1.- EL CAMINO INTERIOR DE BENEDICTO XVI

Por Juan del Río Martín, Obispo de Jerez (*)

Por fin el pasado 28 de agosto, después de unos meses de retraso con respecto a la primera edición italiana, se ha publicado en España el libro del Papa: «Jesús de Nazaret». Comenzó a redactar el texto en el verano del 2003 siendo aún cardenal Joseph Ratzinger, y la ha terminado siendo obispo de Roma.

Es una obra de madurez de un gran creyente que es, teólogo e intelectual de primer orden a escala mundial. Se trata de una bellísima síntesis de meditación, reflexión y observaciones, desde el mundo actual acerca del núcleo esencial del mensaje cristiano: Jesucristo, Hijo de Dios vivo. El mismo confiesa que «ha intentando presentar al Jesús de los Evangelios como el Jesús real, como el `Jesús histórico’ en sentido propio y verdadero…Jesús no es un mito… no es un rebelde ni un liberal…es una figura histórica sensata y convincente». Es la primera vez que un Papa sale a la palestra tocando sin miedos ni complejos el tema de más calado teológico y espiritual que encierra el cristianismo. No estamos ante un libro divulgativo, sino de pensamiento, que lleva al lector a plantearse las grandes cuestiones de ayer y de hoy.

El texto comienza con el prólogo donde trata unas consideraciones metodológicas que al simple lector le puede resulta un poco cuesta arriba. Sin embargo, desde esas primeras páginas, se pone de manifiesto la sabiduría de un maestro que sabe enfrentarse a los grandes temas históricos, teológicos y exegéticos y, además, llevar esos contenidos a la vida personal y al momento presente con consumada pedagogía. Su estilo es claro, integral y asequible.

Ya desde este inicio, el Papa comienza a sorprender por su serenidad y modestia y, a la vez, porque se distancia de los prejuicios intelectuales de moda. Así nos dice: «este libro no está escrito en contra de la exégesis moderna, sino con sumo agradecimiento por lo mucho que nos ha aportado y nos aporta». Deja claro que: «no es en modo alguno un acto magisterial, sino únicamente expresión de mi búsqueda personal «del rostro del Señor» (cf Sal 27,8). Por eso, cualquiera es libre de contradecirme. Pido sólo a los lectores y lectoras esa benevolencia inicial, sin la cual no hay comprensión posible». Dada la edad avanzada del escritor, él mismo confiesa «he decidido publicar esta primera parte», y si el «tiempo y las fuerzas» se lo permiten nos ofrecerá un segunda parte en la entrará los relatos de la infancia.

El método del autor está en ese intercambio recíproco de conocimientos históricos y conocimientos de la fe. Desde la introducción presenta el misterio de Jesús en sus raíces hebreas: «En Jesús se cumple la promesa del nuevo profeta. En Él se ha hecho plenamente realidad lo que Moisés era sólo imperfecto: Él vive ante rostro de Dios no sólo como amigo, sino como Hijo; vive en la más intima unidad con el Padre». Queda claro que no está hablando de un fundador más de una religión, sino de Alguien que «ha roto todos los moldes»: Jesús, Dios y Hombre verdadero, Salvador y Redentor de la humanidad. De este modo, dice el Papa, «el discípulo que camina con Jesús se verá implicado con Él en la comunión con Dios. Y esto es lo que realmente salva».

El «camino interior» de Benedicto XVI se va mostrando a lo largo de los diez capítulos en que se compone el libro: El bautismo de Jesús. El Evangelio del Reino de Dios. El Sermón de la Montaña. La Oración del Señor. Los discípulos. El mensaje de las parábolas. Las grandes imágenes del Evangelio de Juan. La confesión de Pedro y la transfiguración. Nombres con los que Jesús se designa a sí mismo. Concluye con una interesante bibliografía y un índice onomástico.

Estamos ante la obra más comentada durante los últimos meses, en el mundo cultural occidental tanto en los medios cristianos como agnósticos. Esperemos que en España, los medios culturales afines al pensamiento dominante, no silencie el acontecimiento de esta publicación, porque ello revelaría no sólo la banalidad y mediocridad intelectual que se percibe en muchos ambientes, sino también la animadversión que hacia la cultura católica se ha instalado en el poder. Pero, es mejor seguir confiando que todavía quedan en este país, hombres y mujeres que con altura de miras sabrán recibir este libro con la benevolencia que pide el Papa y que facilita la comprensión de toda obra humana.

(*) Monseñor del Río es tambien presidente de la Comisión Episcopal española de Medios de Comunicación

 

2.- COMIENZA OTRO CURSO

Por David Llena

Año tras año parece no hacer ya mella la repetición cíclica de los años. Comienza otro curso como comenzó el pasado o comenzará el año que viene. Para la mayoría de personas es un curso como otro cualquiera, en lo laboral continua la rutina, los mismos compañeros, las mismas costumbres, los mismos lugares. Cambian algunas caras que haremos conocidas en pocos días y continuará en ese devenir año tras año nuestra vida.

Pero hay otras personas para las que este curso será especial. Quizá sea el primero de su carrera que siempre había deseado estudiar, o el último y soñará con encontrar trabajo. O quizá haya decidido comenzar unos estudios en el extranjero, o encontró un buen trabajo… O cambió su situación, este año dejará la casa paterna para compartir su vida con otra persona, o tendrá un hijo, o un nieto nuevo…

Entre esas personas están aquellas que dejando padre, madre y comodidades emprenden un camino nuevo de la mano del Señor. Dejando todo, se van a un país lejano a dedicar su vida a los demás viendo en ellos el rostro de Cristo. Son como aquellos discípulos a los que Jesús llamó mientras repasaban las redes, o aquel otro que recaudaba impuestos, o aquel que descansaba bajo una higuera. Mientras estaban en su rutina escucharon la voz del maestro y dejando todo le siguieron.

A ellos les están reservados muchos momentos de verdadera alegría, la alegría del encuentro con aquel que nos vivifica. La paz residirá en sus corazones, el Espíritu los guiará hacia la casa paterna, pasarán haciendo el bien y recibirán el ciento por uno.

Los que quedamos, nos contentaremos con la migajas de esa alegría, con retazos de esa paz, embutidos en este mundo y pensando poco en el venidero, presentaremos nuestras alforjas casi vacías, porque dedicamos el tiempo a llenarlas de cosas que se pudren y corrompen.

Dichosos vosotros que anunciáis el Reino porque vivís ahora el gozo que algún día poseeréis para siempre. Y nosotros rezaremos para que los agobios no ahoguen nunca esa semilla que ahora habéis plantado.

 

3.- LE PUY EN VELAY

Por Pedrojosé Ynaraja

Por tercera vez emprendí en agosto el viaje a esta población francesa. La primera vez que quise ir se averió el vehículo, la segunda equivoqué el nombre y me encontré en la cima de Puy de Dome y ya era tarde para rectificar. Son los inconvenientes de conducir de noche y limitarse a leer letreros con rapidez. Esta vez estudié bien en el mapa el recorrido y me dejé conducir por el navegador. Cuando llegué al centro del lugar, me parecía un sueño. ¿Por qué me interesaba este sitio del que muchos lectores será la primera vez que oyen hablar? Le Puy es uno de los grandes santuarios marianos de la vieja Francia. La estatua de bronce, que corona el paisaje desde una soberbia altura, mide 23 metros, es fruto de la fusión de 213 cañones capturados a los rusos y ofrecidos por Napoleón III. No era este detalle anecdótico lo que me atraía.

Le Puy era la única de las cabeceras del Camino francés a Compostela que me faltaba visitar y sólo algo más de 600 Km. me separaban del lugar. Hay gente que busca saturarse de sol, impregnarse de agua del mar y tostar su piel. Otros probar gastronomías exóticas. Los más, sencillamente, descansar. Yo ambiciono enriquecerme de contenidos humanos y, preferiblemente, que sean de sabor cristiano. Recordaré que la cultura Europea la hicieron los monasterios, la jalonaron las grandes catedrales y que este rico contenido espiritual, circuló por el camino de Santiago. Quien ignore esto y desee entender al viejo y pequeño continente, se sentirá desorientado. Las modernas autopistas son maravillosas, nos trasportan a nosotros y a las más variadas mercancías, de un extremo al otro, pero no dejan huellas. No ocurrió esto con la ruta jacobea.

Ya por los años sesenta me di cuenta que era en Francia donde se tomaba en serio, donde se apreciaba cristianamente, la población gallega. El primer ejemplar del "Calistinus" lo adquirí en Vezelay. En España, excepto la iniciativa aislada de la peregrinación de la juventud de A. C, me parece recordar que fue en 1948, de la que derivarían posteriormente los Cursillos de Cristiandad, no se ha sabido aprovechar este maravilloso recurso espiritual que poseemos, al contrario de lo que ocurre en la vieja Galia. Le Puy es uno de los inicios del camino francés. Me dicen que el motivo está en que su primer obispo ya peregrinó a la Tumba de Santiago. Explicaré hoy algo de lo material que vi. La semana próxima, Dios mediante, alguien de lo vivo que encontré.

La situación y la inclinación del terreno, ocasionan que la entrada a la catedral se efectúe por el ombligo del edificio y la salida por las orejas. Es una forma de expresarse. No destaca ningún pórtico, ni retablo especial, no obstante la ambientación, el clima espiritual que se respira, es maravilloso. Todo él esta impregnado de peregrinación. Ser peregrino es una manera de progresar en la santidad. Es, como ya dije un día, una vocación divina transitoria. Se inicia la ruta con la mirada interior vislumbrando una lejana meta. Compostela dista 1600 km. Cada día, según leo, muy de mañana, se celebra la misa del peregrino, la preside habitualmente el obispo, después viene la bendición, la entrega del documento y la despedida. Al pie de una imagen de Santiago un cartel ofrece la posibilidad de anotar una súplica y depositarla allí, para que un peregrino vaya rezando esta petición. Una tal ambientación eleva el espíritu. Súmese, que unos carteles estratégicamente colocados, de clara lectura, resultan ser eficaz catequesis, y un silencioso y aislado recinto, una capilla, invita a la oración. En Le Puy el "camino" se hace seria proposición de santidad. Nunca he entendido a aquellos que queriendo realizar algo peculiarmente cristiano, suben a un vehículo, se apean luego y caminan un trecho del tradicional recorrido, para volverse a casa satisfechos. Como si el camino tuviera poderes mágicos. Juzgo tal práctica, que sin duda puede resultar alegre, culturalmente interesante, socialmente útil y hasta, si se quiere, piadosamente provechosa algo infantil. Me sugieren comentarios a la manera de los Benítez o Sánchez Dragó de turno. Por supuesto que, a diferencia de lo que ocurre en estas tierras, no hay que pagar ninguna entrada y que ofrecen algo más de lo que me propongo escribir otro día.