadosamente nuestras cuentas. Además, el seguimiento de Cristo es renuncia de todo aquello que nos separa de Dios y de los hermanos. Ante ello hemos de ser muy cuidadosos respecto a nuestras fuerzas y posibilidades. Seguir a Jesús no es fácil y solo con su ayuda conseguiremos aguantar ese camino.

La renuncia a todo que pide Jesús suele ser interpretada como el camino hacia la vocación religiosa de los consagrados. Ellos --es verdad-- renuncian a tener familia, a disponer de bienes personales para dedicarse por entero al servicio de Dios. Sin embargo, esa petición de renuncia la dirige Jesús a todos. Es posible que en cada persona exista un matiz preciso y el casado no va a renunciar --por supuesto-- a la familia. Pero sí debe renunciar a una vida desordenada que le aparte de Jesús. Los consagrados constituyen su propia familia y cuando llevan mucho tiempo en una comunidad, las relaciones entre los integrantes de la misma se parecen, sin duda, a las que se practican en una familia.

Por otro lado, no es lícito a un cristiano vivir pendiente de la riqueza. La acumulación de ellas será, en la mayoría de los casos, expolio de otros. Es necesario construir un propósito de vida más cercano a las exigencias de Cristo. No se es cristiano porque sólo se acuda a misa los domingos o se practique una cierta moral pública. Se es cristiano cuando se ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Y para acometer ese programa hace falta renuncia y, también, echar nuestras cuentas.

2. - Impresiona, asimismo, la lectura del fragmento del Libro de la Sabiduría, porque con él se afirma la identidad total entre el Antiguo Testamento y el Nuevo respecto al conocimiento de Dios. Los designios de Dios solo los podrá conocer el hombre con ayuda del Espíritu Santo. Así es. Así fue. Y así seguirá. Sin la ayuda permanente del Espíritu es imposible conocer lo que Dios quiere de nosotros. Es verdad que Jesús "fue la imagen del Dios invisible" y nos enseñó a reconocer el amor desbordante del Padre hacia sus criaturas. Pero eso mismo, sin la ayuda del Espíritu, no nos llegaría, no lo entenderíamos. Muchas de las especulaciones "cientificistas" que hacen algunos respecto a la figura de Cristo, o en torno a la presencia de Dios en la creación, y que se pierden por caminos de adivinanzas o de conjeturas interminables, se deben a la ausencia del Espíritu. Cuando el Espíritu Santo está en nosotros todo llega fluidamente y con una profundidad que no procede de nosotros mismos. Pretender llegar al "fondo" de Dios cerrándose al Espíritu es --casi-- una pérdida de tiempo. Eso no quiere decir que no tengan mérito los esfuerzos de personas que, sin recibir al Espíritu, buscan a Dios. Y, en fin, el contenido del texto que leemos hoy en el Libro de la Sabiduría nos demuestra que eso ya lo sabían muchas generaciones antes del nacimiento de Cristo.

3. - En ningún caso debemos ser frívolos en los planteamientos de nuestro desarrollo como personas próximas a Cristo y a sus enseñanzas. Hemos de echar cálculos en función de como deberemos administrar dicha dedicación. No se puede pasar, por ejemplo, de una actitud religiosa privada e intimista a una participación más directa y pública en las actividades de --por ejemplo-- nuestra parroquia. Ello puede producirnos una notoriedad que nos asuste; o que, por el contrario, incremente una vanidad personal, de manera innecesaria. Hemos de dar los pasos bien medidos y hacer nuestros cálculos. Es cierto que Dios nos ayudará en todos los caminos que tomemos y sean útiles para el desarrollo de su Palabra y el apoyo a los hermanos. Pero hemos de poner por nuestra parte todo aquello que nos conduzca a un final término. Asimismo, quien se encuentre en la cercanía de una vocación religiosa plena también debe echar sus cuentas. Las grandes decisiones de la vida han de estar avaladas por la reflexión. Será, sin duda, el Espíritu quien nos envíe dicha vocación, pero hemos de saberlo.

Iba a ser San Ignacio de Loyola quien mejor trazara las líneas maestras de este "echar las cuentas" en las materias espirituales. Los modos de elección y los sistemas de discernimiento que aparecen en sus Ejercicios son extraordinariamente útiles. Y decimos útiles. Ignacio buscaba la aprobación fehaciente por parte del Señor de todos sus trabajos. Impresiona en la lectura de su "Diario Espiritual" como dice misas para saber que debe hacer con las futuras rentas de la Compañía de Jesús. Pero San Ignacio ya se "mueve" dentro de lo místico. Tiene a la Trinidad Santísima y a la Virgen María al lado. Será esa petición de ayuda al Señor y el trabajo serio e intenso de discernimiento lo que nos lleve a conocer --sin apenas dudas-- nuestro camino futuro.

4. - San Pablo en su carta a Filemón pide clemencia por el esclavo Onésimo, fugado de su casa y, posteriormente, reunido con el Apóstol. Pablo nos va a dar siempre esa aproximación insuperable a la realidad de su tiempo sin dejar de dar mensajes válidos para todas las épocas. La esclavitud era un "sistema de producción" dentro de la economía de ese tiempo. Sin duda, esa mano de obra barata y fiel había ayudado a construir imperios. Hombres, mujeres y niños constituían parte del botín de las guerras y pasaban a ser utilizados por los vencedores. En el Antiguo Testamento aparecen las deportaciones que sufrió el pueblo judío. Egipto, Babilonia son destinos de esclavitud. San Pablo pide hermandad entre esclavo y amo y, sorpresivamente, no pide la liberación de Onésimo. Pero es que el respeto por la ley civil del Apóstol es lo que dio marcha a su largo camino. Desgraciadamente, la esclavitud estuvo bien presente entre pueblos cristianos hasta la mitad del siglo XIX y está el episodio de los negros africanos en América del Norte y del Sur. Aunque Pablo da doctrina para la abolición de la esclavitud estaría vigente --como decíamos-- durante muchos siglos.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


ADULA, QUE CONSEGUIRÁS VOTOS

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Seguramente, mis queridos jóvenes lectores, habréis escuchado que os dicen: vosotros sois la esperanza de la sociedad, del pueblo o de la Iglesia, depende de quien a vosotros se os dirige. Pues yo no os diré esto. Vosotros, vuestras personas mientras permanezcan vivas, representáis el porvenir de lo que sea. El que ese porvenir imaginemos sea halagüeño, depende de vuestra voluntad, de vuestro estado de ánimo, de si encontráis por el camino acicates que os ilusionen, personas que os ayuden y a la vez exijan. Principalmente, depende de que en el horizonte espiritual, vislumbréis algo que os atraiga y os ilusione. Como estoy hablándoos en cristiano, para que vuestro futuro sea esperanzador, es preciso que no dejéis de tener siempre presente que el futuro de un ser humano no se acaba con la muerte, característica esta de la existencia vegetal y animal, sino que tenemos una puerta abierta a la eternidad. Que en esa puerta se encuentra Cristo, pero que, sin dejarla desamparada, también es verdad que Él mismo se hace compañero de ruta. Tal vez no lo reconozcamos, tal vez ni buscándolo a nuestro alrededor sepamos verlo, pero, sin ninguna duda, no se aparta de nosotros, si caminamos.

2.- Jesús no ofrece en el evangelio del presente domingo palabras aduladoras. Él no pretende conseguir votos, para poder auparse en el poder. El programa que os propone es un plan de vida exigente. A ninguno de vosotros os gusta que os exijan. Preferís palabras amables, promesas fáciles, elogios personales. Ningún político de turno sería capaz de hablaros como lo hace Cristo hoy. Si lo hiciera, fracasaría completamente. Pero debéis reconocer que quienes se dirigen a vosotros con palabras lisonjeras, a menudo, no cumplen lo que os prometen, os dan facilidades y pretenden ilusionaros con valores positivos pero de valor mediocre, así que después, si por fortuna llegáis a poseerlos, os encontráis hueros de gozo y os sentís engañados.

3.- Recuerdo que en Burgos, siendo yo muy joven, se sentaba junto a mí un chico clasificado como "niño prodigio" en el ámbito de la música. En la primera ocasión que se me presentó, acudí a escucharle en un concierto. Después, durante una aburrida clase de matemáticas, comentamos su actuación y sus facultades. Él me habló de su profesor. Fue una cosa que no entendía entonces. Si él era tan capacitado ¿para qué necesitaba un maestro? Llegó él a ser un director de orquesta de categoría mundial. Aquel chiquillo superdotado, precisaba de alguien que le corrigiera, de alguien que le señalara un horizonte lejano y difícil, al que debía aspirar.

Después he conocido situaciones paralelas. Grandes deportistas, campeones mundiales de su especialidad, tenían su entrenador. En ambos casos, en el del músico o en del deportista, los pedagogos eran desconocidos por el gran público, pero imprescindibles para el candidato. Vosotros, mis queridos jóvenes lectores, por el bautismo, sois personas superdotadas, predestinadas a ser campeones de santidad. El Señor hoy os señala unas normas, os marca unas reglas. Si queréis seguirle, es preciso que lo dejéis todo y os entreguéis a un duro entrenamiento. Quien quiere triunfar en atletismo debe dejar de fumar, prescindir de drogas, llevar una vida sana, hacer cada día ejercicio corporal y el descanso nocturno apropiado. Lo mismo, el que quiere ser santo, debe desprenderse de todo lo que arrastraba pringado a su persona, dificultando su progreso. Él Señor habla de esposa, hijos y familiares. A vosotros, seguramente, os diría que debéis dejar de malgastar en cosas superfluas, en lujos innecesarios, dejar de pensar en ropa de marca, en salidas nocturnas, con compañeros que os desvíen de vuestra vocación cristiana.

4.- Os diría, probablemente, que debéis pensar en vuestros coetáneos del Tercer Mundo y a favor de ellos emplear vuestros ahorros. Que ser cristiano, a veces, supone tener que sacrificar muchas inclinaciones que para los demás les resultan normales, porque desconocen las promesas que hemos recibido y que nosotros no podemos ni olvidar, ni prescindir, si queremos luchar para alcanzarlas. Como el deportista de elite no ceja nunca en su propósito de aspirar a una medalla olímpica, absteniéndose de costumbres habituales para el vulgar hijo de vecino.

Para una tan sublime aspiración es necesario que tengamos bien calculadas nuestras posibilidades. Las que ya gozamos y las que podemos conseguir. Para participar en una competición el atleta deportista debe poseer un equipo adecuado, desde el calzado hasta el uniforme. ¿Quién se atrevería a ir a unas olimpíadas en alpargatas y tejanos? Debe saber también, que es preciso una talla adecuada, vista fina y agilidad, para ciertos deportes, de otro modo deberá dejar de aspirar a participar en partidos de baloncesto y tal vez aceptar otras palestras. Pero en el estadio cristiano, el que está dispuesto a entregarse a la lucha noble, con seguridad podrá subir al podio.

Ser santo es la mejor y mayor aspiración. Renunciar a serlo es lo único que nos puede entristecer. En nuestra mano, con la colaboración de la Gracia, este ideal es posible mantenerlo. No lo olvidéis nunca.


LECTIO DIVINA: EVANGELIO Y ORACIÓN


“CON CORAZÓN DE CARNE COMO EL TUYO” (18-IX-196O)

Por Pedro Rodríguez

Evangelio dominical meditado y escrito para la prensa hace (casi) cincuenta años, en la época de Juan XXIII. Hoy es un testimonio de la continuidad de la liturgia y de la meditación del Evangelio en el tránsito del Misal de San Pío V al de Pablo VI. La fecha que se hace constar es la del domingo en que se publicó en los periódicos.

DOMINGO XV DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

San Lucas 7, 11-16:

Después, marchó a una ciudad llamada Naim, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Al acercarse a la puerta de la ciudad, resultó que llevaban a enterrar un difunto, hijo único de su madre, que era viuda. Y la acompañaba una gran muchedumbre de la ciudad. El Señor la vio y se compadeció de ella. Y le dijo:

—No llores.

Se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo:

—Muchacho, a ti te digo, levántate.

Y el que estaba muerto se incorporó y comenzó a hablar. Y se lo entregó a su madre. Y se llenaron todos de temor y glorificaban a Dios diciendo: “Un gran profeta ha surgido entre nosotros”, y “Dios ha visitado a su pueblo”.

“Con corazón de carne como el tuyo”

Naim es una pequeña ciudad del sur de Galilea, cerca ya de Samaria, a pocos kilómetros en dirección Sureste de Nazaret. Jesús llegó allá en su predicación itinerante, seguido por gran cantidad de discípulos. Y ya en las puertas de la ciudad contemplaron el cortejo fúnebre, que salía. Y en las mismas puertas, Cristo hace uso de su omnipotencia: y un hombre joven, que había muerto, recobra la vida.

Son tres las resurrecciones milagrosas, operadas por Cristo, que conocemos a través de los evangelios. La primera es ésta de Naim, en el comienzo de la vida pública, recogida por el evangelista Lucas. La segunda nos la cuentan los tres sinópticos: se trata de la hija de Jairo, un personaje de Cafarnaum (Mt 9, Mc 5, Lc 8). La última y más conocida es la resurrección de Lázaro (Jn 11), en Betania, pocas semanas antes de la Pasión y Muerte del Señor.

Tres resurrecciones: una niña, un chico joven, un hombre maduro, como para demostrarnos el dominio absoluto que Cristo tiene sobre la vida y la muerte, dominio que culminaría en su propia resurrección.

Y sin embargo, tanto como la Divinidad, en estos milagros aparece radiante la Humanidad de Cristo. Nuestro Dios es un Dios hecho Hombre, metido en las vidas de los hombres: un Dios hecho carne para demostrar a los hombres que Dios también ama con un corazón humano.

La escena de Naim y las otras dos emocionan. En Cafarnaum, un padre de familia, angustiado, que corre hacia Jesús: Ven, Señor, que mi hija se muere y si tú vienes vivirá… Cristo no se resiste a los ruegos de un padre por su hijo y nos dice el evangelista que “se marchó con él”: “et ibat cum illo”.

Lázaro era amigo de Cristo, amigo personal. ¡Dios tiene amigos! Y no permite que mueran. “Jesús es tu amigo. —El Amigo. —Con corazón de carne, como el tuyo. —Con ojos, de mirar amabilísimo, que lloraron por Lázaro... Y tanto como a Lázaro, te quiere a ti” (Camino, 422).

Cafarnaum y Betania. Los ruegos de un padre, la amistad de un amigo. Esos fueron los motivos inmediatos de ambos milagros. Pero ¿y Naim? Allí no hay un hombre que corre a Cristo, ni dos hermanas que envían un mensaje: “Señor, el que amas está enfermo”. En Naim no hay más que silencio, cortado por los sollozos de una mujer. Va detrás de los que llevan a su hijo único a enterrar. Era viuda… Dice San Lucas que “el Señor, al verla, se llenó de misericordia hacia ella”. “Noli flere: no llores” Y, después, el milagro….

El Señor nos mira y nos ve con esos “ojos, de mirar amabilísimo”. Nos ama y se preocupa de nosotros en medida esencialmente desproporcionada a nuestras peticiones. Aquella mujer no pedía nada, lloraba en desconsuelo. Pero Jesús “la mira” y derrama Amor a manos llenas.

La lección es clara: hay muchas cosas buenas en cada vida humana claramente inmerecidas, que son puro regalo de Dios, regalo directo podríamos decir: porque nos mira y se mueve a misericordia. No podemos ser tan romos, tan rudos en el terreno espiritual que no descubramos el amor de Dios traspasando nuestras vidas en mil detalles. Entonces comprenderemos muy bien ese otro punto de Camino “¿Saber que me quieres tanto, Dios mío, y… no me he vuelto loco? (n. 425).