SANTIDAD SACERDOTAL

Por José María García Lahiguera

Introducción de Julio Navarro

Ediciones San Pablo, Madrid, España

Siendo yo lector precoz de periódicos, el nombre de don José María García Lahiguera me suena de mi niñez. Y es que entonces, por los años cincuenta y sesenta, los obispos debían ir a todas las inauguraciones, incluso los auxiliares. Por ello aparecían mucho en la prensa diaria; o, también, los periódicos les cuidaban más que ahora. Monseñor García Lahiguera fue, pues, obispo auxiliar de Madrid y después sería prelado en Huelva y Arzobispo de Valencia. Pero, en mi caso, salvo esa presencia en la prensa de mitad del siglo pasado apenas sabía nada de él. No así tenia que ocurrir con una legión de sacerdotes pues trabajó muchos años en el Seminario de Madrid y, siempre tuvo, especial interés por la formación de los curas, celo que le acompañaría en las diócesis de Huelva y Valencia.

Ahora, la colección “Biblioteca clásicos cristianos” –de la que nos estamos ocupando bastante en esta sección—publica la obra “Santidad Sacerdotal”, sobre la cual, Julio Navarro hace una excelente introducción que marca la naturaleza del libro y expone la biografía “física” y espiritual de Monseñor José María García Lahiguera. En primer lugar decir que la obra procede de un amplio material –se recogieron taquigráficamente o en magnetófono—procedente de las innumerables charlas y catequesis que dio a sacerdotes durante toda su vida. Ya dice Julio Navarro que los textos que incluyen el libro son una mínima parte del material que se dispone. Y se han elegido lo que más directamente pueden referirse al concepto de “sacerdote santo”, muy amado por García Lahiguera. Sabemos tambien que se abierto, por parte del Cardenal de Madrid, monseñor Antonio María Rouco, el proceso de beatificación en la diócesis de Madrid.

La estructura del libro es bastante sencilla. Se trata de pensamientos cortos, la mayoría de unas cinco o seis líneas, que se numeran desde el 1 hasta el 221. A su vez se organizan por contenidos en varios bloques que actúan a modo de capítulos y que nos parece oportuno reproducir pues darán mayor idea del contenido. Son, pues, La Santidad, Cristo sacerdote y sacerdote de Cristo, Maria, Madre de Cristo sacerdote, La Oración, Fe y espíritu de fe, La Confianza, El Amor y Crecimiento Espiritual. Pero es cierto como dice el autor de la introducción que son pensamientos escritos a fuego. Y desde luego rotundos y llenos de fuerza. Están dirigidos al sacerdote, aunque, obviamente, también tienen gran significado para el laico que acierte a hacerse con este libro.

Decir, para terminar, que hemos adelantado la reseña de “Santidad Sacerdotal” a otros volúmenes de la citada Biblioteca de Clásicos Cristianos por considerar al alto número de sacerdotes que entran en Betania, ya que hemos apreciado que ha de ser muy importante para ese principio de la formación permanente de los curas. Esperemos, pues, que el libro alcance entre los sacerdotes –y en general para el resto de los consagrados—el interés que ha suscitado en mi mismo, un laico

 

Ángel Gómez Escorial