1.- DECÁLOGO PARA LA PASCUA 2007

Por Javier Leoz

1. Vive con alegría tu existencia. Si Jesús resucitó es porque, precisamente, quiere traernos una transfusión de vida. Secretos para ser felices.

2. No dejes que los acontecimientos ni las dificultades puedan contigo. Si Jesús pudo con su cruz; ¿por qué no vas a tener tú voluntad para hacerles frente?

3. Bríndate allá donde te encuentres. No vale quien tiene, sino aquel que sirve. Jesús se vació para que aprendiésemos una lección: la grandeza está en ser solidario.

4. Si tienes rencor por algo y con alguien ¡olvídalo! La Pascua, el paso del Señor, nos ha dejado un camino limpio y despejado. Limpiemos también el nuestro.

5. No seas incrédulo. Asómate en este tiempo pascual a la belleza de la fe. Si la tienes, no la pierdas. Si, por lo que sea, la tienes débil, busca motivos y razones para recuperarla.

6. Escucha con atención la Palabra de Dios. Su lectura te hará vibrar con el mismo ímpetu con el que se estremecieron los apóstoles o María.

7. Reza y da gracias a Dios por el fruto de la Pascua: la Resurrección. Teniendo tantos resortes para la alegría y el optimismo, no tenemos derecho al desaliento: ¡Jesús nos acompaña!

8. Busca el lado positivo de tu vida. No te castigues demasiado. ¡El Señor pagó ya un alto precio por nosotros! Acéptate como eres y….aceptarás también a los demás.

9. Mira con ilusión al futuro. No hay camino que no merezca la pena ser recorrido, ni montaña que no pueda ser escalada. Con la fe, y la mirada puesta en Dios, podrás conquistar aquello que sea bueno para ti y para los demás.

10. Da gracias a Dios por lo que tienes e, incluso, por aquello que, precisamente porque no te conviene, no alcanzas. No siempre, lo que el paladar apetece, es saludable para el cuerpo.

¡FELIZ PASCUA! ¡FELICES DIAS CON EL RESUCITADO!

 

2.- CONFIRMARSE

Por David Llena

Llega el tiempo de Pascua, y con él el despliegue de la fuerza de los sacramentos. La herencia de Jesús que nos ofrece a través de su Iglesia. El momento de las primeras comuniones y también tiempo de recibir la confirmación.

Pero este Sacramento es quizá el primero que se recibe plenamente consciente. El bautismo se recibe normalmente al nacer y la primera comunión cuando aún se es niño. Pero llega el momento de decidirse, de apostar por Jesús, de formar parte de su “ejército”, de prepararse para el combate… La vida deja de ser ese “jardín de infancia” y se entra en la “selva de los adultos” y hay que prepararse.

Muchos ven en este compromiso una exigencia de Dios, y hoy en día es difícil comprometerse y mucho menos para toda la vida. Muchos se asustan a la hora de apostar por Cristo. Y es que ante la Luz, no puede haber sombras, ante la Verdad no puede haber mentiras, ante el Camino, no puede haber desvíos y ante la Fuerza del Espíritu, no cabe cansancio. Es un alto ideal, un objetivo casi inalcanzable, Jesús nos llama a ser santos y eso asusta.

Sin embargo, cuando un joven se confirma, es Dios el que apuesta por ese joven. Es Dios el que se va a encargar de guiar a ese joven, es Cristo el que se va a mostrar como camino en esa “selva” que antes hablábamos, es el Espíritu el que va a animar a ese joven.

Nosotros tan solo debemos dejarnos llevar, tenemos de nuestra parte al mejor médico para curar nuestras heridas, al mejor maestro para enseñarnos en esta vida, al mejor amigo para contarle nuestras confidencias, al mejor Padre para cuidar de nosotros.

Esto no quiere decir que en nuestra vida no haya problemas, tensiones, oscuridades… pero como dice el Salmo si “el Señor es nuestro pastor nada nos faltará”, “aunque caminemos por cañadas oscuras Él nos guiará” “nos llevará a fuentes tranquilas y pastos abundantes”.

Animo a todos aquellos que van a confirmarse este año a ver en este paso que dan, aquella promesa de Cristo de que recibirán el ciento por uno. Nosotros deberemos poner ese uno, pero ¿en que otras manos vamos a obtener tanta ganancia? Debemos poner nuestra vida en sus manos y que Él nos vaya conformándonos, dándonos forma. Confirmarse es confiarse en el Señor para que nos vaya conformando. Apostemos por Cristo que ha vencido a la muerte.

 

3.- LA TRINITE

Por Pedrojosé Ynaraja

No recuerdo cuando la visité por primera vez. Sabía que tenía una maravillosa imagen de Cristo en la cruz. Tan buen recuerdo tenía, que me permití, la segunda vez que fui, llamar a la puerta, a las 18.30h, habiendo leído que la iglesita se cerraba a las 18. Era de noche, una voz femenina me recordó desde dentro, el horario de visitas. Yo le contesté que éramos unos sacerdotes que deseábamos contemplar la Majestad románica que el edificio albergaba. Al oírme, aquella dama abrió inmediatamente la puerta diciendo: si son sacerdotes, sean bienvenidos a cualquier hora del día. Pasen y vean lo que quieran. Siempre fotografío lo que visito, para poder compartir con los demás. En aquella ocasión saqué pocas fotos, enfrascándome en una interesante conversación sobre sacerdocio, Fe y espiritualidad, que me ofrecía la gentil interlocutora. Más tarde supe que las imágenes se las habían llevado para restaurar y esperé unos años. Deseaba gozar de nuevo de la persona que tan amablemente nos había acogido “porque éramos sacerdotes”. He vuelto hace pocos días, cargaba con un buen equipo fotográfico y me acompañaba un amigo de la misma profesión y otras personas.

La puerta de la iglesia estaba abierta, primera alegría, las imágenes estaban restauradas y en su sitio, segundo gozo. Apareció al instante un hombrón como un castillo, saludándonos afectuosamente. Pregunté por la dama y, con dolor, me dijo que había muerto el año anterior. Al notar mi pesar, me indicó amablemente, que podía visitar su tumba, en el cercano cementerio. Se lo agradecí. Antes de desplazarme al Camposanto, traté de entablar conversación, de compartir cristianamente, como quiso Jesús resucitado hacerlo siempre, con sus discípulos. Emmanuel Brunet, el que me recibía, era miembro de l’Arche de Jean Vannier. Una enfermedad le impidió continuar su trabajo allí y el obispo de Perpignan le ofreció este lugar. Ni es presbítero, ni diácono. Es un cristiano laico, casado y con cuatro hijos. El Prelado le ha encargado que reciba con sonrisa al visitante, sonrisa que ha de ser reflejo de la humanidad que expresa aquella maravillosa imagen del siglo XII, que teníamos delante. En el recinto hay también una preciosa talla románica de la Virgen y un Cristo, pintado en tabla, del XIV. El retablo de San Pedro, actualmente, esta en fase de restauración.

La pieza fundamental, no la de mayor valor arqueológico, es un pequeño retablo de la Santísima Trinidad y una capillita portátil, a Ella también dedicada, de aquí que la ermita, situada estratégicamente en una curva de una carretera secundaria del Rosellón, en el corazón del Pirineo oriental, reciba el nombre de la Trinité. Deseaba ver el conjunto de la talla, para fijarme en la representación del Espíritu Santo que en ella se hace, tema del que hablaré otro día.

Hoy quiero recalcar mi asombro y mi júbilo. El recinto está abierto, no se paga entrada, se puede fotografiar lo que se quiera, una persona está encargada por el obispo de acoger, saludar y explicar catequéticamente, si es oportuno, al visitante, el significado espiritual de las imágenes. (Desde las flores de la túnica de la Majestad, expresión de la esperanza, hasta la inclinación del rostro o la posición de los dedos de las manos taladradas), en una palabra, trasmitir el mensaje espiritual de aquel santo lugar. Mi gozo fue enorme. Lamentablemente no estoy acostumbrado a esto, ni en mi misma diócesis recibo, a veces, un tal trato. En ocasiones debo pagar si quiero entrar y se me veta el sacar fotografías. Si quiero imágenes, se me dice que compre las postales que allí venden. Pocos kilómetros geográficos nos separan, nuestras diócesis son vecinas, pero años luz de distancia de actitud, nos diferencian.

En llegando a casa me he apresurado a celebrar misa por el eterno descanso de aquella gentil dama que hace años me recibió a deshora, por la sencilla razón de que era sacerdote. Acogido de tal manera, siente uno de nuevo la satisfacción de la vocación que un día escogió. Si así ocurriera siempre, mayor número de sacerdotes habría entre nosotros. De esta cuestión me ocuparé otro día.