Jueves Santo: Misa verpertina de la Cena del Señor
5 de abril de 2007

NOTA IMPORTANTE

En el Jueves Santo hay dos misas marcadas por la liturgia. La crismal y la vespertina. Hemos elegido la última. Debemos meditar en este día la Institución de la Eucaristía y, también, la suprema humildad de Cristo al lavar los pies a los discípulos. Esta escena será representada en todas las Iglesias del mundo, desde la Basílica de San Pedro, con el Papa como oficiante hasta la más pequeña parroquia del último lugar esperado. En la Institución de la Eucaristía. Jesús nos ha hecho el enorme favor de quedarse con nosotros y de disponer de la cercanía física de un Dios vivo. Esto es algo enorme. Nuestra fe nos lleva a turbarnos de emoción cuando pensamos en ello.

Tras las moniciones sobre las Lecturas hemos incluido un formulario de un Acto

penitencial redactado por nuestra colaboradora, Julia Merodio

MONICIÓN DE ENTRADA

Jesús nos ama inmensamente a todos y elige el día de Jueves Santo para declararnos su amor. Jesús no puede guardar más tiempo ese amor sin que nadie lo conozca. Tiene que gritarlo a los cuatro vientos para que no le estalle el corazón. El lugar que elige para ello es la mesa. Como alimentos, el pan y el vino. No hay lujos, no hay ostentación. Lo más cotidiano, lo más sencillo, lo menos costoso, lo más asequible a todos los hombres. En esta sencillez se revela, se declara, abre su corazón.... y nos entrega su amor. Por eso, en la mesa del Cenáculo, se hace pan: para saciar el hambre de todos los hombres, para acompañar tantas soledades, para que todo el que lo necesite pueda disponer de Él. La vida de Cristo: entregada, ofrecida, puesta al servicio de todos... Imposible entender la eucaristía con un corazón egoísta. Y unido a todo ello, una súplica. Vivid, amad, trabajad, esforzaos por hacer la voluntad de mi Padre. Porque, cuando hagáis esto, entenderéis lo que os pido: "Que os améis unos a otros como yo os he amado”.Y él que lo sabe nos lava los pies a todos.

 

MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- La primera lectura esta sacada del Libro del Éxodo nos habla de las prescripciones que Moisés dio a los judíos para celebrar la Cena Pascual y donde se da especial importancia a la “Víctima sin mancha”. Y así Moisés profetiza sobre Jesús.

S.- El Salmo 115 es un cántico de alabanza para el Señor que nos ha salvado. Originariamente los judíos lo utilizaban como plegaria de acción de gracias por las enfermedades curadas. Nosotros hoy debemos esperar la curación de manos de Jesús que ha instituido la Eucaristía para nuestra salud eterna.

2.- El breve texto de la Carta de la Carta de San Pablo a los Corintios –que es nuestra segunda lectura—contiene el texto más antiguo sobre la institución de la Sagrada Eucaristía. Y sus palabras son hoy parte del rito de la Consagración. Importante texto que hemos de escuchar con especial atención y recogimiento.

3.- Jesús, según narra el Evangelio de Juan, en la escena del lavatorio de los pies lo que hace es ofrecer amor sin límite y quiere decirnos algo nuevo a nosotros que nos hemos reunido con Él para celebrar la pascua. “Mirad, yo no sólo vine para dar pan a los hambrientos, he venido a ser pan para todos; por eso quiero hacerme pan, para entrar en cada uno de vosotros a daros fuerza para que no os desborde lo que vendrá mañana. Al mundo de hoy todo esto le resulta difícil entenderlo, pero sólo éste es el verdadero amor. Para amar en serio hay que despreciar los puestos de honor, hay que doblar las rodillas para servir, hay que levantar las manos para dar. “Sabed que Yo os he amado hasta el extremo. Haced vosotros lo mismo”

 

CELEBRACIÓN PENITENCIAL

 Por Julia Merodio

MoniciÓn de entrada.-

Al mirar al mundo que nos rodea notamos que no es tan hermoso como Dios nos lo dio. Hay personas en él que pasan hambre de pan, pero también, están hambrientas de dignidad, de ternura, de amistad, de amor...

Vemos que hay egoísmo, violencia, tristeza, soledad, amargura, pesimismo... ¡demasiada oscuridad, Señor!

Hay personas que mueren por falta de razones sólidas para vivir, faltos de esperanza, de comprensión…

Y sabemos que nosotros somos responsables, de algunas de esas situaciones. Pero aquí nos tienes a nosotros Señor, que en realidad, no sabemos muy bien lo que hacer.

Quisiéramos gritar, como lo hiciste Tú: al paralítico, al humillado, al herido, al despreciado, al abandonado... ¡Comienza a vivir, a creer, a esperar, a amar! ¡Levántate y camina con nosotros! Pero tenemos miedo de luchar, de darnos, de cansarnos, de compartir.

Por eso llegamos a tu presencia para decirte: ¡Perdona nuestra cobardía Señor!

 

Reflexiones ante la peticiÓn de perdÓn.-

Antes de acercarnos a recibir el perdón sería bueno reflexionar, sobre ciertas actitudes de nuestra vida. Y con frecuencia no tenemos la oportunidad de hacerlo. Por eso hoy, ante el Señor, vamos a ir recorriendo ciertas actitudes que no nos parecen demasiado loables. Revisaremos nuestra:

Ambición:

Al llegar a tu presencia y mirar nuestro interior nos damos cuenta de que no somos humildes, de que tenemos nuestro corazón y nuestra vida apegados a las cosas materiales y nos preocupamos únicamente de buscar confort, seguridad y bienestar.

Insolidaridad:

Queremos quitar de nuestra vida la insolidaridad. Queremos apreciar las cosas buenas que tienen los demás, para poder descubrir sus necesidades. Para darnos cuenta de las situaciones de injusticia por las que pasan nuestros hermanos más pobres y desfavorecidos.

Venimos a que nos des fuerza para no permanecer impasibles y a pedir valentía para salir al encuentro de las personas que nos necesitan.

Poder:

Vamos a tomar conciencia de lo que significa el poder como forma de dominio y explotación para aprender a servir a los demás y considerarlos iguales a nosotros.

Queremos ser sencillos y alegres para no creernos superiores a las personas con las que convivimos.

Queremos aprender a dar lo mejor de nosotros mismos, sin esperar recibir nada a cambio.

Prestigio:

Queremos superar el buscar prestigio y mantener las falsas apariencias, viviendo con autenticidad.

Queremos ser fuertes para vencer la hipocresía, siendo cercanos a los demás y aceptándolos como son, en especial con los más débiles.

Mentira:

Vivimos en un mundo donde impera la mentira y el engaño, pero nosotros queremos descubrir las cosas que realmente valen la pena.

Tenemos hambre y sed de valores auténticos, de librarnos de las ataduras que nos hacen vivir en la mentira y dejarnos iluminar por la luz de la verdad.

Egoísmo:

Deseamos vencer el egoísmo que habita dentro de cada uno de nosotros para poder olvidarnos un poco de nosotros mismos y ser capaces de descubrir que a nuestro lado hay personas que carecen de casi todo, mientras nosotros disponemos de cosas que nos sobran.

CONTESTAMOS TODOS: PERDÓN SEÑOR

  • Por las veces que nos conformamos con hacer lo mínimo, lo establecido, lo que nos reporta felicidad a nosotros. Perdón Señor.
  • Por las veces que hemos dejado de ser solidarios porque perjudicaba nuestros intereses. Perdón Señor.
  • Por no tener actitudes de cariño, de acogida, de donación para los demás.Perdón Señor.
  • Por no vivir con autenticidad.Perdón Señor.
  • Por rechazar a algunos de nuestros hermanos. Perdón Señor.
  • Por no decir a la gente que la queremos.Perdón Señor.
  • Por las veces que hemos dejado de hacer el bien por comodidad. Perdón Señor.

Lectura.-

S A L M O.-

Señor, Tú conoces la fragilidad de nuestro ser tocado por el pecado;Tú conoces la

fuerza con que la tentación toca a nuestra puerta;

 

Tú conoces la debilidad de nuestra vida que nos hace caer una y otra vez.

Pero aquí estamos Señor, unidos en una comunidad que te ama,

aquí estamos abiertos a las exigencias de tu evangelio,

aquí estamos como pobres y humildes necesitados de salvación, aquí estamos

implorando tu ayuda para que acompañe nuestro caminar.

 

Ten paciencia con nosotros, Señor, y espera nuestra vuelta.

No tengas en cuenta esos compromisos que tantas veces fallaron.

Bien sabes que a pesar de mis pecados,

en el fondo, es a Ti a quien busco.

 

Por eso, concede tiempo a mi proceso

que quiere acercarse a Ti, único y absoluto Señor.

Acércate a mí para que vendes mis heridas;

pon tu ternura y tu misericordia en mi duro corazón;

llévame contigo para que no me aleje del camino;

y da paz a mi corazón angustiado y oprimido.

 

Devuelve la calma a nuestra oscura noche;

sálvanos de las opresiones que nos impiden llegar a Ti;

sácanos de tantas situaciones de tristeza;

y haz que nos pongamos, de nuevo, en pie para seguirte.

 

Evangelio.-

 

MOMENTO DE SILENCIO-

Revisión personal - Confesión -

PETICIONES.-

Señor, rico en misericordia, venimos a tu presencia acosados por tantas piedras como se arrojan hacia nosotros. Esperamos, como la adúltera, escuchar de tu boca: ¿nadie te ha condenado? Yo tampoco, anda y no peques más.

R. QUE TU MISERICORDIA NOS SALVE, SEÑOR.

1.-Por la Iglesia; para que el comportamiento de Jesús la lleve a vivir su enseñanza con un compromiso de vida auténtico.

OREMOS

2.-Por el Papa, los obispos, los sacerdotes; para que el mensaje que envían al mundo con su testimonio, esté basado en la misericordia, que nace en un corazón convertido.

OREMOS

3.-Por los que se sienten acosados, discriminados, blanco de tantos lanzadores de piedras; para que reconozcan a Jesús, como el que siempre dispersa a esa gente despiadada, mostrándoles la grandeza de su corazón.

OREMOS

4.-Por todos los que sufren cualquier tipo de dolor; para que encuentren personas con coraje que, en vez, deocupar sus manos con piedras, las ocupen en ayudarles a superar sus problemas.

OREMOS

5.-Por las familias; para que cuando intenten corregir a los demás, antes hayan empezado cada uno corrigiéndose a sí mismo, cediendo el primer lugar a los demás y dándonos cuenta de que nadie somos perfectos.

OREMOS

6.-Por los aquí presentes; para que nos demos cuenta de que el punto de partida para ir a Dios es reconocer nuestro comportamiento deficiente y acusador que nos haga quitarnos la máscara de encima para vivir el amor a cara descubierta.

OREMOS

Señor, aquí se han juntado, esta tarde, nuestra miseria y tu misericordia; concédenos la gracia de ir remodelando nuestro corazón a ese cambio que esperas de cada uno de nosotros.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

ACCIÓN DE GRACIAS-

Estamos dichosos, Señor.

La fiesta ha comenzado y nos gusta vivir en alegría.

Por eso queremos darte gracias:

  • Gracias, por el gozo que sentimos al llamarnos a la fe, sin merito alguno por nuestra parte.
  • Gracias, porque tenemos un Dios, mucho mejor de lo que imaginábamos: Creíamos que ponía condiciones para amar, lo mismo que las ponemos nosotros; que era tacaño para dar como lo somos nosotros… y resulta que es gratuidad y amor a raudales.
  • Gracias, porque nos ha hecho capaces de amarlo: unas veces mejor y otras peor; unas veces de manera gozosa y otras de forma aburrida… pero siempre fascinados por su amor.
  • Gracias, porque ha perdonado nuestro pecado como a Pedro; ha curado nuestra ceguera, como a Tomás; nos ha abierto a la esperanza, como a los de Emaus y ha pronunciado nuestro nombre como el de María de Magdala, cuando lo buscaba junto al sepulcro.
  • Y, sobre todo, gracias, porque nos ha encomendado: el más gozoso de los oficios, la mas hermosa de las tareas:

Ser transmisores de la alegría del Evangelio allá donde nos encontremos.

 


Lectura de Postcomunión


MONICIÓN

Ya nos vamos a marchar. Han pasado muchas cosas esta tarde-noche, aquí en el templo. Esta oración de la Liturgia de las Horas puede servirnos para concienciarnos del gran momento que hemos vivido

HIMNO DE VÍSPERAS

Libra mis ojos de la muerte;

dales la luz que es su destino.

Yo, como el ciego del camino,

pido un milagro para verte.

 

Haz de esta piedra de mis manos

una herramienta constructiva;

cura su fiebre posesiva

y ábrela al bien de mis hermanos.

 

Que yo comprenda, Señor mío,

al que se queja y retrocede;

que el corazón no se me quede

desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo

(¡tantos me dicen que estás muerto!...)

Tú que conoces el desierto,

dame tu mano y ven conmigo.

(Diurnal. Liturgia de las Horas)


EXHORTACIÓN DE DESPEDIDA

El gran misterio salvador del género humano está punto de volver a ocurrir: nuestra redención por Jesús en la Cruz. Es tiempo de quietud y de meditación. Lo que hemos empezado aquí en el templo debemos continuarlo en casa. Es tiempo de oración, de estar junto al Señor Jesús y no abandonarle.