TALLER DE ORACIÓN


En la presente edición, Julia Merodio ofrece dos talleres. Uno, dedicado a la Crucifixión, basado en la Quinto Misterio del Santo Rosario. Como se sabe, Julia ha ido ofreciendo aquí la serie de los misterios del Rosario. El segundo taller es sobre la Resurrección del Señor y para tomarlo como ayuda oracional durante la primera semana de Pascua. Creemos que es muy buena idea para el presente número especial de Betania, dedicado a Semana Santa y a Pascua.


1.- LA CRUCIFIXIÓN

Por Julia Merodio

En lo alto de un monte tres cruces. En una de ellas, la de un hombre justo, llamado Jesús. En las otras: dos ladrones uno a cada lado de Él. Uno de ellos, siente en su corazón, la grandeza del crucificado que está a su lado y le suplica lleno de confianza. La respuesta de Jesús no se hace esperar: “Te aseguro que hoy, estarás conmigo en el Paraíso”

Quinto Misterio.- La Crucifixión.- (Lucas 23, 44 - 46)

Todos tenemos nuestra cruz. Lo de llevar la cruz no admite distinciones. No importa la edad, ni el color de la piel, ni la nacionalidad… la gente siempre se unifica a la hora de compartir el sufrimiento.

¡Y, son tantas las veces en que nos preguntamos el por qué de nuestras cruces! Pero ¿te has preguntado alguna vez, el por qué de la Cruz de Jesús?

Aquí tienes la respuesta. Su único por qué, fue el amor y el destinatario de ese amor, cada ser humano que sufre en su cuerpo o en su alma.

“NADIE ME QUITA LA VIDA, SOY YO EL QUE LA DOY”

Estamos en la etapa final de la vida de Jesús. Ha llegado el gran momento. Los que iban a por Él han ganado la batalla ¡Tanto miedo que tenían! Pero todo ha sido más fácil de lo que esperaban y por fin, están ante un joven acabado que pronto dejará de “hacerles sombra” un poco tiempo más y todo se habrá olvidado ¿Quién se lo iba a decir a este soñador? Y quién les iba a decir a ellos lo que estaba por pasar.

La cruz que tanto pesaba a Jesús, ahora la dejan en el suelo para que se tumbe en ella. ¿Qué sentimientos recorrerían el alma de Jesús en esos momentos? ¿Cómo estaría el corazón de la madre al ver aquel vandalismo? Pero la cosa no estaba para sentimentalismos, el tiempo apremiaba y había que trabajar contra reloj.

La vida de Jesús se hace jirones. El que más y el que menos duda. ¿No era este el que resucitó a Lázaro y a la hija de Jairo…?

Pero la crucifixión sigue sin el menor signo de clemencia. La gente ha empezado a irse, para unos es demasiado seguir allí hasta el final, para otros todo estaba ya visto; ellos habían seguido por si acaso se apiadaban de aquel joven pero ya ven que no y marchan desencantados. Solo los íntimos siguen junto a Jesús, con las fuerzas tan disminuidas que creen desfallecer en cada momento.

Y, después de aquellos golpes que les taladraban los tímpanos, intentan poner la Cruz en alto para ser admirada.

Esto es lo que Jesús vino a revelarnos: Cuando me levanten en alto, comprenderéis la gloria de Dios” La gloria de Dios y la gloria de la Cruz. Todo ello presidido por el amor, que produce vida.

• En este misterio queremos tener un recuerdo especial para las familias con graves problemas de convivencia, enfermedad, trabajos; por las familias de refugiados, encarcelados, secuestrados; por las familias que han perdido hijos jóvenes y por todas las que han visto atentada su vida por actos de terrorismo; y juntos rezamos juntos: Padrenuestro.

• Rezamos cinco avemarías y volvemos a quedar en silencio para volver a interiorizar:

CRUCIFICADOS CON CRISTO

Nuestra existencia está marcada por la señal de la Cruz. La señal de la Cruz nos marcó en nuestro bautismo, la señal de la Cruz nos ha ido marcando en cada sacramento recibido, y la señal de la Cruz nos marcará en la etapa final. Os invito a contemplar esta grandeza. No os dé miedo mirar rato y rato a Jesús en la Cruz.

Pero no os confundáis. No busquéis belleza ni majestad en el cuerpo de un moribundo, no la vais a encontrar. Tampoco esperéis encontrar poder en el cuerpo de un crucificado, porque no lo hallaréis. Ni encontraréis en Él las imágenes que tiene la gente de Dios: rígido y justiciero, porque nada está más lejos de la realidad.

La gloria de Jesús en la Cruz está en el amor y la fidelidad. En ella está la revelación de toda la escritura. La Revelación del Padre, la vida de Dios regalada al hombre... Está, todo el amor del Padre volcado en el Hijo.

He aquí el gran misterio de la humanidad. Una cruz con un Hombre- Dios presidiendo esta humanidad para darle vida.

No hay nadie que viendo todo esto pueda dudar que vamos hacia una novedad desconocida.

Jesús nos lleva a la plenitud. Subiendo a la Cruz nos está marcando unas exigencias muy concretas y nos va revelando todas nuestras necesidades.

Sigue mirando a la Cruz; no te canses de contemplar el rostro de Dios, porque cuando los cristianos no percibamos ni mostremos el verdadero rostro de Dios, la Iglesia se habrá empobrecido.

Pero volvamos al momento de la Crucifixión para comprobar que a Jesús ya no le queda vida. En todo su ser se palpan los estertores de la muerte. Jesús está agónico.

Todos sabemos que cuando la agonía es larga parece que el tiempo se detiene. Mas Jesús aprovecha estas tres largas horas para desgranar dificultosamente palabras de generosidad.

En este rato Jesús perdona, nos regala a su Madre como madre nuestra, mete al Buen Ladrón en el cielo y grita su abandono y su sed, para volver en la más profunda confianza a las manos del Padre.

Estas tres horas interminables fueron las tres horas más fecundas de la historia, fueron las tres horas de mayor Amor.

Madre te damos gracias por estar presente en la muerte de Jesús, para enseñarnos el valor y el sentido del sufrimiento humano. Gracias porque al asociarte a su dolor nos das la mayor prueba de fortaleza y confianza que se pueda tener cuando se vive la angustia y la soledad.

• Rezamos las siguientes cinco Avemarías y gloria al Padre…

EN ORACIÓN ANTE EL SEÑOR

Estamos ante Cristo Crucificado” escándalo para los judíos y necedad para los gentiles”, como dice S. Pablo a los Corintios; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios.

Estoy segura de que si preguntásemos, a los que no se han planteado vivir, de verdad, esta semana Santa, lo qué significan para ellos estos días. Nos dirían: Hombre tampoco hay que tomárselos muy en serio. Una fiesta es una fiesta. Bies sabemos que el mundo de hoy es distinto, estamos muy ocupados todo el año y hay que aprovechar estos días de vacaciones. Es verdad que no voy casi a la Iglesia, pero es que no me queda tiempo para nada, además eso de hacer oración me aburre.

Es cierto que, nosotros vivimos de otra manera, pero lo que, verdaderamente parece, es que Jesús quiere que vivamos en un mundo al revés y, como es muy arriesgado vivir contracorriente, nos escaqueamos como podemos. Nosotros –nos decimos- somos personas normales, comedidas, prudentes, del montón… no nos gusta llamar la atención; nos conformamos con hacer lo que hacen todos y lo único que pedimos es que nos dejen en paz para poder vivir la vida, pues todos sabemos que son cuatro días. Sin embargo, aquí está, fiel a su cita de cada año: La Semana Santa.

EL CAMINO DEL AMOR

Os invitaría estos días a guardar algún rato de silencio para meditar, todo el misterio de la crucifixión; a fin de que, nos demos cuenta de que Jesús, hasta en la Cruz, quiere mostrarnos, el camino del amor. Cuando de verdad eres capaz de decir: ¡Creo! Jesús se rinde, ante tu confianza. Y junto a Él, es más fácil dar el salto, hasta las últimas consecuencias, aún cuando lo que esté entre manos sea la misma muerte.

Esto, se hace posible cuando, desde lo profundo de nuestro ser, tomamos conciencia de que, la misericordia de Dios nos inunda, para ayudarnos a dar el paso hacia el Padre, para vivir la Pascua, para devolvernos la vida aunque nuestra realidad este teñida de crucifixión, abandono, ausencia y silencio.

Si en ese momento, en que parece que todas las puertas se han cerrado, ya no hay más salidas y todo se ha acabado, nos dejamos invadir por la misericordia de Señor notaremos que ese es el clima para llegar a su corazón, el clima que transforma cada acontecimiento en algo imprevisible; el clima, en el que Jesús hace partícipes de su gloria a sus amigos. Es el premio que les trae a los que se encuentran marginados, solos, angustiados… cuando les parece que no hay vuelta atrás, cuando las fuerzas han empezado a flaquear.

Podrás esperar en el Señor cuando te presentes ante Él como eres: pequeño y pobre; cuando pongas en sus manos tu debilidad, tu propia muerte; cuando le dejes tomar a Él la iniciativa del cuándo y del cómo; cuando le dejes llamarte, hablarte y amarte a través de tus propias circunstancias.

¿Acaso crees que algún ser humano hubiera podido pronunciar las palabras que pronunció Jesús ante un cadáver de cuatro días muerto? Jesús pone el acento en el “Yo soy”, porque era la verdad. Él es el amor-fiel, el que sostiene nuestra existencia; es la luz, la verdad, el camino, la vida, la resurrección.

Por eso, a los que le aman les basta oír el “Yo soy” aunque estén en medio de la mayor tempestad.

Ponte delante del Señor. No tengas reparos en experimentar tus miedos, tus dudas, tus ansiedades… no te importe recordar aún lo más escondido de tu corazón, pero sea lo que sea lo que has encontrado no dejes vacilar a tu fe ni desconfíes de su amor.

Ya sabes que la fe es al mismo tiempo oscuridad y luz, lo importante es el convencimiento de su amor y nuestra decisión de resucitar para seguirle y amarle.

TEXTOS PARA LA ORACIÓN

Para la oración de estos días, recomendaría la lectura sosegada de la Pasión.

 

2.- RESURECCIÓN

Por Julia Merodio

Os mando unas pautas para la oración de la primera semana de Pascua. La semana siguiente empezaré los Misterios Gloriosos.

¡Jesús ha resucitado! El Cristo crucificado ante quien orábamos con aflicción, tiene vida, ha vencido a la muerte, ha dado sentido a la negatividad, ha hecho florecer lo que estaba enterrado. Por eso hoy ya no nos ponemos ante el crucificado, nos ponemos ante el resucitado para pedirle la gracia de alegrarnos con Él; pues Él trae su alegría para repartirla con todos los hombres.

Hemos ido viendo a lo largo de este camino cuántos rincones de tristeza, de desilusión, de sospecha, de resentimiento... anidan en los hombres de nuestro tiempo. Cuando miramos nuestro entorno vemos gente desencantada que vive porque no tiene otro remedio que vivir. Vemos gente que camina hacia la muerte siendo consciente de ello (drogadictos, alcohólicos...) se han metido, sin saberlo, en un mundo donde es muy difícil salir. Pero también en esos caminos sale al encuentro Jesús resucitado para decirnos a cada ser humano, a cada familia, a cada comunidad, a toda la Iglesia ¡Alegraos!.

Es necesario que abramos bien los oídos para escuchar esa voz. Una voz que viene de Alguien que puede convertir nuestro llanto, en gozo; nuestra tiniebla, en luz; nuestra pena, en alegría.

Este mensaje es para todos. Para tantos como cada día vemos que están tristes por hambre, paro, muerte, secuestros, catástrofes, accidentes.... Jesús sale al encuentro de todos ellos para decirles ¡Alegraos!. Pues os aseguro que no hay nada que tocado por el resucitado, no se transforme en vida y plenitud.

NECESITAMOS ALEGRIA

Al salir a nuestro entorno y cruzarnos con gente por la calle vemos que la característica más habitual en las personas es un gesto serio, triste y problemático. El horario estresante, las exigencias de la sociedad y el medir a las personas por la productividad son los causantes de este fenómeno. Pero la gente quiere alegría, busca la alegría. A todos nos encantaría vivir alegres, experimentar en nuestra vida esa sensación, encontrar en los demás un gesto que lo demostrase. Mas ¿acaso podemos pedir esto cuando tanta gente lo está pasando mal? ¿O adolecemos de alegría porque no hemos entendido lo que de verdad significa?

La alegría nace del misterio de la Cruz. No nace de lo que me gusta, sino de entregar la vida por los demás. Porque quien muere con Cristo resucita con Él. Nace de entender que, detrás de todas las cruces, hay una resurrección.

La alegría es el mejor regalo que puedes hacer a los demás. Mas ¿cómo hablar hoy de regalo cuando todo se compra y se vende?. Como hablar de regalo donde se llega a pensar que el dinero puede comprar hasta las grandes realidades del hombre. Pues para que veamos que todo es un regalo, que todo es un don, Jesús nos dice a cada hombre en particular: no te amo por lo bueno que eres, sino porque eres tú. ¿Acaso podemos repetir nosotros esas palabras con la mayor sinceridad?. Pues cuando puedas repetirlas, podrás compartir la alegría de la resurrección con los demás y dejarás de centrarte en ti mismo para gozarte con el gozo que te trae Cristo.

La alegría brotará en ti cuando adquieras la capacidad de ver que Cristo resucitado Vive. Cuando oigas que te dice: “No temas, soy yo”. Es verdad que no podrás demostrarlo científicamente, pero sentirás que todo se crea y se renueva en Él.

LA ALEGRÍA ES PARA COMPARTIRLA

Si de verdad llega a vivir en ti esta alegría, no te la podrás guardar, tendrás que compartirla consolando a los demás.

Ahí tienes a los discípulos. Cuando estuvieron al lado de Jesús al ver que llegaba la cruz: negaron, huyeron, traicionaron... Pero cuando se acercaron al resucitado empezaron a llevar a todos el consuelo de la resurrección. “Os consolamos como nosotros fuimos consolados”.

El resucitado nos consuela para que nosotros aprendamos a consolar, para que seamos capaces de afrontar la terrible realidad de la vida de tantos hombres, sin quedarnos parados, buscando soluciones.

Esta alegría nos dará perspectivas de eternidad “en Él somos, nos movemos y existimos”.

Una alegría que nos lleva a vivir en la mayor libertad. Si estás atado a todas tus cosas no podrás compartir con los demás. Te convertirás en esclavo de lo que te corresponde. Pero si oyes la llamada del Señor notarás que te llama a desatarte, a salir, a dejar la tristeza, el temor, el egoísmo... para abrirte al espíritu que has recibido. Un espíritu de hombres libres que gritan ¡Abbá!.

Nos invita a consolar siendo comunidad. Después de acercarte a Cristo resucitado, ya no podemos ir cada uno por nuestro lado. Él nos reúne, nos convoca, nos alienta, nos da la alegría que necesitamos para ser familia, iglesia, diócesis... para impulsar a la humanidad hacia el futuro. Para decir a cada hombre ¿por qué estás triste? ¿por qué lloras? Pues mira, sea por lo que sea ¡alégrate!. Jesús ha resucitado. Y la alegría de la resurrección nos hace ser cristos unos para otros, siendo canales de paz, compasión y esperanza.

TEXTOS PARA LA ORACIÓN.

“No temas, yo estoy contigo; no te inquietes, yo soy tu Dios; yo te fortalezco y te ayudo, yo te sostengo con mi diestra victoriosa. Yo, el Señor tu Dios, te digo: No temas, yo mismo te auxilio” (Isaías 41, 10 –14)

“El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: no temáis. El crucificado no está aquí, ha resucitado como dijo. Id enseguida y decirlo a los discípulos. Ellas salieron a toda prisa del sepulcro. Con temor y con mucha alegría corrieron a llevar la noticia a los discípulos. Pero Jesús salió a su encuentro y las saludó” (Mateo 28, 6 – 9)

“Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda un espíritu de sabiduría para conocerlo plenamente. Que ilumine los ojos de vuestro corazón, para que conozcáis cuál es la esperanza a la que habéis sido llamados y cuál la excelsa grandeza de su poder para con nosotros” (Efesios 1, 17 -20)

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!