GRACIAS POR RECIBIRME

Por Ángel Gómez Escorial

Es pasar de lo virtual a lo físico. Es lo que tiene Internet. Te puedes relacionar sin que haga falta el conocimiento cara a cara. Y la realidad es que se pueden hacer enormes amistades a través de la Red y del correo electrónico sin que medie ese contacto en proximidad. Lectores de Betania conozco muy pocos, Colaboradores un poco más, pero de manera muy fugaz. Por ejemplo, nunca he visto a Javier Leoz, y una vez a Jesús Martí Ballester y otra a Antonio Díaz Tortajada. En ambos casos fue una entrega de premios del Escritor de Betania del Año lo que me sirvió para conocerlos. A Pedrojosé Ynaraja le he visto dos veces, una en Barcelona y otra en Madrid. Y fue otra entrega de premio la que llevo a Pamplona y puede conocer a Pedro Rodríguez. Naturalmente, a Gustavo Vélez, de Colombia no le conozco. Al único amigo americano que conozco es Fernando Rivera. Le conocí con motivo de un viaje profesional periodístico a Puerto Rico.

Julia Merodio, Gabriel González del Estal. José María Martín y Ángel Jorge pertenecen a la misma parroquia que yo en Madrid: Santa María de la Esperanza. Y por tanto los veo casi todos los días. A David Llena le visité, en medio de un viaje turístico mío, a Almería y luego hemos seguido la relación. Y está José María Maruri a quien conocí antes de que existiera Betania y yo tuviera fe, o, al menos, una actitud coherente con respecto al seguimiento de Cristo Jesús. Conozco a los dos párrocos de El Altet, el pueblo de la costa alicantina donde veraneo. Ambos han colaborado alguna vez en Betania: Vicente Sánchez Gómez y su sucesor Joaquín Carlos. En el caso de Antonio Pavía –el es muy resolutivo—vino a visitarme con motivo de haberse efectuado en “El Libro de la Semana” una reseña de un libro suyo y hasta entonces. Y creo que no se me olvida nadie más.

Pero claro, si se han producido dos millones de visitas y la media de entradas es de más de dos mil cada día pues hay una gran cantidad de amigos que no conozco y, sinceramente, me gustaría conocerlos a todos, aunque parezca de todo grado imposible. Hay un sentimiento –dicho con la mayor humildad—de “padre prior” de todos estos lectores. No me siento periodista ante ellos, ni ideólogo, ni maestro, ni nada eso. No puedo dejar de pensar en una idea fraterna, de hermanos en medio del mundo, como decía San Agustín.

Esta semana como dice el Editorial pues se inicia la primera de mis visitas a comunidades cristianas. Se trata un poco de dar la cara y de ver en que puedo ayudar. La primera vez que di una conferencia sobre Betania la comencé –un tanto sin pensar mucho—con un título de una canción de Enrique Iglesias entonces muy de moda. “Experiencia religiosa”… No era una cuestión editorial o un trabajo periodístico. Era una experiencia religiosa. Es una experiencia religiosa que se hace en función de la fe en Cristo y donde lo técnico o profesional apenas tiene importancia. En fin, que inicio una nueva andadura. Ojalá, como en otras cosas de Betania, el Espíritu continúe acompañados.