Domingo XI del Tiempo Ordinario
17 de junio de 2007

Plegarias


Seguimos ofreciendo los textos de la Ordenación de Nuevo Misal Romano al final de pagina esta página de plegarias. Es la séptima entrega.


ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 33, 1

Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren.

ACTO PENITENCIAL

Señor, Tú que pides obreros al Padre, perdona nuestras faltas de dedicación al engrandecimiento del Pueblo Dios

Señor Ten Piedad.

Señor, Tú que nos has elegidos comos discípulos, tal como hiciste con los Apóstoles, disculpa nuestros pecados contra la unidad de tu Iglesia

Cristo Ten Piedad.

Señor, Tú que deseas que llevemos tu Palabra hasta los confines del mundo, perdona nuestra pertinaz desidia en el servicio al Evangelio.

Señor Ten Piedad.

ORACIÓN COLECTA

Oh Dios, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras súplicas; y pues el hombre es frágil y sin ti nada puede, concédele la ayuda de tu gracia para guardar tus mandamientos y agradarte con nuestros deseos y acciones.

Por Jesucristo Nuestro Señor

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Tu nos has dado, Señor, por medio de estos dones que te presentamos, el alimento del cuerpo y el sacramento que renueva nuestro espíritu. Concédenos, por tu amor infinito, que siempre contemos con el auxilio del manjar del cielo.

Por Jesucristo Nuestro Señor

PLEGARIA EUCARÍSTICA

-El Señor esté con vosotros

-Levantemos el corazón

-Demos gracias a Dios, nuestro Señor.

 

El desierto Jesús nos recuerda

que tenemos que estar en estado de cambio,

De búsqueda incansable;

Estar desprendidos de las cosas que tenemos.

Poner nuestras cualidades al servicio de los otros.

Ser sencillos y no creernos superiores a los demás.

Dar gracias a Dios por lo que de él cada día recibimos.

Tener coraje para superar las dificultades de cada día.

.Admirar lo sencillo de cada día

.

Valorar más lo bien hecho, que el hacer muchas cosas.

Vivir cada día con la ilusión renovada.

Amar y defender la vida y vivirla con entusiasmo.

Tener esperanza de que todo irá mejor.

Vivir este Tiempo Ordinario con actitud de no detenerse;

en el encuentro con el hermano.

Y con todos aquellos que dieron su vida

al servicio de los más necesitados,

Proclamamos llenos de alegría el himno de tu gloria:

SANTO, SANTO, SANTO

 

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Jn 17, 11

Padre Santo: guárdalos en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros, dice el Señor.

ORACIÓN DESPUES DE LA COMUNIÓN

Que la recepción frecuente de estos sacramentos nos prepare para gozar contigo en la Vida Eterna

Por Jesucristo Nuestro Señor.


ORDENACIÓN GENERAL DEL MISAL ROMANO


Ya hace ya varias semanas que dábamos un resumen de contenidos de la Nueva Ordenación del Misal Romano. Era el índice de todo el documento. Damos ahora su texto íntegro por entregas. El deseo es que quien no pueda acceder al libro original pueda ir leyendo y coleccionándolo. Está al cuidado de esta reproducción --y de su orden y aclaraciones-- el sacerdote agustino, Ángel Jorge.

La numeración por “entregas” es propia de Betania y no aparece en el texto original. Incluimos alguna aclaración o comentario personal bajo la llamada de un asterisco. Tanto los asteriscos como su explicacion van en negritas. Los capitulos anteriores pueden irse viendo accediendo a nuestro "histórico", mediante el Link "Consultar Ediciones anteriores" en el menu azul de la izquierda. El referido índice está en Reportajes del número 519 (Cuarto Domingo de Pascua) La segunda entrega se hizo también en la sección de Reportaje del numero 520. Y a partir de ahí pasó a esta página de Plegarias.


Octava entrega

MISA CON DIÁCONO

171. Cuando un diácono, revestido con las vestiduras sagradas, interviene en la celebración eucarística, desempeña su oficio propio. Así pues, él:

a) Asiste al sacerdote y está siempre a su lado;

b) En el altar le ayuda en lo referente al cáliz o al libro;

c) Proclama el Evangelio y, por mandato del sacerdote celebrante, puede tener la homilía (cf. n. 66);

d) Dirige al pueblo fiel por medio de las oportunas moniciones y enuncia las intenciones de la oración universal;

e) Ayuda al sacerdote celebrante a distribuir la Comunión y purifica y recoge los vasos sagrados;

f) Desempeña, si es necesario, las tareas de otros ministros, en el caso de que éstos falten.

Ritos iniciales

172. Llevando el Evangeliario algo elevado, el diácono precede al sacerdote en su camino hacia el altar; si no, camina a su lado.

173. Llegado al altar, si porta el Evangeliario, omitida la reverencia, accede al altar. Luego, una vez colocado el Evangeliario como es laudable, sobre el altar, juntamente con el sacerdote lo venera con un beso.

Si no lleva el Evangeliario, hace una inclinación profunda al altar juntamente con el sacerdote, según el modo acostumbrado, y con él lo venera mediante un beso.

Finalmente, si se emplea el incienso, asiste al sacerdote en la imposición del mismo y en la incensación de la cruz y el altar.

174. Una vez incensado el altar, se dirige a la sede acompañando al sacerdote, y allí permanece a su lado y le ayuda cuando sea necesario.

Liturgia de la palabra

175. Mientras se dice el Aleluya u otro canto, si se ha de usar el incienso, ayuda al sacerdote a ponerlo en el incensario; luego, profundamente inclinado ante él, le pide su bendición, diciendo en voz baja: Padre, dame tu bendición. El sacerdote le da la bendición, diciendo: El Señor esté en tu corazón. El diácono se signa con la señal de la cruz y responde: Amén. Luego, hecha una profunda inclinación al altar, toma el Evangeliario que se había depositado sobre el altar y se dirige al ambón, llevando el libro algo elevado, precedido por el turiferario que lleva el incensario humeante y por los ministros con cirios encendidos. Allí saluda al pueblo diciendo con las manos juntas: El Señor esté con vosotros, y en las palabras Lectura del santo Evangelio, signa con el dedo pulgar el libro y se signa él mismo en la frente, en los labios y en el pecho, inciensa el libro y proclama el Evangelio. Terminado este, aclama: Palabra del Señor; y todos responden: Gloria a ti, Señor Jesús. Luego venera el libro con un beso, diciendo al mismo tiempo en secreto: Las palabras del Evangelio, y vuelve al lado del sacerdote.

Cuando el diácono asiste al Obispo, lleva el libro para que lo bese o lo besa él mismo diciendo en secreto: Las palabras del Evangelio. En las celebraciones más solemnes, el Obispo imparte la bendición al pueblo con el Evangeliario, si se ve oportuno.

Por último, el Evangeliario puede llevarse a la credencia o a otro lugar apto y digno.

176.Si no hay otro lector idóneo, el diácono lee también las demás lecturas.

177.Las intenciones de la oración de los fieles, una vez introducidas por el sacerdote, las recita el diácono, habitualmente desde el ambón.

Liturgia eucarística

178. Terminada la oración universal, el sacerdote permanece en la sede y el diácono prepara el altar, con la ayuda del acólito; le corresponde, en particular, tener cuidado de los vasos sagrados. Asiste también al sacerdote cuando recibe los dones del pueblo. Luego pasa al sacerdote la patena con el pan que se va a consagrar; vierte el vino y un poco de agua en el cáliz, diciendo en secreto: El agua unida al vino, y luego lo presenta al sacerdote. Esta preparación del cáliz puede también hacerla en la credencia. Si se emplea el incienso, ayuda al sacerdote en la incensación de las ofrendas, de la cruz y del altar, y luego él o el acólito inciensa al sacerdote y al pueblo.

179. Durante la Plegaria eucarística, el diácono está en pie junto al sacerdote, un poco retirado detrás de él, para ayudar cuando haga falta en el cáliz o en el misal.

Desde la epíclesis hasta la ostensión del cáliz (*) el diácono permanece, normalmente, arrodillado. Si hay varios diáconos, al llegar la consagración, uno de ellos puede poner incienso en el turíbulo e incensar en el momento de la ostensión de la hostia y del cáliz.

(*) Esta ostensión es la elevación que se hace, juntamente con el cáliz, al decir el sacerdote Por Cristo, con Él yen Él...

180. Para la doxología final de la Plegaria eucarística, de pie al lado del sacerdote, mantiene el cáliz elevado, mientras aquél eleva la patena con el pan consagrado, hasta el momento en que el pueblo ha dicho ya: Amén.

181. Una vez que el sacerdote ha dicho la oración de la paz y las palabras La paz del Señor esté siempre con vosotros, y el pueblo haya respondido Y con tu espíritu, el diácono, si es oportuno, invita a darse la paz diciendo con las manos juntas y vuelto hacia el pueblo: Daos fraternalmente la paz. Él la recibe directamente del sacerdote y puede darla a los ministros más cercanos.

182. Terminada la Comunión del sacerdote, el diácono la recibe bajo las dos especies de manos del sacerdote, y luego le ayuda a distribuir la Comunión al pueblo. Si la Comunión se da bajo las dos especies, él ofrece el cáliz a los que van comulgando, y, terminada la distribución, sume con reverencia en el altar toda la Sangre de Cristo que queda, ayudado, si es preciso, de otros diáconos y presbíteros.

183. Terminada la Comunión, el diácono vuelve al altar con el sacerdote. Recoge los fragmentos, si los hay, y luego lleva el cáliz y demás vasos sagrados a la credencia, y allí los purifica y coloca como de costumbre, mientras el sacerdote vuelve a la sede. Sin embargo, puede también cubrir decorosamente los vasos, dejarlos en la credencia sobre el corporal y purificarlos inmediatamente después de la Misa, una vez despedido el pueblo.

Rito de conclusión

184. Dicha la oración después de la Comunión, el diácono hace, si es necesario, y con brevedad, los oportunos anuncios al pueblo, a no ser que prefiera hacerlo personalmente el sacerdote. (*)

(*) Si los avisos son muchos, como ocurre con relativa frecuencia en las parroquias, ¿no sería aconsejable hacerlos antes, cuando los fieles están sentados todavía?

185. Si se emplea la oración sobre el pueblo o la fórmula de la bendición solemne, el diácono dice: Inclinaos para recibir la bendición. Una vez dada la bendición por el sacerdote, el diácono se encarga de despedir al pueblo, diciendo con las manos juntas y vuelto hacia el pueblo: Podéis ir en paz.

186. Luego, juntamente con el sacerdote, venera el altar besándolo, y haciendo una profunda reverencia, se retira en el mismo orden en que había llegado.

C) FUNCIONES DEL ACÓLITO

187. Las funciones que puede ejercer el acólito son de diverso género; puede darse el caso de que concurran varias a la vez. Por lo tanto, es conveniente que se distribuyan, si es oportuno, entre varios; si solamente está presente un acólito, haga él lo que es de más importancia, distribuyéndose lo demás entre varios ministros.

Ritos iniciales

188. En la procesión al altar puede llevar la cruz entre dos ministros con cirios encendidos. Cuando llegue al altar, coloca la cruz junto al mismo, o bien la sitúa en un lugar digno. Luego ocupa su lugar en el presbiterio.

189. Durante toda la celebración, es propio del acólito acercarse al sacerdote o al diácono, cuantas veces se requiera, para servir el libro y ayudarles en todo lo necesario. Conviene, por tanto, que, en la medida de lo posible, ocupe un lugar desde el que pueda ejercer fácilmente su ministe¬rio, en la sede o en el altar.

Liturgia eucarística

190. En ausencia del diácono, una vez acabada la oración universal, mientras el sacerdote permanece en la sede, el acólito pone sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal. Después, si es necesario, ayuda al sacerdote en la recepción de los dones del pueblo y oportunamente lleva el pan y el vino al altar y los entrega al sacerdote. Si se utiliza el incienso, presenta el incensario al sacerdote y le asiste en la incensación de las ofrendas, de la cruz y del altar. Luego inciensa al sacerdote y al pueblo.

191. El acólito instituido puede, si es necesario, ayudar al sacerdote, como ministro extraordinario, en la distribución de la Comunión al pueblo. (100) Si se da la Comunión bajo las dos especies, en ausencia del diácono, ofrece el cáliz a los que van a comulgar o, si la Comunión es por intinción, sostiene el cáliz.

192. El acólito instituido, acabada la distribución de la Comunión, ayuda al sacerdote o al diácono en la purificación y arreglo de los vasos sagrados. En ausencia del diácono, el acólito instituido, lleva a la credencia los vasos sagrados y allí, del modo acostumbrado, los purifica, los seca y los recoge.

193. Terminada la celebración de la Misa, el acólito y los otros ministros regresan junto con el diácono y el sacerdote a la sacristía procesionalmente del mismo modo y en el mismo orden con el que vinieron.


(100) Cf. PABLO VI, Carta Ap. Ministeria quaedam, del 15 de agosto de 1972; A.A.A. 64(1972), p. 532.