III Domingo de Pascua
22 de abril de 2007

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos a la Eucaristía. Bienvenidos a esta asamblea de hermanos que celebran gozosos la resurrección del Señor. Hoy nosotros también vamos a viajar a Galilea para almorzar, junto a la orilla del mar, con Jesús resucitado, como los apóstoles. Hemos de ser muy coherentes, hermanas y hermanos, para que todo el mundo sepa que venimos a encontrarnos, a escuchar, a comer con Jesús de Nazaret, Dios y Hombre, que ya no muere más, como nosotros, algún día. Hay pocos que se atrevan a hablar abiertamente de Cristo en su realidad de cada día. Es verdad que nadie lo prohíbe pero, el ambiente no es propicio, casi contrario. Por eso, hoy como entonces, se necesitan cristianos valientes que puedan decir: si nosotros hemos conocido a Cristo gracias al trabajo de hombres y mujeres de otra época, muy valientes que saltaron por encima de las prohibiciones. Hoy deseamos que otros, también, lo conozcan por nuestro testimonio y valentía. Pidamos al Señor la gracia de permanecer fieles al evangelio y capaces de anunciarlo a todos.


MONICIÓN SOBRE LAS LECTURAS

1.- La primera lectura, del Libro de los Hechos de los Apóstoles, nos hace preguntarnos qué lugar damos al Señor en nuestra vida y si somos capaces de anteponer las exigencias del evangelio a todo lo demás. Así lo hicieron los apóstoles ante las autoridades religiosas, porque siempre hay que obedecer a Dios antes de los hombres.

S.- Este Salmo 29 originariamente era de agradecimiento al Señor por haber librado de grave enfermedad a los fieles judíos. Después, y tras la victoria de los Macabeos se utilizó como dedicación del Templo de Jerusalén. Para nosotros hoy tiene resonancias de reconciliación ante pecados y faltas pasadas y la curación de nuestras penas de antes.

2.- Seguimos con la lectura del Libro del Apocalipsis donde se nos dice que: “Digno es Cristo de recibir la sabiduría, el honor, la gloria, el poder y la alabanza”; y eso nos da el conocimiento de que podremos sentir, siempre, a Jesús a nuestro lado.

3.- Preparémonos a escuchar el relato del Evangelista Juan sobre la aparición de Jesús Resucitado junto al mar de Tiberíades. Es una escena muy bien narrada, con sentido cinematográfico. Pongámonos junto a los apóstoles en el momento preciso que reconocen a Jesús que les prepara el desayuno en la orilla. Y luego escuchemos la conversación –muy dramática—entre Jesús y Pedro. Ojalá podamos sentirnos como si allí estuviéramos.

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

Los textos sagrados de estos días de Pascua nos hablan de la llegada del Espíritu Santo, del Paráclito. Nos parece muy adecuada la secuencia de la Misa de Pentecostés como Lectura de postcomunión.

HIMNO DEL ESPIRITU SANTO

Ven, Espíritu divino,

manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre;

don, en tus dones espléndido;

luz que penetra en las almas;

fuente del mayor consuelo.

 

Ven, dulce huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo,

brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos.

 

Entra hasta el fondo del alma,

divina luz, y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre

si tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado

cuando no envías tu aliento.

 

Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas,

infunde calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.

 

Reparte tus siete dones,

según la fe de tus siervos.

Por tu bondad y tu gracia

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno.


Exhortación de despedida

Salgamos al camino a hacernos encontradizos con el Señor. Le veremos junto al mar como los Apóstoles. Esperemos de Él que siempre nos parta su Pan. Y comuniquemos nuestra alegría a nuestros hermanos. ¡También, hemos visto nosotros al Señor!